Porque la mascarilla empobrece la respiración, por ello la sangre, por ello las defensas y además, hace sentirse enferma a la chusma.
Es que hay que explicarlo todo, idiotas.
Si no se contagian de coronavirus, se creen que lo tienen. Y los médicos los dan por infectados.
Tanto que le preocupaba a la sanidad los golpes de calor en sus votantes y ahora les suda la polla y el coño que la gente se asfixie con el puto bozal a treinta y cinco grados de calor.
Si al menos mintieran con un poco de elegancia…

Claro que sí, cuanto menos tiempo estén aprendiendo en el colegio, más cabestros se crean.
Y así, gente muy joven, crece y se desarrolla en la ignorancia, la cobardía, el terror al esfuerzo y en la obediencia ciega o fe en sus amos y protectores que forman el nuevo fascismo de la nueva normalidad española.
Está visto que en tiempos de epidemia crecen los cretinos como hongos en los pies.

Eso quiere decir que el dinero que decían que costaba el gabinete de expertos científicos epidemiólogos, se lo repartieron entre ellos.
En España la cobardía, el fascismo y la estafa, son cosas recurrentes; ya cotidianas.

“Prevención Covid-19. Local exclusivo para la provincia. Gracias por su comprensión”.
¡Vaya! Sus padres (los del dueño del selecto local), estarán orgullosos de lo cobarde y mezquino de su hijo.
Es asquerosa toda esta indignidad.
Fascistas cobardes y endogámicos…

Como decía la canción de Miguel Bosé, Bravo muchachos: “Seremos fuertes luchando hasta la muerte venidos de un puro invierno”.
Bravo por Miguel Bosé y la gente que plantó cara y cojones a la ignominia que el fascismo del coronavirus, ha infectado toda decencia y valor.
Bravo por ellos que sin bozal, muestran sus dientes a los cobardes.

Antes de que se fundara el actual conjunto de sociedades industrializadas, tecnificadas y mercantiles, algunos viejos tenían un gran valor por su experiencia y acumulación de conocimientos.
Los seres humanos que llegaban a la vejez, lo hacían gracias a su fortaleza física e inteligencia para sobrevivir hasta tan tardía edad. Tenían la autoridad de la genética, la fuerza y la determinación.
Eran escuchados por su valiosa experiencia y juicio. Aquellos humanos ancianos, transmitían los valores del esfuerzo, el valor y la resolución con la historia de su propia vida.
Quedan muy pocos o ninguno con valores éticos como aquellos.
En la actual sociedad la vejez se ha convertido en algo anodino. Un tiempo y lugar donde los más débiles, tontos, mezquinos y cobardes se han reproducido para luego envejecer hasta edades injustamente longevas; dejando a la estirpe humana varios estadios por debajo de lo que era antes de que se iniciara la estabulación humana indiscriminada en forma de grandes ciudades y su endogamia.
Ha llegado artificiosamente a la vejez lo peor de hombres y mujeres. Y son legión…
De ahí que los actuales viejos se comporten como niños asustados y tontos por el calor, el frío, la lluvia, el café o una gripe. Y todos esos temores, toda esa ignorancia y esa debilidad; nietos y padres las han convertido en virtudes. Porque la mayor parte de los ancianos de esta decadente y degenerada sociedad, transmiten la debilidad, el miedo y la ley del mínimo esfuerzo (salvo cuando van en manada como turistas jubilados y arrasan los bufés libres de restaurantes y hoteles como auténticas fieras, incluso te muerden si acercas la mano).
Y padres y nietos, están de acuerdo con ellos.
Lo que nace y crece con indignidad, indigno envejece y muere.
Una vejez cobarde y anodina es el producto de una vida con las mismas cualidades.
Lo peor que podía pasar ha ocurrido: no todos los abuelos deben cuidar de sus nietos, es antinatural. Los niños son una esponja que absorbe rápidamente lo bueno y lo malo indistintamente. Algunos (muchísimos) abuelos deberían vivir a centenares de kilómetros de sus nietos.
La decadencia de la actual sociedad se ha propagado como una enfermedad infecciosa desde los viejos a los jóvenes.
De abuelos a nietos y de hijos a padres, canibalizando cualquier asomo de determinación e inteligencia entre ellos.
Una marea negra de mediocridad que devora la fuerza, el valor y la dignidad.
La vejez actual es un virus letal para la humanidad. Mezquindad inyectada en vena.
Y los más preocupante es que los actuales líderes políticos y jefes de estado, son nietos de una vergonzosa decadencia; de esos vejestorios apáticos y pusilánimes que han vivido injustamente demasiado tiempo.
Si yo tuviera setenta años y alguien me dijera que fuera con cuidado con el calor, lo envío a la mierda. Nadie puede enseñarme o aconsejarme como he de vivir al sol o al frío.
Si no puedes soportar el sol o la vida; mejor muere. Te lo está pidiendo el cuerpo, hazle caso.
Es tan horrenda la evidente degeneración de la vejez humana de la actual sociedad, que me parece absolutamente natural que nadie haya escrito de ello en estos términos.
Supongo que alguien con demasiados escrúpulos y absolutamente integrado en esta pútrida colonia insectil, se sentiría incómodo describiendo esto, la verdad.
Alguien tenía que hacerlo (emoji de carita tímida).
No lo digo con resignación, es amor propio. Un poco de narcisismo siempre sienta bien sea lo viejo que seas. Mucho mejor que llorar como un niño de tres años por un descafeinado.
Ser viejo y tratado como un bebé, con condescendencia y aceptarlo beatíficamente; es la peor de las películas que pueda imaginar.
Seré macho hasta morir.

Iconoclasta

Es otro amarillismo más al servicio de la propaganda fascista española.
¿Mil contagios y trece muertos de una población de seis millones?
Es el titular perfecto para la chusma cobarde con memoria de pez.
Cada año en invierno la gripe colapsa urgencias y las cifras son mucho mayores, tanto de muertos como de contagios.
Es patético.
Eso sin contar que de esos «mil contagios» con total seguridad, un gran porcentaje sean pura sugestión y los médicos lo pasan como coronavirus.
Tanta cobardía y tanto deseo de machacar cualquier tipo de libertad…
Los caudillos españoles y sus caciques autonómicos son veneno puro para la inteligencia y la libertad.
Qué suerte tengo de ser inteligente, coño. De la que me he librado…
No me gustaría verme incluido en mis propias reflexiones.
“Sin control”, no mames, güey…
Ni Resident Evil Apocalipsys.
Puto fascismo español y su puta prensa…

No quiero vivir rodeado de alegría, es tan banal, mi amor…
Porque la vida está plagada de tragedia y la continua alegría del miedo la ridiculiza.
La sonrisa injustificada de infantiles esperanzas y debilidad le roba la dignidad a la vida, como un cáncer se come una víscera.
Si ha de doler que duela y cuando dejemos de sufrir, reiremos, follaremos, dormiremos juntos nuestro cansancio.
Si ellos ríen siempre, pienso en patéticos e imbéciles.
Porque vivir es morir y desgastarse.
No le veo la puta gracia.
Incluso nacer es trauma.
Cazar o trabajar es causa de heridas y desaliento. De muerte misma.
Yo quiero habitar el Planeta Triste que rinde respeto al esfuerzo y el drama.
Al amor verdadero que nace del agotamiento y la lucha.
Y beber de tus pechos tu esencia, cansado y hambriento.
De tu coño el aceite de la resurrección…
Si amas sonriendo eres un idiota e ineficaz actor o actriz porno.
Los amores mueren en el Planeta Triste. Y los tristianos caminan apenados como si el mundo les pesara en los hombros, buscando otro nuevo amor.
Jamás sonríen cuando duele. Solo ríen por motivos justificados, como la muerte.
No quieren hacer de su vida una ridícula película de superación y final feliz.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

No puedo dejar de escribir porque sería no existir.
Mientras lleno páginas con palabras, respiro.
De ahí las dichosas apneas del sueño…
Debo programar una alarma nocturna para que suene cada dos horas y no dejar de escribir así, mis estupideces, esas que me dan oxígeno.
El problema del papel no es el ecologismo, el problema es que los puercos no quieren que escribas tu pensamiento real en un soporte táctil, tridimensional.
Es pura envidia y control.
Es el fascismo de la ignorancia y la incapacidad intelectual global.

Vivir duele todos los días en partes aleatorias del cuerpo. A medida que avanza el tiempo uno siente con precisión cada uno de esos dolores.
Se requiere cierta edad para ser consciente del dolor de vivir.
Duele a todas las edades; pero el descubrimiento del mundo, distrae del dolor.
Hasta que inevitablemente lo sabes todo…
El dolor de vivir, no tiene nada de relativo, el dolor es rotundo, a menos que seas un enfermo mental deseando que te claven agujas en los genitales y en el blanco de los ojos.
Sin embargo, las tristezas son subjetivas: tu tristeza puede ser mi indiferencia o alegría.
Y viceversa.
Cuando leo o escribo “viceversa”, me viene a la mente un espejo en el cual se escurre un escupitajo que deforma mi reflejo.
El espejo esconde y refleja lo que desconozco: mi rostro mismo.
Yo no soy ese ser que me observa con indiferencia y desdén.
Me creía mejor…
Hay un breve momento en la vida en el que te encuentras frente a un desconocido cuando te asomas al espejo.
Y después, lo echas de menos, porque ya no volverá a aparecer jamás ese rostro desconocido que estaba en el “otro lado” y al cual desearías ver para concretar diferencias, incluso preguntarle como es la vida en ese otro mundo.
Tal vez sea mejor así. Una forma de evitar la locura, porque… Si algo es distinto al otro lado del espejo ¿qué o quién es el reflejo?
No quisiera sumar al dolor de vivir, la frustración de ser irreal.
Los espejos esconden las ideas más malvadas.
Y yo reflejo los dolores más vitales aunque no quiera.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.