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Los árboles son los grandes protagonistas de Ramas tristes entre la niebla. Han ganado el Óscar a la mejor actuación de las horas melancólicas por la trágica y dramática interpretación de los quebrantos tras haber perdido sus hojas. Las ramas son dedos crispados por el dolor de la pérdida, creando un colosal himno mudo a la tristeza y al silencio mismo de morir.
Si dios existiera, y si tuviera decencia; les pediría perdón por sus errores de creación.
Óscar a la mejor fotografía por su precisa y preciosa nitidez contra el albo de la niebla, sin brillos; perfecta como una lámina de papel con definidos trazos de carboncillo puro y milimétrico.
Óscar al mejor guion por la elegante composición de una poesía sobrenatural, triste y bella donde la existencia muere para crear un universo místico, nebuloso, enmarañado de fríos silencios y rudos dolores.
Óscar al mejor sonido, el efecto de las ramas secas agitadas por la brisa, provoca un estado de desesperanza en el espectador anunciando sin descanso muertes en un tétrico e inevitable azar.
La película Ramas Tristes entre la niebla, es ya un clásico del cine existencial.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Puedo entender cómo se sienten aquellos que han visto la manifestación de un santo o una virgen o cualquier otra parafernalia mística en un momento de soledad o aislamiento.
Puedo comprender que babeen, estoy a punto de hacerlo ante la diosa del cartel publicitario.
Yo soy mucho menos profundo. Y ante todo, pragmático. No voy a pensar que la belleza me mira provocadoramente, ni siquiera como ejercicio de imaginación; porque soy viejo como la calle por la que camino, mucho más a pesar de mi fecha de nacimiento.
La arrogancia de la mujer del cartel está justificada, sobradamente.
También entiendo de arrogancia, la mía la luzco en lo oscuro donde la hostilidad es veneno; vivir demasiado lo mismo, hace rancias todas las sustancias.
No es mi propósito ser un punto de luz para las polillas que se estrellan como idiotas contra las lámparas hasta quemarse.
Me siento bien en la oscuridad, en esa que ni siquiera la belleza puede taladrar.
No es que sea insensible, es que soy tenaz cuando me propongo ser oscuro.
La calle me teme y parece oscurecerse con más fuerza cuando la piso. La mujer me admira como un antihéroe que fuma con el firme propósito de hundirse más profundamente en la penumbra, en la de verdad, la que todo concluye. Esto podría ser una gran película.
Podría seguir divagando; pero también me aburro, me aburro de mí mismo.
Ser oscuro da pocas satisfacciones al amor propio si lo haces bien.
Corto y cierro.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

No hay prisa, puedo parar a descansar. De hecho, no descanso, solo estoy desfallecido.
El camino es interminable, no tiene sentido seguir.
Es tan largo que los ojos han perdido interés por él y observan desenfocados lo inabarcable con cierto hastío que roza el odio.
No lleva a ninguna parte y las partes son las mismas. Solo cambio yo con cada paso, un desgaste, un dolor profundo de tuétano y una sangre que se queda en el pie y pulsa peligrosa en los dedos, embotándolos.
Los restos de todo lo fracasado e inacabado forman una estela de humillación tras de mí, como una serpiente que se ha hecho amiga mía; no es por temor a convertirme en sal, es por vergüenza por lo que no miro atrás.
El camino es vida; pero de pronto, gira dirección muerte. Eso es todo.
Si no llegas ¿para que ir?
Es cosa de biología, las células se mueven independientemente de mi pensamiento.
Es absurdo…
La senda es eterna y las botas no se quejan de ser efímeras.
Hay tanto camino y tan poca vida…
Es como el tiempo, tan abundante que te erosionas antes de llegar.
Y nunca llegarás a nada ni a nadie, simplemente caes en algún kilómetro innombrable.
Mejor llevar una buena cantidad de cigarrillos, no te preocupes, el cáncer también se muere antes de llegar.
Hay una tristeza en la conclusión…
No es por no llorar, los ojos se secaron hace miles de kilómetros.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Gracias a internet, a los muchos años de navegar y hojear con rapidez e incluso superficialidad sus infinitas páginas llenas de imágenes (leer poco, todos mis libros los he comprado por las llamativas y decorativas portadas y lomos), me he formado en disciplinas como arte, sociedad, filosofía y su degeneración como la psicología, política, sociología, economía, religión, brujería, parapsicología, e incluso matemáticas gracias a los sudokus en los que no es necesario borrar cientos de veces cuando alguna rara vez me equivoco. Soy un absoluto lingüista y domino bien el argentino, mexicano, venezolano, colombiano (Narcos es toda una cátedra), peruano, cubano, e incluso algún dialecto hindú y africano gracias al lote de películas indias y africanas (Bollybood y Nollywood) malísimas que Netflix tiene en catálogo.
Lamentablemente en sexología, la red no me ha aportado nada. Y es que en internet no hay nada tan sucio e imaginativo como yo. Hasta tal punto que, cuando uso el pelador de patatas con las patatas, of course (también se inglés), siento un picor muy fuerte en las palmas de las manos y tengo que meterme en la bragueta el trapo de la cocina mojado, independientemente de que tenga trozos de ajo y cebolla, para poder seguir realizando mis exquisiteces culinarias como rebanadas de pan con fuagrás La Piara, por ejemplo. Pelar patatas es una de mis muchas rarezas sexuales.
Es por mis grandes conocimientos del arte que, hace ya unos minutos medité eructando aparatosamente sobre los grandes misterios de las grandes obras pictóricas.
¿De qué se reía la Mona Lisa (o Gioconda, la gran obra maestra de Caravaggio)? ¿Por qué esa misteriosa y tonta sonrisa de virgen satisfecha? Pensaba tras haber comido con glotonería un quesito, buscando argumentos y similitudes que explicaran ese otro misterio del arte que es La Vaca que Ríe.
Yo veo vacas todos los días, y ninguna se ríe.
Es más extraña y enigmática la sonrisa de la vaca del quesito que la aburrida e insulsa de la Mona Lisa. No jodas.
Sinceramente y sin más misterios, La Mona Lisa se ríe porque ha sido bien follada. Luce esa sonrisa serena tan propia de toda mujer satisfecha sexualmente dura, gozosa y lingualmente. Cuando sonríen de forma estúpida al leer las obscenidades que les dicen por whatsapp, es diferente; solo se trata de aburrido esfumato.
Si La Mona Lisa hubiera sido puta profesional, no reiría, se rascaría el coño un tanto hastiada.
La sonrisa de La Vaca que Ríe, es con diferencia mucho más inquietante.
Definitivamente, internet ha hecho de mí un ser humano con grandes inquietudes humanísticas.
¿Sabéis que bien resbalan los dedos untados con ese quesito y la inevitable mezcla de saliva como preámbulo para el cortejo sexual?
Dichoso arte…
¿De qué coño se reirá La Vaca?
Sus pendientes son horribles; pero su suave sonrisa sin dientes peligrosos…
Dice el refrán que boca sin dientes, ni te lo pienses.

Iconoclasta

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De menuda me he librado: no he necesitado pagar a un logopeda.
Murf habla hasta por los codos si tuviera. De cualquier forma, es inevitable invertir en analgésicos cuando se siente demasiado locuaz.
Sí, ya sé, es tan absurdo que solo me falta ver a dos curas tirando de un burro muerto en el salón de casa. Puedo entender porque Buñuel y Dalí realizaron aquello del perro andaluz.
¿Es que no había perros catalanes o qué? Es un asco… Siempre discriminando a la catalanidad. No tienen ni tuvieron corazón.

Si Dios hubiera querido que los árboles nadaran, les habría dotado de agallas y gafas anticloro y antimierda. Incluso un bañador, aunque no fuera muy llamativo.
No quisiera reírme cruelmente; pero parecía que los árboles decían: ¡Uy uy uy uy…!
Para que luego digan que tengo la empatía en las uñas de los pies. Soy como Dios el indolente; pero ingenioso y gracioso.
Y sin matar a nadie.

El amor son todos esos frágiles filamentos que resisten el frío que congela el corazón con las distancias y el calor que hace hervir con el beso la sangre en los labios.
Sutiles caricias blancas que, sin embargo, se deshacen con un gemido suave cuando nadie les dice que son deseadas.
Lo que el planeta no puede, lo consigue un mal silencio, una mala palabra…
A veces siento una pena suave, de algo que se diluye, un agua en las venas…

Hace frío, hace viento, lloverá, tal vez nevará.
Me gotea la nariz y los pliegues de un par de dedos de la mano se han abierto dolorosamente.
Observo el horizonte a través de las frías lágrimas que provoca el viento.
No es un buen día para el romanticismo, se impone protección y cobijo.
Aún así, me basta con leer tus palabras y mirarte para que de repente haga un calor del carajo.
No sé si es mi mente prendida de ti o es que tienes el poder de producir severas variaciones climatológicas.
Entiéndeme, cielo, caliente me pones siempre; pero sudar aquí y ahora…
Tal vez esté un poco susceptible por amarte; pero…
La culpa del cambio climático es tuya, bella odiada.
¡Shh…! No se lo diré a nadie.

El tan cacareado ahora Pin Parental, es una estupidez en cuanto a que no se trata de un pin de mierda, sino de una autorización, un documento escrito en el que se libera a los menores de ser adoctrinados en los distintos géneros sexuales que existen en la sociedad.
Lo primero de todo: es necesario un vocabulario preciso, conciso y práctico: llamar pin a una autorización en forma de documento firmado, es puro populismo para tener contentos a los “sin cerebro” que lucen su puto smartphone nuevo.
Dicho esto, el pin parental es tan necesario como la libertad que tienen los padres para que sus hijos estudien o no religión.
Los colegios no existen para adoctrinar o inducir ideologías religiosas o sexuales. Jamás deberían ser como los del franquismo, comunismo y el Tercer Reich. Adoctrinar es una facultad de los padres.
Porque los hijos pertenecen a los padres hasta que se convierten en adultos capaces de valerse por sí mismos. Y no hay discusión al respecto.
Quien quiera que su hijo sea adoctrinado, basta con que le instale la app de twiter o facebook en su teléfono.
Otra forma (de hecho es la única sana) en la que se adquieren ideologías o doctrinas, es con el desarrollo intelectual de cada cual aplicado a sus propias experiencias y forma de ver el mundo que le rodea.
Los colegios deben ofrecer conocimientos y cultura a los niños. En lugar de religión o ideologías de género, deben dar conocimientos de ética, por ejemplo: Podéis ser arribistas si queréis (populistas en política); pero no hay dignidad en ello. El arribismo es envidia, es horrible subir en la escala social pisando la cabeza de otro. También podéis ser racistas; pero otros os pueden discriminar también porque no tengáis el tono adecuado de piel tras tomar el sol en vacaciones.
La ética o el deja vivir como materia de reflexión en los primeros años de estudio de la infancia y la juventud, no es una buena cosa que enseñar para los gobiernos e instituciones; ya que ese conjunto de reflexiones se volvería, con toda lógica, contra los ideólogos y/o gobiernos, a los que señalaría como elementos tumorales para la inteligencia y la libertad.
Adoctrinar sistemáticamente, como en el colegio, es hacer idiota la infancia y la juventud. Robarles tiempo para adquirir conocimientos que les proporcionarán oportunidades para su supervivencia en sociedad, como es el trabajo.
La ética, como materia de reflexión debería bastar en una sociedad sana y decente.
Debería bastar para que la cobardía hacia el esfuerzo y el conocimiento de la cruda realidad de la esencia humana, no los convierta en unos pusilánimes aborregados entre cientos de miles de reses buscando consuelo y protección en un pastor subido a un púlpito.