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Por poco que te acerques y estés lejos, el cormorán huye. La garza, sin embargo, no es temerosa del ser humano; necesitas ir hacia ella y acercarte bastante (30 o 40 m.) para que huya.
Son cosas de poca utilidad que uno aprende en la naturaleza.
¡Qué triste!

Traducción del manuscrito:


¡¡¡Mierda!!!
Después de jugar unas horas al Mario Kart; la velocidad de la escritura es incontrolable.
Derrapa el boli en el papel y no hay caparazón de tortuga que lo detenga.
Voy a vomitar…

Iconoclasta

No me luzco meramente por el hecho de ser hermoso. Lo realmente extraordinario o prodigioso es que es uno de esos raros momentos en los que no me encuentro asilvestrado.
Mi peluquero ha exclamado asustado “vade retro Satanás” cuando he aparecido ante él para que hiciera lo que pudiera conmigo.
Ha jadeado, ha blasfemado, incluso ha escupido con desdén (yo miraba muy cínico mis uñas con atención). Y al final el artista, ha conseguido que tuviera una apariencia humana.
Así que me muestro como muy pocas veces soy, y sin que sirva de precedente.
No es que sea un dejado, es que la cuestión de cabello y afeitado, son cosas secundarias; nací para marcar territorio constantemente, meando de puntillas (he de mear alto para que se den cuenta todos los animalitos del bosque de quién manda y mi majestuosidad) en todos los árboles que veo.
De vez en cuando escribo algún vómito que me viene a la cabeza y el resto del día, si no fumo, duermo. Bueno, también hago cosas más cremosas y lácteas, que no soy un beato y mucho menos San Francisco de Asís enamorado de una oveja.
Corto y cierro.
¡Bye!

Hola amigas y amigos, soy Iconoclasta, vuestra puta más cordial de la Nueva Normalidad Penitenciaria Fascista Española del Coronavirus.
Hoy estoy aquí para alabar lo muy bueno y sano que es respirar con bozal (para aquellos que no gozan de un buen léxico: mascarilla).
Respirar a cielo abierto con él, es pura dicha por la gran tranquilidad que ofrece para vuestra salud.
Yo luzco el modelo Transparente Total Pero Seguro; que con toda seguridad será prohibido porque muestra la sonrisa. Y ya sabéis que si no demostráis humillación o un mínimo de cobardía, no sois unos buenos ciudadanos de esta nuestra gran dictadura española.
Así que no hagáis lo que yo. Usad bozales de color sólido y marchad con rostro (mirada) grave, a poder ser compungido. Sobre todos los catalanes que nos podrían condenar a esa prisión que gozamos de forma perpetua ¿eh?
Pues eso, buen fin de semana y yo, a seguir respirando profiláctica y sanitariamente seguro.
Hasta la vista, amigas y amigos cabestros todos.
Desde Berlín Este (Catalunya), vuestro más sano, bello y valentoso Iconoclasta.

Camino en una noche de luna gibosa.
Clara.
La senda parece regada con semen de plata.
Solo.
Y hace frío, frío de verdad.
En un charco helado la luna ha dejado caer un trozo de universo.
Una galaxia a mis pies.
Pienso que me tragará. No es miedo, es un deseo.
Exhalo el humo blanco de las noches frías y los ojos me traicionan con unas gélidas lágrimas. Bajo el ala del sombrero para ocultar mis ojos a la luna; que no vea mi debilidad.
Luego, con la mirada clara y terrible, observo en derredor con la navaja abierta. No sé cuándo se ha abierto, no sé en qué momento ha llegado del bolsillo a la mano.
Temo que un animal se acerque para robar mi libertad, mi soledad y mi universo. Tengo la salvaje certeza de que vale la pena morir y matar por esto.
Piso el hielo con la esperanza de que sea un agujero de gusano y morir en el universo.
Y con el hielo también se ha fracturado mi alma.
Y ha dolido hostia puta. El dolor está siempre en la vida, como un compañero que te odia.
Yo quiero una muerte indolora, por favor… Le lloro a la luna con los ojos ocultos.
Me arranco la lágrima y le doy gracias sin mirarla.
Y camino solitario, nocturno y frío. No es casualidad, no es azar.
Es volición.
En algún momento me doy cuenta de que aún aferro la navaja. Pienso sin alardes que matar y morir es tan connatural como ser libre y solitario.
No te das cuenta y ocurre.
La luna no regala universos a cobardes ni a banales.
No cuestiono mi cordura.
Mañana más, esto acabará cuando muera.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

La sonrisa de un niño hijo, un beso húmedo en los labios, un gato buscando caricias, un colibrí detenido en el aire, una vagina empapada y abierta, el rocío en los pétalos, unas nubes enormes y oscuras, la luna llena, el volcán lanzando una fumarola, sus pezones duros y agresivos, mi semen caliente derramado en su monte de Venus…

El silencio total existe si tú lo conjuras.
No hay cosa más fácil en el mundo que no escuchar.
Y sin darte cuenta, en el estruendo de la vida, tu pensamiento se alza potente y el mundo enmudece tristemente.
Salvo un águila vanidosa que chilla al cielo y a la tierra con aristócrata desdén.
Qué cruel el pensamiento que lo enmudece todo, como si lo asesinara.
El exterminador que llevo dentro…
¡Eh, águila imperial! Soy un genocida.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Inteligencia versus belleza.
(Al más puro estilo de Azaña, son tiempos duros).

Tres caballos corrían porque querían.
Sin hijoputa que les pesara en el lomo.
Sin hijoputa que les pusiera el pie en su voluntad.
Sin hijoputa que les marcara el paso.
Sin hijoputa que les acotara espacio o tiempo.
Y era hermoso.
Y una grandeza.
En un lugar y una época donde al hombre cualquier hijoputa le pisa el cuello, aquellos tres eran héroes.
Donde los hombres son cobardes, los caballos libres.
El miedo, la cobardía y la mansedumbre con humillación se paga, con indignidad.
Y nunca mueren los que deben, por mucho que los cobardes recen escondidos en sus casas e iglesias.

-Salmos de la ética y la nobleza: Una lección amarga.-

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

¿Sabes, amor? El río está quieto, sereno.
Hacen un sonido delicioso y crujiente las ramas desnudas cuando una brisa traviesa las agita. Y el instante es para respirar profundamente y llenarme de vida; cerrar los ojos al mundo con esa fragancia llenando los pulmones.
Pero no puedo evitar imaginar que el río está lleno de cadáveres que se mecen lánguidos con ojos ciegos en su serenidad.
Ya sabes lo que me gustan las películas de terror y las de historia que, básicamente suelen ser lo mismo.
Escribo esto porque a pesar de mi imaginación devastadora, no puedo dejar de amarte.
Son como las confidencias de un loco.