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Y de cerca un tumor.
Con la brillante luz una dorada esperanza
al atardecer un amarillo hepático.
Con el rocío de la mañana un dorado erótico
en el ocaso una tristeza marchita.

El otoño es la melancolía que propaga el planeta para que todos recordemos que hemos de morir.
Que nadie se engañe.
No tiene por qué estar reñida la belleza con la muerte.

Iconoclasta

Lo malo de creer en Dios (en cualquiera de cualquier secta) es permitir que algo sea superior a mí, cosa imposible y una humillación aceptar semejante estupidez.
Así que, como no hay nada ni nadie superior a mí, concluyendo con la lógica de los crédulos: yo soy Dios.
Tú piensa o cree en el Dios que quieras. Si crees en él, evidentemente eres también inferior a mí; pero es tu decisión, tu credulidad, no la mía.
¿A que soy listo? Tengo más recursos que una navaja suiza.
Mis padres no criaron una planta, parieron y criaron un hombre. Y al igual que todo animal salvaje: ni amo ni dios. No consigo adaptarme a ninguna autoridad, hago el mínimo trámite para sobrevivir en esta sociedad de mierda; pero ningún ser humano es superior a mí ni lo será jamás.
Insisto, mi divinidad me la otorgan los otros, los que creen. Yo solo hago mi trabajo, lo que me da la gana. Aunque me joda, que para eso soy Dios.

Me parece obscena esa agrupación de setas devorando el árbol muerto. Se alimentan mezquinamente del cadáver, pisándose, atropellándose con vulgar maldad unas a las otras para saciar su necrófaga hambre.
Es tan terroríficamente conceptual la vida y la muerte en el bosque…
La muerte no es un arte, sin embargo; es hipnótica toda esa miseria en el pie del árbol.
El hecho de que las setas no sean animales las hace más temibles, su voracidad…
Porque se han formado como un cáncer, un organismo invasor, pornográfico para la vida.
Despierto imagino que mis pies los han devorado las setas, soy un hombre hongo. Y la idea causa un chasquido neuronal que se traduce en una náusea, fumo para empujar el asco.
¿Fue así como el cáncer entró en la médula de mi tibia? ¿Son setas alimentándose de mí aún que no estoy muerto?


Por eso hay que enterrar a los muertos, para no hacer pública tamaña putrefacción.
Si mueres no es necesaria la humillación, es gratuita.
Son seres feos como yonquis de la muerte, deformes y con una sangre venenosa. Aferrándose con gula a su propio pellejo macilento para meterse un poco más de muerte en vena.
La corteza se cae a pedazos, por el tronco dejaron de subir los nutrientes. Y el cáncer, las setas, tan vivas, colonizando la muerte.
Si se movieran no serían tan siniestras…
No quisiera ser un hombre seta muerto.
¿Por qué no cae de una vez el árbol muerto? Porque así, aún en pie, parece sufrir una agonía sin fin. No puedo evitar cierta alarma atávica que nace de un instinto antediluviano.
¿Creció el árbol en un pedazo de tierra maldita?
Ni siquiera los pájaros se posan en sus ramas muertas. ¿Las setas inyectan insania a la madera?
No las ha comido ningún animal, ningún ser las ha pisado. Son un aviso de muerte, de iniquidad.
No puede ser bueno comer lo que se alimenta de muerte, sería morir al cuadrado.
Ese cáncer de hongos evoca a las multitudes humanas, a las gentes sin rostro, a setas que berrean anónimas, formando un tumor.
¿Qué le puede quedar al árbol muerto? ¿Tienen alma los árboles? ¿Es lo que ansía ese tumor de hongos? ¿Su alma?

Iconoclasta

Fotos de Iconoclasta.

La luna se ha mostrado rotunda y sé que ambos la miramos. Soy hombre lunar por necesidad de ella…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Con el dinero destinado para ayudas a la pobreza y la miseria que la UE dona como caridad a España, el Estado Penitenciario Fascista Español Homosexual Sanitario (como alcaide de la prisión), está amañando la red eléctrica para una nueva ola de terrorismo nazi contra los reclusos de España (ciudadanos trabajadores) y comenzar una nueva campaña de represión, coacción y acoso policial, extorsión, usura, encarcelamientos, discriminación de clases, ruina, hambre y frío contra dichos reclusos.
Y para ello necesita modificar las redes eléctricas con instrumentos de control y manipulación con los que llevar a cabo (telemáticamente para seguridad de los agentes nazis) los cortes de suministro que los burócratas o jerarcas nazis españoles crean convenientes (con el aval de sus corruptos jueces) contra la población trabajadora. Y con precisión, cargar precios de usura a cada ciudadano, según el baremo fascista del momento, del precio del kilovatio. Se controlará el consumo con una precisión mucho mayor que la actual y así podrán publicar en el BOE qué habitante consume más y cual se merece ser metido en una celda de aislamiento, sanción o corte de suministro eléctrico.
Así como el hijo puta Estado Nazi Homosexual Español decretó con el coronavirus o covid las franjas horarias de permiso carcelario para niños, adulto y viejos. Hará lo mismo con los pabellones o barrios de la penitenciaria que es España, rotando los cortes de suministro eléctrico y repartiendo frío y miseria en las franjas horarias que se le antoje.
Es la más fabulosa medida de represión, quiere decir que tienes prácticamente al Estado Nazi Homosexual Español metido en tu casa, prohibiéndote cuando puedes encender una luz. Es una maniobra de terrorismo psicológico con la cual asentar la dictadura que impuso en marzo del 2020.
Y es la forma con la que los jerarcas nazis y burócratas del estado español y las clases millonarias o privilegiadas, van a aumentar el monto de sus cuentas bancarias.
Talmente como en la edad media el reyezuelo palurdo le robaba la cosecha a la plebe.
Desde hace tres meses, casi semanalmente, nuevos barrios van cayendo bajo el control nazi del estado. Cuando comience el frío fuerte, el estado con la connivencia de caciques autonómicos fascistas, ayuntamientos y policía, controlará con absolutismo de narcotraficantes el consumo de la población y gravará sus estafas en la factura eléctrica de cada vivienda.
Llegados a este punto, solo la violencia salvará a la población reclusa de morir de hambre o de frío (y de humillación) en la enorme prisión fascista homosexual sanitaria que es la España surgida en marzo del 2020 con la estafa del coronavirus y el terrorismo de estado contra las libertades mínimas y biológicas de la ciudadanía trabajadora.
España es una prisión con un alcaide (el estado) estrangulando a los reclusos (clases parias o bajas trabajadoras), y el motín (la violencia o la guerra), también está cada vez más cerca.
No creo que nadie quiera morir de hambre o frío con la santidad que morían devorados en el circo romano los cristianos.
Cuando hay hambre, las hostias o el cuerpo de cristo, se las puede meter por el culo el sacerdote.

Siempre son buenos los mediodías para estar solo. Es cuando la gente ya está en sus casas preparada y ansiosa para comer.
Con su horario estipulado y el mío siempre diferente al de ellos.
Es curioso que tras sesenta años de vida no haya caído en el acatamiento de los usos y tradiciones.
Y todo ello, sin grandes disgustos o debates.
He procedido con tal natural proceder a no hacer lo mismo que la peña, que pocos se han dado cuenta de mi disidencia social.
Soy genial, exclusivo, guapo, fuerte, fumador, irreverente, voluble, inconformista, inteligente, cordial, afectuoso, buen amante, artista, irrespetuoso y simpático.
Debo tener algún defecto, pero sinceramente, ahora mismo no sabría decir cuál es. En cualquier caso, de tener algún pequeño defecto, me haría más encantador aún.

El vendedor me preguntó:
¿Qué quieres grabar en la tapa?
Que todo rumbo es incierto, le contesté con cierta desgana, con cierto cinismo.
Qué razón tienes…, dijo.
No quisiera tenerla, sinceramente.
Bueno, te llevas una brújula preciosa, dijo alegremente.
Yo quería que ella me llevara a mí, le contesté con sonrisa astuta.
Pues en tres o cuatro días la tienes. ¿Algo más? ¿No? Son 155, zanjó la cuestión.
¿Tu nombre, dirección o teléfono?
La dirección no la sé por eso te compro la brújula.
¡Jajajaja!
Yo también reí.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Si hay algo de lo que puedo alardear es de ser duro.
Porque he cagado sangre y la he meado, escupido, vomitado, tosido, respirado y expulsado por agujeros que no tenía, que me hicieron.
Me han reventado tres uñas, se han muerto seres que quería, se me ha podrido parte del cuerpo y mi mente no se acobarda para imaginar nuevos dolores.
Ni para soñar y desear más salvajadas de amor.
No aprendo ni de dios si existiera, solo acumulo conocimiento para no hacer lo que debiera según ley, según moral o según tradición secular apestosa.
Y cuando muera, que sea un buen forense el que me haga la autopsia si fuera necesaria de mierda, porque no sabrá de cuantas cosas pude haber muerto.
Porque el asco de muchas cosas vividas, así como el dolor, será lo primero que se evapore con la muerte del cerebro. Esos venenos no dejan huella en los cadáveres.
Podría ser optimista; pero cuando un hierro te destripa una uña, simplemente te cagas en dios.
Y cuando lo recuerdas, también.
Así que borra esa estúpida sonrisa de la cara, tipo duro. Te van a joder otra vez.
Y otra, y otra, y otra…
También sé joderme yo mismo, duele lo mismo; pero el orgullo es un poderoso analgésico.
Ahora me las piro que me ha dado jaqueca.

Sería ridículo viajar en el tiempo y ver esto, cuando en el presente es táctil. Solo he tenido que caminar silenciosa y solitariamente unos minutos, cuando cae a ratos una fina lluvia que no le gusta a nadie más que a mí.
No hay nada cuántico en ello, no hay fantasía galáctica. Basta pensarlo, basta sentirlo sin dejar a nadie pudriéndose de vejez en La Tierra.
Hay muchos muertos que han visto lo mismo que yo, no es inusual.
Solo es algo accidental, un pensamiento de pasada, ser consciente de que es un jalón del pasado en un bonito momento, con la bruma del silencio y la soledad suavizando la muerte.
Lo embarazoso es pensarlo sin tapujos: soy un cadáver en ciernes.
Es una melancólica realidad que establo y campo no viajan en el tiempo, se han quedado estancados en el pasado. Tal vez, si pudieran, sonreirían pensando al verme: “Otro que va a la tumba”.
Sé muy bien que voy con paso firme hacia la podredumbre y se pueden meter su sarcasmo y vanidad por el culo si lo tuvieran.
La piel de mis manos está más cuarteada que el muro de piedra. Y me gusta.
Yo también tengo mi orgullo, mi orgullo atávico como yo. Tanto que, me pregunto si es mi último otoño, sin melancolía, sin tristeza; solo es un pensamiento casual, una curiosidad.
El final del camino es oscuro como el ataúd cerrado y voy hacia él.
Sin remilgos.
La vida no ha sido como para tirar cohetes con efecto final de palmeras doradas y trueno. No me ha gustado, estoy seguro de que las hay mejores en otros tiempos y lugares, en otros mundos como los de mis sueños.
Alguien podría decir que soy un amargado. Bien, nada es perfecto.
Algo pasó conmigo que no nací bien.
Me largo, bye.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.