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La biología se impone a la religión y la política. Es la razón por la que el Estado no cesa de evangelizar (con un coste dinerario enorme en prensa, televisión e internet) a la masa asalariada pobre, en la bondad del Estado y el pacifismo y fe que ha de exhibir esa chusma ante cualquier decreto nazi.
El Estado, para ostentar el control absoluto, precisa que la chusma olvide que puede pensar y optar. Necesita erradicar el instinto territorial, reproductor y defensivo humano para convertirla a la esclavitud psicológica y que, a pesar de ello, muestre afecto al caudillo y amo de sus banales y prescindibles vidas.
Sacrificar la infancia y la juventud de las crías humanas en los centros de doma y lavado de cerebro (colegios y universidades) está visto que no es suficiente para crear al castrado manso tipo que tanto necesitan políticos y religiosos, aunque hayan avanzado muchísimo en ello.
El éxito de las medidas criminales que decretó el Estado contra la casta asalariada (no funcionaria) por la epidemia de coronavirus, dio un exitoso resultado en una amplia mayoría de esclavos humanos. Cuarenta o cincuenta años atrás hubiera sido impensable que la población aplaudiera al Estado sus encarcelaciones, humillaciones, acoso, segregaciones, debilitamiento, extorsión, ruina y asesinato.
Ya queda poco para el control total y la guerra que surgirá de ello.
Porque si algo es cierto, es que los actuales políticos son el resultado de generaciones sucias de endogamia, sin recursos intelectuales, culturales o técnicos para gobernar. Simplemente nacieron en las familias adecuadas y lo están haciendo mal, elevando por su negligencia congénita e injustificada vanidad el nivel de la violencia como desde los años setenta del siglo pasado no se veía.

Si a la Tierra llegara una especie alienígena chupa-cerebros humanos con los que alimentarse, no pasaría nada.
Porque se moriría de hambre.
Y así, es como la especie humana, sin esfuerzo alguno, aplaudiendo sin saber por qué y pacíficamente, se erigiría como dominante en el universo.

Hay quien tiene lagunas mentales.
No es por alardear; pero yo desciendo y habito con frecuencia en simas tan profundas de mi miseria que cuando emerjo fuera de mí, no puedo dejar de sentir la repugnante viscosidad de mi intestino. Y en el rincón más penumbroso de mi caverna me froto paranoicamente las manos una y otra vez en los muslos desnudos para limpiarlas.
Luego me pregunto qué habrá pasado durante mi ausencia. Tras encender el cigarro y toser con una risa torcida como el cuello de un ahorcado, me respondo: ¿Y qué cojones quieres que pase? Esto ya estaba muerto y detenido antes de bucear en tu mierda.
Y escupo el filtro del cigarrillo. Si no fumara me habría cortado la lengua hace años.
Muchos.
Es esta ira que me lleva a apretar los dientes hasta romperlos, mejor que sea el filtro que alguna parte de mí lo que partan.
No sé porque habito en mis abismos, ni es terapéutico, ni los perros mean a dos patas como yo.
Simplemente hago lo que puedo.
Un día esta acidez gangrenará mis tripas.
Algo no hicieron bien cuando me concibieron. Tal vez les dio la tos y se salió en el momento más lácteo.
No sé…
Yo no quiero que el mundo se detenga, eso ya lo sé hacer y lo hago perfecto.
Quiero que el mundo se hunda, se doble sobre sí mismo y se convierta en una enana blanca que, emitirá al cosmos millones de mezquinos convertidos en fotones de efímero y tísico brillo. Aunque yo los veo más como esa materia oscura que dicen los religiosos de la cuántica que hay en el espacio.
También quiero que a mi hijo le vaya mejor que a mí; esta es toda la piedad que soy capaz de desarrollar. Yo tuve mejor padre que él; pero no puedo hacer nada al respecto.
Me limito, en mis ratos de ocio, a descender es puro vicio de mortificación.
Aunque eso me salva de pudrirme ahí fuera.
Y como ocurre tan fácil, tan habitual; hay momentos que no puedo distinguir si navego en la mierda de mis intestinos o estoy ahí fuera, en el mundo mezquino.
Hay quien no entiende a los francotiradores… Como si fuera difícil, como si fuera el misterio de dios, su hijo lelo y su espíritu sucio como una paloma de ciudad comida por las pulgas.
Las trinidades suelen ser sucias, siempre usan la misma argamasa: vanidad y mezquindad para hacer altos y espesos muros de codicia, ambición y envidia. O, ignorancia, miedo y servilismo. O, adoración, humillación y sacrificio. O, hambre, sed y muerte. Toda la mierda de este mundo civilizado va de tres en tres, mínimo.
Yo no tengo trinidades de mierda, no soy una piojosa civilización.
He visto un bulto en el intestino y no me sorprende.
Tal vez esperaré aquí a que se haga grande y se extienda como los tentáculos de uno de esos pulpos que son la hostia puta de inteligentes por sus cantidades de cerebro (nos dicen los profesores y biólogos del estado para que comprendamos que un pulpo es más valioso que nosotros). Y no acudiré a morir a un hospital, sólo curan bien a los ricos, a los pobres les mueven el bulto a otro lugar y cierran rápidamente; incluso escatiman en anestesia para que te jodas. A veces el cáncer se lo meten al paciente por la nariz si el cirujano tiene prisa; pero no es efectivo, el bulto se muere sin un cerebro al que aferrarse y al paciente le darán el alta igual de vacío que como entró en quirófano.
Los mezquinos no son pulpos, ni yo los comería.
No sé porque cojones me he limpiado las manos si me he caído otra vez dentro de mí…
No estaré mucho ahí, me gusta fumar con o sin filtro, me la pela.

Foto de Iconoclasta.

Pues no le veo la polémica a la publicidad de la semana santa.
Es muy correcto el cómic de Jesucristo.
Si el personaje hubiera existido y teniendo en cuenta los superpoderes que exhibía, las cosas que decía de tanto amor a indiscreción y sin reparos por todo lo que respira y lo que se mueve, tocar a leprosos como si fueran perritos… ¿Y esa parafilia suya por ser torturado, mutilado y colgado en la cruz entre dos delincuentes? Era fácil imaginarlo así, decididamente queer. Y con los pezones de proporción áurea, ni muy grandes ni pequeños; pero notables, donde se puedan colocar pinzas dentadas para los juegos queer.
Afeminado, absolutamente depilado, con la piel más pura que la de un bebé; el pelo moldeado por una profesional que le untaría, además de otras cosas, gel hidratante con un toque de rosa en toda la piel y le quitara los pelos del entrecejo. Y con una uñas con las que podría dar de comer a un bebé de lo limpias y diáfanas que son.
Es tal cual debería ser, incluso con ese alarde de fetichismo y parafilia por la corona de espinas (que muy zorro el autor no se la ha puesto para no ensuciar su cuidada piel con sangre) que a tantos excita y que por él, probarían el pescado igual que comen la carne.
Al Jesucristo Superestar de los 70 yo lo veía demasiado vulgar. No tenía la raya de los ojos bien delineada y su barba no era tan perfectamente recortada y bífida, sin un solo pelarro fuera de control.
El muñeco del cartel parece el Kent de Barbie de Dios.
Es mejor este queer sevillano, mucho más morboso. ¡Dónde vas a parar!
La gente se queja porque está de moda ser hipersensible como lo es su amo el presidente de la narco nación española que susurra con voz beata sus mentiras en televisión.
Y eso de que aman y toleran tanto al prójimo, una mierda. En realidad al prójimo le arrancarían los ojos por pura envidia porque no llevaba el bozal como ellos lo llevaban bien ceñido en el hocico por orden del amo con el otro cuento del coronavirus.
Y otra cosita, de cartel renacentista nada, el papa de turno hubiera ordenado quemar el cartel y al autor al ver al rarito.

La concepción del amor no varía en función de las condiciones climáticas o del Estado; pero no deja de ser una teoría más.
La chusma ha aprendido a amar por decreto y según convenga, según se perciba por lo alborotado de su sistema hormonal (cosa, hembra o macho), o simplemente haya leído o escuchado una homilía de los preceptos de género y sus bondades que el Estado predica. Con lo cual, se corre el riesgo de enamorarse de un hombre-loba o una hiena-hombre, por decir algo jocoso e ingenioso.
Podría parecer inquietante; pero al igual que torturar a inexistentes brujas, quemarlas y disfrutar formando festejo vecinal por ello, la iteración pasa a ser rápidamente tradición en el imaginario del populacho.
Como escupir a los judíos por la calle (por decir lo mínimo) en el siglo pasado aún no hace cien años, por citar algo más actual que las brujas.
A nadie le extrañaba y todos los no judíos (o alemanes de pura cepa) lo hacían con voracidad.
Tal vez, amar ahora sea un acto de redes sociales en internet regulado por el Estado Fascista instaurado mediante una epidemia de coronavirus, por ejemplo.
Como se aman las amebas, casi eléctricamente.
Yo sigo amando como fumo, a pleno pulmón cueste lo que cueste haga frío o calor. E independientemente del puto Estado; reconozco ser un paria asocial disminuido.
Aún me alimento de carne y supero a las amebas en la cadena trófica.

Las trampas demagógicas de los fascismos, como el del actual Estado Español, son toscas maniobras de distracción para timar a una población no muy lista y nacida para ser pastoreada durante decenas de años por un caudillo. España es un nicho secular de dictaduras.
En la antigua Grecia a estas burdas trampas demagógicas se las llamaban sofismas. Herramientas para confundir aquel primitivo y supersticioso pueblo, y ahora a una población consumista de pocas luces como la española; donde necesitan la ignorancia de un caudillo para descubrir palabras u odiarlas según decrete el cabrón en el poder.
España es el eterno oscurantismo, aquello de que en el reino de España jamás se ponía el sol no era una metáfora de imperio, sino una mediocre mentira para que los lerdos y miserables se sintieran orgullosos de la mierda que comían.
Y ahora para expresar algo con una palabra, el Estado Español analfabeto usa tres palabras juntas: persona con discapacidad.
Tres palabras que son la definición de disminuido.
Es la demagogia oscurantista de una sociedad aún hoy día supersticiosa e ignorante, equiparable a la chusma del medievo.
Los actuales narco dictadores de ínfulas (pseudo) democráticas; que suelen arrancar los votos incluso de los meatos humanos (verbigracia, anos), no se sienten cómodos porque les jode que les voten disminuidos, es una cuestión de orgullo que les voten personas con discapacidades que pueden ser disminuciones físicas o psíquicas.
Y con el tiempo, como la discapacidad es nada, no deberán cobrar ninguna pensión y a trabajar, coño.
Tener una discapacidad es tener una merma, una disminución física o mental. Lo digan como lo digan, quien se sienta ofendido con disminuido, se sentirá ofendido como persona con discapacidad. El asunto del lenguaje, siempre es un problema para un pueblo y su gobierno formados en el analfabetismo funcional, el que permite obtener el permiso de conducir o un carnet de diputado o senador.
No hay desprecio alguno en llamar ciega a la persona con discapacidad visual. Sólo un perfecto imbécil podría perder tanto tiempo y hacérselo perder al ciego.
Quien piensa tan torcidamente como para decir que “ciego” es una ofensa, es en esencia un genocida sin escrúpulos con el cerebro podrido y un pensamiento malvado.
Sólo el provincianismo y su ignorancia pueden hacer de la palabra disminuido un insulto, un adjetivo despectivo. También la falta de honestidad de un Estado que se encuentra en un profundo y delictivo proceso de corrupción, malversación, tiranía y segregación de la población en nuevas castas como ahora el GENPHOCS con su “amnistía por la convivencia y la paz en el mundo”.
Al dulcificar la palabra y convertirla casi en una frase, también dulcifican la corrupción, el oscurantismo y la miseria intelectual que cometen y propagan. Y así se muestran palurdamente beatos a ojos y oídos de una chusma que asume con fanatismo sectario y discapacitadamente que ¡sus genitales nada tienen que ver con ser hombres o mujeres!, sino con lo que el Estado diga; a ellos y a sus hijos en la escuela. Es, con mucho, peor el oscurantismo de hoy que el de la Edad Media, más letal para la biología humana y su dignidad.
Yo no soy un tipo con una discapacidad, primero porque sé demasiado del lenguaje y no me sale de los cojones perder el tiempo. Soy un disminuido que tiene una pierna podrida, un cojo, un tullido que camina despacio y con un dolor de mierda. No me siento despectivo conmigo mismo sabiendo lo disminuido que soy; y mucho menos me voy a insultar con lo mucho que me amo.
Además, tengo un señor cáncer en la médula del hueso.
A ver si me va a doler más ser un disminuido que caminar…
Y en segundo lugar no soy un político-puta en busca de votos haciéndome pasar por un analfabeto de maneras bondadosas paternalistas para engañar a la chusma que me votó y volverá a votarme por mucho que le discapacite el esfínter con mis embestidas de narco dictador (que le dé por culo, en lenguaje decente y culto).
Lo último que me apetece es que un subnormal analfabeto me venga con eufemismos electorales y todo porque se entretiene en cosas banales y crucigramas de grado aficionado porque no sabe hacer su trabajo. Que es ni más ni menos lo que están votando una caterva de “señorías” en sus cortes y por lo que cobran nóminas corruptas por lo gigantescas, para simplemente jugar al scrable de mierda.
Y el ciego, amigo mío, no ve un pijo. Es un discapacitado que no tiene tiempo para estupideces, como toda persona que tiene una mínima cultura y la ejerce.
Censurar palabras por demagogia, es ya todo un clásico del fascismo endogámico español. Y es una fabulosa herramienta del Estado, porque empobrecer o corromper el lenguaje es la forma más rápida de extender el oscurantismo entre la población, desde las instituciones y las escuelas. Este oscurantismo es la razón de que en la España profunda, provinciana y delincuente, existan leyes que se llamen “sí es sí”, “Amnistía por la convivencia y la bondad” y mierda parecida.
Ha podrido tanto el lenguaje el Estado, que ni él mismo puede usarlo para definir sus corrupciones, ni siquiera como “bondades de convivencia”.
Sólo un provinciano, un estafador demagogo, un político sin capacidades intelectuales y culturales o un ignorante, podría ver despectivo el adjetivo “disminuido”.
Se ha degradado tanto el conocimiento en pro de la corrupción y la discapacidad de los políticos, que sólo queda la incineración para realizar una buena limpieza de esta pervertida, degradada y decadente sociedad aplaudidora de caudillos fascistas y nazis estalinistas. La población de la actual narco dictadura española, la adulta, sufre de un infantilismo sin precedentes en la historia de la especie humana. Un infantilismo agudo que la discapacita para discernir al corrupto que la roba y humilla; y mientras eso ocurre, dibuja cosas infantiles para colgarlas de las ventanas cuando el estado la encarcela por decreto y fetichismo de su caudillo.

Murf accede a un estado de trance extático mirando la peonza girar, del mismo modo que yo observo el vaso del café girar en el microondas.
Ambos disfrutamos de una intensa vida interior trascendental.
Bueno… Además de lo contemplativo, también me gusta follar.
Y a Murf.

Al igual que Juan Palomo, el GENPHOCS dice: yo me lo guiso, yo me lo como.
Son los ministros y diputados del GENPHOCS, secuaces y apóstoles del CENPHOCS y sus “expertos” del PSOE, los que dictan sentencias y condenas, quién vive y quién muere y a quien dan impunidad y dinero.
Es talmente como si una familia mafiosa de película, como la Calabresse, haya sido la más votada por los españoles, pero no lo suficiente para ganar y se ha confederado con otras familias mafiosas.
Esperemos que ahora, ya sin tantísimos miles de jueces y abogados, baje el coste de la nómina del narco Estado Español.
Es broma, España con su CENPHOCS y GENPHOCS es absolutamente corrupta, ministros, señorías y otras ratas de alcantarilla que pululan por las cortes y otras instituciones del Estado, asumirán para sí las jugosas nóminas de los extintos jueces españoles. Al menos, se ahorrarán el trabajo de sobornarlos cada día por alguna tontería como el asunto de los disminuidos.

GENPHOCS: Gobierno Español Nazi Penitenciario Homosexual Clima-sanitario
CENPHOCS: Caudillo Español Nazi Penitenciario Homosexual Clima-sanitario

Una vez has conseguido describir y escribir con exactitud lo que piensas, sientes, deseas y temes, no podrás dejar de hacerlo.
Codificarse en precisas palabras para conocer lo que un día fuiste, y luego descubrirte; es el sorprendente y más importante conocimiento.
No eras consciente de qué y quién eras en aquel momento o lugar, no te habías detenido para hurgarte dentro.
Cambiamos constantemente con las experiencias que vivimos, con sus accidentes, decepciones y alegrías si las hubiera.
No importa que no te guste lo que descubres de ti escrito en un cuaderno, importa conocer al verdadero bastardo que fuiste y mutó a algo, aún pendiente de su descripción por ese extraño a ti mismo que eres.