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Me pregunto cómo ha llegado la humanidad a ser tan abundante. Porque la naturaleza está plena de piezas pequeñas, los niños deberían haber muerto, muchos…
Me pregunto hasta qué pornográfico límite institucional los gobiernos demócratas y tiranos están dispuestos a crear miedo en sus reses humanas y votantes. Llevarlas a tal estado de temor y desconfianza en sí mismos, que la chusma acepte sus abusos y el dinero que nos roban día a día, a cambio de protección contra las piezas pequeñas.
O a los climas apocalípticos que son el pretexto para hacer más pobre a la chusma con sanciones usureras respaldadas por un repugnante populismo.
Porque el dinero no se crea ni se transforma, se roba a los cobardes y a los que desconocen el concepto de sentido común, valor, esfuerzo y amor propio.
Mierda…
Deberían anunciar en las montañas el peligro de las piezas pequeñas.
Se me agota el humor y pienso con serena crueldad en seres humanos, el napalm y la combustión de los cuerpos.

La odio

Publicado: 17 enero, 2020 en Sin categoría
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La podría odiar cuando se hace tan deseable que, me lleva a aferrar con fuerza las sábanas que debería compartir con ella. El espacio vacío que deja en mi mente, en mi sexo y en mi razón.
La podría odiar cuando me encela hasta la desesperación y me hace bestia. La follaría impía, inmoral e ilegalmente.
Me duele donde no está, en la húmeda y palpitante dureza que crea su ausencia.

Tres caballos pacen relajadamente frente a mí, bajo un sol frío y sobre una tierra templada. Estamos bien los cuatro, no hay nadie que nos moleste.

Hacen lo que deben, aunque sé que preferirían ser libres.

A mí también me gustaría no pertenecer a una región del planeta y sobre todo, no tener nombre.

El nombre es el primer grillete que me impusieron al nacer. Perteneces a quien te pone el nombre. Primero a tus padres y con el tiempo, el país toma las riendas y te marca un territorio determinado, unos pastos que puedes o no comer.

El nombre es un registro necesario para controlar a cualquier ser de índole ganadera, como los caballos, vacas y ciudadanos.

Los ciudadanos, además del nombre, tienen asignados varios códigos numéricos que definen los lugares donde deben pastar, ser sacrificados y el corral donde pasar la noche. Por supuesto, están sometidos a los ciclos reproductivos impuestos y a los habituales controles veterinarios de vacunación y mantenimiento.

Si tienes un pensamiento definido con un vocabulario preciso, no hayas diferencia entre la libertad que goza un caballo, una vaca, un cerdo o un ser humano inscrito en los registros de una ciudad o país.

¿Verdad que es deprimente?

El consuelo, es que nadie me engaña. Lo cierto es que cuando me conviene, tengo capacidad para pasarme por los cojones cualquier marcación territorial a la que han creído someterme.

Soy yo el que dicta cuando y donde me pueden joder.

No es por nada; pero de aquí a que alguien pueda controlar mis deseos y decisiones, la humanidad se habrá extinguido de la puta faz de la tierra.

Porque si naces ajeno a todo, puedes romper con cualquier tipo de atadura moral o psicológica para la que te han preparado desde el momento del nacimiento; ataduras como casa, familia, patria, matrimonio…

No puedo evitar ser aparatosa e impúdicamente vanidoso en estos asuntos.

En lo demás: ni amo ni dios (con un sabio cinismo). Es mi dogma.

Decidiendo cuando es bueno que me jodan y cuando es bueno joder.

No puede ser una buena vida (hasta que esta actual sociedad sea masacrada) porque apenas tiene alegrías, aunque las tragedias son hermosas; pero es menos mala que ser un ciudadano votante de rancio abolengo tolerante y democrático hasta con las cucarachas.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

El invierno deshojado descubre sin escrúpulos el hostil caos de la tierra, delatando a un mal creador, juzgándolo inepto e indolente.
No hay caminos de baldosas amarillas, solo tierra helada embarrada de mierda y cadáveres.

Cuando digo que me gusta fotografiar, me preguntan qué fotografío. Me encojo de hombros y digo: «Cosas».
Pienso que si les enseñara mi álbum pensarían en enfermedades mentales y mal gusto; pero yo a lo mío.
Sordidez es mi superpoder.

Si fuera árbol, tal vez lo sea, no lo sé… Y tú caminaras con toda tu brutal sensualidad en la soledad y el desamparo de la fría noche, extendería mi impúdica rama preñada de deseo para atraparte, para llevarte a mi húmeda y desenfrenada oscuridad. Llenarte toda de mí en una blasfema comunión pagana. La hostia, mi semen humeante prendido como gotas de nácar en tu monte de Venus.

Y el agua del río formando un sereno canto de tragedia…

Cubrir toda tu piel, meterme en todo cuerpo por todos los huecos…

Un árbol-bestia rugiente, follándote carne y espíritu tan profundamente como el amor y su imposibilidad corren por mi savia.

Rasgarte vestiduras y lacerar tu piel hasta que tu gemido se convierta en suspiro y entre mis fuertes ramas, te vengas, te corras y maldigas mi pornográfico y terrible amor violento e impúdico. O tal vez, que mi corteza se abra sangrante con el rugiente acto de violarte.

Herirás hasta la sangre mis labios mordiéndolos con tanto deseo como puedo soñar… Ésta es mi voluntad, éste es mi sueño de humor espeso y blanquecino que mana de tu coño satisfecho en mi eterna oscuridad, con tu corazón latiendo entre mis ramas.

Y tu pensamiento, adueñándose de lo poco que queda del mío.

Al fin y al cabo, no tengo alma te la llevaste; la aspiraste con la primera mamada que me hiciste.

Y te necesito para tener algo de humanidad en esta soledad sin ti.

Tal vez sea un lobo, y tú una caperucita; pero te aseguro que no hay nada de infantil en ello.

Y la moraleja es tragedia de amarte.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Podría ser el castillo de Frankenstein; pero solo es el vulgar campanario de un monasterio, nada más alejado de la imaginación.
Los cuentos son más apasionantes que la mediocre realidad. Es la razón de la creación del vampiro, el hombre lobo, el jovencito Frankenstein e incluso Snoopy.

Me he habituado a escribir con demasiada facilidad y frecuencia, incluso en el campo, en la naturaleza. Si no me controlo, un día tendré que arrancar de los dedos de mis pies las raíces para poder caminar a casa.

Quiero decir que escribir es mi forma de pensar, hasta tal punto que no puedo caminar sin una pluma y papel. Me pasa con escribir como con el tabaco: me gusta a pesar del veneno.

Ya lo sé todo: hay unas normas para triunfar (aunque sea efímeramente) en el mundo editorial:

1. Cuando un escritor se cree el elegido para difundir la verdad, mejor que deje de escribir su mierda y se dedique al sacerdocio como forma de vida; no obstante, si escribe toda esa mierda que tiene en su cabeza triunfará si tuitea de forma adecuada y frecuente.

2. Los egos suelen crecer siempre injusta e inmerecidamente tanto como menor es su habilidad y cultura. La tan cacareada ley de proporcionalidad inversa que de pequeño me enseñaron en el cole, es una de esas reglas matemáticas tan necesarias para comprender lo cotidiano grotesco. Si un tipo que escribe algo malo y lo asume como obra de gran valor artístico y cultural, haciendo las felaciones o cunillingus a las personas adecuadas, triunfará independientemente de la basura que escriba.

3. Es un error llevar la literatura más allá de lo que es: describir el mundo y lo que contiene, como lo vemos o como queremos que sea; con una redacción amena y un vocabulario de ambigua precisión para generar cierto suspense y que el lector pueda rellenar los huecos.

Si quieres triunfar, mejor usas guiones para separar las sí-la-bas y así puedan leerte con absoluta precisión. Y de paso aprendes también a pronunciar.

4. Explicar el detalle exhaustivamente, es tomar por idiotas a los que leen habitualmente.

Así que, si describes con detalle en diez o doce páginas el matiz de los pelos del culo de los personajes, tranquilizarás a los lectores actuales al darles información banal y guarra, que es lo que desean las bestias. Triunfarás por explícito (en aburrido, nada que ver con transgresión, genio): literatura for dummys.

5. Recapitulando: si pretendes publicar un panfleto cualquiera (como por ejemplo esa mierda de La Cabaña) o ganar un premio literario, no tengas en cuenta las conclusiones de los puntos 1, 2, 3 y 4.

En esta era de automatizadas mentiras, hipocresías y credos banales, la libertad de expresión y las grandes cuestiones de vida, muerte, ética y dignidad se han convertido en putas del poder y la moral de una sociedad formada por rumiantes de dos patas con capacidad de votar para nada. Es decir, lo crítico, crudo, real, transgresor, divertido, sarcástico y deprimente será castigado y ninguneado. Se debe alimentar el infantilismo decadente de la chusma.

Si algo te hace vomitar y quieres ser adorado por una legión de babosos, no lo escribas. Tienes que comunicar que te apasiona.

Y es que además de todo lo dicho, para desarrollar la más simple idea y que sea publicada, es preciso hacerlo con un mínimo de trescientas páginas para que sea rentable. El aburrimiento de leer páginas vacías e iterativas hacen del mamotreto polémica que genera más ventas y decora lo suyo encima de un mueble barato; pero minimalista. Si copias y pegas pasajes de libros de texto de historia, te convertirás en catedrático de Historia.

En una época ésta, en la que la prostitución cultural y ética es la forma de vida habitual en nombre de la corrección y tolerancia; las putas han perdido su trabajo y glamour (las pocas que lo tenían). Ahora cualquier muerta/o de hambre fea/o es puta.

Cuando un meme vale tanto como trescientas palabras correcta, sucintamente escritas y redactadas, es que literatura y cómic han muerto sepultados por hordas de analfabetos que se pierden en las primeras veinte palabras de un texto.

Si tienes ganas de asesinar, escríbelo y serás más odiado que si lo haces.

Herir morales es lo más gratificante que existe, además de fumar y follar (por este orden).

Cuanto menos guste lo que escribes, más arte e inteligencia demuestras y menos ganarás; pero si eres mínimamente decente, que les den por culo y escribe lo que te apetezca con todas sus consecuencias y sin respetos de mierda. En la literatura “respetar”, es otra forma de cobardía y prostitución; entrar en el juego de los fariseos no es algo de lo que sentirse orgulloso.

Iconoclasta

Vamos a por una lección de aquel añorado Barrio Sésamo (Plaza Sésamo), sobre lo que hoy es correcto e incorrecto en estos tiempos de repugnante moralidad doctrinal festiva y pueril. Porque los idiotas celebran su propia imbecilidad con comuniones de tolerantes hostias con sabor a mierda.

Respecto a la censura, ahora se reaviva más que nunca, todos se sienten sacerdotes de la corrección de mierda, con sus cerebros repletos de heces.

Que mueran unos cuantos centenares de miles de seres humanos de la sociedad occidental es una depuración necesaria. En las endogámicas ciudades se han reproducido tantas veces los imbéciles que, ahora se encuentran en el poder, en todas las manifestaciones y en todas las fiestas de orgullos gays, de putas y de miedosos de leer violencia u oírla en canciones; tienen miedo los analfabetos que del libro salga un cuchillo que los hiera, o que el micro del cantante sea una pistola camuflada.

Le tienen un miedo enfermizo a la palabra.

Algunos “en su opinión” censuran con el afán de los puercos buscando trufas. Puedo comprender que, no se permita con dinero público mostrar arte de baja calidad, eso que no es arte, que es un engaño populista. Un timo como tantas formas de “arte” que buscan dinero fácil.
(Hay grupos musicales tan artísticamente malos que no deberían cobrar por actuar, cosa que es muy diferente a censurar, aunque muchos no entiendan lo que escribo)

Pero censurar por “opinión” y “moralidad”, es una acto de fascismo tan repugnante como lo fue la existencia del Tercer Reich.

Menos mal que nací a tiempo de conocerlo, que tuvo tiempo de nacer Hannibal Lecter y no lo mataron estos hijos de puta.

Y mientras tanto, censores y “correctistas buenistas” educan a sus hijos en la imbecilidad y cobardía. Sin que nadie muera…

Es necesaria una matanza global.

Es necesario colgar en una plaza pública a los putos censores y correctores de todo tipo.

La lección que todo niño no educado por unos padres idiotas, comprendería:

Lo incorrecto.

Con violencia le arrancó las bragas dejando marcas rojas en su cintura y muslos, a esas alturas, su coño estaba húmedo y ansiaba que la penetrara. Retiró las copas del sujetador y se pellizcó los pezones erizados, él tenía aferrada con el puño su polla dura, el glande palpitaba húmedo y brillante, amoratado de sangre.

Escupió en su coño y se la metió. Teresa lo llamaba hijo de puta con cada embestida, se corrió abrazada a su cuello, con el cálido semen rebosando por su coño, regando deliciosamente el esfínter.

La llamó puta y se rieron en la cama encendiendo un cigarrillo.

Lo correcto para los tarados.

Se bajó los calzoncillos con dificultad, su pene estaba erecto y su mente absolutamente enamorada. Ella se retiró el sujetador y sus enormes pechos al liberarse, parecían doblar su espalda, al respirar oscilaban voluptuosamente.

Se bajó el tanga y su pene de mujer apareció enorme, perfecto. Se acercó a Roberto, le invitó a darse la vuelta en la cama y le untó el ano con lubricante gel. Lo penetró. Al cabo de tres minutos el semen brotaba oscuro y ensangrentado de ese cráter de amor que era el ano de Juan.

Se besaron la boca enamorados, con ternura y en silencio para no despertar a su hija que, se escuchaba dormir tranquila en la cuna a través de la radio de vigilancia.

Lo incorrecto.

Se dirigió a la sala de hibernación. Tan solo se escuchaba el suave zumbido de los reactores. Con un láser decapitó a los cuatro bebés en sus cápsulas de mantenimiento vital, sin que llegaran a despertar. Casi dulcemente.

No limpió toda aquella sangre.

Volvió a su cápsula de hibernación, esperando con ilusión despertar tras cuatro años y admirar el dolor de los dos matrimonios, sus compañeros de tripulación, en su viaje a Demencia 10.

Lo correcto para los tarados.

“Días después, el 27 de diciembre y en el último pleno municipal del año, la concejal de Cultura, María Victoria Bermejo, reconoció como «un error» incluir un concierto del grupo en la programación de la Fundación Salamanca Ciudad de Cultura y Saberes para el primer trimestre de 2020.

En su opinión, Los Chikos del Maíz hacen «apología de la violencia extrema» y en sus canciones «se da cabida a mensajes que invitan al puñetazo, a la patada en el vientre o al ahorcamiento». Ahora ya se ha decidido cancelar definitivamente el concierto, previsto para el día 10 de enero y que tenía las entradas agotadas”.

Y ahora niños, vamos a cantar la canción del cinco, que en el culo te la hinco.

“¿Eso te hace sudar?” (El Cuervo, 1994)

A la mierda, gilipollas.

Que os jodan.

(La película El Cuervo, en esta actualidad idiota, sería incorrecta a pesar de ser maravillosa, violenta y fascinante, sin titubeos ni concesiones a moralidades de degenerados cerebros inoperativos. El Cuervo ha dejado la más grande colección de divertidas, violentas y sarcásticas citas del cine y tal vez de la literatura)

Iconoclasta

La niebla ocultó las montañas e hizo estrecho el planeta con un muro blanco que hacía próximos los límites e infinitas las ideas.

Le dije:

– ¿Qué has hecho con las montañas? Las has borrado con todo lo que contienen. Y a mí, nadie me ve, no existo. Nadie me recordará, porque te has tragado lo que fui.

La niebla me respondió:

– No te preocupa ¿eh? Tú eres niebla, eres secreto y manto borrador.

Le sonreí y encendí un cigarro que aspiré largo tiempo en silencio, el humo parecía crecer a mi alrededor. Al fin le dije:

– Solo pretendía hablar con algo como yo: inhumano. No es por aburrimiento, se trata de tu bello misterio, Niebla.

– Soledad y niebla… Somos lo mismo, solitario. Somos sin estar para crear melancolías, añoranzas, delicadas tristezas de gas; con el propósito de intuir el fin como el acto más íntimo. Somos el ensayo de Madre Muerte, un sórdido simulacro de ser nada.

Le contesté fascinado por su razonamiento, por su oculta y simple verdad:

– Lo sabía… ¿Sabes? Me gusta mi trabajo. La soledad tiene la belleza del silencio del valor y la comprensión. La intensidad vital de existir en el páramo helado de las ideas tristes.

Me contestó con una sonrisa divertida:

– Soy niebla y me deprimes.

Se me escapó una risa como una tos, me difuminé con el mundo ciñéndome la soledad como un abrigo, caminando hacia ningún lugar.

Y desdibujándome, le hablé a la niebla desde la lejanía que creé, sin mirar atrás, un poco avergonzado de pedir:

– De colega a colega, divertida Niebla, un favor: a ella no la ocultes, la quiero visible y táctil donde quiera que esté. Necesito la certeza de saber que está siempre para que mi mundo sea mejor.

– Eso está hecho, señor Soledad.

– Adiós.

– Adiós.

Dejé tras de mí una estela de volutas de niebla que giraban y se deformaban sobre sí mismas, sin sentido; con la caótica angustia existencial de una vida que sin poder evitarlo, se acaba.

Tenía razón la niebla, soy un tanto deprimente; pero sonreí de nuevo.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.