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“Pienso, luego existo”.
¿Qué fumaba, que se metía por la nariz?
¿O le daba duro al ajenjo?
Porque no sería agua. El agua es clara y cristalina y lo suele aclarar todo.
Y este pensar y desarrollar la idea para el método…
¡Qué puto relajo el de los filósofos!
Mirarse el ombligo y filosofar: ¿Esta pelusa de fuerte olor soy yo?
Es que no tiene gracia ni “sustancia” más que para sus iguales.
Y yo toda mi vida tirando cables e instalando cagaderos y fregaderas, existiendo sin misticismos de bien nacido.
Mejor no sigo o me cagaré en dios.
¿Cómo es el rito sexual de semejante figura?
Porque si follas también existes, los jadeos de la puta que me ha costado una pasta, tan reales, tan sinceros, no dejan lugar a dudas.
Me cago en dios…

Foto de Iconoclasta.

Sufro un problema dimensional.
Mi vida resultó fallida, me di cuenta en el momento en el que me materialicé en esta dimensión de estructuras moleculares imbéciles, chocan unas moléculas con otras, se hacen sangre y sonríen entrecortadamente con los dientes ensangrentados.
Hay un sinfín de dimensiones decentes y tuve la mala suerte de que me tocara nacer en ésta, en el que todo está mal hecho, incluso una gran multitud de seres humanos que la habitan están mal construidos y les salen bultos de todo tipo o se mueren porque algo se les pudre dentro; cuando era niño pensé que mis huevos eran tumores, me llevé un gran susto hasta que el pediatra díjole a mi madre que sólo eran unos cojones enormes y que sería un buen semental si dios quiere.
Esto es una gran mierda.
Por lo que he aprendido y experimentado a lo largo de los años de encarcelamiento en este lugar idiota, lo estropea todo el hecho de que cuatro subnormales inventaran unos dioses a su imagen y semejanza cerduna y unos cuantos mandamientos que luego los convirtieron en “leyes”; y para mayor inri, pregonaron que eran ellos la creación de dios, ergo son divinos.
Y aquellos pobladores idiotas que apenas eran capaces de caminar erguidos sin arrastrar las manos por el suelo, repitieron la palabra fetiche que comparten todos los ritos y mitos religiosos en todos los idiomas, tiempos y lugares del planeta: amén.
Los primeros hechiceros que luego evolucionaron a religiosos o sacerdotes, luego a emperadores, reyes y por fin a políticos que pomposamente en la actualidad gustan de alardear de “jefes de estado”, cuando sus monos aprendieron a decir amén con soltura, naturalidad e irritante iteración, se dijeron que como el pueblo ya estaba amaestrado a todo lo que el hechicero predicaba: “¿Por qué no inventamos unos pecados o delitos y las leyes para condenarlos y castigar a estos gilis? Cometerán sus pecados, los condenaremos y nos quedaremos con lo que tienen, incluidas sus crías, sean hembras o machos”.
Así es la dimensión imbécil que me ha tocado. No puedes moverte por el planeta sin dar con un subnormal (feligrés votante o contribuyente) que diga “amén”, “reciclo” o “me quedo en casa”.
Es como una grotesca pesadilla de la que no se puede despertar.
No hay forma de escapar de esta dimensión de la deficiencia mental molecular.
Cuando se nace en una mierda, en una mierda te mueres.
Sería imposible que un idiota de esta dimensión sobreviviera en una dimensión decente, lo usarían de combustible.
Tras miles y miles de años, no se han enterado aún del cuento: las divinidades son alegorías infantilizadas de los hechiceros, sacerdotes, reyes, ministros, jueces y tiranos; del estado en definitiva.
En el instante en el que me materialicé, noté como la vida se me pudría en este cuerpo cárnico.
Es toda una experiencia que le deseo a mis hijoputas enemigos.
Hay un paralelismo tan obvio entre el estado y los dioses de las “sagradas escrituras” (de toda secta religiosa), que requiere de una gran voluntad ser tan sumamente imbécil para no ver esta escandalosa y llamativa semejanza. Es obvio que estado y dios son igual de puercos.
Y en esta dimensión no se enteran aunque los muelas a palos, de que las “sagradas escrituras” son burdas fábulas infantiles del estado escritas con un gusto y arte del nabo.
En esta dimensión son ciegos, sordos a la frecuencia de la razón y deficientes mentales para llegar a una conclusión, a la más sencilla.
Cuando te has habituado a esta imbecilidad que te oprime el resorte del odio y la violencia, observas ya sin asombro que en esta dimensión pútrida la imbecilidad es la gran virtud humana. Y cuanto más idiotas y mezquinos son los votantes o contribuyentes, más oportunidades tienen de medrar en su sociedad.
O sea, viven en una eterna olimpiada de la estupidez; no existe ninguna otra actividad con tantos récords como esta competición idiota de la dimensión imbécil.
Estoy abandonado…
Y si el estado les envuelve un excremento con papel infantil de colorines y un lacito; y además da un sermón sobre sus propiedades terapéuticas y jocosas, se comerán el trozo de mierda con glotonería y se chuparán los dedos. Y dirán amén con una sonrisa pletórica de mierda entre los intersticios dentales.

Los políticos nacen putas y ejercen la prostitución hasta que los asesinan o mueren viejos y podridos por la cocaína.
Sin embargo, las mujeres putas (no políticos) nacen decentes y lo son hasta que, las putas natas del estado les roban el dinero y los medios para conseguirlo y por necesidad han de vender el coño para no morir prematuramente (como en España, Venezuela, Marruecos, Filipinas, Haití, China, etc.).
Y hay putas que no nacen putas como los políticos, sino perezosas, trabajar no es lo suyo.
Son difíciles de distinguir de las putas natas (hembras o machos) a partir de los veinticinco años y ya son veteranas en el oficio. Sólo se puede distinguir a una perezosa de un político por su cuentas bancarias.
Ninguna puta accidental conseguirá ganar, aunque nazca cincuenta veces, lo que gana una puta nata o político en apenas tres meses de corrupción, que es lo que les atrae de forma genética de la política o religión.

«En la traducción, que leo en la cama, del latín al castellano, hecha por Fabié, del viaje del noble bohemio León de Rosmithal de Blatma por España y Portugal en 1466, se lee (pág. 150), lo que transcribo: «No sé qué otra cosa cuente de esta provincia (Cataluña) sino que los que la habitan son los más pérfidos y malvados de los hombres, y tales como no los hay en ninguna tierra. Tres provincias de infieles recorrimos, bárbaros, sarracenos y granacerenos y entre ellos estuvimos más seguros que entre los catalanes».

(De «El cuaderno gris» de Josep Pla).

¡Jajajajaja jajajaaja jajajajaja jajajaja!
¡Ah! No puedo parar de reír…
Echo de menos a este gran buscador de tesoros e insigne fumador: Josep Pla.

«una pegatina de imitación para el parachoques en la que se lee: LOS DISLÉXICOS BAMTIÉN SON SERPONAS.»

(«El chico que se comió el universo” de Trent Dalton).

¡Genial! 👆 ¡Pa mearse! 🤣🤣🤣🤣

Soy una bestia que una vez ha comido, piensa en follar y dormita con la polla dura.
No es alarde, sólo un hecho ordinario escrito con deliberada y estudiada obscenidad.
Lo único anómalo es la palabra tosca y la indecente imagen que suscita.
Si no puedes con ellos, no te unas. Incomódalos, por decir poco, por decir lo mínimo.

No sé por qué; pero me resulta más fácil pronunciar malevolencia que benevolencia.
Será que benevolencia ya está en desuso y no tiene sentido pronunciarla, ni siquiera como ejercicio de logopedia.
Además, el narco estado español le ha decretado a la Real Academia Española que borre eso de benevolencia y a servilismo le añada la definición que se ha quedado huérfana de voz.
A mí me parecía la extinta benevolencia, la más escalofriante palabra porque con suma facilidad se puede articular la b como una p (por error o malicia); cosa que me haría escupir aterrorizado ante la inefable posibilidad de semejante cosa en mi boca.
Sí, servilismo es más fácil de articular que benevolencia. Y en este momento, servilismo surge por los labios suave e inevitablemente a cada instante.
Aun así, insisto: la reina sigue siendo malevolencia, su primera sílaba es tan voluptuosa y refrescante…