La histeria se ha adueñado de la chusma convirtiéndola en un
montón de sucios espejos quejumbrosos reflejando las mentiras que sus amos
cuentan, amplificándolas.
Como por ejemplo los ingleses y su complejo de superioridad
del todo injustificado, queriendo salir de la unión europea. O los catalanes y
vascos con idéntico racismo y paranoia creyendo ser superiores también y
pretendiendo hacer de sus pequeños territorios naciones equitativas y libres,
con una verborrea patriótica y pastoral que remite a los más rancios fascismos
de antaño.
Quien tenga esperanza de que sus amos ideólogos van a crear
una nación “libre y justa” (como literalmente dicen sujetos de grado
universitario cuando expresan sus deseos de racismo disfrazado de bondad), se
merece ser encerrado en un centro de educación para discapacitados
intelectuales.
Quien asuma como posibles y justos los discursos de equidad
y libertad que un político hitleriano recita con voz sacerdotal y que además
exige sacrificios por el bien del futuro país; quien escucha esas timoratas
mentiras anonadadamente y con emoción, se merece un piadoso tiro en la nuca
para que no sufra en este mundo cruel. Y por otra parte, no es bueno que
semejantes idiotas lleguen a reproducirse creando una especial e imbécil línea
genética que se sume a las miles defectuosas que ya tiene la especie humana por
doquier en estos tiempos.
Y sí, sueñan los racistas de escasas luces y nula cultura
incapaces de ver o asimilar lo ocurrido a lo largo de la historia y sus mesías:
creyendo fervientemente que las melifluas promesas de sus amos son verosímiles.
Cuando acaba el periodo de adoctrinamiento diario, se van
con sus caritas felices a entregar las cartas a los reyes magos con actitud de
mártires, los adultos de más de veinte años, claro. Los menores aún necesitan
unos meses más de castigos mentales para que sean como sus mayores.
Hoy más que nunca se precisa marcar y definir legalmente la
diferencia entre una buena tarea de mantenimiento cinegético de la especie
humana (necesario para depurar la especie y evitar la superpoblación) y el
asesinato que, es razonable asumir como delito a pesar de su carácter lúdico y
caprichoso; por muy inevitable que sea en ocasiones como método para reparar
ofensas.
Y como hoy está próximo el día de difuntos, pues encaja de
puta madre este ensayo sociológico en el espacio-tiempo de esta imbecilidad
social imparable.
Ahora llega el momento de las apuestas: ¿quién y de que bando será el primer muerto de la guerra de independencia de Cataluña contra España? Siento una insana curiosidad al ser un testigo contemporáneo de la creación de un nuevo martirologio. Dado lo aburrido y poco irreverente de las estupideces que se cuentan en las redes sociales y por lo tanto causan en mí un ostentoso bostezo, espero con ilusión la cosas cruentas, cruentas de verdad. Si se instaura un nuevo circo romano con sus luchas mortales de gladiadores, leones comiendo a cristianos o carreras mortales de cuadrigas, tendríamos una sociedad más higiénica y digna. Y bueno, no habría que esperar con impaciencia a que se estrenara una buena película violenta para auténticos adultos, que solo ocurre cada cinco o siete años.
A veces espero nada imaginando mis inconfesables indecencias con absoluto control. Con alevosía, fría y calculadoramente obsceno, con desenfadado exhibicionismo. Como si la dureza carnal que bombea ahí, no fuera conmigo. Como si no estuviera loco por follarte.
Ha cambiado la bombilla y al encender la lámpara se ha vuelto a fundir, chisporroteando débilmente, como enferma. Y ha llorado una lágrima que desobediente, se ha escapado rostro abajo. Y ha agradecido estar solo. Porque sabe que morir no será tan fácil, ni tan rápido. También tenía olvidado el salobre sabor de las pequeñas tristezas de las cosas. Sin pretenderlo y como si fuera posible, ha deseado ser bombilla u objeto para morir cómodamente. Mañana volverá a comprar en la ferretería otra bombilla; pero no la encenderá, no es bueno abusar de las cosas saladas. Luego ha bajado la persiana del salón y ha encendido un cigarrillo en la penumbra, sentado al lado de la lámpara que no luce. Y ya.
En un tiempo éste en el que se ama a tantas cosas y con tanta devoción, soy un psicópata, un peligro social porque solo te amo a ti. Todo lo que no sea tú, es pura indiferencia. Hastío en el mejor de los casos. En un tiempo éste en el que todos miran al corazón (no puedo evitar reírme) y al espíritu, yo miro tus tetas y entre tus muslos para atisbar tu coño. Con absoluta impudicia, con desenfadado descaro. Porque tu espíritu es mío, siempre lo fue. Desde que naciste, mi puta amada. En un tiempo éste en el que familia y amigos buscan afecto, fraternidad y solidaridad; solo quiero follarte, porque tu corazón y las ternuras que contiene, lo tengo yo, donde falta el mío. Con tu amor no necesito el de nadie, tu cuerpo me fascina y me da el placer que el planeta y las cosas que lo habitan, jamás han podido ni podrían ofrecerme; ni yo lo quisiera. Que si dios existe me libre de los afectos de los vulgares, de los innecesarios. Que un tiempo éste, arda. En un tiempo éste en el que las multitudes bailan hacinadas con risas de alegría idiota; yo solo quiero bailar contigo una canción muda en el borde de un cráter, en el rincón más solitario del planeta. En un mundo éste en el que te necesito como el alimento, la muerte y el dolor de muchos o todos es solo una noticia a la que no presto atención mientras fumo y me toco evocándote. En un mundo éste en el que te amo tanto, los ceniceros deberían ser más grandes, me pongo perdido de ceniza; y es que esperarte me destroza los nervios.
Todo el peso del mundo cae sobre tus hombros cuando los horizontes trazan indoloramente en las pupilas, perspectivas de grandezas y lejanías de una belleza devastadora para el alma clavada entre los tejidos y los huesos. Y los cielos prometen tormentos y tormentas, tal vez unas gotas de sangre espesa sobre viejos ojos entornados. Pesa un millón cuando sabes que no puedes abarcar todo eso, hay tanto espacio y tan poca vida… Y ese peso te hace pequeño, ínfimo. Un mierda. Quisieras ser un dios para meter toda esa belleza en una bola de cristal que adorne la vitrina del salón. Quisieras estar con ella, que te tome la mano cuando sientas que los huesos se tronchan con ese peso.