Posts etiquetados ‘Pablo López Albadalejo’

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En Telegramas de Iconoclasta.

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Es curioso… Sales a pasear y de repente te das cuenta que estás lejos de casa, muy lejos.
Lejos de todo.
El tiempo y la distancia fluyen llevándote de una forma natural hacia algún lugar lejano.
Solo es una apreciación falsa, porque no hay destino. Lo cierto es que lo tuyo no es el cobijo o el hogar, lo tuyo es el camino.
Y cuando el camino se acabe estarás muerto.
No se necesita un hogar para morir.
Y aceleras el paso, porque no hay tiempo que perder para ir a la nada.

 

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Hay una insólita ternura en la gabardina que protege del frío al viejo caballo.
Asombrosa en un mundo donde los animales mueren para alimentar a los seres humanos.
Ha tenido que trabajar mucho.
Tiene que ser muy querido.
Y por tanto protegido.
Un viejo que pace su vejez amparado…
Y cuando te das cuenta de cuanto cariño hay en ese acto de abrigo, concluyes que la bondad solo aparece en lugares apartados y solitarios, a salvo del mundo.
Que eres un testigo excepcional y que tu vida corre peligro por conocer ocultas bondades en un mundo plagado de sensiblerías hipócritas que no hacen nada por nadie.

 

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No sé bien qué hago aquí, ante el mal presagio que las vacas presienten.
El prado está vacío de ellas, temen que la niebla contenga muerte.
¿Es la muerte la que provoca un frío intenso que hace insensibles los dedos de los pies, que se mueven dentro del calzado intentando en vano calentar la sangre?
Esperaré a ver que pasa, esperaré la magia, cualquiera.
Por letal que sea.
El frío subirá al corazón…
La muerte y sus fríos dedos cauterizadores de vida acariciaran mi pecho.
Porque de cobijo ya he tenido suficiente, busco tragedia para frenar toda esa vulgaridad que he vivido año tras año.
Y la niebla arrastra consigo la esperanza de un final digno, de una romántica y gótica muerte.
Sin que nadie se entere, a solas.
Follar con la muerte… Me la pone dura.

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He visto a un tipo abrir la funda del teléfono a una velocidad de 5 cm/min.
Y como si tuviera el tamaño de un campo de fútbol, ha dado vueltas por la pantalla con un tembloroso dedo índice.
Sacaba la lengua y se le caía un fino hilo de baba, como una telaraña repugnante.
Lo sé porque durante más de quince minutos, la pantalla ha iluminado su rostro.
Y he pensado en la selección natural y la extinción de la especie humana.
Soy tan cándido en navidad…
No existen reyes, ni santaclaus, ni la puta que los parió a todos.
Mi deseo jamás será cumplido.
Decepcionado, he seguido mi camino después de haberle metido el teléfono en la boca rompiendo sus dientes. Lo he tirado el suelo y he pisado con fuerza el teléfono que sobresalía hasta encajárselo en la garganta. Sus ojos se han derramado en sangre.
Si no haces tú el trabajo nadie lo hará por ti.
Ni en navidad.

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Un llanto en soledad,
una sonrisa invertida,
un muestrario de sueños desleídos,
un abrazo vacío,
un beso árido…

¿No es maravilloso el amor, que a pesar de todas esas tristezas, acunamos como el mayor de los bienes?
Pobres enamorados, no pueden concebirse a sí mismos como lo que son: un error del planeta.
Distintos, desiguales, inadaptados…
Los que se han propuesto no aprender nada de nadie.

Caminan sin avanzar por un desierto polvoriento tapizado de banalidades secas, muertas.
Extraños mártires y ermitaños de corazón contrito y sexos húmedos y ardientes.

¿Es que no veis que aceleráis vuestro fin, locos valientes?
Porque el dolor de lo imposible os mata, aunque lo inalcanzable queráis vestir de esperanza.
Alguien os dirá que a lo mejor en un futuro…
Y el futuro os lo pasáis por el culo, lo que cuenta es el dolor, la angustia y la necesidad del presente. Porque en el futuro estaremos muertos.

El amor que os hace superiores, bestiales, impíos.
Hay seres que se deshilachan de hambre y sed, de dolor y enfermedad, de pobreza y frío.
Y no cuentan, no preocupan en vuestra mente.
Porque el dolor de amar supera a los demás dolores. Y está bien, que cada cual arrastre su mierda de cruz.
Y su felicidad es más intensa que la de cualquier otra sonrisa, sea de niño o de viejo.

Los mártires del amor son sinceridad en estado puro.
Porque el amor es un bien preciado y no se puede dar a cualquiera, aunque se esté muriendo.

Habéis escogido el camino de la pasión, quemar la vida rápidamente en una carrera contra lo imposible.
Y es que el amor es una quimera. Cuando por fin se abraza, empieza a esfumarse, a difuminarse con la vulgaridad de todos los días.

Y vuelta a empezar, mártires. Os convencéis de que debe existir el amor duradero, inviolable, sellado hasta la muerte.
Y no es así, pobres locos; e iniciáis de nuevo una carrera contra el tiempo, contra el vuestro; sucios de las cenizas del amor que se ha marchitado en apenas unas semanas.
Una carrera contra la humanidad que destruye todo asomo de amor con su adocenamiento y anonimato masivo.

El amor solo reside en vuestra mente, es un combustible que os da energía; y es tan solo la zanahoria que cuelga delante del burro.
Esa es la verdad, es la pena.
Aún así, vale la pena buscar, husmear el aire y seguir la pista que pensáis es definitiva.
Al fin y al cabo, no hay otra cosa que hacer mientras se muere.
Os deseo suerte, me caéis bien, fracasados.

 

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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

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He visto el hielo en las piedras de un viejo muro de más de cuatro siglos.
El sol no alcanzaba a evaporarlo, como si el muro cobijara al hielo y éste enfriara y diera de beber a las secas y viejas piedras cansadas.
Son buenos amigos que se hacen compañía.
Todos esos siglos los han unido.

Debe haber un tiempo secular determinado para que las cosas más extrañas traben amistad entre ellas.
Y entiendo porqué amo y odio con idéntico placer e intensidad y nada me frena.
Con entusiasmo, lo mismo que construyo, destruyo.
Debe ser que soy más viejo que el muro y el planeta me adora por la pureza y la total ausencia de escrúpulos en mis emociones.
He cumplido una edad secular y el planeta adora mis emociones de amor y destrucción.
Al fin y al cabo soy hijo suyo: un producto de este lugar que flota en el cosmos.

Soy fuego y hielo.
Hierba y piedra.
Agua y tierra.
Soy perfecto, equilibrado en maldad y bondad puras.
El universo me quiere, es mi amigo a pesar de mis aberrantes pensamientos.
Tan viejo como él mismo.
Por ello aún vivo.

No tengo reparo en odiar por igual al más rico o al mendigo que más sufre. No prostituyo mi ser por nada ni por nadie.
Soy muro y hielo que avanza hacia una muerte que no pide ni necesita arrepentimiento alguno.

No existe el examen de conciencia en mí. No soy conciencia, soy consecuencia. Soy un acto continuo perfecto.
Cada acto cruel, cada detestable pensamiento, que he ejecutado y hay en mi cerebro, es la perfecta consecuencia del universo.

Podría ser más hermoso; pero nada es perfecto.
Y lo perfecto hastía.
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta

 

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En Telegramas de Iconoclasta.

extraterrestre

Hoy me he olvidado de disfrazarme de humano, el cerebro superior y el inferior no se han puesto de acuerdo.
Tal vez estaban pensando en un sexo duro y sudoroso, en una piel humana y hermosa que acariciar.
De ahí mi lengua ávida.
Con dos cerebros es difícil no ser inhumano.
Hay humanas que desquician mis polipensamientos.
Y ahora sé que alguien se estará preguntando con sarcasmo, si tengo dos penes.
No pienso desvelar semejante grosería, estoy en este planeta para follar, no para que me hagan un reconocimiento anatómico.
Solo puedo decir que mis gafas protegen a las hermosas terrícolas que analizo de mis rayos de erotonium, que las harían gritar orgasmos en plena calle con absoluta impudicia.
Un día pienso quitármelas.
Soy un extraterrestre un poco cabrón si me lo propongo.
Por otra parte, no me preocupa ser absurdo, al fin y al cabo, no soy de aquí, solo estoy de paso.
Hay bebés con dos cabezas que ahora tienen una justificación.
Soy débil…

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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta

 

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Ni por asomo estoy relajado, al fin y al cabo soy puro animal con breves momentos de habilidad intelectual para organizar palabras de forma coherente.
A pesar de la afabilidad y la serenidad aparente, estoy imaginando tus ojos entrecerrados cuando acaricio tus muslos tan indecentemente cerca de tu coño.
Y no es malo, eso es lo que me relaja, lo que me da paz: tus muslos temblorosos y el control que ejerzo en ellos.
Mi privilegio.