Posts etiquetados ‘Ultrajant’

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Y esta imagen me recuerda que soy un bulto insignificante que no alcanza a recortarse contra el cielo. Porque soy nada, soy mierda.
Opaco sobre opaco.
Sublimación de lo anodino.
Así no hay forma de trascender.
Mi autoconocimiento es la humillación perfecta.
Soy mi mejor enemigo.

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En Telegramas de Iconoclasta.

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Aún hay luz en el cielo cuando en lo profundo del bosque ya es todo oscuridad.
Y he pensado en ti, porque en todo lo que veo, en cada momento, estás presente.
Pactaría con alguna fuerza oscura por convertirme en un animal del bosque y follarte en la oscuridad violenta e impunemente.
Porque para las bestias hay más horas negras que para los vulgares seres humanos.
Y en la negritud te la metería, violándote. Arañaría tus pechos acariciándote feroz.
Sin cuidado, furioso.
Cobrarme en carne la esclavitud a la que me has sometido. No puedo vivir sin ti, hija de puta.
¿Te das cuenta que me has convertido en tu alimaña enamorada?
Y el que me ames como hombre no me da consuelo.
No serena mi alma que no tengo.
Mi oscuridad está preñada de un sexo perverso y hambriento; rozando la crueldad.
Te acecho sintiendo la desesperación de tu sonrisa que me entiende, me conoce, le divierte, le gusto… Y le enternece de un modo incomprensible.
Eres tan rara, tan exclusiva…
No soy tierno, soy feroz, no me sonrías así, mi amor.
Te amo.
Te deseo como una Caperucita Roja en el bosque, con lencería de puta.
Orinando obscenamente abierta hacia la oscuridad donde moro.
Con tu rostro de angelical lujuria mirando las sombras en las que sufro la erección de desearte.
Me vuelves loco, hija de puta.
Y no eres una hija de puta, mi amor.
Solo soy una alimaña feroz y enamorada en la oscuridad.

 

ic666-firma

Iconoclasta

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Lorca escribió de un reloj: «suena oscuramente». Yo le añadiría: «circular y quietamente». Tanto tiempo y tan poca distancia recorrida… Ser reloj es maldición, ser yo es absurdo.
Me parece bien.
Ambas cosas.

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Así es el mundo sin ti, un páramo de gris sobre gris, sobre gris, sobre gris…
Si te tuviera de la mano, te susurraría al oído lo bella que es la gélida y desolada tierra.

Ojalá…

Y es que allá donde estés contagias la belleza a todas las cosas, mi hermosa mujer.
Amar es una narcosis, una continua alucinación.
Es vivir constantemente en un mundo gris y calcular sus posibilidades contigo.

Ojalá…

Amar en soledad no tiene consuelo; pero es de una pureza absoluta.
Y le da una importancia a mi vida que sin ti, no tendría.

Ojalá…

Ojalá pudiera decirte que no me gusta ese páramo helado arrasado y estéril.
Ojalá pudiera pedirte que me arrancaras de toda esta gélida aridez de grises y me dieras el calor de tus pechos.
El ardor que esconden tus muslos.

Ojalá…

Pero no puedo sustraerme a la dramática belleza del hielo.
Porque soy un pensamiento devastado y no puedo imaginar, no encajaría en un trópico de color y calidez. Lo infectaría de frialdad y grisentería como tú eres capaz de dar calor y belleza a la tierra que pisas.

Ojalá…

Como no tendría sentido un asteroide en la atmósfera, que acabaría con la pureza de su asepsia y frialdad para convertirse en una roca donde arraigara un musgo, un liquen.
Al final, solo soy una foto dramática en una revista entre tus manos.

Ojalá pudiera, mi amor.

 
ic666-firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

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Todos los seres, los que existen y los imaginarios, necesitan y deben tener su momento de tristeza.
Es la forma de trascender, de afrontar que la vida se acaba y evocar lo que se vivió y lo que resta en un momento de íntima soledad.
A pesar de la luz y el color.
Ser importante para uno mismo, independientemente de lo que ocurra alrededor.
Es nuestra tristeza, nuestro momento.

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Ahora puedo hablar con seguridad.
Ahora que la muy puta se ha fundido. Arrastrada por el agua, evaporada por los rayos de un sol cabrón y vencedor.
La muerte no es negra, el miedo y el dolor son carbón y son vida.
La muerte es blanca, un fogonazo de luz que no vemos extinguirse porque se abren los ojos en rebeldía al fin.
El cerebro asustado corre hacia ella, pensando que luz es vida.
Adquiere sentido y lógica la frase: «la luz al final del túnel». Porque el túnel y su luz es un eterno resplandor fijado en las pupilas muertas.
Lo blanco, lo fulgurante, es la muerte y lo oscuro es follar; los ojos se cierran con un gemido para que nada contamine ni interfiera con el placer.
Así pues, escritores, pintores y otros artistas se han confundido y han otorgado a la muerte la tenebrosa oscuridad del dolor y el miedo.
Hoy he visto de cerca la muerte, y la he pisado. Era fría y destacaba en el suelo nocturno como el cadáver destripado de la luna llena.
La nieve es muerte, un albo frío que se agarra a los pies y trepa hacia el corazón con dedos congelados, lenta y serenamente cruel.
La nieve intenta robarme el contacto con la tierra y me hace resbalar hacia la fractura (un dolor que puede partir el corazón o reventar los conductos sanguíneos por una presión excesiva y sorpresiva), hacia el canto afilado de un banco de piedra. La nieve busca la zancadilla que estrelle mi cabeza contra el suelo con un fogonazo de luz de extinción absoluta.
La nieve quiere que muera como un poseso, mirando directo atrás con el cuello roto.
La muerte viste de blanco sugerente y hermoso, como la puta que se maquilla para los hombres que no quiere, los hombres que detesta.
La oscuridad es sueño y libertad.
Sabía yo que la humanidad está equivocada.
Tuve que nacer con un fin, igual que dicen de Cristo.
Y mi fin es corregir lo mal pensado, lo mal creado, las malas semánticas.
La nieve es la muerte que nos cae, la que se aferra a la cabeza y congela las lágrimas y el corazón contrae.
Y como toda belleza, es letal.
Porque lo bello te aboca a la locura y la autodestrucción.
«Año de nieves, año de bienes», solo para los herederos.
He visto la garza solitaria, encorvada en el prado helado, con el cuello encogido entre las alas contraídas, como los hombros caídos de un hombre derrotado haciendo capilla. Como yo cuando nadie me ve.
Dejaba que la muerte subiera por sus largas patas sin carne, de madera. Con los ojos muy abiertos.
Lo sé porque nos hemos mirado, y hemos asentido; comprendemos, sabemos: no hay final feliz cuando lo blanco nos hipnotiza con su belleza.

 
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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

 

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Su foto en color erotiza cada milímetro de mi piel.
Es como si fuera perfecta. Una muñeca de porcelana de labios precisa y preciosamente tallados con una mirada oscura e intensa que me arrastra a una lujuria suicida.
Y es imposible ante todo ese arrebato no evocar sus palabras y su mirada profunda y sobria que promete no abarcarla jamás.
Es entonces cuando los contrastes policromáticos viran a los negros y grises, los colores de la profundidad y la trascendencia.
Y quiero trascender con ella, a través de su coño o de su mirada. De cualquier forma por llegar a algún momento o lugar suyos.
La amo polícroma y monocromáticamente.
Es tan extraña, tan exclusiva.
Por favor…

 

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Iconoclasta

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En Telegramas de Iconoclasta

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La infamia, el agravio, es un impuesto más que se empieza a pagar al nacer.
No es algo personal, la vida te jode sin ninguna familiaridad.
Así que, como la experiencia es un grado, jode a quien puedas, impersonalmente, claro.
Sin favoritismos o sensiblerías.
Es gratis y es tu derecho.
(Abogados por un Mundo Peor, si es posible que sea peor)