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Consiguen ser más vacas que las vacas, más rebaño, más mansas, más manejables, más predecibles, más sacrificadas y sacrificables; para luego comer mierda en cuchara de palo sin lijar. No hay ninguna razón o indicio a lo largo de la historia y de mis conocimientos de que no sea así.
Veo dentro de los rebaños de vacas de cuatro patas, reses solitarias que precisan distanciarse de las otras.
Millones de vacas de dos patas gritan enfervorecidas con puños en alto exactamente las mismas palabras. Todas las reses al mismo tiempo.
Los votantes son una manada sin vacas solitarias.
Es deprimente…
Porque las han asesinado, las vacas bobas iguales les han robado el aire a las pocas solitarias.
Lo gracioso es que gritan libertad al tiempo. No sabrían que hacer con ella si se la concediera su pastor, su amo.
Es la misma escena repetida a lo largo de los años, la misma turba que aupó al poder a Hitler, Mussolini, Stalin, Franco, Milosevic, Pinochet, Gandhi, Trump, Degaulle, Churchill…
Grandes asesinos que firmaron con la alegría festiva de las vacas bobas, la producción de millones de muertes de enemigos y adoradores. De gente con pensamiento libre.
La chusma, las vacas humanas cada treinta o cuarenta años precisan un nuevo pastor, un nuevo amo que les diga qué gritar y pensar. Que su dedo les indique el camino hacia una nueva puerta al matadero.
He visto a las vacas lamentar la muerte de su amo en un llanto cobarde, preguntándose: “¿Qué va a pasar ahora?”
La chusma son como los perros que viven en los tejados de las casas mexicanas: sienten terror a los grandes espacios, no saben que hacer ante tanto territorio.
Esa misma vacada llorona, continuará años adelante, mostrando su añoranza por su amo, reflexionando que con él se vivía mejor. A pesar de que se comía a sus hijos y asesinó a sus padres.
Vuelven las vacas a aupar otro pastor para que las guíe por el recto y claro camino del sacrificio; todos los millones de vacas bípedas a una sola voz sincronizada en distintos basureros humanos del planeta.
Está ocurriendo ahora, siempre ocurre en algún lugar.
Y es cíclico, periódico, inevitable, apestoso, un insulto a la libertad, la inteligencia y la dignidad.
Las vacas de dos patas, con banderas sobre sus lomos y puños en alto, tienen el inconfesable deseo de hacerse mártires ante su amo, por una aberrante consigna y conducir, si así se lo ordenan, con rostro sonriente a sus hijos a un campo de exterminio o entrenamiento. Es lo mismo, ambas cosas son mortales.
Cuanto más grande es el rebaño, más me alejo de la sociedad, más inhumano me torno. Más odio a las reses bípedas, más me ofenden. Más aborrezco su proximidad maloliente.
Lo que tiene más votos y más reses prevalece. La voluntad de las vacas es lo peor que pueda suceder.
Lo que elige la chusma es el error y la estupidez.
Es historia en estado puro. Lo dice mi experiencia y mi conocimiento, del que no puedo evadirme.
Me sobrevienen arcadas al imaginar que un día las coloridas vacas se me acerquen o me rodeen y deba pasar segundos entre ellas, como si fuera de su rebaño, como si me hubieran absorbido como la compresa a la sangre de la menstruación.
Es inconcebible mi pensamiento como vaca, es un insulto a mi dignidad, a mi inteligencia, a mi espíritu predador, vanidoso y egoísta.
Porque no soy un santo de mierda, no soy vaca bondadosa y obediente.
Donde hay millones de seres humanos gritando por la libertad, hay un tirano que les ofrece sus genitales para que lo acaricien como santo protector de sus vidas.
Lo que la gran mayoría exige o vota, es muerte, esclavitud, ignorancia y decadencia.
Millones de bocas no solo están equivocadas, si no que ni ellas mismas entienden lo que sus bocas mierdosas pronuncian.
No puedo abrir libros de historia o periódicos y ver a todas esa gente alzando los brazos hacia un iluminado o sacerdote para convertirlo en su único pastor y dios. No puedo abrirlos sin vomitar.
Es una pesadilla que se repite en el tiempo. Se repite solo a ojos de quien sabe leer y comprender, quien tiene cierta memoria histórica hacia la mediocridad, el engaño y la esclavitud de la ignorancia. Y por lo tanto ha aprendido a conocer a la papilla cerebral humana. E identifica sus movimientos de rebaño colectivo como lo peor para la libertad: encumbrar en el reinado de sus patéticas vidas a un rey zángano paria de su colmena.
A los becerros humanos les han enseñado de muy pequeñitos a ignorar su espacio vital de seguridad, condicionando su comportamiento por medio de festivales musicales y eventos culturales o lúdicos que los obliga a rozarse entre ellos. Hasta tal punto, que ya no distinguen su propia piel de las otras vacas que se rozan con ella. En dichos actos públicos, los que están más alejados no ven u oyen al cantante o protagonistas, solo perciben las vibraciones de la colonia y se sintonizan por efluvios químicos.
Una vez han sido condicionados a perder su intimidad, valentía y libertad, se convertirán en unos fervientes seguidores de toda manifestación, sea del signo que sea, que agrupe a muchas vacas de dos patas. Hasta que mueran de una forma u otra.
Las vacas de dos patas están castradas intelectualmente.
Los han habituado a vivir todo el tiempo cagando y paciendo unos al lado de los otros. Esnifando sus propios hedores orgánicos y robarse la respiración entre todos, bien apiñados en espacios abiertos, que convierten en prisiones.
Han dejado de ser libres desde muy pequeños, porque son hijos de esclavos. Y así, cuando crecen, sacrifican el tiempo libre de sus trabajos en encumbrar a idiotas con suerte o vendedores de mierda envuelta en paquetitos preciosos, como regalos.
Siento suciedad en mi piel cuando imagino que yo hubiera podido acabar como ellos: rozándome como una vaca sucia y mugiendo la misma consigna.
Es imposible que ocurra, soy único; pero me gustan las novelas y cuentos de terror.
Espero alcanzar a ver como su nuevo amo los convierte en abono para alimentar los prados; y que alguna meditabunda vaca solitaria, se alimente de ellos.
Hay que nacer servil, crédulo y con el cerebro podrido para dedicar el poco tiempo libre que deja la esclavitud y la prostitución, a aupar a un nuevo mesías, asesino o tirano.
Los libros están llenos de fotos de vacas desfilando con banderas y puños en alto, con alegría idiota en sus rostros al estar cerca de su amo. Quemando a otras vacas que no son de su color.
Otra vez…
Ha comenzado a repetirse de nuevo, estoy casi dentro de ello.
Y es fascinante ver la mierda reptar y moverse, es fascinante en su repulsión.
Como observar el pus rezumar al reventar un grano.
Otra vez…
En el fondo me gusta, toda esa vacada que muge lo mismo me hace más único, especial, libre… Me aleja de esta mierda de lugar en el que tuvieron a mal mis padres, concebirme y parirme.
Es algo que no puedo evitar reprocharles.
No puedo asimilar el amor a la “tierra”, porque las tierras son muy pequeñas para mi gran capacidad de libertad. Al contrario que a las vacas coloridas de lomos abanderados y puños en alto, mi conciencia se expande ilimitadamente y el planeta se convierte en una pequeña plaza de barrio abarrotada. Así de triste…
Tal vez soy hijo de serpientes, por eso odio a las vacas de dos patas. Por ello siento un asco infinito e inabarcable hacia las grandes concentraciones humanas. Carezco de empatía hacia ellos, los que gritan y ocupan grandes espacios haciéndolos angostos.
Miles de flamencos cagando sobre una pata en un lago africano…
Solo que son vacas cagando sin elegancia en asfalto y vertederos de basura.
En las sucias y opresivas ciudades granja.
Es imposible desarrollar una mínima simpatía por esa vacada gigantesca que grita libertad con un aro de acero apretándoles el cráneo y el cerebro si lo tuvieran.
Pobres…
Los electrocutarán y luego desangrarán en serie, como ha sido y será siempre.
No existen épocas sin vacas bobas y simplonas.
No existen épocas sin uno o varios pastores hijoputas.
De alguna forma, la masa humana precisa de algún mecanismo de autocontrol.
Un control de plagas temporizado.
Está ocurriendo, no ha dejado de ocurrir.
Otra vez.
Es igual que una película que emiten cada dos meses en la tele, solo que no tiene arte, no tiene gusto y su decorado es bostezante y sórdido en su mediocridad.
He visto una vaca mugir sola en el bosque, lejos de las otras.
Le sonrío, me gusta mi amiga preciosa.
Lo han conseguido, lo juro: son más vacas que las vacas.
Ya tocaba de nuevo.
Viví la muerte de un cabrón y estoy viviendo el nacimiento de veinte cerdos como el que murió, de millones de vacas como las que también murieron imponiendo su ignorancia y su necesidad de esclavitud.
La desproporción es desesperante, muere uno y nacen veinte, con sus millones de vacas con el rabo lleno de mierda.
Fascinante.
Que los jodan a todos y todas.
No hay drama alguno en las muertes de las vacas que son más que las vacas, porque renacen.
Puedes observar fotografías de setenta u ochenta años atrás y verás los mismos rostros e idénticas miradas bovinas que las de hoy.
Las vacas que son más que la vacas, al igual que el judío errante, están condenadas (aunque ellas no lo sepan) a lamer siempre los sucios pies de su amo.
No existe otra forma posible de vivir, las vacas que son más que las vacas dictan quien es su próximo amo. La vacas buscan el electrodo en la cabeza y el cuchillo en la garganta.
Cualquier otro concepto de sociedad, es imposible dado el carácter colonial e insectil de las reses coloridas y chillonas.
Estoy abandonado en este planeta-vertedero.
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Iconoclasta

 

¿Dónde estoy?
Roto.

¿Dónde estoy?
En un tumor.

¿Dónde estoy?
En un reloj roto.

Pero… ¿dónde estoy?
Donde la sangre huele mal.
Por favor… ¿dónde estoy?
Y ya no es sangre.

No puedo… ¿dónde estoy?
Una vez en los huevos de tu padre.

¿Dónde estoy?
Muerto entre vacas guapas.
¿Dónde estoy?
Ella no lo sabe, solo llora.

¿Dónde estoy?
Triste.

 
ic666 firma
Iconoclasta

Que algo muera con sencillez y rápidamente no quiere decir que haya vivido sencilla y alegremente. Y mucho menos con ética.
Y mucho menos inocentemente.
Hay cabrones que mueren en el acto (afortunadamente) por una bala, por mucha escolta que les rodee y proteja. Y es bueno.
Hay que mantener un moderado optimismo con las muertes de los puercos para llevar una cotidianidad más distendida.
La diferencia entre mis mentiras y las de un político elegido al azar, reside en que las mías son originales, amenas, divertidas y artísticas. No las escucha nadie.
Y eso lo dice todo a mi favor y certifica el gran acierto de mi connatural y relajada misantropía, porque las mentiras de los políticos son un insulto a la inteligencia, a la libertad, la dignidad y el arte.
Ergo, si los políticos son escuchados con atención, sean del bando que sean, por millones y millones de seguidores (solo un idiota escucha a otro con un hilo colgando del belfo inferior); agradezco que ni un solo humano escuche las mías, porque contaminarían la esencia de mi arte.
No quisiera entrar en ese piojoso club.
Conmigo mismo ya tengo suficiente distracción todos los días y no necesito que nadie me escuche. Me masturbo sin ningún problema, sin necesidad de sentirme escuchado.
En esta sociedad de putas correcciones, se subestiman por pura ignorancia y borreguismo inducido, los beneficios de una definitiva y diligente muerte.
Hay que destacar el corporativismo de la raza política, el reflejo de la hipocresía del populacho convertida en caricatura: una vez muerto, fuiste lo mejor de lo mejor. Lo más demócrata y social muerto. Lo más fascista y xenófobo en vida.
El tal McCain, el senador estadounidense que ha muerto (menos mal que van desapareciendo), es ejemplo vivo de mentira política y sentimentalismo hipócrita, tanto que roza la pornografía.
Aún respira el Trump y unos miles más que no deberían, nada es perfecto; pero trato de ser positivo: morirán.
Los políticos son como una familia de endogámicos, que al igual que muchos nacionalistas se creen una élite, una especie de raza superior a las demás; pero comen mierda a puñados, sin masticar. Sonríen con los dientes sucios y una sonrisa entrecortada de deficiente mental.
Cuanto más especial se cree el endogámico, más deficiente es su genética de mierda.

 
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Iconoclasta

 

La navaja arranca indoloramente las costras que contienen el pus bajo mi piel.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Y dolorosamente libera el pus que llena los ojos de aquellos que grupalmente observan, lloran y ríen de las mismas cosas en los mismos lugares.
Dolorosamente secciona los tejidos blandos, preferiblemente las lenguas hipócritas que exigen paz a las bestias esclavizadas, tolerancia a los animales estafados y frustrados y una mierdosa piedad para los monstruos de feria que caminan por las calles con sus complejos y sus enfermedades como caparazones.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
La violencia que da temple al filo de una dolorosa navaja, es la que redimirá a los humanos de su servilismo e indolencia por la punzante vía del dolor.
Solo el sangrador filo de acero conseguirá hacer una a cada mujer y uno a cada hombre.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Mi navaja sucia corta los cancerosos filamentos de la endogamia moral y la deforme conciencia colectiva, la que reside en los profundos intestinos excrementicios.
Es un filo asesino que eviscera todo el presente para ser único, sin importar quien ría, sufra, viva o muera en el futuro.
Los hijos que no han nacido no existen y no requieren por tanto, bienestar alguno. Y con toda probabilidad, las madres y padres que podrían ser, no nacerán, o morirán.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Hay una navaja dolorosa que salvará el mundo y os mostrará en una tapa sucia de inodoro, los dos pezones y el prepucio de Jesucristo El Blando. Y las uñas arrancadas de su madre. Cosas, inutilidades…
Un atrezo descorazonador.
Soy el artista sórdido.
Hay una navaja brillante, cuyo filo se desliza indoloro por los labios babosos del coño amado. Y le susurro con lengua goteante, que solo quiero joderla. El filo la adora, la cuida y no la sangra. No será mutilada como los de ahí fuera. La animo a que sonría feliz, indiferente a los gritos que manan junto a la sangre de las gargantas cercenadas de hipócritas y cobardes que miles, forman uno.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Le digo besando el coño, que la única sangre que manará de ella será la sucia y maloliente de su menstruación. La que me hace salivar abundantemente y eriza mi polla.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Es el miedo y la ingenuidad lo que une a miles de tarados. Y la muerte y el dolor que se deslizan silenciosos por el filo, los que darán dignidad y libertad a la razón acorralada.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Si pudiera, si me quedara tiempo antes de morir, con sus muertes los redimiría a si mismos. Solo soy un pequeño dios de baja potencia que sueña con mundos mejores e intensos; que muerde sus puños horrorizado de vivir cada día lo mismo. No hay magia, no hay nada por lo que valga la pena sonreír.
Soy la censura de la censura y la libertad absoluta personificada en la Bestia que soy, la que no pudieron educar, convencer.
La que no ama más tierra que la que orina.
La Bestia que no eligió dónde nacer, solo dónde morir.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Soy una sonrisa amable que en el bolsillo del pantalón, acaricia un filo con un dedo sangrante alojado en el filo indoloro.
Soy el orgulloso despojo de todo lo que habéis rezado, engendrado, abortado y construido.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Una vez fui pulga y muerte negra. Viví brevemente feliz durante la extinción de millones de vidas. Tan iguales a las vuestras…
No hay porque no repetirlo ahora, aquí.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Extender un manto de veneno incoloro en el aire y una mutación en vuestros genitales para que vuestros hijos nazcan muertos.
Muertos, muertos, muertos…
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Y tu coño bendito palpitando mi semen como una tos de un placer asfixiante, respirando por encima de sus cadáveres.
Soy la afilada redención humana, la justicia absoluta.
Que nadie me ore, que nadie pierda tiempo de su mínima vida.
De morir nadie se libra.
Soy el filo que levanta una uña y los excrementos derrama patas abajo.
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Iconoclasta
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¿De verdad es posible hoy día un grado de servilismo tan intenso, visceral y ciego como el que gozaba la chusma por sus reyes y aristócratas de épocas más oscuras y oscurantistas?
Porque si a mí me meten en la trena por hacer lo mismo que el que se ha escapado dejándome solo en la estacada, no le voy a hacer el besamanos papal y el besaculos a quien está disfrutando de unas inmerecidas vacaciones, pongamos, en Bélgica, a costa de mi libertad.
No sufro yo de tanto amor, cariño, empatía y adoración como para venerar al que me la ha metido bien (y aunque no me la hubiera metido, soy alérgico a dioses e iluminados). Hay un concepto llamado traición que parece resbalar como mierda de gato en un suelo encerado entre los fanáticos. Idéntico, igual que ocurre con el fútbol.
Tal vez sea la prueba de que la época actual es mucho más oscurantista: han conseguido extender en muy pocos años la ignorancia y su ingenuidad, el analfabetismo y su cobardía (de ahí lo de anal-fabetismo), y nuevas pseudo filosofías de exaltación de la santidad, tolerancia de mierda y bondad humana a nivel planetario, con formas de yugo y dogmas; tan familiares para alguien que haya leído con escasa atención algo sobre la historia de esta puta humanidad piojosa.
Como los habilidosos sofistas (falaces) de la Grecia clásica, han conseguido hacer de la traición y la cobardía, milagro y virtud.
Me cago en dios… Tengo que dejar de escribir de esta mierda, no encuentro final satisfactorio.
La historia de la humanidad es como una piel humana plagada de costras, tan fáciles y rápidas de arrancar que produce cierto vergonzoso y adictivo placer.
Y así hasta morir para y por nada.

 

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Iconoclasta

Yo no escribo un diario. Escribir un diario en público es un acto de vanidad y por el mismo concepto de vanidad, es injustificada la importancia que se da el que escribe y describe su vida.
Yo no caigo en esa trampa estúpida de mirarme al espejo y ver el reflejo de un ser guapo, inteligente y sobre todo, interesante.
Hace eones que aprendí que todos los humanos son (creen) especiales. Y cuando los especiales son numerosos, se convierten en plaga y apestosa vulgaridad.
Me gusta escribir cosas interesantes que tras un tiempo YO pueda decir: “Hostia puta, la virgen… ¿Yo he escrito eso? Soy el puto dios”; pero jamás contaría cosas de mi asquerosa y aburrida vida.
Escribo para mentir y llegar a ser el más perfecto, creíble y detestable mentiroso.
La admiración me la paso por la raja culo con un trozo de papel todos los días.
Me suda la polla el electorado, los me gusta y el número de visitas. Si estuviera solo (qué hermoso) en el planeta, escribiría en la misma cantidad y condiciones. Tal vez más debido a la paz.
Ahora tan solo me basta con ver mis mentiras fabulosas e ingeniosas flotando en ese mar de mierda donde todos depositamos nuestros excrementos que es internet. Bueno, hay que reconocer que las figuras públicas y los que más seguidores tienen, cagan a ritmo de diarrea y verdaderas montañas. Se las deberían comer ellos y sus hijos y sus descendientes en treinta generaciones.
Por todo lo demás, si la misantropía fuera cancerígena se me debería agradecer y premiar por las millones de muertes que provocaría con solo unas palabras.
Odiar es más intenso y satisfactorio que amar.
Hay un salvaje deseo de sangre y destrucción en cada una de mis mentiras.
Los hay beatos, filántropos, amadores profesionales y estoy yo un poco por encima de la cadena alimentaria para equilibrar tanta mojigatería.

Con dieciséis años, una mujer de cuarenta y pocos (madre de un amigo) me hizo una mamada en el baño de su propia casa, estaba caliente porque se había divorciado hacía meses y no follaba. No me lo pidió, entró en el baño y giró mi cintura hacia ella cuando iba a mear y se la metió en la boca.
He pensado en denunciarla, porque ahora puedes sacar una pasta por estas cosas; pero me da vergüenza decir que tenía dieciséis años y que me tomen por un retrasado mental que no sabía lo que era una mamada y el semen corriendo por las comisuras de los labios de aquella mamá salida como una perra en celo.
De todas formas, me informaré con un abogado especialista en cometer fraudes y perjurios en la línea de #metoo a ver qué pasa.
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– ¿Dónde reside Dios?
– En mi rabo de venas palpitantes.
– ¿Hablas con Dios?
– Le lloro por el ciego ojo sin pestaña de mi glande. Lágrimas espesas y blancas que caen cálidas en mis pies de dedos contritos, crispados desde el vientre.
– ¿Te cuida Dios?
– Me ofrece su hija predilecta, con los muslos separados, con los pezones duros. Con la lengua que lasciva, busca mi polla.
– ¿Realmente quieres a Dios?
– Nadie quiere a un proxeneta, simplemente se le tolera como a los ministros, reyes, generales y comisarios. Eso te hace la vida más cómoda y fácil.
– ¿Amas a la hija de Dios?
– Lo suficiente. Son cincuenta euros por una clavada divina. Treinta si solo me la chupa.
– ¿Es necesario creer en Dios en estos tiempos?
– Es caro; pero al menos la higiene y la profilaxis sexual están razonablemente garantizadas. Follar no es un credo, es un acto que no requiere fe.
– ¿Crees en la resurrección?
– No. Normalmente la polla se pudre en pocas horas. ¿Ya soy teólogo?
– Sí.
– Bien. Pues amén.

 

 

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Iconoclasta
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No me gusta, es más de lo mismo.
No hay magia, nunca la hubo.
Al otro lado del espejo no hay nadie que me interese.

Ningún reflejo,
ningún espejo…

¿Quién dijo de fabulosas simetrías contrarias y oscuros pensamientos invertidos?
Me siento desfallecer de hastío y decepción. Refleja exactamente lo mismo, de la misma forma. No hay misterio, solo dolor de cabeza.
El dolor en demasía se convierte en cansancio, agotamiento.
Debe ser eso, me cansa todo…

Es tarde para la fantasía.
Los excrementos secos
se reflejan espantosos
sin variedad tonal alguna.
Los mimos reptan tristes
en la suciedad de la superficie
que me escupe a la cara su fraude.

Lo intento, lucho con todas mis fuerzas por encontrar algo especial, algo inaudito y morir con un secreto…

Hay vómitos en uno y otro lado.
Un perro muerto y
un bebé se deseca al sol
bajo mi pie…
El otro lado no existe.
Solo es una calle sin salida
con grafitis deprimentes.

La vulgaridad me estrangula y germina en mi ánimo como una grama, una mala hierba.
Pienso en el semen de los ahorcados.
Es imposible, solo cuando duermo las dimensiones se desgajan y se hacen irreconocibles. los colores se corrompen y no sé quien soy yo en el sueño.
Las oscuras y profundas dimensiones se encuentran ocultas en rincones de mi cerebro que no puedo encontrar. Es puramente accidental que acceda a una de ellas. Solo cuando me pierdo en mí, entro en una dimensión que me lleva a confundir lo de dentro con lo de fuera.
Pero no es un reflejo, es otro universo, no tiene ninguna similitud. Me inquieta.

Una mujer menstrúa
piernas abajo con obscena indiferencia.

Y el reflejo de lo mismo me deprime…
En mis oscuras dimensiones puedo matar de una forma usual y morir sin pasión alguna.
Mis iris reflejan la fastuosidad absurda de un mundo en grises y rostros indiferentes que flotan muertos.

Morir no duele y además, se reinicia el juego cuando ocurre.
Nadie se mata a sí mismo. Siempre hay idiotas en el horizonte, claro.
Todos son desconocidos; pero pareciera que los conozco desde el momento que nací.
Unos se parecen a los reales; pero la inmensa mayoría son desconocidos.
No así sus voces.
Hay un número limitado de voces en mi universo.
Y siempre es oscura la luz.
En la vida real, al otro lado del espejo hay la misma hediondez. Como quien musita un padrenuestro cada día: el mismo pan y una cabeza gacha que se golpea contra el espejo.

¿Quién puede ver misterio
en un reflejo sucio?
Los desesperados y frustrados,
los aburridos y avergonzados,
los vacíos y patéticos.
Todos buscan un lugar
por donde escapar
de ellos mismos, de esto.

No hay nada mejor ni peor en un reflejo.
El famoso misterio del otro lado del espejo es un timo.
El dolor nunca desaparece con el tiempo se hace cansancio.
Una energía podrida que se transforma…
Estoy reventado.
La vida es una carga que dejó de doler para convertirse en un saco lleno de miseria.
Y entre ella, cientos de añicos de vanos espejos rotos.

¡Añicos para clavar en ojos necios,
vendo añicos para dejaros ciegos de reflejos!

Grito en una de mis oscuras dimensiones.
Sí… Creo que soy yo.

 

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Iconoclasta
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La mujer con gorra me saluda como otras veces con una sonrisa cordial y amable. No es especial, es usual, es educación.
Es guapa…
Su coleta cuelga juguetonamente sobre la nuca tras aparecer bajo la gorra, por eso sé que es pelirroja.
Intento devolver el saludo con igual cortesía, no estoy acostumbrado a hablar y carraspeo un poco. Me sale un “hola” amable; pero creo que no he conseguido dedicarle una sonrisa.
No importa demasiado este acto de urbanidad; pero si no tienes ninguna esclavitud que hacer, acabas pensando en banalidades porque no existe la sensación de pérdida de tiempo.
Si la mujer supiera lo que escribo y lo que pienso, no me saludaría con tanta simpatía. Epicuro dijo: Vive oculto.
Es algo que he hecho desde mucho antes de saber que existía Epicuro y su frase. Desde pequeño sabía que debía callar lo que en mi cabeza hervía.
Si además de vivir oculto, consigues que todos crean que son más inteligentes que tú, el grado de anonimato y ocultación roza casi el prodigio de la transmutación del plomo en oro.
Soy un alquimista que nadie puede ver.
Observo durante una fracción de segundo a la guapa pelirroja, su sonrisa, su coleta nerviosa e inquieta y por último su culo.
Y vuelvo a mirar a los árboles, a las vacas que se ocultan en la sombras del bosque, a los corzos y las águilas cuando chillan desde lo alto y se lanzan entre los árboles para matar a su presa.
Cuando miro el reloj han pasado más de cuarenta y cinco minutos y sudo copiosa y relajadamente. Me arden los brazos por el sol y mi bicicleta respira relajadamente.
La pierna, su podredumbre y su tumor han perdido sensibilidad con tanta quietud, cosa que me preocupa un poco. Así que fumo.
Y concluyo entre bocanadas del narcótico y sedante humo, que no recuerdo, no tengo registros en mi memoria de haber empleado más de cinco segundos en observar detenidamente a un humano que no estuviera muy íntimamente cercano a mí, fuera adulto o cachorro.
Nací absolutamente impermeable a lo social.
Lo necesario para vivir en la piojosa ciudad y trabajar de mierda.
Nunca he podido comprender cómo he llegado a follar, enamorarme o ser padre.
Ahora que soy viejo, ni siquiera intento entenderme solo apunto un hecho.
Definitivamente, la pelirroja no me sonreiría con esa cordialidad si me conociera, si intuyera siquiera mi absoluta indiferencia a lo humano.
Me parece bien, porque no necesito sonrisas de nadie.
Tiene un bonito culo…
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Mueren por errores.
Y mueren sin que nadie lo sepa, sin que nadie lo sienta.
El bosque está sembrado de pequeñas y tiernas tragedias.
Que a veces piso sin ningún escrúpulo, con absoluta ausencia de piedad.
Mueren con sencillez, como si nada. Viven sin importarse a si mismos. Hacen lo que deben sin sueños de grandeza, inmortalidad y cobardías.
El secreto tal vez resida en que no son conscientes de que la vida es finita.
Y si lo saben son unos héroes.
No hay paraísos ni infiernos, no hay una vida eterna para ellos. No necesitan mentiras para cazar, comer y ser devorados. Ni una dispensa de edad para follar.
Esa absoluta despreocupación es mi vergüenza y fracaso como animal de este planeta.
Yo no debería escribir. Me debería limitar a morir sin ambiciones de trascender y no dejar mil inquietudes flotando en un limbo de papel que no irá a ninguna parte, cientos de miedos y dolores. Millones de frustraciones…
Si consiguiera que las palabras provocaran temibles hemorragias, escribiría tres veces más, más cantidad, más veloz.
Hay que guardar tiempo para follar.
La ardilla cae del árbol y el corzo se rompe una pata. Son falibles, cometen errores que les cuesta la vida.
No están protegidos por la Madre Naturaleza. Y en el mejor de los casos, si existiera semejante deidad, estarían sometidos a ella. Esclavizados a otro dios hipócrita y sodomita.
Si los dioses existen, también podría conseguir una felación de ellos. Que me la chupen… No soy un menesteroso, no es favor. El favor es para ellos para que sientan mi cremosa generosidad.
Ellos, los pequeños, los valientes, no rezan, Están libres de toda culpa y de cualquier tipo de escrúpulo que les impida equivocarse.
Sufren, se equivocan, se rompen y mueren. Y se pudren bajo el sol y la sombra.
Solitos y sin llantos de nadie.
La vida ni tiene, ni requiere un fin. Las células hacen su trabajo a todos los niveles.
Es todo tan sencillo que, la vida de una lagartija es una muestra de la indignidad que no ha podido superar la humanidad.
Te das cuenta en el silencio salvaje que como especie, como humano, eres ajeno a ese mutis atronador preñado de vida. Un error genético en el planeta.
Tal vez somos bacterias, una plaga.
Es solo retórica, no lo dudo, lo afirmo.
La teoría de la evolución carece de sentido aquí, en lo profundo. Pareciera que la vida en el planeta es aleatoriedad pura.
Hay animales perfectos y los hay que necesitan razones para vivir, que temen el paso del tiempo y el miedo a morir crece día a día aniquilando libertad y coraje.
Pobrecitos los animales pequeños y grandes, los mudos…
Son perfectos.
Mueren tan solos y a veces tan pequeños… Aunque no lo piensen, aunque no lo sepan. Yo soy la vergüenza que escribe y describe dolores que no son tales, miedos que solo son humanos.
Yo soy el odio que fuma con ojos terribles y lanza el humo al rostro humano.
El halcón se estrella veloz contra la tierra por un error milimétrico, tal vez una pluma se ha movido cuando no debía. Y un jabato se ahoga en un río que lo arrastra.
No. En la naturaleza no sobreviven los mejores, es mentira. Viven y mueren al azar. Sin que les importe cara o cruz.
Hay que caminar despacio y en silencio mirando la tierra que nos soporta, para saber de las tragedias que muestra entre la hierba y el polvo. Si miras al cielo solo ves gas y una libertad que solo es tu miedo a morir aquí en el suelo.
La libertad no existe, es la acción, es el movimiento. No es necesaria, es un invento, un premio inexistente para los humanos que se alimentan en la granja porque una vez firmaron un pacto de cobardía y comodidad.
Cuando el valor y el esfuerzo se cuestionan se crea la esclavitud, un tumor inoperable.
Yo vendí mi alma al diablo por un asomo de libertad y como primer pago, dejé que una pierna se pudriera. Soy un buen negociante.
Y no tengo alma, el diablo no es tan listo.
Los esclavos, encerrados y a salvo de la aleatoriedad de lo salvaje, jamás cometerán un error por saltar una roca, trepar un árbol o lanzarse tras una presa. Sus vidas son deprimentemente largas, por mucho que se engañen con filosofías ininteligibles y tecnocracias para dar importancia a una vida bacteriana que se hace plaga.
Se engañan y eternizan la mentira generación tras generación.
Hay que mirar la tierra y los pequeños y grandes cadáveres que en ella yacen pudriéndose todos los días.
Observa la aleatoriedad de la tragedia.
Fallará uno de tus órganos y la muerte llegará inevitable tras una vida esclava, tras una vida cobarde.
Morimos indignos. Pobres somos nosotros; no ellos, los pequeños.
Toda la tierra que puedas pisar y orinar debería ser tu territorio. Y cagar en las líneas imaginarias que otros cobardes trazaron para llamarlas fronteras, para contener a la plaga y cebarla hasta que reviente en la inmensa pocilga fabricada.
Nadie pide un gentilicio o un bautismo al nacer. Son marchamos en las orejas del ganado indigno y cobarde. Abúlico…
Hubo un tiempo en que la bestia humana vagaba, y en el momento que se asentó perdió sus privilegios de coraje y dignidad.
Algo se estropeó en una especie animal del planeta y las bestias, sin ser necesario, comenzaron a escribir su vergüenza en tediosos anales.
Yo no escribo anales, solo escribo y describo odios y frustraciones.
ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.