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No hay drama en la soledad, solo descanso y serenidad.

Soledad no es un país o un lugar, es mi pensamiento sabio que todo lo sabe.

La vida se tuerce sola y lo único recto en mi horizonte es mi pene, directo y firme. Animal sin raciocinio pegado a mí. Me da placer cuando orino y cuando eyaculo.

No pide nada, solo usa la sangre que compartimos.

No quiere saber nada del cerebro, mi polla es una buena compañía. Sin complicaciones.

No os habréis fijado bien, porque lo bueno acabó apenas comenzó. Hay que ser observador: el cáncer y todos los males se activan con el nacimiento, al igual que la muerte.

Mi vida no solo se tuerce, se rompe.

Y mientras se desarrollan los embriones de las enfermedades, las desgracias, la pobreza y los desamores; la peña se cree que es feliz a pesar de la planicie de su vida. Les han enseñado que la ausencia de males y desgracias, es felicidad. Y mejor que lo crean, porque de lo contrario, se deberían suicidar.

Plano es el electrocardiograma de los que están muertos. Lo plano es inactividad, con optimismo podría ser una alucinación que hace pensar que se vive.

La humana mediocridad diaria es el súmmum de lo que obtendrán. Si acaso, sueñan con viajes en los que no conocerán nada.

Somos el reflejo de la vida en el planeta, una mecha chispeante y rápida.

Y todo lo que tocamos, sentimos, y amamos u odiamos está acorde con ello.

Follar son solo unos segundos entre tantos años de mierda.

Hay fetos que sirven de comida a las ratas y las ratas no aportan beneficio alguno. No le veo la gracia. Solo  tiene moraleja: no existe justicia alguna para los que sufren y aún no ha hecho más que comenzar el tormento.

Durará mucho más que un millón de putas mechas.

Los humanos tenemos una imaginación que no lo es, simplemente nacemos locos.

Alucinando…

Lo único que me mantiene en la realidad, lo único tangible es el semen entre mis dedos.

Y es gris…

El semen entre los dedos es placer, no reproducción. Aunque el planeta necesitara una gota de mi leche para seguir con la especie humana, la tiraría por el inodoro.

No es por misantropía, simplemente protejo la soledad, que es lo único real junto con el semen y la tos que me produce el tabaco.

Hay cosas buenas a pesar de todo, aunque duren eso: un puto cigarrillo.

Es algo que todos lo saben…

Porque… ¿lo sabéis verdad?

Tampoco es la cochina novedad del día, simplemente la locura a veces provoca idiocia y eso impide pasar un rato real con el semen entre los dedos, hasta que se seca.

Hasta que evapora.

Auto-ordeñarse no es malo ni bueno, solo necesario.

No puede hacer daño.

Iconoclasta

 
Me gustan todos esos colores fuertes y vivos, tantos detalles: fotos, figuras, dulces, panes, licores, calaveras de dulce y flores de color naranja que forman una cruz. Cigarrillos… mejores que dos monedas en mis ojos muertos.
El aroma que impregna la casa de papel picado, veladoras y flores que poco a poco se marchitan, es inconfundible como el olor a musgo fresco en la escayola de un belén de navidad.
La ofrenda es la ingenua mirada a la muerte, un terror rayano en la histeria que lleva a personificar el fin de la vida y darle nombre y entidad. Un infantil intento de hacerse aliado de la muerte para que no se los lleve antes de tiempo, y si así fuera, deben tener la firme convicción de que estarán vivos de alguna forma al final de todo.
Les hace olvidar con una también ingenua hipocresía, que una vez despreciaron al que está muerto, y todo fue amor y dicha.
Es adorar a un volcán para que no los entierre bajo su lava y cenizas, cosa que se hace también.
No hay valentía en el día de muertos, solo eso: una temerosa e inocente forma de unirse al enemigo porque no se puede vencer.
Hay que decorar lo sórdido y disfrazar la cobardía con supuesta alegría para no reconocer que ha llegado el fin. Que algo o alguien ha muerto.
Las ofrendas, las hermosas y tiernas ofrendas, son obra del miedo y del triste recuerdo.
Son preciosas, hipnóticas. Quisiera tener siempre una en casa solo para posar la mirada en ella e invadirme de tanto color y tantos detalles que observar, sé que los muertos no vuelven, no están en ningún lugar, ni siquiera existen; esa certeza le da más valor e importancia a mi gusto por las ofrendas, son bonitas en si mismas; sin acto alguno de cobarde fe o ritual tradicional en la forma en que las aprecio. Sirven para evadirme de tantos errores y frustraciones, y pensar que la muerte lo arregla todo, lo deja todo en su lugar.
Como debía ser, como debió ser antes de que todos cometieran (cometimos) aquel error.
A veces, al mirarlas, pienso que son la esperanza de que una mala vida pueda acabar pronto.
Las ofrendas son pequeños mundos a los que no hay que viajar en nave espacial.
Me encantan.
Gloria a dios en las alturas y a los muertos con su rompope y cigarrillos que nunca probarán.
Buen sexo.
Iconoclasta

Noticia del jueves, 24/10/2013:
En un aldea de Afganistán, a principios de esta semana han aparecido los cuerpos decapitados de una pareja de novios; tanto él, como ella, no tenían aún veinte años.
Lo hicieron los propios familiares, seguramente asesorados por algún sacerdote, porque es pecado tener relaciones sin estar casados.
Por supuesto, los cuerpos no los han enterrado porque han cometido ese pecado atroz y no se lo merecen.
Un yemení, seguramente no será castigado tras quemar a su hija porque la sorprendió chateando con un chico por el móvil.

Solo en países poblados por retrasados mentales se dan este tipo de casos.
Al igual que los pueblos caníbales o antropófagos (simios casi humanos con tal deficiencia mental que les es imposible usar la inteligencia para cazar animales más inteligentes que ellos y por lo tanto se tienen que comer a sus paisanos porque es lo fácil), los musulmanes radicales como afganos y yemenís (y hay la hostia puta de países iguales a ellos), son pueblos que están llamados a ser sometidos por razas mucho más superiores a ellos, en inteligencia, fuerza y valor.
Es bueno que se maten entre ellos y que los drones (los aviones dirigidos por control remoto) funcionen tan bien, porque para liquidar a una nación o pueblo de tarados, es mejor hacerlo con poco dinero.
Se necesitan limpiezas étnicas selectivas, bien llevadas, con justicia. No sería nada reprobable, lanzar bombas en esos países hasta que no quede nada y a los supervivientes, que se les ponga a trabajar como esclavos en alguna granja de cerdos o pollos. Vamos, que solo limpien mierda.
Si los habitantes de estos países y tribus se extendieran, se podrían cruzar con razas más inteligentes (medianamente inteligentes como mucho) y estropear la genética. Todos estos musulmanes radicales (al igual que los pueblos caníbales), se han desarrollado en una endogamia milenaria.
Han follado tanto padres con hijas, entre hermanos, entre hijo y madre, entre abuelos, tíos, primos y sobrinos, que sus cerebros son un mousse de mierda. Hasta tal punto, que comen donde cagan (cosa que ningún animal hace). Una cosa es la diversidad cultural, y otra tener que soportar que existan monos y los llamen humanos, consumiendo agua, comida, cagando y ensuciando.
Hay pueblos y culturas llamadas a la extinción porque ocupan espacio y recursos que podrían beneficiar a otras gentes. Las razas superiores tienen un deber y éste consiste en hacer una selección natural, ya que estos simios no tienen más predadores naturales que ellos mismos; pero se follan a sus madres y vuelta a nacer idiotas. Es un bucle sin fin.
Una vez sometidos los monos, se usan los recursos naturales que sus patéticos cerebros no han sido capaces de entender.
La historia demuestra que es el único camino para que la raza humana alcance y se mantenga en una buena clasificación en el planeta entre el resto de seres vivos.
Cualquier otra consideración es tirar margaritas a los cerdos.

Iconoclasta

-Nunca he comprado muertes, jefe.
-Pues sería bueno de probar.
-¿Son muy caras?
-Es un producto barato
hay mucha muerte, cliente.
La encarece la manufactura:
pringa mucho la piel
es tocarla y estremecer.
-No importa, morir no es caro
ni barato. Es decoro.
Me da vergüenza la vida.
-No mata, cliente
es un placer al dente.
Una exquisitez.
-Entonces erré
no quiero delicatessens
que no maten, que no acaben.
Es confuso el nombre
de su lúgubre comercio.
-Pruébela, siempre sorprende
el sabor a muerte prende
es vicio.
Es grata al paladar si
no es la muerte propia.
-Esa muerte tan negra…
La que gotea alquitrán
en el pedestal de la vida…
-Es añeja, alguien sufrió.
Alguien nació prácticamente
muerto.
Muerto, muerto, muerto…
-Debe ser fuerte, picante.
Desmoralizante tanta solera.
-No, cliente mío.
Es tan madura que dulce sabe.
La muerte es miel cuando
de sufrir la vida es el juego.
-¿Y cómo la cocino?
-Hiérvala diez minutos nada más,
en caldo de pollo
sazonada con romero y pena.
Y deje que enfríe.
Luego unos picatostes
como gazpacho de vida
para que suene la muerte
para que cruja
en el paladar y de alegría
a lo negro.
Y diga mierda como brindis.
-¿Me moriré?
-Solo nos mata nuestra
muerte nuestra.
Nuestra, nuestra, nuestra…
-La gente es supersticiosa, cliente.
Algo caprichosa, no saben
que solo nuestra muerte nos acaba.
La muerte ajena es vida
para los demás.
Una alegría para algunos,
si me permite la chanza.
– ¡Qué contradicción!
Filósofo charcutero de muerte
que das vida.
Cortas con guadaña.
-Tiene un gran humor
cliente mío,
más no es contradicción
cuanta más muerte
más espacio, más aire.
-No quisiera morir y favorecer
a quien no es de menester.
-Pues así es;
más no os desaniméis.
Habéis robado espacio
y aire a otros.
Hay un equilibrio.
Equilibrio, equilibrio, equilibrio…
– ¿Y qué me dice de la muerte tierna?
Es casi blanca, una sábana
de recién nacido.
-Es un bouquet muy refinado,
se debe haber comido
mucha muerte mucha
mucha, mucha, mucha…
para encontrarle agrado.
La más amarga de todas.
-Es curioso, cliente mío
que la muerte más tierna
sea la más recia al paladar.
Contradicciones vitae, amigo mío.
-No tengo tiempo para
apreciar muertes,
yo solo buscaba medio kilo
para echármela encima.
La vida me harta.
-Viva un poco más
para probar la muerte.
¿Le gustan las paradojas?
Bromas de buen gusto…
No puede hacer daño,
cliente mío.
-Tengo muerte seca,
pasa bien con un
negro vino divino.
Es tasajo de hombre
quemado al sol,
seco de trabajo
de venas plenas
de sangre en polvo.
Tiene el sabor de
las olivas amargas,
está tostada
sabe rica con ajo
y un poco de perejil fresco.
Más buena que papa frita.
Más buena que la vida
de muchos de cientos.
-Deme un cuarto
y luego veré.
-Aquí tiene, cliente mío.
-Gracias charcutero con guadaña.
-Qué gracioso es, amigo mío.

-Buenos días, charcutero
de muertes muchas.
Quiero más muerte,
la seca me la comí
apenas sin sentir.
-Buenos días, cliente mío.
Ya no tengo más
hasta el martes
a más tardar.
-Siempre se acaba
demasiado pronto lo bueno.
Es hora de morir,
no se preocupe, no es por su muerte
es por mi vida.
-Yo le ayudo, cliente mío,
es lo menos que puedo hacer.
– ¡Era verdad, mi charcutero
del horror!
¡Corta con guadaña!
– ¡Ay cliente mío!
¿Cómo lo sabía?
No me haga reír más,
una guadaña corta sin esfuerzo
y es sanguinariamente romántica.
-No lo sabía, cruel charcutero
siempre he tenido suerte
para acertar lo que duele
y lo que acaba.
-Adiós, cliente mío,
muera usted por fin.
-Gracias charcutero de muertes,
me llevo el buen sabor
a muerte seca.

-Buenos días, charcutero.
-Buenos días clienta mía.
-Este es mi hijo, lo que parí
lo que amo.
-Es un niño hermoso
a pesar de ser calvo.
-No es calvo, señor charcutero,
se lo come el cáncer
tal vez mañana muera.
Y quiero que antes
que la muerte se lo coma,
él muerda la muerte.
– ¿Tiene dulce muerte para él?
Negro charcutero negro.
Negro, negro, negro…
Estamos cansados de lo amargo.
-Toma pequeño que vas a morir,
ésta es muerte añeja
la más dulce, la más esperada.
Es un regalo.
-Gracias charcutero mortal,
gracias por esa negra muerte
que chorrea ahora dulce
por su boca llagada.
Te lo agradezco.
-Clienta mía, cuando
tu hijo muera mañana
ven a verme y te arrancaré
el dolor, la vida, el aire lleno de púas.
Lo haré gratis.
-Vendré mi amigo charcutero,
te lo juro.
-Adiós, que mueras feliz,
pequeño cliente mío.
Dame un abrazo.
-Adiós señor.

Iconoclasta

Infinito…

Eso no existe, es mentira. Todo se acaba.

El que algo se termine más pronto o más tarde depende del placer o dolor que provoque; pero jamás nadie será eterno ni resucitará. Ni hay espíritus o energía en el «otro lado».

No habrá un orgasmo eterno o una eyaculación que provoque una riada que arrastre, ahogue y deje preñadas a miles de mujeres.

Nuestros hijos no serán mejores que nosotros, solo serán más de lo mismo y puede que mueran antes.

No hay nada infinito, ni siquiera el universo lo es. Ni los putos números decimales o la patética lista de números primos que tanto misterio tiene para los más pseudo matemáticos de cerebro ágil y admirable hasta la masturbación.

No se dan cuenta de que algo falla terriblemente cuando le dan un número infinito al perímetro de una circunferencia tan finita y tan pequeña como una pelota de ping-pong. Ese cálculo es una muestra de miedo y de una religiosa y enfermiza fe en lo inacabable.

Es la aberración pura de la cobardía.

Su coño es infinito y mi polla inconmensurable. No te jode…

La circunferencia tiene unas medidas tan limitadas como limitada es la imaginación de millones de seres humanos.

Vuestra vida es finita y con ella el universo y el estúpido número pi. ¡Qué coñazo con π!

Resulta que el número pi tiene algún misterio de mierda y mientras tanto algunos súper inteligentes juegan para desentrañar su misterio, hay niños que mueren de hambre y comidos por las garrapatas sin ningún misterio. O tal vez con el mismo misterio con el que los hombres pederastas revientan a sus niñas-esposas.

Lo infinito tiene misterio, pero que respiren el mismo aire que nosotros una serie de hijos de puta, eso no tiene misterio alguno.

Los números periódicos son solo unos cuantos números que no han de preocupar a nadie. Excepto si eres tan idiota para creer que los podrás seguir calculando en otra vida.

Y los límites de lo «infinito» se encuentran justo en las paredes del ataúd o de la urna donde os embotellen.

Todo ese cuento del infinito es una especie de consuelo para cobardes, una pedante forma intelectual de decir que hay vida en otra dimensión sin recurrir a la superstición (religiones). Los supersticiosos creen en la resurrección y no solo en una vida infinita, sino que además la decoran como un parque de atracciones con sexo gratis.

Menos mal que se mueren las personas, porque no solo sus cuerpos ocupan espacio vital, su pensamiento es agobiante y asfixia.

El amor es finito y es finita la vida de los optimistas.

Los hijos mueren, como los padres.

Y es bueno que ocurra, porque ni en literas de un millón de altura cabríamos en  este pequeñísimo y limitado planeta, ni en la otra dimensión por la cual se accede por un agujero de gusano o por el agujero negro que bien podría ser algo relacionado con un griego (un servicio sexual).

Lo eterno es una forma de explicar la brevedad y lo vano de la vida humana tal y como nos la impusieron los que ahora están finitamente muertos, creyeran en dios o en sus sexos velludos.

Infinito…

Y una mierda.

La vida, las estrellas, los números y las palabras son tan finitas, que provoca náuseas reconocerlo.

El infinito es un concepto meramente romántico. No existe nada sin límites de la misma forma que no existe dios, de la misma forma que el universo es un conjunto de piedras que jamás han tenido o tendrán vida.

De la misma forma que me pudro infinitamente en este planeta de mayoría imbécil.

El infinito es la triste y patética esperanza de una vida demasiado corta para el gusto del vividor.

Iconoclasta

Suelen salir mal las cosas por ninguna razón en especial. Y no es que salgan mal, sino que ya lo estaban. A veces (asaz de ellas) los genitales toman el control. Los humanos creyendo que el cerebro se encuentra en los testículos o la vagina, estos detalles de perspectiva les pasan desapercibidos y no se enteran del mundo en el que viven. Y mucho menos de su propia estupidez.

El humano es un ser confuso, desconoce su propia naturaleza y sus limitaciones.

Ojalá un día el analfabetismo se erradicara y supieran de una vez por todas que el cerebro no se encuentra en los cojones o entre los pliegues del coño.

No lo saben y siguen rigiéndose en cuestiones románticas, sociales, económicas y religiosas por estos órganos genésicos tan alejados del cerebro, que aunque sea muy pequeño y con escasa operatividad en el 99,8 % de los humanos, no deja de ser el que de verdad rige el intelecto.

Si tuviera la peña la más mínima capacidad de síntesis, lo habrían aprendido en sus primeros años de vida viendo cualquier mierda de programa televisivo. Incluso en los primeros libros de texto de la infancia se hace mención del cerebro.

O sea, que hacen lo que les sale de la polla o el coño sin capacidad de elegir, de una forma habitual y mediocre.

Y así, cuestiones como pobreza, hijos no deseados, religión, cuernos y un compulsivo deseo de cambiar de teléfono móvil cada dos meses, son solo baladíes actos de una polla o un coño demasiado inquietos.

Los humanos se “aman” entre coitos y felaciones, teléfonos e imágenes jpg, y comida barata con refresco de a céntimo el litro en el supermercado; pero como lo hacen usando los genitales y sin pensar, todos estos animales tienen cabida en el paraíso porque no hay pecado en las bestias.

Ergo el paraíso es un centro para deficientes mentales y el planeta Tierra un criadero de subnormales.

Y lo que salta a la vista es que el aborto no solo debería ser legalizado, sino que debería ser forzoso.

Claro que si dejaran de nacer subnormales, los curas se quedaban sin feligreses y los políticos sin votantes.

Y las casas de telefonía móvil se iban a la mierda en dos días.

Sería el caos…

Maravilloso.

A mí me suda la polla.

Iconoclasta

Los que seáis un poco listos no vomitéis conla introducción, los que sois más de lo mismo, seguid leyendo a ver si aprendéis algo.
Frases de Jorge Bucay.
– El verdadero buscador crece y aprende, y descubre que siempre es el principal responsable de lo que sucede.
– Porque nadie puede saber por ti. Nace puede crecer por ti. Nadie puede buscar por ti. Nadie puede hacer por ti lo que tú mismo debes hacer. La existencia no conoce representantes.
– No somos responsables de las emociones, pero sí de lo que hacemos con las emociones.
Frases de Paulo Coelho.
– Cuando quieres realmente una cosa, todo el Universo conspira para ayudarte a conseguirla.
– Todos los días Dios nos da un momento en que es posible cambiar todo lo que nos hace infelices. El instante mágico es el momento en que un sí o un no pueden cambiar toda nuestra existencia.
– Cuando todos los días resultan iguales es porque el hombre ha dejado de percibir las cosas buenas que surgen en su vida cada vez que el sol cruza el cielo.
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Me parece increíble (es retórica, debido a mi sabiduría y objetiva visión sé todo lo que es posible o no lo es en el ser humano) que un par de iluminados como estos dos hayan vendido libros.
Es un insulto a la inteligencia; pero claro, en un mundo de analfabetos, el que atina a juntar más de tres palabras que sean correctas con los cánones impuestos por el poder y la farisea moral de conducta y respeto, encontrará la editorial para publicar su ignorancia empática con las clases sociales más decadentes: burgueses, funcionarios de ventanilla, letrados y políticos.
Los que tienen dinero y poder (los que esnifan coca bajo palio o se las chupa una niña) alaban una vida que solo conoce uno entre cinco millones de burros. El dinero otorga a pesar de su decadencia, una ignorancia pueril y optimista. Es tan infantil, que ellos mismos se creen ejemplo a seguir.
Los pobres por su parte, necesitan mesías y lecturas de este tipo de escritores-pastores para sentirse afortunados entre la mierda en la que nadan cada día. Su ignorancia es más básica aún que la de los poderosos o los escritores-pastores.
Tanto a pobres como poderosos, es igual de fácil de engañar. Simplemente se trata de darle otro nombre a las heces que forman sus cerebros para que se crean seres racionales y con libre albedrío.
Las editoriales se convierten junto con  la televisión y el cine, en los guardianes y jueces de una sociedad basada en la hipocresía, el arribismo y la esclavitud.
Solo los cerebros muy enfermos de hipocresía  pueden soñar con ser ángeles
y sabios pisoteando o ignorando en su escalada “al poder”, a miles de seres
humanos que son solo piel y huesos, seres que nacen con sesenta o setenta años menos de vida.
Cualquiera que diga que el universo se confabula para ayudarnos a hacer un sueño realidad, es un hijoputa, la peor y más rastrera bestia que pueda uno conocer. Porque afirmar algo así es un crimen y un insulto al orgullo, al sufrimiento y al esfuerzo.
Lo que les ha ocurrido a estos “genios” que afirman que con buena voluntad y optimismo se logra todo, es que se han llevado a la boca el pene del poder y con ello han quedado protegidos de cualquier misil o rayo láser que les disparen. Igual que en las viejas películas de Star Wars o Star Trek en las que los campos de fuerza de las naves son la suprema protección y mientras hacen orgías, la nave es bombardeada por unos enemigos idiotas que no llegan a enterarse.
Por todo esto, cada día resulta más difícil encontrar un buen libro que leer o una buena película. Respecto a la televisión, no hay remedio, es una pura sucesión de basura epiléptica, sea de pago o no.
Es mejor ir al restaurante chino y comprar una galletita de la suerte para tener la misma lectura que nos ofrecen, sale más barato.
En la literatura: follar, polla y coño está prohibido como norma. En la televisión se disimulan las palabras fuertes con aplausos o pitidos, en el cine (el porno es otra historia y carece de hipocresías, aunque sobra deficiencia mental) estas cosas se visten de video clip con rápida sucesión de imágenes. Pero en ninguno de estos medios, se pone de manifiesto la falta de cultura y capacidad de síntesis de la gente para no degradar demasiado a la clientela.
En fin, que me cago en la puta madre de editoriales, productoras de cine y emisoras de radio y tv.
Y es que no hay inteligencia suficiente ni entre ricos ni pobres para alimentar todos los días a la peña. Que nazca alguien inteligente en cada generación es una lotería.
Piara de idiotas…

“Todos los días Dios nos da un momento…”. Hay que joderse con la estupidez.

 

 

Iconoclasta

El tiempo no es ecuación, ni tampoco es infinito.

No es relativo, es insultantemente obvio y voraz.

Solo existe para destruir la vida y almacenar cuantas imágenes quepan en el cerebro.

Y sin embargo el tiempo es movimiento, es energía. Es paradoja, una broma de mal gusto.

El tiempo se acaba y sin embargo, benditos los que sufren a cada segundo porque su vida se triplica.

Benditos de mierda…

Es frágil el tiempo, un cristal que se rompe en pequeñas partículas (algo cuántico diría un físico, yo digo que es algo simplemente doloroso) a cada instante, al atravesarlo con cada paso, con cada respiración. Las horas se fragmentan en millones de minutos y en trillones de segundos. Todas esas fracciones cortan y erosionan el cuerpo y los ojos. Y así el tiempo también es letal e inicuo para la esperanza. Los pequeños cristales refractan la sangre y le dan un trágico cromatismo a la vida. El sudor a través de su transparencia parece orina, agua engañosamente dorada.

Y mientras se rompe nuestro tiempo, nada ocurre alrededor. Es tan cotidiano como escupir o mear. No es trágico el estallido de un segundo, la metralla del tiempo es indolora por repetición, porque uno se acostumbra a sus cortes desde el nacimiento.

Sin embargo, observas tus manos dañadas, cubiertas de cristales y meditas sobre la cantidad de alegría y dolor que el tiempo aporta. El injusto balance a favor de lo amargo.

Todos esos añicos de horas y segundos son recuerdos; lo que ocurrió un instante atrás. Algunos son más afilados que otros, más hirientes. Pero todos cortan y se clavan.

Es el atributo del vidrio o el tiempo. Sea malo o menos malo.

Hay cristales que vale la pena meterse en los genitales aunque duela y rozarse con ellos hasta sangrar de placer. El cristal guarda la gota de semen, el fluido blanquecino que moja los labios de su coño, suficiente para masturbarse en un brindis al pasado si es necesario.

Mi glande parece una obra Swarovski, su coño una mina de diamantes…

Las pieles destellan por todo ese vidrio clavado en ellas y los amantes suicidas se rozan a pesar del dolor que producen los intensos minutos que se restriegan cortantes por el cuerpo. A pesar de la sangre.

Tal vez por la sangre…

Recogemos lo que podemos, lo que nos queda. Porque una vez fragmentado el tiempo, no hay marcha atrás. No se puede volver.

Entre carne y uña tengo innumerables vidrios incrustados. Mis dedos son vitrales en miniatura de recuerdos arañados a tanto tiempo.

Es imprescindible recoger ese caos de añicos caducos para tener un testimonio de que un día existimos en cierto tiempo y cierto lugar. Las cosas tienden a olvidarse, y los recuerdos de miles de seres se mezclan, esos cristales a veces usurpan sangres que no son las suyas originales; hay tanta mediocridad, que algunos desean los cortantes recuerdos de otros; la envidia forma parte del cristal; es una de sus materias primas como lo es del humano pensamiento.

Es importante vivir con pocos seres alrededor para que no se mezclen nuestros recuerdos con los extraños. Es difícil encontrar algo auténtico y personal entre tanto individuo, cada día más.

A medida que pasa el tiempo…

Hay que evitar que nadie pise lo que un día fuimos y acabe nuestra vida pasada clavada en la suela de un zapato sucia de mierda.

Sería triste ver marchar el pasado pegado en una bota, dan ganas de llorar.

Los hay que no pueden llorar porque no les quedan lágrimas, se han secado por un exceso de minutos. Es bueno meterse un trozo de tiempo-vidrio bajo el párpado para estimular su secreción.

Hay a quien se los metería en el culo.

El tiempo se hace añicos para convertirse en el beso más deseado, en la cuchillada más dolorosa… El tiempo es un hijo y un amante. Tiempo es sonrisa y llanto y son unos brazos en cruz bajo la lluvia.

Vale la pena destrozarse las uñas para mantener la memoria. Una vez muertos, no habrá más cristal que romper, no quedará nada de nosotros salvo esos vidrios cuánticos sin dueño regando el planeta; no debemos abandonar u olvidar lo que aconteció. Nuestro tiempo se acorta a cada milisegundo.

Si uno se fija bien, las horas son una lluvia de muy sutiles cambios; pero desgarradoramente notables cuando sangran nuestros dedos acariciando los cristales del pasado haciéndonos conscientes de lo erosionada que está la piel y el alma.

El presente solo adquiere movimiento y vida, porque hay precedentes con los que cotejarlo.

Es bueno, es fascinante ver caer el tiempo hecho añicos como las lágrimas de una lámpara de cristal. Saber que cada segundo es un cúmulo de cristales que estallan en una dimensión fundida e integrada en nuestra realidad, sin dolor; pero con esa inconfundible e irracional melancolía que da la certeza de que no volverán los buenos tiempos y los que nos esperan, puede que no sean tan felices. Tal vez no valga la pena destrozarse los dedos y las uñas para seguir recogiendo los fragmentos del pasado.

Aún así, mientras hay tiempo, hay esperanza de que algo nos sorprenda y con un cristal clavado en la palma de la mano, esperamos recoger uno mejor, tal vez un diamante. No es tarde para la esperanza comedida.

Un diamante es una buena pieza para morir con una sonrisa.

Iconoclasta

Necesito pensar que la lluvia, la que me hipnotiza llevándome a lo más profundo de mí con más fuerza que la heroína o el opio y me da un indefinido consuelo a una indefinida melancolía, no es solo agua.

Debo pensar para evitar una irritación cerebral, que la lluvia es el vapor condensado de los cadáveres, de millones de muertos. Entre esas gotas hay partículas de seres que un día amé y hoy echo de menos.

Sé que también forma parte de la lluvia mi sudor, mis lágrimas y mis esperanzas diluidas en la orina; pero puedo discriminar cada gota por su forma y emoción. Sé que gota específica vale la pena observar y escuchar, dejarse mojar por ella… Soy selectivo.

No hay gotas malas, o demasiado malas, porque los fracasos y la mala gente no se hacen lluvia, lo dice la religión: los buenos al cielo, los malos al fondo de la tierra, al infierno. Me dejo llevar por una inocencia estúpida de vez en cuando, es una pequeña licencia de hombre adulto: me permito ejercer una ignorancia pueril cuando llueve.

No puede hacer daño.

Nunca rozo las gotas que corren por las ventanas (ya sé que llueve por fuera, es necesario abrir la ventana para ello) porque son frías como los cadáveres que un día fueron. Simplemente me acerco y un tenue vaho, como un amor muerto seguramente, empaña la superficie y oculta mi reflejo. Está bien ser oculto y secreto.

No trasciendo, desparezco por cualquier concepto, no me engaño demasiado.

Las gotas repiquetean en los cristales de la ventana y sin apenas esforzarme imagino que me saludan. Cuando arrecia la lluvia, se forman ríos verticales de irregulares trazados que relajan mis párpados de placer al imaginar que vienen a por mí mis muertos, los que amé.

— ¡Vamos! Ya has vivido demasiado, no hay nada que aprender o descubrir. Se te ve cansado. Es hora de descansar con nosotros —hay mucha ternura y cariño en como lo dicen, siempre la hubo. No es novedad.

Siento hacerme agua, mis entrañas se diluyen con una nostálgica sensación de pérdida, de que algo llega al final. Dentro de mí, en mis intestinos, en mis testículos encogidos se forma un frente de bajas presiones de llantos.

Mis tripas se hacen lluvia por las implacables imposibilidades.

Porque las gotas solo caen y se transforman en vapor, no se hacen abrazos, besos ni carne.

Todo ha sido una gran mentira: la resurrección, la vida en otro lugar, el cielo y la bondad…

Puta mierda.

Los que un día amamos, no volverán, serán gotas de lluvia.

Y a pesar de la verdad, yo me voy con ellos, tienen razón. Hay viajes largos y la vida se hace interminable. Con la experiencia acumulada la razón dicta que para llegar al mismo destino: la muerte, es mejor ahorrarse dolores. No es necesario sufrir más si no hay nada que ganar ya.

Conforme las gotas resbalan y de algún sitio llega algún tintineo metálico provocado por las gotas amadas como un cántico de esperanza, camino con los ojos cerrados por una estrecha carretera bordeada de enormes plátanos que forman un túnel con sus copas. El agua resbala por sus hojas y ramas para mojarme cálida y serenamente, íntimamente en soledad.

Y se está bien sin ir a ningún sitio, solo camino.

No hay nada que lograr o vencer ya, solo se trata de llegar sin prisas, pensando que la lluvia son gotas de agua de personas buenas que murieron. Uno necesita engañarse en un mundo hostil.

En una vida hostil.

En un planeta de selvática envidia.

El humo del cigarrillo me sigue en la densa atmósfera; camino cómodo, camino suave. Camino contento arropado por la buena lluvia.

Los amores son tan sutiles y desprotegidos que nunca se hacen lluvia, simplemente se deshilachan como pequeñas nubes sometidas al viento. Se hacen jirones sin más peso que un recuerdo o lamento inaudible.

Hay muchos amores, hay amor hasta debajo de las piedras (lo esconden los malos). Pero con la lluvia solo me preocupan aquellos irrepetibles, los que están ligados a mis amados muertos. Padres y madres se convierten en amigos cuando ya no los necesitamos y simplemente los queremos. Da miedo que toda esa potente emoción sea un simple jirón de vapor, hay que ser cuidadoso, estarse quieto para que el aire no lo rompa cuando llueve.

Pobres amores que no pueden llover una vez muertos…

Mi sombrero en mi pecho por su muerte eterna.

Cuando llueve, al igual que cuando sueño, no tengo una pierna que no funciona.

Podría ser que sueño que llueve. O tal vez cuando sueño, llueve. O tal vez sea que la melancolía es tan densa que crea una surrealidad de la realidad.

No es difícil de entender, solo son opciones que dan todas el mismo resultado, como la muerte es el resultado de la vida.

Si la lluvia es agua de buenos y amados muertos. Los malos se convierten en piedras, en hierro, en minerales. En materiales innobles que serán golpeados, aplastados, triturados, o fundidos. Los malos (porque los hay) son tan densos que no tienen imaginación, no vuelan. Son piedras.

No llueven, son plomos.

Los malos no pueden ser etéreos y sutiles.

Son inconfundibles a mis ojos: tengo la mala suerte de distinguir las hipocresías todas, las envidias y las decepciones y sé que caen pesadas al suelo.

Y me hacen daño en los pies al caer.

Demasiados golpes, al igual que los cigarrillos pueden devenir en cáncer. Pues ya tengo mi cáncer en mi pierna. Hace años que comenzó a formarse, la lluvia me ha ido salvando; cuando estoy a punto de ser absolutamente derrotado, llegan mis muertos, llegan los buenos repicando en la plancha de los coches, en los techos de las casas, en las ventanas… Forman sus pequeños ríos hipnóticos en los vidrios y todo está bien, yo viajo por esos ríos de la bondad. Por el camino flanqueado de enormes y tupidos árboles.

Siempre me dejo mojar, aunque me resfríe.

Peligro es mi apellido.

No soy dado a las ilusiones; pero como no me emborracho ni me drogo, me dejo llevar por pequeñas delicias que no provocan cáncer para variar.

Dicen que hay lluvia ácida y radiactiva, yo no lo creo. Lo que pasa es que las pieles de los mediocres es demasiado cobarde y sensible a todo aquello que es sencillo, limpio y puro.

Cuando cesa la lluvia mis últimas gotas de ilusión y paz se van con el resto de la bondad llovida a la cloaca.

Deseo que no tarde en llover, las largas temporadas de sequía y calor se comen mi hueso como si una plaga de insectos anidara en la médula.

Como las vacas en las viejas películas de vaqueros, oleré el aire en busca de lluvia cuando el sol aparezca nocivo, cabrón y desecante en el cielo.

La lluvia es un estigma para los pusilánimes y ahí radica mi perverso placer entre toda esta melancolía.

El fin no varía, lo importante son los medios para llegar, el destino no guarda secretos. Las conclusiones sin lluvia son más duras, son simplemente vulgares.

Nacemos para ser agua o minerales.

Cesando la lluvia los árboles que flanquean el camino se hacen pequeños, el sol levanta vapor de la tierra mojada, huele bien durante un segundo. Siempre huele bien la bondad y el amor evaporados.

Yo también siento que me seco.

Tomo una piedra, la lanzo contra la ventana de una casa abandonada y rompo un vidrio para que no corra por él la lluvia. Para que no se hagan ríos de bondades y melancolías.

Si pudiera, solo permitiría que lloviera sobre mí y a mi alrededor.

Quiero ser único en mi melancolía, en mi amor, en mis recuerdos.

Que nadie comparta mis gotas, mis muertos.

Enciendo un cigarro para calmar el ansia de esta sequedad. Sé que seré mineral, porque no puedo ser bondadoso ni ofrecer cariño más que ejerciendo la imaginación. Es necesario creer en el ser humano y respetarlo a todo tiempo para ser lluvia.

Yo solo hago de la vida y solo durante unos minutos, un cuento de hadas que no existen.

Yo seré uranio.

Iconoclasta