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Si quieres encontrar el mejor lugar del mundo, deberá ser muy profundo, en vertical o en horizontal, donde la selva lo cubre todo peligrosamente, donde las nubes te aplasten. Donde no exista otro sonido humano más que tu respiración.
Desaparecer, morir para el resto del mundo. Y si eres crédulo, rezar para que nadie te encuentre.
Aunque rezar es mala idea, te encontraría tu Dios y te jodería.

Cuando una película de posesión diabólica no avanza, no acaba de enseñar las tetas de la posesa buenorra, inevitablemente acabo perdiendo el tiempo conmigo mismo y fumando, que es más chachi. Además, masturbarse mucho, deja ciego, por eso no entiendo mi desmesurada agudeza visual 🤤.

Me gusta el momento previo a la lluvia, cuando los animales humanos y los dignos contienen el aliento en sus refugios, y yo me dispongo a salir en busca de la limpieza del pensamiento y la piel. De la caricia del planeta.
Bajo la lluvia estoy todo lo aislado que se puede estar.
Y es mágico.
Porque estar encerrado, a cubierto, es más de lo mismo y ahoga más que el agua.

Iconoclasta

No soy perfecto; pero la virgen me ha dicho que le hubiera gustado que su hijo fuera como yo.
“Es que era un agonías, tan blandito y depresivo… Tan Jesucristo y mártir que me deprimía”.
No he podido consolarla porque tenía razón.
Me he encendido un cigarro y le he dicho ¡Bye!
Pobrecilla…
De tal madre, tal hijo. El padre vete a saber quién cojones podría ser.
Los bastardos siempre dan problemas.

Paseando bajo una fuerte lluvia, he visto a una lombriz de dos metros cruzando el camino; nada extraño en el campo.
Era tan repugnante como fascinante, como un trozo de intestino que repta estirándose y contrayéndose, su piel (si la tiene) es del color de la carne cruda aún sangrante y la hace translúcida.
Y como todo ser vivo quiere vivir y eso hace, se mueve, va donde debe.
Con toda probabilidad, en una de esas “elecciones” de una puta “democracia”, llegaría a presidente.
Si no la he matado a pisotones ha sido por una cuestión higiénica.
Hay cosas vivas por las que no siento ningún aprecio o respeto; es más, lo repugnante debe morir.
En definitiva, no todo lo animado y no toda la vida debe respetarse.
Es también una cuestión de gustos; porque en la nueva y normal decadencia social, hay quien sentiría una corriente de cariño por la repugnante tripa-lombriz; e incluso diría con ojitos emocionados: “yo también soy lombriz”.
Observándola reptar, me preguntaba si los intestinos de un ser humano destripado, reptarían de forma parecida, aunque fuera por unos segundos, en una especie de movimiento reflejo; como cuenta la tradición popular, que los ojos de una cabeza decapitada aún miran el mundo durante unos segundos.
En la perfecta soledad de un día de lluvia, da gusto divagar, sin interrupciones, sin que nada más grande que la lombriz se cruce en mi camino. Y es bueno, muy bueno…
Así que me he tomado mi tiempo y con la navaja la he partido en dos pedazos. No ha ocurrido nada, ni siquiera ha salido sangre. Simplemente se ha convertido en dos tripas asquerosas retorciéndose. Yo hubiera querido que se hubiera muerto; pero nada es perfecto.
Hay seres que se resisten a morir con todas sus fuerzas: las lombrices, los millonarios y los dictadores y otros políticos del estilo. Algo en común deben tener.
Además de pasar el tiempo cortándolas, las lombrices también sirven para ser ensartadas en los anzuelos como cebo. En el caso de la pesca del tiburón, por ejemplo, es mejor usar las otras especies debidamente troceadas o descuartizadas, los pescadores ya saben, no doy consejos, solo divago.
El paisaje es hermoso, debo insistir que me siento privilegiado.
Las dos lombrices que he creado de una sola (soy prácticamente Jesucristo multiplicando cosas) me han inspirado una revelación: yo también, si me lo propongo, puedo ser un fascista cortando libertades, o vidas, que es lo mismo.

En las noches del toque de queda marcial del nuevo fascismo español, a pesar de la maravillosa lluvia, las calles huelen a rancio, añejo y mierda.
La lluvia no puede con toda esa indignidad que cubre como un manto de mierda las calles nocturnas de prisión. No puede la pobre lluvia, arrastrar el hedor de la dictadura y su cobardía. Su asfixiante presión.
No es por el bozal (o mascarilla como pretenden que se le llame) por lo que cuesta dios y ayuda respirar; es por los mezquinos carceleros que lo apestan todo. La dictadura pudre hasta la mismísima lluvia. Pobre amiga…
En mi pueblo la lluvia no es ácida, es tóxica y huele a excrementos y suciedad de prisión. A viejas muertes que ya nadie recuerda de otra dictadura cuyas estelas de olor a mierda, siguen flotando en el aire como las de los reactores en el cielo.
Y así una noche, y otra, y otra, y otra, y otra, y otra… Hasta inevitablemente vomitar desde el balcón a la sucia calle fascista empapada de miserias. Literalmente el dedo del fascista que te lleva a la náusea.
Mierda con mierda se paga.
Mi pobre lluvia que han podrido…
Buenas noches de mierda a los puercos.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Dios está roto, el crucifijo asoma entre pieles de frutas en un contenedor de basura. Solo queda un trozo de brazo clavado en la cruz rota y sucia.
Y aún no ha acabado todo, le espera el infierno, la incineración.
No es trágico, no para mí. Incluso me parece una divertida ironía.
Tan solo me pregunto cuántas veces han de machacar a un mártir para que alguien le preste la suficiente atención como para rezarle.

–¿Qué ha ocurrido, Jade?
–Me he peleado en el gym con una guarra, en el vestuario. Llegó una tetona hiper tonificada y me dijo que debía llevar la mascarilla.
–¿En la ducha? No te pueden obligar.
–¡No! Cuando me estaba vistiendo.
–Aun así, vaya borde la tipa.
–¡Sí! Le arranqué la mascarilla y la pegué en mi coño peloncito y mojado.
–¿Aún lo tienes mojado?
–Méteme los dedos y verás.
–Vale… Y ella que hizo.
–Se me tiró encima y me arañó.
–Te quedan muy sexys las heridas.
–Me las he maquillado para resaltarlas, sabía que te gustarían.
–¿Y qué pasó después?
–Le desgarré la garganta, la decapité y le arranqué los pezones a bocados. Me queda uno ¿quieres probarlo?
–No. La carne de idiota no me va.
–¡Me meooo! ¡Jajajaja! Pero ahora tendré que buscar otro gym.
–Hay muchos, Jade. No hay problema.
–Ico…
–Dime.
–Me pica el chocho ¿será coronavirus de la guarra?
–Y si lo fuera ¿qué?
–¡Jajajaja!
–Ico…
–¿Qué?
–¿Me lo rascas o me lo comes?

Se sentó encima de mi plumier y me dijo:
–¡Hola! Soy Jade Negro.
–¡Hola! Yo soy Nadie.
–Te adoro –dijo con una soltura antigua como la tierra misma.
–Es mentira.
–¡Astuto! ¿Te pongo nervioso?
–Sí, demasiado hermosa. Incluso pareces sintética ¡Ja!
–Bobadas. Tengo cosas húmedas ¿sabes?
–Por ser una bellísima licántropo de juguete tienes demasiado desparpajo y descaro.
–Tengo más años que la biblia, cielo.
–Lo sé. Acomódate donde quieras, es tu casa.
–¿Hasta que mueras?
–¡Claro! Ya pronto.
–Te morderé, no podrás.
–Eres un encanto de mentira.

Y es que el gusto del fascismo por el «arte» es denostable, una hediondez.
La vulgaridad de la decadente sociedad se refleja en fotos facilonas, oportunistas, aburridas, sentimentaloides, solo para menores de un año mental, con la mentira que todo golpe de estado a la libertad lleva como sello identificativo y el enaltecimiento del fascismo por los aplausos de la anodina masa humana mundial, que mugen más que hablan, que lloran más que trabajan, que se cagan más en su ropa que en el cagadero.
En fin, la foto vale para entrenarse con los dardos y quien tenga suerte y dinero con balas.
Vaya mierda… Hay fotogramas en la serie infantil Heidi que tienen mucha más carga emocional. Donde vas a parar… Y hablando de plásticos, en Blade Runner, la muerte a tiros de la replicante con el abrigo de plástico transparente era mucho más dramática y estética. Le da cien vueltas a esta foto de propaganda nazi, que además, tiene la técnica y la presencia de una mala selfi.