Archivos para febrero, 2021

Las extinciones de especies sirven para hacer espacio.
Los dinosaurios se hicieron muy grandes y gordos, así que los extinguieron y crearon primates; cosa que tampoco fue muy acertada. De hecho, muy mal porque los primates se centraron en la masturbación a pesar de lo fácil que era la reproducción y esos eslabones perdidos dieron paso al Homo Mezquinae y éste (no este mismo, sino uno de esos homos inteligentes que de forma accidental son paridos al azar geográfico) inventó el smartphone que hizo la masturbación más fácil y rápida para niños y niñas y adultos en general.
Los creadores no acaban de pillar el truco a su trabajo.
Es pura negligencia, coño, sino sabes no inventes.
Veremos que plantan en La Tierra cuando extingan a la especie humana. ¿Chiles pepinos?

Tras unos minutos examinando la radiografía de los pulmones, el médico le aconseja al paciente:
-Será mejor que piense en arreglar sus cosas.
Cuando el hombre llega a su casa, su mujer le pregunta por el diagnóstico del médico.
-No era un médico, me ha visitado un puto asesor fiscal.

Tengo las sucias y perfectas palabras para definir lo grande que es follarte, joderte el alma y morder desesperado tus feladores labios.
Aspirar los de tu coño entre los míos voraces de ti.
Me cansan y aburren las delicadas voces que no pueden alcanzar a describir la divina blasfemia de tu coño ansiado.
Esa obscenidad tuya de masturbarte frente a mí, obligándome a esperar hasta que la leche se me escurre por el pijo como la baba de una bestia hambrienta. Y metértela cuando me das la venia, como un violador, con los cojones contritos; rogándote que los tomes entre tu mano, que los acaricies porque pesan y duelen de ese esperma que bulle.
Tatuaría una cruz en la polla para alardear de que te he crucificado.
Tengo las sucias palabras que gotearán en tus pezones y las arrastraré con los dientes, hasta que tus puños se cierren y tu pelvis se eleve para llevarme más profundamente a tu coño insondable.
Lo único sutil es mi dedo cuando se mantiene inmóvil en la precisa verticalidad de tu clítoris asomando duro como un arrecife entre los pornográficos labios del coño que destila espesos filamentos de deseo. Apenas lo rozo para tu tortura, para que desesperes; ansiando el movimiento sísmico de tu cintura buscando la presión puta, la definitiva en esa perla que tantas veces he succionado carnívoramente.
No puedo ser más sutil porque cometería blasfemia contra tu voluptuosidad. Tu coño goteando mi semen no tiene metáfora.
No puede tenerla.
No aquí, no ahora.
No soy traidor a tu chocho hambriento.
Ramera es la justa palabra para susurrarte al oído, porque con cada polvo, me robas la razón. Tus servicios son los más caros del mundo.
Y cuando digo te amo, digo a muerte.
Tengo las cuidadas, hermosas y sucias palabras para mostrarte mi fascinación.
Mi puta amada, mi puta deseada, mi puta del alma, de mi corazón. De mi vida…

Iconoclasta

Seamos realistas, el abuso, acoso y la supresión de la más mínima y elemental libertad requieren un nivel de violencia basado en la lesión grave y muerte.
Ante una prisión indiscriminada solo cabe una respuesta: una violencia iracunda y sangrienta.
Nadie ha ganado jamás la libertad perdida obedeciendo y sonriendo a su amo.
La libertad requiere siempre, y así ha sido en toda época, una violencia salvaje.
Cuanto más tarde estalle la violencia, más cruel será; porque nada la evitará.
Quemar basura o romper vidrios es como que te pique el coño o los cojones y te peines. Así de ineficaz e improductivo.
Deberían silbar certeras balas a la cabeza cuando el fascismo del coronavirus pide y ordena prisión y toques de queda marciales para la ciudadanía. Los caudillos y sus caciques son los enemigos mortales, no un virus o una gripe de mierda.
El coronavirus se cura con aspirinas y la libertad se restituye chorreando sangre.
Antes los libros de historia explicaban estas cosas; antes de que el germen del nuevo y normal fascismo empezara a minar y corromper la historia, la cultura, el arte y la educación para crear generaciones de cobardes o cabestros a los que someter mientras aplauden complacidos a sus tiranos.

Se puede amar de las formas más inusuales.
Y cuando en el amor algo es inusual, es dramático; cosa que lo hace aún más fascinante. Trasciende por encima y más allá de la mediocridad en la que ha surgido.
Y yo carezco de la usual alegría de amarte; algo salió mal, cielo.
Algo se jodió cuando no puedo tenerte en todas las horas.
Amo tus muslos cuando suavemente se rinden y descubren impúdicamente el camino a mi boca.
Te amo con las venas del pene y las sienes inusualmente henchidas, a punto del accidente vascular.
Te amo con el pensamiento roto, como el rostro se refleja en los fragmentos de un espejo.
Te amo en silencio, secreto y oculto.
Amarte es el drama más doloroso, lo más bello que jamás pudo enloquecerme.

La verdad es que para encontrar a alguien decente y fascinante hay que vivir muchos años, ser un gran observador y ante todo, tener una buena suerte del carajo.
Nota: Tener rabo o unas buenas tetas no influye para tener éxito en la búsqueda, solo te sirve para trabajar de toallero o de lesbiana en videos porno gratis.

Las noches de cárcel, de toques de queda marciales en la Nueva y Normal España Fascista del Coronavirus huelen a semen rancio de mil pajas, al acre sudor de la cobardía, al moho de la decadencia y su mezquindad…
Al vómito de los borrachos cobardes.
A la picante orina de las ratas.
Al hedor a bofia en las calles.
A los fluidos y jadeos del incesto.
Al seco excremento del miedo.
Los caudillos, caciques y su bofia, han convertido a España en la letrina nocturna de Europa.
Y los portadores religiosamente fervorosos del bozal, aplauden con el cerebro seco a sus carceleros. Aplauden y obedecen, aplauden y están presos con una sonrisa y esperanza piadosa, aplauden y se arruinan. Y enfermos los cabestros, dicen amén a todo con la testa gacha y el culo lleno de mierda.
La mediocridad votante solo quiere mirar cobardemente desde sus ventanas con un teléfono que no entienden en las manos; con la indolencia de la pereza y la fe de que van a ser alimentados por sus amos fascistas.

Pensé que llegaría un momento en la vida en el que me sintiera medianamente bien. Y cuando de nuevo escuchara Speed of Sound de Coldplay unos años más adelante, me reconociera de nuevo como un hombre pleno. Bueno… al menos vivo y con el cuerpo más o menos completo.
Tal vez alguna frecuencia de la música y la letra de aquella canción produjo una sorprendente reacción eléctrica en mi cerebro en el momento preciso. Una reacción de fuerza y ánimo contra todo pronóstico.
Me reconozco ahora que escucho la canción, cuando han pasado dieciséis años. Y he recordado con melancolía a aquel hombre más joven al que se quería comer la muerte trepando venenosa por una pierna dolorosamente rota… Y por ella, se asomó a los pulmones, se extendió por los huesos, se hizo pus en la sangre, secó las venas y creó carne muerta. Y a pesar de toda aquella andanada de dolor y miedo, escuchando a Coldplay en una de aquellas infinitas mañanas rotas, postrado en un sillón con la pierna enterrada en yeso hasta la ingle y palpitando malignamente, tuvo una certeza de futuro: que muerto él sería yo el que ahora, escuchando de nuevo la canción, lo evocara con ternura.
Pablo el Muerto: lamento que pasaras aquel año de mierda. Tantos días perdidos…
No sabré en qué momento moriré, el próximo que podría tomar el relevo de la vida será Pablo el Viejo; el decidirá si mi vida y muerte le habrán servido de algo.
Estoy condenado a vivir y morir, vivir y morir, vivirdolermorir…
Es eufórico vivir y por tanto morir a la velocidad de la luz cuando has experimentado la lenta y degenerativa velocidad del dolor.
Sísifo se entretenía con una piedra y podía subir empinadas cuestas.
Yo tengo un buen equipo de música y mi canción es muy bonita.
Seguramente al viejo Pablo, le encantará un día escuchar la velocidad del sonido, la que yo escucho ahora para él como hizo mi antepasado Pablo el Roto nacido en San Valentín del 2005.
Nunca se sabe cuándo acabará definitivamente la canción; pero no tenemos otra cosa que hacer.
Tal vez sea por culpa del esperanzador título de la canción y un ritmo ligero y tranquilizador para un tullido con la soga al cuello que, desearía correr a esa velocidad del sonido en lugar de la del dolor.
Si la canción no acaba antes, Pablo Viejo, espero que la disfrutes y que la poca vida que te queda, sea más velocidad que dolor, más música que rugido.
Cuando muera yo, toma el mando, no pises el freno.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

¡Qué mierda! Cuando te das cuenta de que tienes alma y la localizas (en mi caso en la oreja derecha, tinnitus decía el gilí del otólogo), resulta que el diablo no existe.
¿Y para qué cojones quieres un alma si no puedes comerciar con ella?
Este planeta es imbécil; y todo lo que contiene.
La cuestión es joder.