Posts etiquetados ‘Iconoclasta’
Cumple años Eiza González
Publicado: 30 enero, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Da miedo hablar
Publicado: 30 enero, 2015 en Amor cabrón, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
No es timidez, es un miedo real.
Cómo decirlo…. Es que…
Es que ella habla y siento el vértigo de un amor, la vorágine de abrazar y besar su pensamiento todo, y con ello, su carne.
Es valiente la condenada, es más valiente que yo…
Da pánico. Tiene la desfachatez y osadía de dejarme indefenso, rompe muros de contención, de prudencia.
Y construye en el aire, como si fuera fácil, un ramo de flores y una mirada devotamente enamorada. Y un beso y un abrazo que se escapan a mi control.
Hace trizas cualquier intento de control, del mío. Porque ella no necesita controlar nada.
Es creadora.
Da miedo hablar, da miedo que hable y ejerza su sensualidad y verse pequeño ante ese despliegue de belleza y de emoción.
No es una banalidad, no son palabras bien colocadas. La literatura se esfuma, no hay ingenio entre estas palabras, no hay voluntad en medir y exponer, solo un carnívoro deseo de devorarla a besos.
Hay que amordazarla, hay que contener toda esa sensualidad que me roba los años vividos, que demuestra que hay cosas que no sé, cosas que posiblemente no sabré. Que nací tarde o fuera de lugar.
Da miedo hablar, da miedo escucharla. Porque dobla el tiempo y el espacio con una sola frase, construye uno de esos túneles del cosmos que lleva a su dimensión, a su propia y única dimensión.
A sus sueños… Me convierte en un visitante de su fantasía y yo acaricio las paredes de ese decorado arrebatador.
El precio es que se pierde un latido de mi corazón. Y se crea un expectante silencio, mientras las piedras de los muros se golpean mudas entre ellas en el espacio.
Y nadie parece darse da cuenta de la tragedia de amar, te quedas solo ante ella.
E intento ser razonable, pero no… No hay razón alguna lo suficientemente sólida ni madura para evitar caer en la belleza de un sueño.
Un sueño tan vívido que crea una dulce melancolía. Y das gracias a la soledad porque te mantiene oculto en ese momento que los ojos se humedecen.
Como húmedas están las flores sacrificadas a ella entre mis manos.
El árbol humano, una novela de Iconoclasta
Publicado: 29 enero, 2015 en Libros, TerrorEtiquetas:arte, árboles, El árbol humano, fantasía, hombres, Iconoclasta, literatura, novela, Pablo López Albadalejo, soledad, terror, Ultrajant
«La soledad es su naturaleza, o una parte de ella. Porque su otra naturaleza se marchita de pena entre savia y fibras que no acaba de asimilar como suyas.
Las noches son el descanso de los árboles, la fotosíntesis es agotadora.
El vegetal se retira y da paso al hombre.
Al hombre más solo del mundo.» (Iconoclasta)
Para leer en:
http://issuu.com/alfilo15/docs/el___rbol_humano_libro
y
http://binibook.com/details.php?id=1656
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta «touch»
Publicado: 29 enero, 2015 en Humor, Lecturas, Manuscritos, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, lecturas, manuscritos, obsequio, Pablo López Albadalejo, provocación, Reflexiones, Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta, Ultrajant
Las Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta ya no son virtuales. Ya se pueden tocar, doblar, usar como papel higiénico de emergencia, etc…
Fraude y vanidad
Publicado: 29 enero, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Una vez se ha hecho el ridículo y han descubierto que no es más que un fraude como artista y persona; alguien tan vulgar y previsible como la puta que gime placer con su cliente, solo queda alardear y magnificar la mierda que le ha quedado entre las manos y las piernas. Y así, una miserable torta de queso de puerco la convierte en langosta a pesar de que todos le ven comer mierda.
Como si a alguien importara su mediocre vida.
Es lo que tienen los fracasados y los vanidosos: un valor desmesurado e injustificado por su vida. No es bueno hacer un show de tanta miseria y vulgaridad. Es mejor la dignidad, pero de eso no entienden.
Ninfas y faunos
Publicado: 28 enero, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant
Algo falla en sus pequeños cerebros, porque demasiada gente ama a mucha gente. Como si el planeta fuera el puto paraíso.
No saben lo que es amar. No son capaces de entender su exclusividad.
Nnfas y faunos sometidos a la voluntad genital, con sexo mediocre y funcional.
Se visten, pobres palurdos, con el ropaje del amor y ni ellos mismos pueden asear su piel a las mañanas de toda esa ponzoña hipócrita que les cubre.
La cobardía a la soledad no es motivo de orgullo ni de llamar amor a cualquier porquería que pisas en la calle.
Demasiada banalidad para mi gusto. No hay selección natural.
Las divagaciones de un ateo
Publicado: 28 enero, 2015 en AbsurdoEtiquetas:absurdo, amor, ateísmo, decepción, dios, dolor, Iconoclasta, locura, maldad, Pablo López Albadalejo, prosa dramática, Reflexiones, suerte, torpeza, Ultrajant
Yo sé que no existes, pero a veces desespero en este mundo sin magia ni dioses, necesito a alguien a quien responsabilizar de mis errores y lo que pago de los ajenos.
Porque vivir en este planeta que tú creaste, es patear los excrementos que dejan los otros a medida que caminan. No puedes dar un paso sin ensuciarte los pies.
El hombre se procuró calzado por esa razón. Alguien tenía que tener el sentido de la higiene que a ti te falta.
Te has equivocado, Dios. No tienes sentido de la equidad, no tienes un ápice de ética.
Tus errores, son nuestro tormento, angustia y frustración.
Tengo un rosario de cuentas de mierda que hago bailar entre mis dedos en honor a ti.
Siempre me das en el mismo lado de la cara, tu sentido del equilibrio es nulo.
¿O simplemente eres malo sin más?
¿Es posible que mi podrida mente haya creado algo tan repugnante como tu divino misterio?
Joder, Dios, no me das descanso. ¿Tal vez sea que me sobrevaloras? ¿Crees que podré resistir hasta la hora de morir tu negligencia como ser superior? ¿Me quieres obsequiar otro tumor, otras venas secas, otros huesos infectados? Tengo la sangre dulce y apenas me quedan dedos en los pies que cortar.
Eres un puerco…
Ya está bien ¿no? No soy un Dios, no puedes joder a alguien que es tan poca cosa como yo, no tiene mérito. Eres un Dios apático, sin inquietudes. Un Dios que como una mala ramera, se conforma con cualquiera que le dé unas monedas.
Solo que tú, no necesitas prostituirte. Entiendo tu perversión y el placer que sacas de ella; pero si yo fuera tú, sería el puto Dios al que todos aman y admiran. No te golpearía cada día, ni te llevaría lejos, al lado contrario del amor.
Soy soberbio y vanidoso. Soy lo que tú no has sido nunca, por eso nos odias. A ella y a mí.
Te daría unas monedas para que desayunaras bien un día, luego te arrancaría el corazón; pero alternaría entre la alegría y la tristeza. A los perros les damos carne entre tanta croqueta seca.
Tú no… Tienes que acabar con quien te propones, hasta que cague sangre oscura.
¿Te masturbas allá arriba o a mi alrededor? A veces soy yo el que se masturba y desearía dejarte ciego con mi semen, que acertara en tu gran ojo de párpado triangular, estúpidamente triangular.
Ese ojo que todo lo ve, que todo estropea.
Sumas penas a otras penas, hilvanas costuras de soledades y lejanías, tejes una telaraña de desesperanzas y eliges a tres o cuatro idiotas a los que dar toda la alegría que a mí me niegas.
Eres un hijo puta.
Nos niegas a dos seres insignificantes, una simple esperanza.
Nos haces la vida tan larga que pedimos a gritos la muerte.
¿No la ves? Está sola, está cansada, como yo. No hagas nada, mi Dios de mierda, simplemente mira a otro lado, deja que nos acerquemos despacio, con esperanza. Moriremos antes de llegar.
¿A ti que más te da, mi piojoso Dios?
Si tuvieras algo de decencia, crearías un cáncer en los testículos de ese vecino idiota que no sirve para nada. Yo lo jodería así y ayudaría a un buen hombre a cambio. Es mucho pedir para ti ¿verdad?
Tú no buscas dormir tranquilo, sonriendo por esos pobres diablos que al fin se han besado.
Es más excitante para tu gran pene sagrado ver como la piel de unos niños se pega a sus huesos y sus ojos son los abrevaderos de cientos de moscas. Te conozco Dios, no sirves, eres un gran error que se retroalimenta de volubles designios, que son inescrutables porque simplemente no existes. Te creamos los desesperados de la ilusión. Te creamos los ateos ante la frustración de vivir cada día aquí, en este lugar que creaste sin existir.
Solo eres una conciencia colectiva, una pantalla de autocine.
Una simple abeja reina que lanza sus feromonas indiscriminadamente, sin voluntad, sin inteligencia.
¿No ha habido bastante dolor? Mira, hay mucha gente a la que matar, a la que enfermar, los hay a millones. Gente que se lo merece de verdad, te lo digo yo.
Deja de mirarnos, no somos nada, no importamos más que a nosotros mismos.
Deja que nos aproximemos, no puede hacer daño a nadie. Nos duele todo el cuerpo… Nuestras vidas están ya muy avanzadas o castigadas, puedes llamarlo como te salga de la polla; pero búscate otra distracción.
Yo la beso, la abrazo y tú miras a otro lado o matas a un bebé durante esos instantes, no importa.
Simplemente no nos prestes atención. No somos peligrosos, puto Dios.
Como me gustaría cortarte el cuello y que la sangre caiga sobre la humanidad, crear con tu sangre diosa una plaga de dimensiones cósmicas.
Tengo mis sueños, tengo a mi amor tan lejos en tiempo y distancia, que ya no sé si es amor o una locura de mi mente apaleada. De mi ánimo cansado de tu aceite hirviendo goteando encima de mí.
Tal vez sea el agobiante peso de tus designios lo que me hace pensar que alguien me pueda querer solo un poco. Que alguien me pueda estar esperando. Porque tú no das tregua, si por ti fuera, comería cristales rotos todos los días, todas las horas. A veces me oculto de ti, por eso sigo vivo.
No creo en ti, no existes; pero deberías ser. Alguien tiene que ser responsable de todo esto, de mi cuerpo, de mi cansancio, de mi boca seca, de mis lágrimas que son legañas puntiagudas como erizos anclados en mis lagrimales.
¿Estarás contento si consigo llorar sangre? Déjame ciego y que ella me guíe.
No te pido nada, solo pido, Dios de la mierda, que me ignores. Que la ignores a ella, porque mi sufrimiento lo puedo sobrellevar; pero el de ella… Es algo que me pudre las entrañas. Me duele ella más que yo mismo en llamas.
Que niegue tu existencia es lo mínimo que puedo hacer, porque yo sí que tengo algo de dignidad. Necesito devolverte todo el mal que nos has hecho.
Fíjate en esa mala mujer, haz que de su coño nazcan hijos muertos cada vez que mee. Céntrate en la asquerosa, se lo merece. Y dale así un respiro a mi amor. Déjala que se levante, ya se ha arrastrado bastante. Déjanos llegar con vida al abrazo ansiado.
Eres un hijo de puta, a los buenos destrozas y la idiotez premias.
No lo haces expresamente, Dios imbécil, solo haces lo que puedes. Eres un accidente del universo, algo aleatorio. Alguien te matará desde una galaxia lejana, alguien que sepa de tu podrida inexistencia.
Alguien disparará una andanada de ondas quarkianas y mi cabeza estallará y morirás.
No te creas tan Dios.
Solo vives en mi mente cansada de tanta banalidad y envidia.
Solo eres una moneda lanzada al aire con un pulgar torpe.
Aún así, eres responsable ante mí y ante ella de nuestro cansancio vital y de unas lágrimas excesivas.
No creo en ti, pero te odio y desprecio tan profundamente como a ella la amo.
Iconoclasta
Arpía urbana
Publicado: 28 enero, 2015 en Humor, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:humor, Iconoclasta, Pablo López Albadalejo, Reflexiones de Iconoclasta, Ultrajant

Arpía de la ciénaga urbana, clávame tus sucias garras de miseria y aceite quemado de coches ruinosos.
Desgárrame el pecho y el vientre.
Y más abajo, si quieres. Estoy cansado.
Inféctame de la misma porquería que a ti te deja dormir tan profundamente sin que el aroma de tu podredumbre te robe el descanso.
Que mis ojos se hagan negros para evitar la sucia luz en la que flota el polvo y pieles quemadas.
Vacía mi cerebro como lo está el tuyo.
Una mutación o una maldición por una noche de descanso… Es buen negocio, Arpía de la ciénaga urbana, puedes desgarrar lo que quieras de mí.
Si tuviera alma, te la daría.
Solo carnes
Publicado: 25 enero, 2015 en ReflexionesEtiquetas:amor, Amor cabrón, carne, corrupción, felicidad, gastronomía del alma, Iconoclasta, mentira, Pablo López Albadalejo, Reflexiones, sabor, textura, tristeza, Ultrajant
He probado las muchas carnes que hay. Yo no sé de la psique, soy demasiado simple, no soy más que un pedazo de carne con escasa sensibilidad, soy eminentemente visual y táctil. No capto complejos matices psicológicos.
Soy carnal porque sé que entre carne y huesos habita el pensamiento. Sin cuerpo no hay alma. Independientemente de lo que filósofos, novelas y películas cuenten.
Porque mi carne tiene la fuerza y la convicción de mi edad y por ello, de la experiencia.
Soy un experto carnicero que no vende, solo degusta, atesora y registra su sabiduría con cierta habilidad para escribir, provocar e impactar.
Mi carne no es humilde, se conforma con ser certera.
Mi carne no es superflua, arraiga tan profundamente en mi pesado esqueleto, casi patológico, que por horas y horas que me hicieran hervir, nadie conseguiría desprender la carne de los huesos.
No es algo habitual, no es casual. Es mi volición.
Tengo un catálogo de carnes intrincado entre mis tejidos: de sabores recios, amargas, dulces, suaves, duras, nerviosas, adulteradas, reales y volátiles.
Las hay complejas en su textura y en su dureza, las hay sencillas que apenas dejan un sabor o un aroma que se evapora con un simple adiós.
Las recuerdo todas, soy obstinado dándole importancia a la vida, aunque sea desagradable.
Pensamiento y carne es con lo que nacemos. Dicen que la carne llama a la carne, yo digo que no, que mi carne apenas busca, es encontrada. Mi carne está desarraigada del planeta, como si no fuera de aquí; pero las leyes naturales dictan sus normas reproductivas y al final, por puro instinto, estoy sometido a ellas.
Carne puta. La más sencilla de describir. Hay que comenzar con las cosas fáciles, porque a medida que avanza el tiempo, las cosas se complican, es la naturaleza de la propia carne.
Es una carne simple, sin sabor, como un chicle gastado que engaña un poco el apetito cuando hay hambre. La carne puta sacia sin dejar una huella emotiva, es puramente monetaria.
Es sincera y translúcida, efímera como el dinero que empleas en comprarla. El condón te mantiene a salvo de sus miserias, no importa el pensamiento que haya metido entre esa masa de carne. Has pagado y no interesa saber qué siente.
Es un descanso para el agujero de emociones que vende su sabor y la carne que lo compra.
La carne puta es una necesidad fisiológica como el cagar. O una conquista de borrachos e idiotas.
Carne de amor. Es para paladares exigentes y muy experimentados. Los hay que la comen sin merecerla, margaritas a los cerdos… Siempre ocurre igual, no se ha hecho la miel para la boca del asno.
Es adictiva, te lleva a la necesidad de devorarla insistentemente y excluye a las demás carnes.
Te mueve la ilusión y la angustia de buscarla en todos los restaurantes, a todas horas. Todos los días.
Toda la vida…
Tiene un equilibrio perfecto, entre el magro hay pequeñas vetas de grasa que le dan una jugosidad que no posee ninguna otra carne. Sus fibras forman una trama casi artística, como su sabor que impulsa la sangre a los genitales y a lo más profundo del corazón. Es completa en vitamina y proteína.
Es un continuo de risa y llanto. Y cuando la comes en el momento y lugar adecuado, una paz satisfecha. Lo tienes todo.
Se acabó la búsqueda.
Es tan rara y escasa, que no pasa inadvertida.
Tiene la cualidad del pensamiento y lo tangible, es real… Existe, no es una foto publicitaria de un restaurante. Es metafísica y carnal, satisface el paladar y el pensamiento.
Es tal la necesidad que provoca, que antes de comerla la acaricias y te llevas los dedos sucios de amor a la boca para decir cosas incomprensibles que la carne necesita pronunciar cuando está en sintonía con otra carne.
Carne mística. Es fina, se corta con el tenedor. Como si tuviera la consistencia de una idea, de un aire que generan unos labios. Es hermosa, se deshace en la boca generando una melancolía. No desprende jugo, como si se resistiera a ser lo que es: carne. Me lleva a preguntarme si es posible que exista algo tan magnífico o es un espejismo de mi mente sometida a tantas ideas sugerentes y hermosas. Las carnes místicas tienen un doble filo: su profundidad pone de manifiesto mi superficialidad, y cuando he acabado un filete, siento que he quedado incompleto, que a la carne le falta carne entre tanto pensamiento y palabras. Es una carne preciosa, pero deja hambriento. Tiene demasiada añoranza irreal entre sus fibras.
Carne de los hijos. Es una carne que se devora sin pensar; sin observar si es demasiado seca, si está dura o mal cocinada. La carne de los hijos se come y sabe siempre a un cariño y lealtad incondicional. Si la carne estuviera podrida, la comería sin pensarlo. Si estuviera envenenada, sonreiría eructando un olor a almendras amargas.
Carne mentirosa. Es una carne llena de nervios y tendones, con la apariencia de un jugoso bistec. Sabe bien al principio, en los primeros segundos que se mastica; pero en cuanto el paladar se ha colmado de su sabor, se convierte en algo sucio que es demasiado tarde para escupir.
Va revestida de una capa de milésimas de grosor de amor y otra de metafísica de soledad y emociones supremas. Estas capas envuelven una carne puta y densa; infinitamente repugnante cuando pasa por el esófago. Cuando la carne puta queda desnuda, intenta enmascararse con la grasa que tiene un ligero aroma de carne de los hijos, una maternidad o paternidad devotamente paranoica; pero acaba manifestándose el sabor de la carne puta a cada instante. Y es esa mezcla la que provoca un vómito. La carne mentirosa es carne de un día, pero su repugnante sabor dura semanas en el paladar.
Tiene el sabor de una res mil veces montada, o una res mal castrada antes de descuartizarla; la suciedad entre las fibras es evidente. Una res a la que le han robado cualquier sustancia que le pudiera dar un buen sabor. Sus consumidores son básicamente los borrachos, los retrasados mentales, los ignorantes y los endogámicos. Porque esa carne misma pertenece a esos círculos.
Es fácil llevarse un bocado a la boca por su naturaleza mentirosa, por ese revestimiento de amor que desaparece apenas la dentadura se hunde en ella. Solo los sucios pueden tragarse el filete entero portador de infecciones del pensamiento y la carne.
Porque la única verdad de esa carne, es que ha sido una fértil madre o ha fertilizado sin control y sin placer. Tal vez no sea res, tal vez sea carne de hiena ante lo corrupto de su sabor.
Nunca se debería moler, porque penetraría más fácil y rápidamente en el organismo llevando a un vómito rápido y doloroso. Hay que huir de los puestos de hamburguesas que hay frente a los antros o discotecas, frente a las salas de baile o los bares nocturnos.
Carne triste. Esa carne se mastica con pasión por su textura consistente y agradable; pero aunque se la sazone bien, no consigue desplegar todo su sabor en el paladar. Es carne que desconfía de sí misma y de los demás. Lleva la amargura impregnada en su fibras sabrosas. Te tragas el bocado con la sensación de que eres vulgar comparado con su triste y vanidoso sabor en el que todo es ella. Como si la saliva no pudiera ablandarla lo suficiente.
Intento masticarla bien, con ternura, pero la tristeza no se puede combatir. Te lleva a un lugar en el que no eres nada, en el que todo es el dolor de esa proteína. Es una carne echada a perder por su propia voluntad.
Carne alegre. Es una carne de sabor fulgurante que te hace decir: «Joder, qué buena y que tierna»; pero sus nervios te hacen sacar de la boca el trozo para dejarlo en la orilla del plato. Como si fuera de plástico, artificial. Tal vez fuera mejor molerla para hacer hamburguesas, en las que se mezclan tantas salsas e ingredientes que pasa desapercibida toda esa superficialidad en su sabor.
Y es que con la carne, pasa igual que con los humanos, quien está siempre alegre, es porque tiene una lesión cerebral y no capta la vida en toda su intensidad, pierde muchos matices su cerebro poco eficaz y jocoso.
Es una carne barata, fácil de comprar y cocinar.
Tal vez, en lo que me queda de vida, encuentre alguna carne más que catalogar, sea buena o mala; aunque lo dudo, cuando has probado todas estas, acabas pensando que poco o nada te puede sorprender.
La más importante: la carne de amor, porque de alguna forma extraña recuerda el mar, como si llevara impregnada la sal de la vida entre sus fibras. Y evoca reminiscencias de alta montaña que nos llevan al romanticismo de un paraje aislado y remoto para amarla.
La carne de amor no necesita sazón, ni siquiera fuego. Se puede comer cruda como un carpaccio con la pasión de un instinto primario.
Las demás son solo accidentes, algunos evitables y otros que por su mínimo riesgo, no vale la pena dar un rodeo y perder tiempo.
Y si hay hambre, desgraciadamente, el organismo pide comida. Quieras o no.
Iconoclasta
Los amantes, de Minea
Publicado: 25 enero, 2015 en Amor cabrón, Lecturas, ReflexionesEtiquetas:amor, escritora, Iconoclasta, isabel guillén - Minea, literatura, Pablo López Albadalejo, Ultrajant, video
Los amantes, un relato de Isabel Guillén-Minea, no he podido evitarlo. Otra vez…
Un beso y un aplauso a la escritora.







