Archivos para julio, 2018

Ya puestos con volver al pasado: beber la leche cruda, no vacunar, ser vasallos de condes y señores feudales o bien, volver a rancios patriotismos; también podrían volver a limpiarse el culo con hojas o con los dedos mismos.
Decadentes y acomodados ciudadanos aburridos, tecleando cosas que no entienden… El aborto debería sistematizarse y subvencionarse a copago cero.
Me abandonaron aquí y volvieron a Alfa-Centauro con demasiada prisa-

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Imagen superior: Proyecto de cementerio Arlington a la ibérica.
Imagen inferior: Obrero/a con su característico pelaje polinizando tiras plásticas amarillas.

 

Els (los) groguecreus (del catalino “grogues”: amarillas y “creus”: cruces).
Los groguecreus (melífluus pacíficus cataloniensis, su taxonomía de grupo aún no es definitiva) es una nueva raza o especie de mente colectiva o de colmena, guiada por una reina o por un zángano designado por la propia reina mediante una feromona que llaman “crida” (reclutamiento, llamamiento). Su distribución comprende el noreste de la península ibérica con áreas de influencia en el Pirineo. Se han registrado pequeñas y esporádicas nidificaciones en Bélgica, Escocia, Suiza, Alemania y algunos países nórdicos europeos.
La sintaxis y pronunciación de su nombre podría evocar a los rosacruces; pero los groguecreus son sustancialmente diferentes en su morfología y química, como podremos ver en esta entrada. Por otra parte, su intelecto es un poco más irrit… Bueno, dijéramos que son menos discretos que los masónicos rosacruces. Lo cierto es que su naturaleza no puede asimilar el concepto de la discreción, o son alérgicos a semejante cualidad.
Sin excepción, zánganos y obreras trabajan afanosamente en el cultivo y polinización de cruces amarillas ocupando vastos territorios con el consiguiente riesgo para el ecosistema; tal como ocurre con la avispa africana, el cangrejo americano y algunas especies que también son muy coloridas y que no se limitan a un solo color (cubren y sobrepasan la gama del arcoiris en sus banderitas), siendo muy contaminantes visual y acústicamente por lo grandes y estridentes de sus carrozas y danzas que rozan la paranoia, ofreciendo a los biólogos además, un arduo trabajo para identificar el sexo de algunos individuos.
Los groguecreus tienen su máximo apogeo en el verano, cuando se acercan hasta la misma costa para polinizar y plantar sus cruces amarillas en las playas; provocando así, junto con las medusas, grandes temores e incomodidades entre los humanos sean o no turistas. Los groguecreus son molestos para todos sin excepción, talmente como si fueran demócratas.
Una vez las cruces amarillas han madurado, las venden como souvenir o comida para refugiados de guerra, migrantes africanos que no quieren los italianos o para los belgas de los que, son casi parientes.
El resto del año elaboran tejidos amarillos gracias a una enzima que producen al masticar plásticos y que cuelgan en bosques, casas y calles, produciendo así también una gran polución visual y ecológica.
Han colonizado terrenos de alta montaña, interior, costa y zonas urbanas; y por ello son una inagotable fuente de conocimiento y experimentación para los biólogos (que algunos también coinciden con ser groguecreus).
Aunque por ahora no hay daños físicos inmediatos para los humanos, sí que su actividad amarillenta (el amarillo es el color de la mala suerte tradicionalmente) puede causar estrés entre ciudadanos y excursionistas, así como jaquecas debido a la reverberante e ineludible visión de tanta cosa amarilla colgada o plantada.
El zumbido característico de la polinización amarilla, es deprimente y lúgubre (hace referencia a hoces destripadoras y a la inmensa tristeza de su idiosincrasia oprimida y castigada desde tiempos inmemoriales) por lo que puede causar cierto desasosiego en el sistema nervioso humano, debido a que la cantinela no cesa en ningún momento. Causan tanto tedio como el festival de canciones Eurovisión.
Se les ha visto reciclar unos contenedores de basura transparentes que les llaman “Urnas1-O2017”, para guardar cruces rotas por las inclemencias del tiempo y tiras amarillas descoloridas, o bien como ceniceros. A su manera tienen conciencia ecológica, como se puede apreciar.
ic666 firma
Iconoclasta

Un montón de unos pocos idiotas no justifica la imbecilidad humana.
Son millones y millones los que la están justificando.
Observando al azar desde cualquier rincón del planeta, encontrarás muchos de ellos con facilidad y sin temor a equivocarte. Son formidables reproductores (cuantitativamente), como sus directos competidores los roedores.
Dios es una picadora de carne y la carne, los idiotas.

El Ángel Caído, de William Hjortsberg.

Con absoluta dignidad y una connatural soberbia gatuna, Murf observa la televisión casi con desdén.
A mi me dice de vez en cuando que no me crea más que él.
Nunca lo he hecho; pero a veces se juega peligrosamente su ración de mousse de salmón diaria.
Es un supremacista irritante; pero mucho más simpático que los cerdos de dos patas.

En Telegramas de Iconoclasta.

Una nube curiosa se asoma por encima de los verdes hombros de una montaña.

No sabría decir qué piensa.

Yo pienso que es bonita.

Y graciosa.

Le pediría que me lloviera, que tengo calor y la vida me agota un poco; pero temo que se deshaga haciéndose lluvia.

Ahí está preciosa.

Bye, pequeña.