Archivos de la categoría ‘Amor cabrón’

Los tañidos del deseo. Tel Samsung.

El monasterio es casi tan viejo como mi pensamiento. Y a pesar de ello, sus incansables campanas marcan las horas infaliblemente.

Las horas de besarte, abrazarte, follarte…

Si hubieran sabido aquellos benedictinos, que cerca de 1200 años más adelante, sus tañidos serían confundidos con la llamada del deseo; en el monasterio no habría una virgen.

Ni tendría su nombre.

Besaría las piedras de sus milenarios muros cuando las campanas toquen el arrebato de la pasión. A cada hora, a cada media, a cada cuarto…

¿Ves cómo es mi amor de antiguo, amada mía?

Soy un amanuense preso en un scriptorium, pergeñando frenético en recias y toscas hojas de papel las indecencias y blasfemias de amarte con cada tañido.

A cada hora, a cada media, a cada cuarto…

 

 

(Foto: Monasterio de Santa María de Ripoll, idealización)

 

 

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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta

Solo una sombra

No pido mucho, incluso demando no vivir del todo.
Solo quiero ser una fría sombra, incorpórea.
Un suspiro de deseo feroz, oscuro y frío.
Un fantasma, un anti héroe del amor.
Sería la forma perfecta de deslizarme por tus piernas. Arriba, a lo profundo.
Cubrir de mí tus muslos calientes para que cedas calor a mi oscura frialdad.
Es una ley termodinámica y el principio fundamental del amor: el intercambio de temperatura. Lo frío roba el calor que necesita.
El tuyo…
Ese calor que radia de esos mudos y secretos labios que tus muslos esconden.
Me basta con ser incorpóreo, un frescor en tu coño caliente; sin que nada ni nadie pueda evitarlo.
Ni tan siquiera tú al ver la sombra que te cubre.
Un soplo que separe tus piernas. Un frío penetrante que cierre tus puños con fuerza y lujuria. Desesperada…
Seré la oscura blasfemia lactante en tus pezones y los erizaré hasta que te muerdas los labios y te sangren de placer.
No… No quiero ser carne, sería imperfecto, no bastaría para cometer todas las inmoralidades que deseo hacer en tu piel.
Dentro, más adentro…
Penetrar en tu mente por la boca, como un hálito frío. Y poseer tu pensamiento.
Esclavizarte de amor.
Follarte impunemente, salvajemente.
No quiero el cuerpo, la carne no permite que te joda tan profundamente.
Quiero tus dedos en tu propio coño, acariciándome, excitándome. Porque estaré ahí.
Eyacular mi suspiro y que se derrame en torrente salpicando tu vientre. Un oscuro soplo en tu coño palpitante.
Tal vez ambiciono demasiado.
Tal vez te amo desesperadamente.
Ser la sombra, la oscuridad que te adora…

Labitur umbra corpus.
(Una sombra que se desliza por tu cuerpo)

 

 

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Iconoclasta
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Roma no existe

Porque todos los caminos conducen a ti. Las encrucijadas no señalan el camino a Roma, París o la cochina ciudad que sea.
Mi dirección es hacia ti.
Viajo directo, brutal, encelado y sin una sonrisa hacia tus brazos y los pechos en los que he de reposar mi rostro cansado.
Porque todos esos putos caminos son largos, más de lo que puedo vivir.
Y pienso en el corazón y el infarto. En el destino y la muerte. En la eternidad y tú mi diosa.
En el aire que respiraré de tu boca y en un cigarro que se me quema entre los labios mirando el lejano horizonte donde habitas.
El mundo no es un pañuelo, es un pantano de arenas movedizas que me devoran un poco por cada paso que avanzo hacia ti.
Podría ser peor: que fueras un sueño y morir no tuviera gloria alguna.

Yo vapor
Es como si el planeta sintiera mi desdicha y me habla con metáforas en tristes e íntimos días de tormenta.
Como si me entendiera.
Podría haber sarcasmo por su parte, lo entendería. Yo soy sarcástico, soy la burla de mí mismo.
Pero lo peor, es que siento que se apena por mí, que soy un mini-ser digno de ser compadecido.
Y me da de lleno en la dignidad y fumo rabioso y hiero la corteza de los árboles para ser indigno de lástima.
El mundo dice que tú eres la poderosa y voluptuosa montaña.
Y yo la efímera nube que se arrastra por ti, sobre ti. Quisiera cubrirte toda; pero eres inabarcable.
Me empeño en amarte más allá de mi corta de vida, más allá de mi lugar.
No lo conseguiré plenamente, no hay tiempo y no soy más que vapor.
No soy poderoso, soy un mierda.
No importa, me basta arrastrarme sobre ti y sentir tu latido de vida.
Debí haber sido árbol para penetrarte, estar en lo más profundo de ti.
Alguien cometió un grave error conmigo.
Y solo soy un rebelde jirón de nube que se rebela contra el cielo. Que no quiere estar allá arriba, quiero estar contigo.
Si pudieras entrever por una milésima de segundo mi drama de amarte, la montaña se desmoronaría de pena.

 

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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

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La constante presión de amarte hace del corazón una bomba sangrante de tiempo.
Tiempo de ansiar, tiempo de espera, tiempo muerto. Tiempos duros y húmedos.
Segundos que se derraman blancos por los testículos, el vientre y las ingles.
No me envejeces, no es lo que marca esos tiempos a los que me sometes.
Lo que destaca es mi absoluta dependencia de ti en cada segundo.
Sentimental y orgánicamente.
Mi reloj indica las horas con tus piernas y los días con tus ojos.
Mi reloj es de carne y suspira en mi muñeca recordándome que mi función en la vida es amarte y follarte.

Ilusiones letales copy

Tienes esa condenada forma de mirarme que destruye poco a poco mi voluntad haciéndome creer que puedo enamorarte.
Que valgo lo suficiente para ello.
Algo que jamás he contemplado con nadie y me ha hecho libre, ajeno a cualquier corriente empática que circula por el planeta.
Estar enamorado me deja indefenso. Derriba los muros que he construido contra las ilusiones. Esas que destripadas, te provocan una pequeña muerte.
Cuando una ilusión muere, se lleva un tiempo de vida consigo.
Cuando me haces creer que soy amado se forma una ilusión magna, que cuando se haga pedazos aniquilará mi vida toda de una vez para siempre.
Mi tiempo se agota, no me queda demasiado.
Ojalá tuviera la fuerza de voluntad para pedirte que no me ames, porque amarte es prácticamente suicidio narcótico, dulce e indoloro.
Estoy preso, cautivado de las andanadas de ilusiones que creas en mí, entre nosotros. Y he llegado a la letal conclusión que prefiero vivir brevemente amándote, que entre los muros de mi fortaleza.
Al fin y al cabo, no valgo tanto.
Y prolongar demasiado la vida con amargura se paga.
Amar es mi tragedia griega.
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Glycerin Man

No es posible poseerte toda con este cuerpo.
Me he dado cuenta de que soy imperfecto para amarte.
Necesito alguna habilidad más.
Para joderte.
Joderte toda desde afuera hasta dentro.
Debo mutar en un gel, un aceite denso que se deslice por tu aterciopelada y privilegiada piel.
Que brillen erectos tus pezones.
Que mi calor viscoso te posea y te provoque fiebre en el alma y en el coño.
Y follarte así los poros de la piel.
Ser un charco denso en tu ombligo y monte de Venus; y deslizarme, precipitarme lenta y poderosamente por tus ingles e inundar los obscenos labios, conseguir que se humedezcan en toda su verticalidad y profundidad.
Que tus muslos cedan y se separen al reptar obsceno y líquido.
Hirviendo…
Quiero ser Glycerin Man. Aunque deje de existir al poseer tu piel, tu coño, tus pechos dolientes de erectos.
Inundando tu boca de mí.
Deslizarme por tus labios jadeantes y entreabiertos como una baba lujuriosa.
A través de tu piel, llegaré a tu alma y la follaré.
La envolveré.
Me fundiré en ti a nivel molecular.
Te regalaría mi existencia por penetrarte toda, toda, toda…
Por estar en tus dedos húmedos que acarician la viscosidad que soy entre tus muslos.
No soy Glycerin Man y es desalentador. Es no llegar a lo más íntimo de ti.
Estoy trabajando en ello.
Me someteré a radiaciones. Saturaré de rayos gamma mi organismo. Irradiaré mi pene hambriento, goteante, deslizante.
Duro hasta el dolor.
Hasta licuarme en tu cuerpo.
No quiero un vida larga, me basta con ser poderoso en tu piel.
Quiero llegar a tu corazón y hacerlo brillar de viscosidad.
Mi mutación es la locura de amarte.
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Dura

Me la pones dura.
Dura hasta la desesperación.
Es difícil ser solo romántico al besarte.
Es imposible no atacar violentamente tu boca y llevar la mano a tu coño.
Y oprimirlo.
Hasta que se te escape un jadeo en mi propia boca.
Me duele de dura.
Me dueles ahí abajo, mi puta hermosa.
Las palabras de amor se convierten en una espesa baba con la que empapo tus pezones duros y mis dedos separan tus labios secretos con precisión.
Y en el secreto de nosotros mismos, te susurro que te la quiero meter, furcia de mi alma. Que descubras mi glande con un movimiento brusco por los cien euros de razón que te he pagado.
Por los cien euros de corazón que te he dejado en la mesita, junto a tus bragas mojadas.
No soy religioso, no creo en dioses; pero si me arrodillo ante tus muslos para hundir la lengua en tu coño, me siento inmaculado por el lascivo y viscoso maná que lame mi lengua hambrienta.
Mi semen hierve y presiona en los testículos como un sacrificio a tu Vagina Divina.
No puedo gestionar ni conciliar razonablemente todo este amor y la dureza obscena de mi pene y el filamento viscoso que de él se desprende para prenderse en tu piel como un tentáculo translúcido.
No puedo conciliar lo divino con lo carnal y al metértela eres mi puta santa de coño líquido.
Así que cuando te confieso que, cuando te digo que la tengo dura; no hay banalidad en ello.
Ni simpatía.
Ni siquiera amor.
Es orgánico.
Es deseo animal y atávico. Y beso tus muslos mojados de mi propia leche con la devoción de un cristiano que besa los clavos de Cristo en sus pies.
La tengo dura. Me la pones dura, mi puta santa. Soy un cerebro fragmentado.
El precio de tus servicios arruina mi razón. Aunque la perdí en el mismo instante que tu lengua rozó la mía.
Me duele de dura amor.
Haz algo, otra vez.
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Iconoclasta

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La madurez mental se alcanza cuando se reconocen todas las imposibilidades de cumplir los anhelos.
Y aún así, a pesar de todos esos fracasos; eres capaz de masturbarte satisfactoriamente.

Una cosa oscura

Soy la cosa oculta y latente que se agita en tu coño.
Un dragón de aliento ardiente.
Por el coño te jodo el pensamiento.
Puede parecer sórdido; pero no hay banalidad alguna en follarte el alma.
Hago lo que sé, lo que puedo en este mundo regido por bondades blancas y activistas de amores ridículos y reproductivos que intentan marchitar mi polla.