Cumple años Sophie Marceau
Publicado: 17 noviembre, 2017 en Chusma, Cine, Citas, Conclusiones, Humor, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant
Misticismo
Publicado: 16 noviembre, 2017 en Absurdo, fotografía, Humor, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant

Si fuera un místico pensaría que la publicidad es un aviso profético. Pero no me hace falta de ninguna profecía para saber lo que me espera. Soy tremendamente práctico e inasequible a la ingenuidad.
Dijéramos que simplemente es divertido, y más teniendo en cuenta que ya he perdido muchas piezas dentales. Vamos, que no son para siempre por mucha muerte que lo afirme.
Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant,
Muertos mudos
Publicado: 14 noviembre, 2017 en Absurdo, Humor, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant

— ¿Crees que los muertos hablan?
— ¿Y tú crees en la transmutación del plomo en oro? Los muertos tuvieron su oportunidad cuando estaban vivos. ¿Para qué iban a querer hablar ahora, en el supuesto de que estuvieran vivos en forma de vapor? No jodas.
—Es que dicen cosas.
— ¿Quién?
—Los vivos que no callan y los muertos que deberían callar. Tienes razón, tuvieron su tiempo. A lo mejor no saben…
—Nadie sabe nada. Esto es una mierda. Los muertos solo hablan cuando los sueñas. Les pones voz como un ventrílocuo a un cuervo de trapo, te convences de que están flotando en algún lugar y eso te da paz porque a ti te pasará lo mismo. No seas vulgar.
—A veces flaqueo y me gusta imaginar, no puede hacer daño.
—No sé si puede hacer daño; pero nuestro cerebro está hecho mierda. ¿De verdad no puede hacer daño una conversación con uno mismo? Los muertos no me dan miedo; temo al neurólogo y su diagnóstico.
—Esto es un absurdo, yo intento hablar de cosas trascendentes y tú te ríes.
—No soy yo, son los muertos. ¿Oyes a papá? Me (nos) llama al orden psicológico. No ha tenido hijos para que se hagan esquizofrénicos por puro aburrimiento.
—Ya no tiene autoridad, no le escuches; somos más viejos que él cuando murió.
— ¿De verdad estamos locos?
—No, es puro ingenio. Y por otra parte ¿qué importa?
—Vale… Dile que calle y te (nos) tomas un café a ver si hay otra fisura en el cerebro un poco más coherente.
—Hay calabazas con velas dentro, ¿esas coherencias dices?
—Pon el punto final de una vez, me cansa.
—Ya.
Te digo del viento
Publicado: 14 noviembre, 2017 en Amor cabrón, Maldito romanticismoEtiquetas:Amor cabrón, frío, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, prosa dramática, romanticismo, soledad, temor, Ultrajant, viento

Te digo que el viento es tan fuerte, que me roba el aire que he de respirar y por unos segundos, siento asfixiarme.
Te digo que el viento se ha llevado el polvo del camino y ha dejado la tierra desamparada, cuarteada y dura. Ha borrado todas las huellas y las que se pudieran hacer. Como si nunca hubiera estado.
Nunca estaré, no quedará nada de mí, dice el pérfido viento.
Si en polvo nos convertimos al morir, el viento ha arrastrado a los muertos de esta tierra. Aquí, ahora solo quedan vivos que temen morir aplastados por las cosas que el viento les lanza furioso.
Se ha llevado las nubes y parece querer llevarse el sol, que flaquea en su brillo.
El viento aúlla y su salvaje odio quiere arrancar los árboles que intentan tumbarse llorando verde de puro terror.
Lágrimas arremolinándose…
El viento me da un poco de miedo porque mueve el banco en el que me siento para escribirte estas cosas que solo pueden pensarse en soledad.
Y piensa quien me ve escribir sentado contra el viento, que es terrible estar tan solo.
Tiene razón en lo de estar solo; pero no es terrible.
El viento frío como una muerte, como una anestesia inyectada en la vena; me roba la humedad de los labios y los parte. Me arrebata el calor de las mejillas y en algún momento me hace temblar sin control; pero lo extraño es que el corazón parece hervir, parece un fuego atizado en una fragua.
Corazón ardiente y dedos fríos porque no se puede escribir con guantes: pierdes el contacto contigo mismo.
Si tiene que doler, que duela.
Te digo del viento en soledad, porque si estuvieras a mi lado, no podría prestar atención más que a tus ojos y tus labios. A tus palabras y silencios.
Concluyo que eres más poderosa que el viento.
Eres la que atiza el fuego del corazón que el viento no puede apagar.
La creadora de una soledad, que el viento no arrastra, sino trae.
Te digo palabras que el viento no se podrá llevar, las escribo con tinta de plomo en un cuaderno que ni el viento arrancará de mis fríos dedos.
Es hora de volver a casa, sin huellas.
Invisible y efímeramente.
Adiós.

Iconoclasta
Efecto negativo
Publicado: 13 noviembre, 2017 en Absurdo, fotografía, Humor, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant

La vida tiene un efecto negativo sobre la muerte: la retrasa.
Y en algunos casos, demasiado.
La aberración de un dios
Publicado: 13 noviembre, 2017 en Chusma, Conclusiones, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:aberración, ética, ceguera, creencia, dios, engaño, Iconoclasta, ignorancia, injusticia, miedo, Pablo López Albadalejo, Reflexiones, teología, Ultrajant

La idea de un dios es un concepto aberrante para la razón y la ética; pero consuela la pusilanimidad y el oscurantismo de la ignorancia ingenua. También ayuda a los que conocen absolutamente la vida en toda su magnitud (los menos), con una sabiduría cuasi “einsteniana”.
Ante todo, consuela del miedo a la muerte. Porque si te mueres no mueres, sea en el infierno o en el cielo, seguirás existiendo.
A pesar de que los que han muerto no aparecen jamás, es aceptado el hecho de que morir es comenzar a vivir en otro “plano”.
Es un temible acto de fe que requiere de toda la ingenuidad que el cerebro puede crear.
No hay misterio alguno en el mito de un dios, no hay mensajes ocultos.
Tan solo hay delirios en los creyentes y sus sacerdotes o santones.
Y sin embargo, siento admiración por esa ingenuidad pueril de la que hacen gala las personas cultas capaces de desarrollar lógicas y conceptos tangibles, medidos, calculados y probados; porque han elegido la fe escrupulosamente. Con toda su significación, aceptando el sarcasmo de la existencia de un todopoderoso y omnipresente a pesar de todo lo que ocurre y lo que no. Es una extraña disciplina que se han impuesto. Tal vez un intento de aplacar una vida llena de banalidades e imperfecciones que no les llena y los conduce vertiginosamente a la nada.
Porque al final, mejor vivir con optimismo que como yo.
Si existiera alguna deidad todopoderosa, sería un ser absolutamente degenerado, enfermo mental e imbécil.
Porque dios ayuda al violador, le proporciona el momento y a la niña o mujer que ha de violar. Luego, si hay suerte castigará al violador. Sin embargo, con toda probabilidad, dejará herida o incluso muerta a la víctima.
Dios proporciona personas a las que decapitar y a las que llenar de oro sin ningún criterio, insultando a la justicia.
Dios ayuda al ladrón y hunde en la miseria a la víctima.
Dios ayudó a los alemanes a extinguir a millones de judíos.
Cuando hay un dios de por medio, es así en toda situación, en todo momento: las víctimas piden por su salvación, pero los dioses han escuchado primero a los asesinos.
Te pudre una pierna y hay que darle gracias porque te ha salvado luego la vida.
—Gracias a dios lo has podido contar —dijo ella con voz conmovida cuando desperté de la anestesia.
—Dios me ha querido matar durante un año entero y no ha podido. No doy gracias por ello a nadie —le contesté harto de tonterías con la boca seca y la molestia de una sonda metida en la polla.
—Tú ya me entiendes —afirmó mirando a la ventana ignorando la blasfemia.
—Claro que te entiendo. Eres tú la que no comprende nada. Ese cobarde servilismo religioso me pudre más que la gangrena y el cáncer. Estoy vivo por mis cojones.
Y lloró. A mí me importó una mierda y encendí un cigarro en la cama del hospital.
El conflicto ético, el insulto a la inteligencia lo resuelven por medio de la inescrutabilidad divina.
Dios premia con muerte a las víctimas y al asesino “condena” a una longeva y rica vida. Quien crea en Dios, debe aceptar con resignación que todo es obra suya ¿no?
Precioso…
¿De verdad nadie se da cuenta de la manipulación?
La indignidad del miedo a morir es espantosa. Hace mierda la vida.
Si dios es un delirio enfermizo que ofende la ética, la justicia y el buen humor; los ignorantes crédulos son auténticos fetichistas de penes y vaginas hambrientas y temerosos. Flojera espiritual…
Es la naturaleza de la gran mayoría de la humanidad no tiene demasiado sentido reflexionar porque acabas con dolor de cabeza. Ha pasado demasiado tiempo y la estulticia se ha hecho gen en el ADN humano. Por ello, no se debería reprochar, insultar o menospreciar a la serpiente, al gusano, o al cerdo porque se arrastren o se revuelquen en sus excrementos. Nacieron así, como el ser humano.

Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.
Yo quiero ser inglés
Publicado: 12 noviembre, 2017 en Chusma, Conclusiones, Humor, ReflexionesEtiquetas:Bélgica, cataluña, corrupción, Crítica social, delincuencia, España, favoritismo, golpe de estado, Humor, Iconoclasta, independentismo catalán, privilegios, Puigdemont, Reflexiones, Ultrajant, Unión Europea, usura

¿No es una ostentosa y evidente alianza de hipocresía, usura y negligencia la Unión Europea? Con sus delincuentes de trato privilegiado tan bien arropados y protegidos en su Bélgica salvadora.
Si tienes mucho dinero y has sido político o empresario importante, no importa lo que robes o los delitos que cometas: en Bélgica (sede de la Unión Europea) serás amparado y por ti cuestionarán la judicatura de otros países de segunda categoría como España. Es razonable que el Reino Unido haya abandonado semejante coalición (que no es por eso, no soy tan ingenuo; simplemente quería más dinero y poder en la organización europea).
Al final, la UE solo actúa como cobradora de IVA e intermediaria de las transacciones comerciales entre países; pero en modo alguno es democrática; y si tuviera polla, se la sudaría la libertad y derechos humanos de nadie. Es usura pura, ni más ni menos que una negligente oficina de cobros de impuestos y un nido de eurodiputados (burócratas simplemente) que no tienen utilidad alguna.
Y si no, que le pregunten a Grecia y Portugal también.
Así se trata como personalidad importante a un tiranillo de tres al cuarto como es Puigmamón I rey de Cataluña (Carles Puigdemont), un delincuente que era alcalde metido en asuntos de corrupción, y presidente golpista de la Generalitat de Cataluña que ha hecho del parlamento catalán su cortijo con el dinero de los ciudadanos, que debería haber revertido en mejoras sociales. Por lo tanto, ha estafado millones de euros.
¿Y por semejante chorizo Bélgica cuestiona la ley española? La ley de un país miembro cuyos ciudadanos pagan el puto IVA como los alemanes, franceses o italianos.
¿O tal vez es que Puigmamón (Puigdemont) les ha pagado mejor a los jueces belgas-europeos con el dinero de los catalanes?
La Unión Europea es un nido de víboras, otro paraíso para los delincuentes privilegiados que dicen ser perseguidos por sus ideas y del bolsillo de la chaqueta les asoma una Visa Platino.
A un ladrón que no tiene sus orígenes en la riqueza o burguesía empresarial o política, la policía europea lo devuelve a su país de origen a la velocidad de la luz.
Si Puigmamón hubiera cometido sus delitos en Francia o Alemania, con solo pisar el suelo belga, lo hubieran tirado al suelo y con una rodilla en la espalda lo esposarían. En dos horas estaría viajando al país que robó.
Bueno, ahora se muestra en todo en su esplendor el flamante error de pertenecer a la Unión Europea.
Es que pises donde pises, te hundes en mierda, coño.
Yo quiero ser inglés, porque ellos sí que tienen huevos (a grandes rasgos, para algunas cosas, claro) y demuestran que no necesitan formar parte de esa banda de extorsionadores de factura diplomática, a los que se les llena la hipócrita boca con libertades y derechos civiles.

Iconoclasta
En tu cabeza
Publicado: 11 noviembre, 2017 en Amor cabrón, Maldito romanticismoEtiquetas:Amor cabrón, deseo, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, pasión, pensamiento, refugio, sexo, Ultrajant, vulgaridad

No sé bien como escribir todas estas obscenidades que se me ocurren con tu mente. Porque seamos sinceros, si no tuvieras ese maravilloso pensamiento, tu belleza sería vacía y no te vería, serías invisible.
Soy absolutamente insensible a la banalidad.
Tengo sueños en los que te jodo revolcándonos en una tierra empapada de sangre fresca aún, parece aceite cálido y forma un barro suave. Es la sangre de los que no quiero, de los que no necesito conocer ni compartir nada. Es la sangre vacía, la que al pudrirse tiene la peculiaridad de ser el abono de la tierra, nada más. No es respetable.
Hay tantos litros de vulgaridad… Y por ello, estar dentro de ti es refugio.
Eres absolutamente táctil, al ser absolutamente visible. A tu alrededor el aire se hace elipse como si fueras planeta. Y reacciono en cuerpo y alma. Las erecciones que me haces sufrir no son funcionales, no son meramente instintivas.
Si fuera así, pensaría en la reproducción y el celo; pero no. Deseo estar en tu cabeza, dentro de tu pensamiento. Por tu coño acceder a él.
Sin hijos, sin instintos primarios.
Razonada, fría y obsesivamente amarte de fuera a dentro.
Y convertirme en parte de ti, que sea imposible separarnos sin cirugía neurológica.
¿Sabes por qué eyaculo en tu monte de Venus? Porque es obra de arte cuando extiendes mi semen con lasciva satisfacción, sin darte cuenta.
Y mis dedos sobre los tuyos, sintiéndonos en esa viscosidad que no dejamos enfriar. Que evaporamos con cada jadeo, colapsados de follar.
Mi dedo se apoya en tu clítoris aún pulsante, y cierras los muslos en un acto reflejo y tierno. Divertido… Me gusta que me llames cabrón con esa sonrisa, con ese cansancio sexual.
Porque sé que estoy dentro de ti, lo más profundamente que se puede estar.
Lo demuestra el café que tomamos a la mañana, comienza el día contigo, con pequeñas palabras tranquilas e intrascendentes. Con cómodos silencios.
Con tu sensualidad vestida con poca ropa, despeinados y despreocupados.
Estamos bien…
No.
Podríamos estarlo en un planeta que nos aceptara, que nos diera la gracia de permitirnos ser lo que deseamos.
Donde en la mesa hubiera dos cafés esperándonos al amanecer.

Iconoclasta
Ingenuo
Publicado: 10 noviembre, 2017 en Citas, Conclusiones, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:Citas, Humor, Iconoclasta, Música, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, romanticismo, Ultrajant

«Si no vivimos como pensamos, pronto empezaremos a pensar como vivimos».
Vale, pero para vivir como pienso yo, sería necesaria una distancia de confort con otros humanos de 3 Km.
Eso sin contar el dinero que me faltaría para llevar a cabo mi utopía.
Está bien ser optimista y positivo; pero Fulton es de una espantosa ingenuidad.
Olores
Publicado: 10 noviembre, 2017 en Maldito romanticismo, ReflexionesEtiquetas:emociones, Iconoclasta, libertad, olores, Pablo López Albadalejo, prosa dramática, Reflexiones, Ultrajant, vida

Me gusta el viento, desencadena una sensación de frescor en el olfato que lleva a mis pulmones una aromatizada añoranza de lo que fue, lo que es y lo que no será. Es renovación, esperanza y certeza. Huele a clorofila. Lo detecto cuando estoy de pie y detenido sobre la tierra pura y libre.
Mi nariz reconoce los nuevos aires y los entrañables.
Y los detestables.
Soy una bestia olisqueando el aire.
En mi nariz se crean aromas que puedo definir con precisión.
A veces no puedo definir la tristeza, concretarla. Me preocupa formando un nudo en la garganta e intento ignorarlo respirando como si nada pasara.
El olor de los sueños es el de un fruto ácido, como una naranja, con un toque dulce que me lleva a aspirar más profundo. Tiene la particularidad de cerrar mis párpados asolados. Arrastra las dudas, aunque no tiene fuerza para llevarse el dolor y la vergüenza de lo que soy y lo que no. Lo bueno que fue, lo que podría ser, lo que espero aún. Sucede cuando paseo por pequeñas y estrechas calles.
El olor de la nostalgia es de la leña vieja y quemada. Como un moho seco que calienta la nariz por dentro. Tiene la particularidad de girar mis ojos al suelo, buscando la intimidad del centro de la tierra para aislarme junto con los que murieron; yo, el pequeño Pablo incluido. Suele ocurrir cuando estoy cansado y sentado en un banco, fumando. Los suaves vientos del otoño, lo hacen más intenso; no lloro porque se secaron las lágrimas tiempos ha.
Hay un olor que se crea cuando abre sus piernas. Emana de su coño. Huele a excremento viejo y caliente. Es el olor del hastío, del engaño, de la mediocridad. Del desamor total. Tiene la particularidad de obligar a que los ojos huyan de ella, de su rostro marchito. Y de dejar que lo que está agonizando, muera de una puta vez.
Se crea en la cama, cuando la follo sin deseo, como una bestia que no tiene otra cosa que hacer más que llenar un agujero por una necesidad instintiva. Quiero que sepa que la jodo sin deseo, con desprecio.
El olor de la que amo evoca la crema de pastelería, es dulce, es azúcar y me hace sentir como un niño obsceno que acaricia una muñeca que siempre ha soñado. El olor de la que amo, cuando separa sus muslos, me hace salivar como un animal en celo y preguntarme hasta cuánto es posible amar sin estallar.
El olor de la infancia huele a calles viejas de deficientes alcantarillados y a pan viejo, y aun así recién hecho. Se filtraba por las ventanillas abiertas del coche que mi padre conducía.
«Yo recuerdo algo de aquí, yo estuve aquí hace mucho tiempo» pensaba.
Dejé de sentirlo a medida que crecía. Sin embargo, en el ocaso de la vida, ha resurgido y me pregunto si es la antesala de morir.
El olor del planeta, en el lugar deseado, cuando no necesitas conocer nada más huele a resina de pino, es caliente. Me envuelve durante unos segundos y me dice que yo seré en ese lugar una savia ambarina que gotea de una rama. Pronto… Cuando camino con esfuerzo.
El olor de la basura acre y ofensivo, es el de las calles que detesto. Aquellas que marcaron y marcan mi imposibilidad, las que me dicen que estoy prisionero. Da igual la colonia que use, nada es capaz de consolarme cuando me encuentro andando por la ciudad-vertedero y su fetidez casi me dobla en una náusea, en una desesperación.
El olor a óxido es el del odio y la frustración, es pesado y picante. Suelo presionar las fosas nasales para que no penetre; pero siempre llego tarde.
Es traidor.
Hay tantos olores que a veces vivo intranquilo por la incertidumbre de lo que tendré que respirar.
Es que hay días en los que soy más fuerte que otros. En los que me siento un tanto indefenso de mí mismo.
Y no quiero correr el riesgo de saber a qué huelo yo mismo.

Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.
