Posts etiquetados ‘Iconoclasta’

Si no escribo ¿dónde lo guardo todo?
Los que mueren solo dejan sus huesos, y no dicen nada.
Tanto peso en mi cerebro… Margaritas a los cerdos cuando la pluma se seque aburrida de no escribir.
Escribir en la calle, cuando el sol se oculta, cuando todos se apresuran hacia sus casas, como si el frío los empujara con su gélido índice. No es algo usual, no es popular hacer las cosas rodeado de oscuridad y soledad. No es festivo.
Escribir así te hace extraño y ajeno a ellos. Y está bien, es lo que busco.
Solo se muere mejor. Nadie debería morir acompañado o asistido, es humillante.
Escribir frente a las montañas que se hacen negras, bajo la tísica luz de una farola que ilumina lúgubremente el papel.
Pobres animalitos, encerrados en toda esa nada… En una jaula ciega.
Pobre yo que no muero con ellos y me hace cobarde.
El hecho…
No, los hechos son que la vida importa una mierda, escribir no es fructífero, no tiene sentido especular sobre la oscuridad total. No hay nada que entender, la muerte no es prismática.
Y dormir es el didáctico ensayo de morir.
A ver si hoy lo hago bien y no sueño; sería perfecto.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Debido a las dificultades de escribir en el espacio, dando vueltas con los putos guantes y el casco que refleja el sol y la madre que lo parió, no hay quien folle… Perdón, quería decir que no hay quien escriba claro.
Transcribo el agónico mensaje del enamorado espacial.
Más tonto y nace de plástico.

“Cuando digo que eres el centro de mi universo, no exagero.
¡No mientooooo…! Joder con orbitar…
Qué mareo.
No te ofendas, cielo; pero qué náuseaaaaaagggg…”

Es excesivo, compulsivo, intolerante, cetrino, inmaduro, obsesivo, narcisista, amargado…
Un fracasado de mierda.
Y para mayor inri cree ser el centro del universo.
Escribir no es un arte, es una habilidad. Es cosa de precisión y buenas herramientas.
Mentira, la precisión me la meto en el culo.
Es paranoia y/o psicodelia lisérgica, según la intensidad y la pureza del ácido.
Como todo idiota, cuando se mira al espejo no es capaz de ver toda esa estupidez que lo hace tan vulgar, antipático y predecible.
Cuanto más sintetizado es el pensamiento, y cuanto menos se quiere justificar a ojos de otros, mayor contundencia tiene.
Cuanto más delires, más intenso. Cuanto más te duela, mayor dolor podrás transmitir. Cuando la locura sea insoportable, no lo entenderán; pero incomodará porque: cuando veas las sienes de tu vecino reventar por un tiro…
¡Bum!
Ahora voy a tomar café a ver si consigo empeorarlo y cambio de puta dimensión.

Sinceramente, deseo que tengas fiebre.
No quiero que tu temperatura baje.
Me gusta imaginarte ardiendo, con los sentidos embotados sometida a mí, a mis manos impudorosas, a mi lengua obscena, a mi pene baboso…
Con tus muslos descubiertos y mi boca besándolos peligrosamente cerca de tu raja.
No soy bondad, el deseo no tiene nada de bondadoso.
Es de un egoísmo atroz. ¿Sabes que no es justo que la carne se ponga tan dura y duela? No es de acero mi rabo. Y duele…
Y amarte… Amarte me hace feroz y cazador.
Algo salió mal conmigo cuando diseñaron mi programación emocional.
No sé, cielo… Me confieso a ti, sin arrepentimiento, con reincidencia de pensamiento, con mis calzoncillos aún húmedos de soñarte; con sangre al clavar las uñas con violencia en el pubis para reprimir todo esto que, hincha las venas entre mis piernas hasta el dolor inconsolable si no es dentro de ti.
Te confieso que soy un amante cruento y obsceno, que la bondad quedó prendida de una rama cuando bajaba una montaña y no volví a por ella. Se la comieron los cuervos.
Confieso que te amo, que a veces rozo el delito moral deseándote. Y cuestiono cosas como la necesidad de la piedad y la ternura.
Cielo, no tomes una sola aspirina, deja que la fiebre suba y que yo haga lo que quiera.
Que el termómetro estalle. Aunque te duela… Como a mí me dueles aquí abajo, puta.

Todo es relativo (según dicen algunos genios, mostrando una cómoda tolerancia para quedar bien con todo el mundo), un día frío en una región del planeta será cálido en otro lugar aunque las temperaturas sean iguales.
Cada habitante se acostumbra a su clima, es lógico y no relativo.
En tiempos violentos ocurre igual, un día será tranquilo si hay menos muertes de las habituales; para cualquier otro lugar donde haya paz, una muerte será suficiente para considerar el día como trágico.
Las cuestiones de amor funcionan igual, un poco de simpatía puede confundirse con amor cuando la soledad marca con tristeza los días.
La soledad requiere haber experimentado y conocer suficientes cosas, tantas como para sentirse ahíto. Lo mejor de la soledad se pierde con la flaqueza de ánimo.
Al final nada es relativo, cada situación se adapta con precisión a quien la vive. Con absoluta objetividad.
Porque ¿qué me importa la temperatura de otro lugar del planeta si no soy envidioso?
¿Qué me importan los amantes o los que agonizan en soledad?
¿Qué me importan los que viven o mueren si no los conozco?
Existe un exceso de hipócrita caridad y empatía. Nadie puede querer a tantas personas a la vez a menos que sea un arribista, un ambicioso político enfermo de poder.
Y si hubiera alguien tan altruista, sería una excepción. Y las excepciones no se tienen en cuenta en las estadísticas. Si yo soy pura estadística, estoy autorizado a imponerla con mi buen criterio. Soy vengativo.
E inmisericorde como retorcidas son las ramas desnudas de los inviernos impíos.
Los grandes mesías, profetas, santones e ideólogos de la historia, sufren y sufrieron cáncer de ego.
Yo no necesito que nadie me admire, ni que me escuche Solo comparto momentos con un puñado de personas que con toda probabilidad bastaría con mano y media para contarlas con los dedos.
Por otra parte, considero mi vida mucho más importante que la de la humanidad en general.
Lo malo de los humildes, de su gran virtud, es que esconden una inevitable vanidad y una gratificante crueldad. En el fondo, desean que sufran muchos para lucirse ante el mundo.
Yo me conformo con que un prestidigitador haga desaparecer las cosas y seres que no quiero.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Bueno… No tan inseparable.
Es algo habitual que me lo deje olvidado tras tomar un café.
En muchas ocasiones.
No es que sea malo, me ayuda.
Es que soy así de insensible.
Y un pelín orgulloso, yo no soy cojo.
Al menos cuando estoy sentado…
Vaaaale… De amputaciones ya hablaré otro día.

Estoy de acuerdo con la taza.
Aunque coincido más con salvaje que con libre, es que yo sin fumar…
Es que yo tan impío con mi pensamiento hostil…
Aunque no quiera, mi pluma es cuchillo.

Se sonríe demasiado. Nunca he sabido de que se ríen las hienas ni los idiotas.

Amar requiere demasiados esfuerzos y sacrificios.
¿No será el amor una consecuencia del miedo a la soledad?
Les han vendido un timo con todo eso de sus propiedades terapéuticas y euforizantes.
Porque tanta tragedia y padecimiento por unos instantes de euforia no se justifica.
Y mucho menos si eres un buen conocedor de la especie humana, la cual no tolera las cosas de tristeza y dolor. Es definitivamente cobarde.
No nos engañemos, la soledad es más importante que el amor. Lleva a la comprensión de las cosas, a concretarse uno mismo. A ejercer la valentía.
Y la reproducción no es cuestión de amor.
Hablando de reproducción: el amor siempre morirá (si alguna vez lo hubo) ante el afecto filial. Amar a los hijos mata el amor de los amantes, lo degenera en una insulsa sociedad, o una camaradería en el mejor de los casos.
Es la razón de ser de las putas y el adulterio en general.
Así que no sé porque te quiero tanto.
No puedo controlar amarte, cielo. Sé que no es sano.
Sin embargo, imagino el mundo contigo y todo está bien.
Y eso me lleva a pensar que no tendremos hijos, porque no caben en nuestro amor, no habrá nada que nos rompa. Y ¿dé dónde sacaríamos tiempo para educarlos? Solo les podríamos dar clases prácticas de sexualidad, seríamos unos educadores graciosamente indecentes. Ríe, cielo, te estoy amando a pesar de lo malo que es.
Todas las mañanas del mundo, el café de la mañana será nuestra íntima comunión de amor. En la penumbra, en el silencio, en la charla, en la tristeza, en los dolores, en las risas o las sorpresas.
Cada día solo contigo, cielo.
Insisto, el amor es un virus y un delirio febril.
Lo cual viene a decir, que soy un enfermo crónico de ti y deseo tus cuatro labios con hambre atávica.
Ya está bien de cháchara, vamos a la mesa (encima), te quiero comer.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

A-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh
En la jungla, la jungla poderosa
El león duerme esta noche
En la jungla tranquila
El león duerme esta noche
A-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh, a-weema-weh