Archivos de la categoría ‘Amor cabrón’

Hay un espacio vacío entre ella y él. Es tierra de nadie y no se puede cruzar si no acompaña la suerte.
No existen las horas felices.
No hay un café en la mañana frente a frente.
Y la suerte no existe, ambos dan constancia con sonrisas tristes y besos que intentan trascender el abismo; consiguiendo tan solo un escalofrío de gélidas imposibilidades recorriéndoles el espinazo. Por eso cruzan con pena los brazos sobre sus propios pechos, por tener algo de calor en el corazón.
Un consuelo inútil: solo da una aparente templanza a la frialdad de la tragedia más vieja de todos los tiempos.
No ocurrirá nada entre ellos.
Lo saben con la misma certeza que hay sangre bajo la piel.
El abismo es el generador de sueños abortados.
Intentan llenar el vacío con palabras; pero causa el mismo efecto que sacar un cubo de agua del mar.
Y es desesperante.
Lanzan una palabra y se desintegra dulce y melancólicamente en el abismo de la nada, sin ocupar espacio.
Sin aliviar la altura y la distancia.
Y es desesperante.
Nunca se llenará, es insalvable el abismo de amar contra el mundo.
Y ambos, cada cual en su extremo, lloran la muerte de lo que aún no ha nacido. Cada día… Pobres…
Cuando ambos caigan al abismo y desaparezcan, no cambiará nada: a nadie le importará, nadie sabrá del drama.
Están abandonados a sí mismos.
También saben que el dolor no conduce a nada, el amor no hace ignorante a nadie que no lo sea de nacimiento.
Hay una valentía y una entereza inhumanas en amarse frente a la ausencia.
Hay un abismo insalvable entre dos tierras de amores baldíos.
Podría haber un final feliz, pero no necesitan engaños.
Ellos saben.

 

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Iconoclasta

Amarte no me hace mejor ni peor persona, es algo que no considero.
Simplemente me hace voraz.
Un depredador rastreando tu pensamiento y tu coño, porque en ambos resido yo.
Tal vez, si te poseo, me tendré a mí, me encontraré.
Tal vez…
Porque sé que cuando esté dentro de ti, no me buscaré, ni sabré que existo.
Clavado en ti.
Fundido en ti.
Soy voraz y huelo el aire buscando tu rastro.

Nadie muere de un exceso de sentimiento. Nadie cae enfermo por usar el “alma”.
Quien muere “por amor”, es porque no ha leído la etiqueta del bonito y decorativo frasco de veneno.
Al fin y al cabo, el deseo, el amor, el odio y la lucha son adrenalinas que mantienen el corazón en funcionamiento.
Solo el autoengaño y la autocomplacencia (no me refiero a la masturbación) son venenosos.

Soy la montaña que jamás alcanzará la nube. No llegaré a ti por mucho que lo desee, por mucho que luche para desgajarme de la tierra y ascender a ti.
Ese limbo azul es infranqueable.
Eres mi nube hermosa que pasa inalcanzable mirándome con triste amor.
Soy la tragedia de un lugar y un tiempo que no son míos, un extraño suceso que ocurre lejos de ti.
Mi cielo amado, mi cielo deseado.
Es imposible sustraerse a la verdad que el planeta proclama cada vez que te envío un beso y mi deseo mirando al cielo.
La tristeza mina mi ánimo y siento la derrota como el balance de toda de mi vida.
No es una rendición amor, solo afronto un hecho como puedo.
A veces estoy tan cansado, que no me es posible mentirte con más sueños.
Solo soy un accidente en la corteza de la tierra que tuvo una osadía de amar lo que no le correspondía.
Lo siento, lo siento, lo siento…

El espíritu y la carne

Tengo un relajante dolor y una descarada de falta de pudor.
El dolor es de amor, siempre lo es.
La impudicia es una erección y un pensamiento de una obscenidad absoluta.
¿Cómo puedo conciliar la espiritualidad del dolor con la carne dura, obscena y goteante que está firmemente presa en mi puño violento?
Tal vez pienso demasiado, tal vez la amo demasiado e inútilmente y mi organismo conjura el dolor con un bálsamo blanco que escupo como una plegaria hirviente.
No sé… No quiero entender.
Me basta correrme con tristeza, me lleva a trascender más allá de esta mediocridad.
Lo sórdido es densidad, cuanto más humilla, más importancia adquiere la vida.
Un sacrificio lácteo, un deseo rojo en mi cerebro; como la sangre fuera de las venas.
No hay conciliación de soma y psique, soy demasiado absurdo.
Son reacciones lógicas a la monstruosidad de amar y desear sin consuelo.
Solo soy una consecuencia de mí mismo.

 

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Iconoclasta
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La nieve y la vida

No estaría bajo la nieve si pudiera estar en tus labios, amada enemiga mía.
Esclavizas mi pensamiento todos los minutos, en todos los climas, en todos los lugares.
No hay frío. Lo llenas todo y elevas la temperatura orgánica y emocional.
Como si nada…
Eres masaje cardíaco, eres vida.

Horas tristes

Hay en el día horas tristes y horas para la sonrisa.
Las tristes son las que te deseo y no estás.
Las horas de la sonrisa, no las marca mi reloj.
Tu no presencia marca todas mis horas, ergo todos los días son oscuros.
Qué tonto soy, porque acuno esta tristeza como un privilegio.
Y pensándolo bien, mejor la tristeza; porque cuando intento sonreír siento molestias en las orejas, supongo que me falta piel en el rostro.
Sonríe, por favor, no es una hora alegre; pero hago lo que puedo, lo intento.

Mirando las estrellas

Observar el cielo nocturno incontaminado por luces artificiales cercanas, provoca dos estados de ánimo:
1º. Asombro, admiración y cierta euforia ante la exultante belleza que forman miles y miles de estrellas y sus nebulosas.
2º. Insignificancia, pesar y tristeza. Tras unos minutos, cuando la visión se ha acostumbrado a esa oscuridad y se hacen nítidas las luces y sus agrupaciones; llega la sensación de ser pequeño, un insecto que a duras penas es consciente de su propia existencia. Tras un tiempo indefinido, mucho más corto de lo que pienso, llega el pesar, la pura realidad: no he visto nada del universo en el que me hallo o me contiene. Soy extraño en mi propio mundo.
Y por fin la tristeza, porque jamás lo podré ver, me falta vida para abarcar tanta multitud, tanta grandeza.
Moriré sin saber, sin conocer.
Entonces te busco, quiero que me localices en toda esa tristeza cósmica, amor. Porque me he perdido en el universo inmenso, en mi insignificancia misma.
Solo el calor de tus labios o la caricia de tu voz en mis sordos oídos pueden rescatarme y vencer el desaliento, el temor y la tristeza que me embarga.
Tus labios me darán la temperatura que necesito para seguir viviendo, la que las gélidas y lejanas estrellas me han robado. El frío universo me ha secado los labios y se me abren por un desconsuelo en esa helada y bella soledad.
Tu voz me devolverá en un susurro a la existencia, me hará hombre y ser vivo.
Por ti y ante ti, soy.
Tu existencia y tangibilidad es lo que me da vida.
No volveré a mirar jamás las estrellas, no tan profundamente si no estás a mi lado. Podría haber muerto ahí solo. Sin ti.
Me doy cuenta esperanzado, de que eres mi universo, el que hace bombear mi corazón y llevar la sangre donde debe.
Te amo con toda mi insignificancia.

 

ic666 firma
Iconoclasta

No son meras palabras def

Paso demasiado tiempo pensando en ti.

Si te digo que te amo y eres un ser superior, no son simples palabras.

No hay nada de simple en amar, es todo demasiado complicado.

No es simplemente complicado amar, entiéndeme. Es que en estos tiempos es un trabajo imposible: infinitas injerencias, horizontes artificiales, dolores y ausencias que se intercalan entre breves y escasos momentos de besos y caricias.

Los premios sucumben a los castigos, mi amor.

Vivir con angustia un decorado atroz y tú mi salvación.

Un sonido que me orienta en el sórdido caos es tu voz. Amarte hace de mis palabras un mensaje secreto y desesperado. Grabado a conciencia en el alma y en la piel.

Porque no puedo perder el tiempo en banalidades; la vida se acaba, cielo.

Mis palabras son la justa frecuencia del sentir en un cifrado íntimo.

Eres insoportable en tu sensualidad.

Una perdición para un mortal como yo.

 

ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

El arte y mi locura

No existe mejor galería de arte
El planeta es autor y expositor.
Crea sus obras colocando los seres y las nubes en el preciso lugar, en el preciso momento. Conmigo dentro, aunque no se me vea.
Si lo piensas bien, si lo ves es porque estás; formas parte de ello, de la obra magna, de ese arte colosal, desproporcionado en su grandeza inhumana.
Y vuelves a casa con quien amas, intentas explicarle lo que has sentido. Y en la foto no aparezco; pero soy. La luz que me cubre y la que reflejo aparece por toda la imagen.
Ella me besa riendo porque estoy loco,
Tal vez…
Yo te como a besos porque eres otra obra de arte que el planeta ha ejecutado, lo hace contigo cada día, con cada matiz de luz y sombra que te rodea y creas.
Hay momentos en los que vale la pena respirar.