Podrío

Publicado: 12 abril, 2020 en Reflexiones

Lo que me tiene “podrío” son los aplausos carcelarios institucionales del coronavirus, una festividad de las tardes que, como si fuera un episodio de Barrio Sésamo (versión retrasados), se repite un día y otro y otro y otro y otro para torturarme y para hipnotizar a los idiotas felices.
¿De verdad la chusma encarcelada en sus casas aplaude a pesar de todos los muertos y la miseria? ¿Eso es la tan celebrada puta empatía?
Y los muy hipócritas, son de los que sufren por las corridas de toros.
Que os den por culo, al gobierno y a los aplaudidores que ni siquiera aciertan a hacer una palmada al primer intento.

Y encima más mierda

Publicado: 12 abril, 2020 en Sin categoría
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Lo que empeora el encarcelamiento por el coronavirus, es que un hijoputa en una rueda de prensa se haga pajas sobre la extrema pobreza que se va a padecer; como si no fuera el responsable por su gran cobardía «científica» y absoluta inacción.
Y encima, para joder más aún, el puto Boris ha salido del hospital vivo. Me cago en Dios y su justicia de mierda.

Amor… He frotado una vieja lámpara de aceite y un genio ha salido de ella.
Y un deseo le he pedido: que te envíe todo mi amor.
¿Sabes, cielo? Ha muerto aplastado por el peso de ese amor.
Te lo he dicho tantas veces… Nadie puede amar tanto a alguien, cielo.
No sé que hacer con el cadáver.
¿Te envío unos dedos disecados? La cabeza es feísima; pero le hago una foto y se te gusta, te la envío también por mensajería. Ya tengo demasiadas reliquias de magos, hadas y ángeles.
Te amo tanto que el muy zorro de Dios hace que no me ve para que no le pida lo que al genio.
Un beso profundo en tus cuatro labios.

Las estadísticas meticulosamente ocultas lo confirman con toda probabilidad.
Se enferman y/o mueren los humanos sedentarios, cuyos pulmones no respiran el suficiente aire para oxigenar bien la sangre.
En el colegio te lo enseñaban antes de que lo importante fuera conocer las ventajas de ser borrego, aplaudidor, votante, homosexual y transexual. Te decían que el oxígeno es comburente, que un buen aire tiene más posibilidad de quemar bacterias y microbios.
Por eso el ansia y afán de tantos respiradores, porque respirar bien cura y protege.
Es la razón de tanta mortandad en los hospitales y en los asilos.
Ambientes con un aire pobre, enrarecido por hacinamiento. Un aire que es caldo de cultivo.
Hay que abrir las ventanas, por decir poco, lo mínimo.
Los viejos, su cansancio y sus pulmones atrofiados…
Los adultos y jóvenes de culos desidiosos que solo se levantan del sillón para ir a la mesa a comer y durante horas teclean y observan videos aburridos y vulgares que insultan la inteligencia.
Unos pulmones que no aspiran habitualmente una buena cantidad de aire no pueden oxigenar la sangre y la hacen pobre. Pobre para combatir enfermedades y débil para que el miedo colapse el pensamiento. La sangre que pobre llega al cerebro, débiles pensamientos crea.
Hay que realizar cierto tiempo de esfuerzo para que los pulmones hagan lo que deben.
Y no está nada mal una bocanada de ardiente humo de tabaco para quemar cosas también.
Te mata el cáncer, te mata todo lo que hay en el planeta; incluso lo que llega de fuera si estás en el lugar oportuno.
En la era de las redes sociales, el pacifismo y el “todo el mundo merece ser respetado” aunque sea un puerco hijo de puta; todo esfuerzo es pecado. Pecado de cobardía, desidia y decadencia.
Han castrado el pensamiento y sus pulmones.
Y metódicamente, con férreo acoso, la prisión en las casas sigue vigente con las gestapos obligando a que la sangre se empobrezca cada día más y el coronavirus así, pueda anidar sin problemas en el organismo.
Se adoctrina e induce a los aplausos que no oxigenan nada. Como un niño, así de humillante: aplaude a tus carceleros y otros funcionarios.
La inmovilidad es muerte por decreto.
El coronavirus hace lo que los gobiernos: arruinar más al pobre. Son hermanos paridos por la misma madre.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Desde la ventana Murf observa el planeta y las cosas que pudiera cazar y no le dejo.
Yo lo observo a él a falta de que no haya una hermosa mujer frente a mí a la que mostrarle con desenfadada obscenidad lo muy hombre que soy.
Bueno, siempre tiendo a sobreestimarme, porque si no lo hiciera me encontraría con la innecesaria e indigna verdad: eres un mierda. Y no me gusta.
Mirar al gato es terapia de autoestima. La terapia de esquivar la vergonzosa realidad.
A mí no me mira nadie, mi pelaje es repugnante.
Murf es un ser privilegiado; pero con un compañero idiota.
Nada es perfecto.

La peste

Publicado: 11 abril, 2020 en Sin categoría
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La peste ronda por la ciudad al acecho de pulmones que pudrir.
Es fascinante el depredador y la soledad infecciosa que lo camufla. Es fascinante el miedo oscuro de sus presas y su respiración contenida.
Es preciosa la ciudad muerta desde una jaula insana.

Una vez consiguieron la infraestructura necesaria para la localización y control de la población por medio de las nuevas redes 5G, los gobiernos de las naciones del planeta ya disponían por fin de una potente herramienta de control humano para crear una gran ola de terror planetario por medio de peste coronavirus, represión y ruina.
Una vez conseguido el encierro del ganado humano y su exhaustiva represión y clasificación según su estado viral, se procede a la implantación del uso de mascarilla bajo pena de costosas sanciones y presidio en campos de concentración en caso de no seguir la norma dictada por las nuevas “repúblicas” del coronavirus.
Hay realidades que divertidamente concuerdan, cuadran con hipótesis mucho más apasionantes que la vulgar y decepcionante realidad. Y da gusto vivir una película de ciencia ficción distópica, es emocionante.
La red 5G ya en funcionamiento. Las manifestaciones por cualquier cosa por banal que fuera, se convirtieron en una cotidiana celebración festiva en todo el planeta y ahora han cesado de una puta vez, por fin… Cesado no, prohibidas.
La implantación a nivel genital de los ordenadores, teléfonos y relojes inteligentes. La cobardía que se ha hecho tumoral en el cerebro de las reses humanas viciadas y, esperanza ciega en el retórico y falso paternalismo de sus líderes políticos y religiosos. Centenares de falsas amistades y sexo de mentira en las redes sociales. La solidaridad y tolerancia facilonas sin criterio como formas de hipócrita educación en lugar del pensamiento crítico. La fe ciega en los científicos ambiciosos con ansias de notoriedad. Creer con vergonzosa ingenuidad que es primero la salud que el dinero cuando en una sociedad capitalista, no hay salud sin dinero o trabajo que lo proporcione.
El exceso de viejos y sus pensiones de jubilación… La tan cacareada insostenibilidad de las pensiones en la envejecida sociedad occidental, sobre todo en la decadente, vieja y pequeña Europa; se resuelve con un virus muy certero que mata a viejos en un rango de edad muy determinado, con gran precisión y eficacia.
La decadente, inmadura y vergonzosa ingenuidad de la chusma adulta hacia la fe en las medidas de protección de su gobierno, como una paga por su inmovilidad y prisión domiciliaria y por la que perderán su trabajo definitivamente; ingenuidad muy parecida a la de los judíos de la Segunda Guerra Mundial que afrontaban su encierro en los campos de exterminio sin apenas resistencia.
La misma ingenuidad que lleva a los más lerdos (la aplastante mayoría) a aplaudir desde sus casas-prisión a sus policías carceleros.
Delatores colaboradores voluntarios de las fuerzas de represión, tarados mezquinos que creen llevar a cabo una misión religiosa, sin mencionar el miedo que los convierte en gusanos agitándose en sus casas; denunciando a los que caminan por la calle, a los que pudieran entrar en su segunda residencia. A los fracasados la envidia se los come, con la voracidad que sus madres lamen sus genitales, orgullosas de haber parido a tan preciosos hijos de puta delatores de la Gestapo. Como aquellos buenos tiempos en los que los vecinos denunciaban a otros vecinos más agraciados de brujería, de judaísmo, de rojos comunistas o de capitalistas traidores corruptos para que los mataran y conseguir trato de favor, una parte del expolio o simplemente para dar de beber a su repugnante envidia.
Toda esa cobardía eficazmente programada e inducida en las reses sin cerebro, ha hecho posible que se les obligue, sin rechistar siquiera, a llevar mascarilla por los siguientes objetivos: robarles dinero, obligarlos a ser un bulto de carne irreconocible convirtiéndolos simplemente en cosas productoras con baja autoestima y sobre todo, para que desconfíen entre ellos y se sientan enfermos y amenazados a todas horas del día, tristes como los perros con bozal.
Se crearán dos nuevas clases sociales: infectados e inmunes.
Debido a la miseria generalizada, los gobiernos y las grandes corporaciones serán los que digan qué, cuando y como debe consumirse y que alimentos serán mejores para la salud de los productores de la colmena. Los estados y sus filiales, las grandes corporaciones, serán los Grandes Hermanos que velarán por la salud de su chusma racionándoles todo.
Es casi perfecto, solo que los mandatarios de los países no son personas inteligentes, son tan idiotas como sus votantes, solo juegan con la suerte y tienen más dinero para apostar más tiempo.
La suerte dura poco y la destrucción no tardará en llegar.
Eso espero ferviente e impacientemente.
Ahora que me voy a morir, empieza lo divertido, coño.
Gracias a la informática y sus redes, la historia real que se leería en los libros dentro de cincuenta años, se puede documentar hoy a tiempo real. Me jode como a Cristo no poder rascarse los cojones crucificado que, los perros policía acosen a cada momento; pero estoy disfrutando del momento histórico.
Esta sociedad, merece desaparecer, extinguirse.
Y me gustaría de verdad asistir a ello, aunque me joda.
Es una buena y genial novela en la que participar.
Mientras se hace toda la mierda realidad, yo me entretengo en soñar con mundos mejores, más violentos, ergo más intensos. Si algunos pequeños detalles, no ocurren, mala suerte.
El miedo que se lo metan ellos con un supositorio por el culo.
Además, tener un cáncer te inmuniza contra el miedo a una mierda de coronavirus.
Cada uno es como la vida lo hace, si tiene cojones, claro.
De lo contrario, eres un mierda como esos que miran con sus infectos ojos delatores a los que se mueven por la calle.
Sí, ya era hora de que sufrieran y temieran millones y millones de humanos acomodados y decadentes hasta el vómito.
Como Nerón hizo arder Roma.
Que adrenalínico…
Justicia pura y dura.
Buen sexo.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Imagen  —  Publicado: 10 abril, 2020 en Sin categoría
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Nacen los bebés muertos que caen al suelo rompiéndose todos los huesos, con todos sus dientes amarillentos apretados de tanto sufrimiento.
Oyeron, sintieron donde iban a nacer y se ahorcaron con el cordón umbilical para evitar vivir entre ratas, mierda y mezquindad.
No sé si es un mandato divino, porque no existe dios.
Tal vez fuera Madre Naturaleza quien les habló de la enorme frustración de vivir.
No sé… Pero hicieron bien.
Yo debería haber sido de la generación muerta. Nací a deshora.
Los gobiernos procesaron los millones de bebés cadáveres e hicieron comida envenenada para viejos.
Ya no nacieron más bebés, los viejos morían sin que nada renovase el espacio que quedaba en blanco.
Y estuvo bien.
Como todo estaba perdido, hombres, mujeres y adolescentes se mataban entre sí y se devoraban.
Y la última mujer casi anciana que se alimentaba de su hijo de cuarenta y cinco años, gestaba con obscenidad en una hernia de su barriga, a falta de seres humanos, una rata que la devoraba por dentro mientras crecía.
Yo tenía hambre…
A la rata le arranqué la cabeza con los dientes, aún chillaba.
Su cráneo crujía incómodo y sórdido entre mis muelas.
Escupí sus grandes incisivos con asco.
Y desperté triste porque había voces.
Todo fue onírico.
Un bebé lloraba vivo en algún lugar de la colmena, mierda…
Todo fue mentira.
Maldije el nuevo día y le corté la cabeza a mi gato con las tijeras de la carne en la cocina.
En mi restaurante preparé arroz cocinado con aguas fecales y albóndigas con carne agusanada que comieron vorazmente seiscientos comensales a lo largo de la jornada.
Baratos menús venenosos de infames enfermedades…
La enfermedad y la muerte los miércoles ¿o es el jueves de mierda? están rebajadas en todos los establecimientos y las bestias humanas comen con más voracidad.
Pinchaban la comida con tenedores y cuchillos que había hundido en el cuerpo de un yonqui hepático que conservo en las cámaras.
Pensé en el veneno y su bondad.
En la enfermedad y la reparación y el orden de las cosas.
Tras cerrar por la noche el restaurante, dejé que escapara el gas por los fogones y tomé de nuevo un vuelo al azar con pasaporte falso.
Y soñé que el avión caía y los descompuestos gritaban en sus asientos con horror incomprensible, porque lo muerto no puede morir.
Desperté confuso y de nuevo triste.
Pensé en aquellas cosas cargadas de maletas que caminaban presurosos hacia la salida y añoré la posibilidad del no nacimiento de los bebés muertos.
Pensé en nuevos menús con ternera rellena de excremento de paloma y vidrio molido, con patatas hervidas al curare y pez globo sin limpiar, con café y orina añeja…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Hoy, tras otra larga sesión de sexo oral en las cortes, y como ya era del dominio de unos pocos listos como yo, se ha aprobado la instauración indefinida del acoso y abuso policial, así como el encierro de los ciudadanos. Y aunque no se ha dicho, tras la invención de cientos de delitos durante el estado de sitio al ciudadano, con toda probabilidad habrán acordado borrar del código penal el delito de prevaricación para que todas las multas y encarcelamientos no constituyan delito. Las fechas fijadas de prórrogas y toda esa cháchara es mero formulismo, ya que no pueden quedar espacios en blanco en las actas.
La tan cacareada oposición del gobierno es un chiste político que ya no tiene gracia.
Y así, los arruinados y sin comida, no podrán bajar de sus casas si no es en un ataúd, ya que: “Si no vas a comprar alimentos, para qué cojones vas a salir a la calle, idiota”. Dice con orgullo un policía elegido al azar.
En definitiva, si la policía y otras fuerzas de seguridad del estado, ya han desarrollado estos días un patológico complejo de superioridad y autoridad; ahora tendrán pista libre para lucir en sus boinas y gorras la insignia de la calavera de SS.
Dios es una puta encarcelada en su burdel, estamos abandonados.