Archivos de la categoría ‘Sin categoría’

Llega la tarde y tras el paseo me apetece un sándwich de pan tostado con paté.
Así que pongo el pan en el tostador y espero a que las tostadas se enfríen, me gusta el paté frío.
Y mientras tanto, en la misma cocina y con un vaso de agua fría, observo la cocina y su extractor, incluso hay olores no muy rancios de pócimas cocinadas hace unas horas. También alguna mancha de aceite y algunos granos de arroz cocinado hace un rato.
Todo muy relajado, no me estresa la limpieza o su ausencia, tarde o temprano limpiaré.
Está bien, más tarde.
Lo que me preocupa es que mientras mastico con delectación y casi lujuria el pan tostado con paté, me viene a la mente la imagen de ese muñeco horrible que me causa cierta incomodidad emocional: Bob Esponja.
Creo que es una mala pasada de mi mente por mi desenfadada higiene; pero me preocupa.
Hay mujeres desnudas bajo un mínimo delantal que limpian con un glamur incomparable.
¿Qué coño hace Bob Esponja en mi cabeza jodiendo mi apetecible merienda?
¿Cuántas neuronas me quedan? ¿Me pondré pronto los calzoncillos como lo hace Superman?
Mierda…

El momento preciso dura una eternidad y devora la razón, el tiempo y el mundo que nos rodea. Nos abandona a nosotros mismos.
Ocurre con el beso profundo, cuando muerdo con mortificante contención tus labios dioses y mi mano se mete entre tus muslos buscando apresar tu coño.
Y es entonces, cuando tus muslos se separan y mi mano se baña de tu humedad ardiente; que se detiene el movimiento de las moléculas y te conviertes en lo único vivo que existe. En lo único que necesito. Lo único que me da vida.
Mi corazón se sincroniza con las voluptuosas contracciones de tu sexo. Mi pene se congestiona de sangre en algún lugar ajeno a mí, dejando escapar un filamento hambriento e impío de deseo.
Es ese el momento preciso, cuando tus cuatro labios se funden con los míos y en mis dedos ávidos por follarte.
Lo que ocurra luego no importa. Y tal vez, no lo recuerde con claridad.
Cuando tus muslos se separan y mi mano apresa tu coño con furia incontenida, se rasgan las dimensiones y desaparecemos de La Tierra. Y somos dos en extinción, una nebulosa obscena.
Lo invariable es que te amo hasta el dolor antes y después de que el movimiento atómico se congele: el momento preciso.
Creía que era inexplicable, que jamás podría definir semejante instante; pero he analizado cada variación de tu frecuencia cardíaca, el grado de humedad de tu coño, sus micro colapsos suaves y la dureza y las venas de mi bálano.
Lo he descrito y medido con una absoluta precisión y con las exactas palabras de la locura del deseo.
Créeme, cielo, no hay nada banal en “el momento preciso”.
Soy tu obsceno físico nuclear.
Sonríe, mi amor, eres atómicamente amada.

Iconoclasta

¿De dónde vienes, gélido viento? ¿Dónde te has alimentado para barrer con tanta fuerza y sin perdón los cálidos rayos del sol?
Dímelo con un rugido de tu seca garganta. De fumador a fumador ¿Dónde te escondes? ¿Dónde naces?
De viento a hombre ¿arrastras muerte? Soy curioso, no es temor.
Gélido viento que cortas los labios que lucen imprudentemente brillantes ¿Vas a otro lugar? ¿Es trabajo atrasado tu ráfaga fría?
¿Morís los vientos todos, gélidos y ardientes? No es por temor, solo me interesa la vida y la muerte porque intento escribirlas y describirlas de forma clara para que todos se enteren de una puta vez. Alguien tiene que hacerlo.
Ya hemos vivido y ahora toca morir. Es eso ¿verdad, gélido viento?
Yo no puedo rugir, simplemente blasfemo sin fe cuando la muerte duele. Encuentro que a veces tensa demasiado la cuerda sin ser necesario. Casi alegremente, sádicamente. Como si no bastara con morir, debe doler.
Si puedes sóplale tu gelidez en su negro rostro a un millón de kilómetros por hora, a ver si le gusta.
Y arranca las banderas que gallardas de mierda haces ondear, limitando mi libertad y el planeta. Arrasa los mástiles como las ramas de los árboles a los que ruges.
Gélido viento… Qué suerte que no tienes huesos. Si no hay hueso no duele. Y lo que no tiene hueso se evapora suavemente.
Sé cosas, gélido viento.
Sé muchas cosas.
Y no quiero saber más, no caben ya en mi cerebro. Las nuevas que entran duelen, porque han de atravesar un hueso para llegar. No es necesario que respondas a nada, es que solo quiero ser un poco social en lugar de sociópata.
Y en este mundo de seres feos, la cordialidad es una pincelada de paz. Es bueno relajarse de tanto hastío.
Muere en paz viento gélido.
Y agradece no tener huesos.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Es como una maldición. El amor es una estrella a años luz y cuando llegas, se ha consumido tu vida.
Algunos detienen su viaje en un asteroide gélido.
Otros agotan el oxígeno y flotan en el vacío vacíos.
Y no es morir de amor, es por desesperación.
Quien muere de amor está con quien ama.
Y son tan pocos que, es preciso que alguien escriba encuentros y padecimientos ficticios de amantes que se tienen por fin.
Soy el amanuense vacío de los amantes.

El espejo

Publicado: 8 marzo, 2019 en Sin categoría

“Siento que mi espíritu se quiere salir” dice de repente y tristemente.
Y recibo un suave puñetazo desde dentro a fuera.
Y pierdo un latido en silencio.
Lo dice con tal sencillez, con tanta naturalidad; que pienso que es así de fácil que ocurra.
Y llevo la mano a la cabeza para sujetar mi espíritu que se escapa.
Soy tan sugestionable con las coloquiales genialidades…
Me gustaría un día decir algo así de importante con semejante serenidad.
Hermosas tristezas que te cubren quieras que no.

  1. En el pasado:
    ¿Capitular? Yo no sé capitular, yo no sé rendirme. Después de muerto hablaremos de ello.
    (General Palafox 1776-1847. Aunque estoy seguro de que por ser general, él no iba a morir y pensaba realmente: «Cuando mis soldados mueran, hablaremos de ello».)
  2. Más acá:
    Plegaria de los paracaidistas.
    Dame Señor lo que todavía tienes,
    dame lo que nadie reclama.
    No te pido riqueza
    ni éxito, ni siquiera salud:
    la gente te pide todo eso con tanta frecuencia, Señor
    que ya no te debe quedar más.
    Dame, Señor, lo que todavía tienes;
    dame lo que la gente se niega a aceptar de ti.
    Quiero la inseguridad y el desasosiego,
    quiero el tumulto y la lucha.
    Y si me lo concedes, Señor,
    de una vez por todas
    asegúrame que los conservaré
    porque no siempre tendré el coraje de pedírtelos.
    (André Zirnheld, paracaidista francés del SAS. 1942.)
  3. En el presente (ahorita en mexicano):
    Yo te hago una mamada cuando y donde quieras; pero porfi, no me hagas pupita, soy gente pacífica. ¿Okis?
    (Con absoluta probabilidad, cualquier usuario de redes sociales elegido al azar. En este instante.)

Humillante e imparable es la vertiginosa caída hacia las decadentes ñoñería e ingenuidad adultas. Cerebros enfermos de ansiedades banales… El complejo de Peter Pan no existe, es pura y simple cobardía; nada de lo que sentirse orgulloso.
Y una educación de puta pena.
¿Paz? Para los muertos.

Iconoclasta

A veces me resquebrajo como una mala porcelana y me he de restaurar.
Y untando pegamento a mis trozos, me reafirmo en la soledad y su ausencia de humillaciones y risas. Y vergüenzas. Y pareceres que no son míos.
De la risa que malditas las ganas…

Una piedra

Publicado: 20 febrero, 2019 en Sin categoría

La joven luna

Publicado: 20 febrero, 2019 en Sin categoría