Archivos para marzo, 2021

No se debe ser tan ingenuo como para creer en la buena fe de un político que, por definición representa el summum de la ambición de poder. Que viene a ser el hechicero de las antiguas tribus humanas que empezaban a asentarse abandonando la caza y la recolección.
El arribista político siempre protegerá sus intereses, su permanencia en el poder y a sus iguales y afectos; pero ante todo, se obsesionará por el control del pueblo: la máxima expresión del poder.
Cualquier otra consideración es un ejercicio de ingenuidad indigna de alguien que debería tener un mínimo de madurez intelectual o experiencia vital. Pasar por alto que el político es el enemigo de tu libertad y economía, es un acto de servilismo puro y duro. De gente a la que tanto le da la democracia (y su mínima libertad) o una férrea dictadura en la que se le impone prisión y un bozal que usa sin objeción alguna; puesto que para sus escasas inquietudes, le basta cualquier cosa.
Se podría decir que el político es la blasfemia de la honradez, una burla a cualquier ética. Ser arribista no es motivo de orgullo, es asqueroso. Por descontado, que si algún familiar propio pertenece a esa ralea de ambiciosos, seguramente será una persona especial, muy buena gente. Lo creeré.
El político es el enemigo eterno, una condena impuesta desde el nacimiento de la que jamás te podrás librar, va incluido en el lote de nacer en esta piojosa sociedad.

La única forma correcta de amar es la mía.
La humanidad ya ha tenido demasiadas oportunidades para hacerlo bien.
Adiós al «amor» hipócrita de aburrimiento y asco de verse en la misma casa con hastío, adiós a los borrachos que no saben meterla; pero pagan a las putas para que giman una hombría ebria, torpe y precoz; adiós a la dejadez y al sexo anodino, animal, reproductivo y sin cerebro.
Ahora amaré yo con toda la sangre necesaria, sin piedad. Y no podréis esconderos de la vergüenza de vuestra inutilidad, de la obscena leche que se desliza por el monte de Venus hacia los labios que, se contraen entre los muslos aún en espasmos buscando un aire que no necesitan.
Yo y mi Sagrado Cetro Lácteo somos Dios y Uno.

La prensa del fascismo español del coronavirus me recuerda un poco aquel anuncio de una pomada para las hemorroides, para aquellos que “las sufrían en silencio”.
Como teleserie para las tardes, no está mal; tiene de todo, drama, muertes, terror, pánico, aplausos, estafa, sexo, incesto, turismo, campos de concentración y nazismo.

Franco estaría orgulloso de los caciques catalanes.
Saben controlar, prohibir tan bien y durante tanto tiempo; que le caerían unas lágrimas emocionados por su rostro de mojama fascista.
Y Hitler, y Mussolini, y Stalin e Idi Amin…
¿Quién dijo que cualquier tiempo pasado fue mejor? Ahora la represión fascista es mucho más mejor y con menos protestas del rebaño.

Hay gente con suerte y no como yo.
Gente que ha vivido y amado los desiertos, las áridas estepas, los mares más tormentosos y la tierra helada.
Si hubiera nacido en el lugar y momento adecuados, tal vez hubiera tenido tiempo y medios para conocer esos lugares.
Mantengo un moderado rencor hacia mis padres, no puedo dejar de pensar que soy hijo de la mediocridad aunque ellos, como todos los padres, pensaban que cualquiera de sus hijos podía ser único y no la mediocridad que refleja todos los días el espejo, cuando me arranco las legañas y luego limpio con saliva la sangre.
No sé si hubiera tenido cojones, aunque me temo que sí. Y que ya estaría muerto. Ser valiente tampoco es un certificado de aptitud.
Mi gran logro en la vida ha sido caminar durante algunas horas sobre una pierna podrida. Follar no es un logro, es algo que ocurre quieras que no, siempre hay alguien con mal gusto.
No es deprimente, solo triste, yo no me deprimo ni ante Jesucristo vomitando sangre, ni ante el bebé que se descompone.
Soy absolutamente ira y rencor por todo aquello que jamás haré.
No me voy a ir dando gracias a la puta vida, aunque como dicen algunos, deba sufrir más por esa ira. No pueden hacerme nada que no me hayan hecho ya.
Mierda… Puta mierda.
Y podría ser peor si me rompiera una uña.
Las uñas son las cosas que más duelen ¿Te has rasgado alguna vez una uña con una púa de acero que surgía de una persiana metálica? ¿Te han taladrado una uña para drenar un edema por aplastamiento del dedo? ¿Te han arrancado una uña de un tirón?
¿Has gritado alguna vez a la luz de la luna “hijos de puta”?
Los dientes no duelen tanto, cuando se pudren te llevan directamente a la locura y encuentras tornillos de ti mismo en la almohada.
He aprendido que la locura es mejor que el dolor.
He aprendido que soy un mierda.
No, no he conocido ni un solo desierto, solo he conocido miseria y mierda.
Es triste y vergonzoso reconocer toda una vida de monotonía que ha pasado lenta y estéril.
Podría hablar de la alegría del amor y de un hijo; pero no me sale de la polla; yo no me consuelo tan fácilmente, he llegado a viejo por no ser un pobre iluso. O por que el planeta y lo que lo habita, no ha sabido como matarme aún.

Iconoclasta

Ya quedó atrás el Año Español de la Rata que decretó el nuevo y normal fascismo español del coronavirus (siguiendo las directrices de los dirigentes chinos de la dictadura comunista con su calendario de animales) con la cárcel para todos los ciudadanos, la imposición de toques de queda marciales vitalicios y el uso de la mascarilla para mantener a sus cabestros callados y dóciles. Aquel año de los cobardes que aplaudían cagados de miedo, absolutamente inmovilizados por su indignidad y el fascismo que surgió feroz.
Hay que aclarar que España, como es un país pobre, los animales que usará para nombrar los años serán de segunda categoría (nada de tigres, leones o tiburones) como: rata, medusa, murciélago, musaraña, topo, cucaracha, gusano, caracol, mejillón, berberecho, sardina y pescaíto frito.
Bueno, pues con el nuevo año ya se puede apreciar en la nueva, normal y fascista España y sus colonias o taifas del coronavirus, un notable incremento de una adolescencia maricona y mezquina que ha absorbido con éxito la cobardía y servilismo de sus progenitores. Y de su gobierno, por supuesto.
Los adolescentes españoles del rango de los 12 a los 17 años, ya son en su inmensa mayoría unos cabestros de cuidado que, a cada minuto comprueban con gesto neurótico que su bozal esté correctamente adherido al hocico. Incluso corren y van en bici tragándose su propia mierda con el orgullo que siente todo esclavo de hacer bien la tarea ante su amo.
Tanto es así, que la policía se ha relajado en sus abusos y acosos, aunque nunca hay que fiarse de ellos, si les faltara una mañana azúcar en el café, podrían pegarte un tiro en la nuca y follarse a tu hija adolescente y cabestra.
La infancia que anda por debajo de los doce años, aún parece tener cierta independencia y rebeldía a usar el bozal y caminar con la cabeza gacha y atemorizada, la típica pose oficial española.
Pero como en las zonas rurales se da más la cobardía por el efecto de una natural y acusada endogamia, es de suponer que en estos lugares los menores de doce años, sean en los próximos meses las primeras generaciones infantiles cabestras, amaneradas y plenamente integradas en el nuevo y normal fascismo español de la covid 19 (como ellos por una cuestión de ternura prefieren llamar al coronavirus, que se lee demasiado agresivo en su universo cobarde) adoptando así esa pose ya tan típicamente española de cobardía y mezquindad.
Me he cruzado ya con algunas adolescentes de entre 14 y 16 años, que al darse cuenta de que YO NO llevaba un bozal en el hocico, se han puesto evidentemente nerviosas e incluso gemían con miedo (como vírgenes en su descorche) buscando con paranoia la dirección más apropiada para alejarse de mí, como si el bozal estampado y guay que lucían no fuera suficiente para darles confianza en la mierda de aire que respiran.
La verdad es que me encanta, me hacen sentir poderoso los cobardes. Es satisfactorio y me envanece pasear por las calles del nuevo y normal fascismo español del coronavirus, sin bozal mostrando así lo muy hombre y macho que soy.
Me pregunto, si estas nuevas camadas de adolescentes cobardes sabrán encontrar y usar sus genitales de forma instintiva para follar, o de lo contrario, las escuelas deberán contratar a criadores de cerdos para educarlos en la metodología del joder y su reproducción con amenas clases prácticas. O si al igual que sus padres, acudirán a protestas contra el gobierno por alguna medida económica que los jode; con el bozal que se les ha impuesto y que sin embargo, lucen con obediencia y fe incondicional en sus amos, a los que mariconamente abuchean y gritan venialmente ya que no hay cojones ni ovarios para ir más allá.
Por último, desearos a todos una mierda de felicidad y que les den por culo a los serviles con una caña rota en este Nuevo Normal y Fascista Año Español de la Medusa.
Y ya sabéis ¿eh? En este Nuevo Normal y Fascista Año Español de la Medusa, los que no se hayan vacunado, serán obligados a llevar por la vía pública un manguito en el brazo con la estrella de David.
Y un último apunte: Europa está muerta, se ha inmovilizado cobardemente por una gripe y ha cometido genocidio contra su propia población. Europa es pura decadencia, vieja, asustada y endogámica; pero España en esta ocasión va en cabeza, su sociedad ya es pura putrefacción.

Sobre el 1700, el poeta inglés G.K. Chesterton, reflexionó sobre la mezquindad con estos versos:
“Y el cristiano mata al cristiano en una
estrecha y polvorienta habitación,
y el cristiano teme a Cristo, que lo mira
con rostro terrible”.

Solo lo mira ¿por qué no lo decapita? ¿por qué no le arranca el corazón Cristo que puede?
Je ne sais pas, merde…
Pace voua, morti nostri (Descansad en paz, muertos nuestros).

Iconoclasta

Haber conocido día a día la faz más mezquina y cobarde de la chusma, de la masa humana tal y como ha revelado el coronavirus, ha sido la experiencia más nauseabunda que he experimentado. Todo mi desprecio por la masa humana se ha visto aumentado hasta la desesperación por no tener un medio potente para acabar con ella o crear un sufrimiento que lleve a las reses humanas a retorcerse de dolor durante días antes de morir vomitándose a sí mismos, como guantes a los que se les da la vuelta.
Solo es comparable la repugnancia que siento al verlos y sentirlos cacarear su miedo de mierda con esa mezquindad, a la de la primera imagen pornográfica que ves en la infancia y te ofende sin que puedes entender por qué. O el primer olor a carne descompuesta, el de una rata, que te revuelve las tripas hasta llevar el vómito a la garganta.
Así de agria y repugnante es la visión que he tenido y sostengo ya inmutable en mis retinas de la masa humana.
Hasta tal punto que me siento sucio de mezclarme con ellos, de respirar la atmósfera que pringan de mierda con su presencia, con su sola existencia despreciable.
En forma alguna puedo concebir ya la existencia de filántropos a menos que sean ciegos y deficientes mentales. Tal vez el filántropo sea el summum de la repugnancia y por ello cuida de sus semejantes.
Entiendo así mismo, la razón de que los dioses que la propia chusma apestosa inventó, traten a las multitudes humanas como trozos de mierda con sus continuas amenazas de castigos, plagas y extinción.
Si esos dioses existieran, la humanidad haría miles de años que estaría extinta.
Es imposible e inconcebible la dignidad y la ética en cualquier multitud humana.
El mito de Jesucristo y su traición y muerte, es el resumen y la verdad definitiva del género humano como rebaño de pastoreo y estabulación. Jesucristo quiso morir no para redimir de una mierda a ningún cobarde hipócrita; sino para demostrar lo obvio, para que ellos mismos esa multitud repugnante humana se diera cuenta de lo muy cerdos que son cada uno de ellos.
Es lógico que algunas novelas de ciencia ficción conviertan a las grandes concentraciones humanas en carne prensada y luego procesada para alimentar a otros iguales que ellos.
Debido a mi conocimiento acumulado de la historia y la peste que es la multitud humana, nunca como hasta ahora he creído tan necesaria una violencia indiscriminada contra el ser humano en cuanto a multitud y hacinamiento.
Pienso en la necesidad, mientras mueren violenta y dolorosamente, de dosificar anticonceptivos en el agua y otras bebidas de consumo humano para hacer un trabajo definitivo, con el que se garantice el fin de la especie. Y es absolutamente necesario que empiecen a dinamitarse los cimientos de las actuales sociedades, para que los escombros entierren u oculten los cadáveres.
Por lo demás, a los que forman los gobiernos que están pastoreando este ganado con su fascismo, oportunismo, falso paternalismo y robo, les deseo la lepra y que sus órganos genitales se deshagan como una diarrea antes de que mueran.
Esto es lo mejor que puedo pensar de la especie humana. Y con este manifiesto contra la mezquindad, la cobardía y la hipocresía de las grandes manadas humanas; doy fe de mi asco por si la locura o el olvido de mi cerebro podrido borraran en lo que me quede de vida, lo que una vez digna y furiosamente sentí.
No tener empatía alguna con los cerdos es el más grande regalo que pudieron darme mis padres.

Iconoclasta