Archivos de la categoría ‘Absurdo’

Es real, un gigantón, un tipo guapote.
Unas veces sueña y otras piensa.
Y si desde el techo de su caseta ve a una perra que está buena o a un colega por el camino, se pone muy tenso y lanza sus ladridos de barítono profesional.
No lo he visto con un casco de cuero y gafas pilotando su caseta-nave; pero es una cuestión de tiempo. Depende también de la calidad del cigarro de la risa que fumes.
Y en vez de tener por amigo al pájaro Emilio y a Carlitos entre otros, hay un par de cabras que a veces observa con un ojo abierto, un tanto aburrido; como yo el cine “de autor”.
Es de imaginar que tenga dos rabos también, como debiera tenerlos Snoopy.
Sí que tiene cierto poder mental, porque cuando paso frente a él, a través de la reja de la casa, ni se molesta en mirarme; pero pareciera que una voz en mi cabeza dice: “Ya pasa el gordo otra vez…”.
Por cierto, también tiene el sarcástico ingenio y humor del Snoopy incorpóreo de tinta y papel.
En fin, que si no te fijas bien te puedes perder la tira cómica del día, que es lo que más vale de cualquier periódico de esta era “woke” decadente y cobarde de la mentira, su doctrina del hijoputismo y censor de la libertad, inteligencia y humor. Muy seudodemocrático con corrección político-social de mierda.
Qué sería de la inteligencia si no existiera Snoopy…

Foto de Iconoclasta.

Hoy es el día de los muertos, otros lo llaman el de todos los santos.
Sinceramente no creo que hasta la fecha, desde que surgió el primer primate humano, se haya muerto ningún santo y mucho menos lo hayan enterrado; o como se dice hoy día: “reciclado”.
La verdad es que tanto me da, a pesar de tener una buena colección de muertos en mis recuerdos. Mi madre reiría por esta ocurrencia; pero no era santa.
Los santos son paradigmas de pobreza y humildad que el estado/dios inventó y sigue creando para que los pobres sientan orgullo de serlo y, no dejen de alimentar y cebar al estado/dios.
La chusma no piensa o no sabe que el cerdo o estado/dios tras haberse cebado debe ser degollado porque sigue comiendo mucho más de lo que ofrecerá ya muerto.
Pero la chusma no ve al cerdo, ve al caudillo, al presidente, al ministro, a un general, al rey, al papa/rabino/ayatolá.
Y el cerdo engorda y lo aplasta todo porque los santos no degüellan a nadie, sólo quieren vivir míseramente orgullosos, cobarde e inmóvilmente humildes y celebrar a sus “santos” con ese infantilismo adulto tan propio del retraso mental o enfermedad neurodegenerativa.
Así seguirán con su orgullosa y patética humildad hasta que sea perentorio matar al cerdo o morir de hambre; pero en ese instante será tarde porque serán demasiado pobres y débiles para resistir el peso del cerdo.
Está bien, nada nuevo bajo el sol. Es algo cíclico, las guerras llegan, mueren los que deben y vuelven a adorar y cebar a un nuevo cerdo.
He visto a un árbol solitario alzar sus ramas esqueléticas al cielo otoñal, clamando la desdicha de su desnudez. Otro invierno que llega, otra prueba de muerte.
Tal vez no sea capaz de cubrir con hojas sus ramas en la próxima primavera.
Está muy lejos de pensar en los santos y el cerdo.
Le he deseado buena suerte aún que está vivo.

Foto de Iconoclasta.

Tras cada dios y estado hay una caterva de hijos de puta pregonando el sacrificio, pobreza y humildad o humillación al dios/estado para que ellos, administradores de su dios/estado maricón y psicópata, recauden todo el trabajo y esfuerzo y parasiten la vida de la plebe, prometiéndoles la grandiosidad del cielo o un futuro mejor para sus tataranietos cuando mueran secos, miserables, obedientes y engañados.
Que su muerte sea el gran viaje a nueva vida y un mundo mejor para los que quedan.
El paraíso para los retrasados mentales ni más ni menos.
Esta es la base común a toda religión/estado sólo cambia la liturgia, retórica y las mutilaciones corporales de los crédulos o plebe para que follen menos y produzcan más beneficios al dios/estado.
Y entre toda la liturgia, el cambio de horario entre invierno y verano es otra de las eucaristías y mandamientos del cochino y maricón dios/estado muy común en muchos países del mundo. Una medida que ayuda a que las gallinas y gallos humanos pongan más huevos y se engorden más rápidamente; pero ante todo que aprendan de una puta vez que es el dios/estado quien ordena salir y ponerse el sol. Algo básico en la plebe insectil o cariñosa y eufemísticamente conocida por globalidad.
Sólo que las gallinas humanas carecen de la vistosidad de las reales y decentes gallinas y pollos y no sé si se sienten ofendidas por el símil de las gallinas humanas.

Fotos de Iconoclasta.

No existe ningún problema en el acto de amar, no se debería temer nada puesto que no es un negocio; no hay pérdidas ni ganancias.
Pero hay quien dice que “es complicado”.
No hay complicación en el amor. Es, en esencia, lo más sencillo del mundo. Sólo hay ignorantes de sí mismos y el temor propio de los mezquinos y pusilánimes.
Si el amor “es complicado”, se debe a que no existe. Es decir; no vale él para ser amado, o no vale ella. Eso no es complicado, simplemente se niega que haya amor.
Retorcerlo es un acto que viola la nobleza y la honestidad. Algo de lo que no sentirse orgulloso.
Lo complicado es sobrevivir cada día en esta asfixiante sociedad adocenada, maloliente, degradada, carcelera, controladora, esclavista y envidiosa. Corrupta y hostil.
El amor es tan sencillo como su existencia o ausencia, cualquier otra consideración es mercadeo ruin de un ser provinciano con una injustificada vanidad.
La complicación está en quien pervierte con su limitado y adocenado intelecto el amor mismo, haciéndolo un negocio o inversión.

El humano globo o humano hinchable actual es la evolución y consecuencia lógica de los humanos sapiens previos al primer contrato social; en el momento que pactaron con el brujo de la tribu trabajar (cazar o recolectar) para él, en la especie humana se inició el proceso de putrefacción del cerebro. Le fermentó la inteligencia y se convirtió en una especie quejumbrosa siguiendo el rastro de excrementos que sus amos líderes cagaban delante de ellos. Y en lugar de trabajar para ellos mismos, se masacraban por hacer rico al brujo del poblado, que luego evolucionó a rey o papa en pocos siglos y luego surgieron los presidentes, ministros, secretarios generales, caudillos, etc…
Hoy la especie humana es irrecuperable, incluso su carne como alimento es desagradable para las otras especies carnívoras.
Con un cerebro meramente funcional los humanos del reciente pacto social iniciaron un vertiginoso proceso de degradación genética psicosomática de la especie humana sapiens hasta nuestros días que ya es exclusivamente “globo” o “hinchable”, salvo algunos afortunados individuos. Aunque lo de “afortunados” no es correcto, ya que están sometidos a una constante persecución y caza por el estado ladrón y asesino y los propios globos que han sido programados mediante la virtud social de la envidia durante la infancia y adolescencia.
Ninguna especie del planeta ha evolucionado tan rápidamente como ha involucionado la especie humana, salvo las vacas, caballos, ovejas, perros, gatos y pollos. Especies a las que el ser humano globo modificó matando los especímentes que no se adaptaban a su uso ganadero o agrícola.
De hecho deberían perder su nombre taxonómico “humano”, porque prácticamente son monos con fuertes tendencias al homosexualismo y a una imbecilidad congénita, lo cual los condena a la extinción, como extinto está el homo sapiens.
Hasta que alguno de los pocos eruditos que puedan quedar designe taxonómicamente a la actual evolución de la humanidad del pacto social con un nombre que no manche la dignidad de la auténtica especie humana sapiens, para mayor claridad usaré “humano globo” o “humano hinchable” según mi criterio literario para dar mayor plasticidad al texto. Aunque margaritas a los cerdos porque los humanos hinchables pierden cualquier comprensión cuando un párrafo supera la docena de palabras, a la decimotercera ya no saben qué han leído atrás.
Los humanos globo nacen ya genéticamente adaptados y esclavos del estado asesino y ladrón. Son incapaces de afirmar si son hembras o machos aunque se reflejen desnudos en un espejo. Y así ocurre con sus crías: se ven con la angustiosa incertidumbre de darles un nombre adecuado a su anatomía que los progenitores son incapaces de clasificar sexualmente. Hay hembras con unas mamas enormes y oscilantes, que se llaman Javier, hay machos con un pene oscuro y oscilante también, como el badajo de una campana, que se llaman Margarita y hay madres que deberían ser hembras, pero como tienen barba y mamas lecheras velludas han elegido nombres neutros para conciliar su propia confusión o ignorancia de su sexo como: Denis, Francis, Emo, Eider o incluso Milán como las gomas de borrar.
Bien, pues estos pseudo humanos hinchables, están absolutamente vacíos de inteligencia y el estado, durante el sacrificio de la infancia y la adolescencia de los pequeños globitos, les inyecta junto con el aire necesario para que tengan un cuerpo sólido las directrices-leyes-normas-tradiciones-folclore-teléfonoscelulares que todo buen votante demócrata de la sociedad consumista y del estado del “bienestar” o contribuyente, precisa tener y saber.
De hecho, un hombre o mujer globo decapitada, sus cabeza podría servir para decorar las fiestas de cumpleaños infantiles. Están absolutamente vacíos, incluso hay quienes sostienen, que es la primera especie del planeta que no tiene sangre en las venas.
Los hombres y mujeres hinchables están sometidos a un constante control y revisión por el estado que, los infla con aire o algún gas inerte a la presión necesaria para que sigan cumpliendo las normas y preceptos para los que han sido programados y de nacimiento, condenados capitalmente: nacen pecadores o culpables por un programado “pecado original” sea cual sea su credo y por ello, deben pagar hasta morir al estado su culpa.
Los humanos hinchables lloran y ríen, se acobardan o se lanzan a la guerra como muñequitos descoordinados siguiendo las estrictas consignas del estado ladrón y asesino.
Y cuando ocurre que el estado no les acaricia las crines con benevolente paternalismo y falsas palabras, se deprimen y lamentan de estar abandonados. Son dependientes del estado y sus leyes como las garrapatas de la sangre o el humano globo político de la cocaína. No saben qué hacer cuando se encuentran en ilusoria libertad y siguen a cualquiera que camine en una determinada dirección para sentirse adocenadamente acompañados, ya sea para bailar en masa, para correr en masa, para comer en masa, beber en masa; o morir en masa que también saben hacerlo muy bien. Porque como los humanos globos afirman: mal de muchos, consuelo de subnormales. Les tranquiliza ser explotados, morir o sufrir en multitud debido a su personalidad marcadamente dependiente y cobarde.
El estado les dicta a quien cómo cuándo y dónde deben amar u odiar. Existe una compleja red global de adoctrinamiento también global que funciona sin pausa toda la vida de los globos, en libros, películas, series, televisión basura y telediarios del régimen que reciben todo ello en sus teléfonos móviles, televisores, cines y espectáculos.
Todo está programado y catequizado para eliminar todo asomo de inteligencia en los humanos hinchables que son ya el 99, 9 % de la población pseudo humana del planeta.
Una vez la elasticidad se pierde, el estado los pincha y los quema para reciclarlos como fertilizantes o alimentar a los cerdos.
Los humanos hinchables no se alimentan, sólo se inflan. Es básico entender esto, porque la carne sólo es para los globos que forman el estado. Si a un jerarca del estado lo decapitas, su cabeza golpeará duramente el suelo, porque están rellenos de carne. No sirven para decorar las fiestas de cumpleaños, porque además, olerían a podrido.
Les encanta a los globitos grandes y pequeños, hembras o machos por su absoluta ausencia de vida interior, amontonarse en grandes bandadas que se mueven obedientes a la voz del estado, cuyo representante es otro globo con una programación de lujo o premium, según en la familia de hinchables en la que haya nacido.
El precio de un humano hinchable varía según la región del planeta; pero de media se podría afirmar con muy poco margen de error que puedes comprar uno entre los diez y quince mil euros. A unos ciento veinticinco euros el kilo suponiendo un adulto macho de ochenta kilos.
El peso es exclusivamente el de la carcasa, ya que la cantidad de nada o aire que contienen en su interior es despreciable, su presión no supera los 0, 05 bar. Son de fácil mantenimiento y alimentación. Incluso algunos eligen comer exclusivamente desperdicios vegetales como algunos animales del zoo.
Los humanos hinchables creen a veces que una vez llegó el humano a la Luna y otras no. Su creencia varía en función de lo que el estado a través de sus medios les radie a sus orejas-antenas. Se debe destacar que el reciente decreto borra el anterior de su reducida y apenas funcional memoria, son lo más parecido a una cría recién nacida porque pierden toda experiencia pasada cuando el estado de la globalización les encaja una nueva idea o decreto.
Su proverbial infantilismo se debe a esta degradación, involución o eliminación de la memoria.
Tienen la innata capacidad de olvidar a velocidades lumínicas, es por esta razón que la Historia Global es un aberración o degeneración de la realidad y por la que un líder político o religioso dura más de medio siglo al mando de las ciudades granja donde se crían y reproducen los humanos hinchables.
Los globos humanos desconocen, del mismo modo que la libertad, el concepto de verdad y su antónimo la mentira; se limitan a obedecer sin más discusión su dogma del día y contribuir a la riqueza de los jerarcas del estado a cambio de una humillación de la que no son conscientes.
Lo hinchables son bebés mamando de una teta (en realidad es un dedo del estado introducido en sus anos) y se horrorizan ante la posibilidad de que un día pierdan la teta dura y agria del estado.
Les roban su infancia, adolescencia e inicio de la adultez en los centros de adoctrinamiento: escuelas, institutos y universidades. Y así, sin infancia ni adolescencia experimentadas y con una nula madurez mental, inician su ciclo biológico productivo y reproductivo para alimentar las arcas de los jerarcas del estado.
Creen que su esperanza de vida está en torno a los ochenta años. Es mentira, porque sus primeros veinticinco años de vida no ha sido tal, los pasan prácticamente muertos. Han permanecido aletargados en su desarrollo. Apenas viven cincuenta años de promedio.
Resumiendo las cualidades de los globos humanos:

1 Creen con fe inquebrantable todas las mentiras y mitos que el estado global sermonea cada día, ya que esas mentiras son realmente el aire que los infla da forma concreta, excepto sus genitales para evitar que sepan algo de sí mismos.
2 Carecen del concepto instintivo de libertad hasta el punto de ser ignorantes de su nacimiento en cautividad.
3 Y si conocieran la libertad: ¿quién los hincharía si no existiera la Sagrada Globalización?

Quiero suponer, en un ejercicio de ingenuidad por mi parte y sin que sirva de precedente, que el próximo a la extinción: lector; ya habrá deducido el porqué de que a la masa humana (antes del pacto social llamada humanidad) se la designa con el gris, triste e infantil epíteto de “globalidad”.
Comprendiendo a la actual naturaleza de los humanos hinchables podemos comprender el concepto y la criminal y caníbal imposición de la globalidad, con su semántica tan sencilla y diáfana sin asomo alguno de retórica alegórica.

    “Pienso, luego existo”.
    ¿Qué fumaba, que se metía por la nariz?
    ¿O le daba duro al ajenjo?
    Porque no sería agua. El agua es clara y cristalina y lo suele aclarar todo.
    Y este pensar y desarrollar la idea para el método…
    ¡Qué puto relajo el de los filósofos!
    Mirarse el ombligo y filosofar: ¿Esta pelusa de fuerte olor soy yo?
    Es que no tiene gracia ni “sustancia” más que para sus iguales.
    Y yo toda mi vida tirando cables e instalando cagaderos y fregaderas, existiendo sin misticismos de bien nacido.
    Mejor no sigo o me cagaré en dios.
    ¿Cómo es el rito sexual de semejante figura?
    Porque si follas también existes, los jadeos de la puta que me ha costado una pasta, tan reales, tan sinceros, no dejan lugar a dudas.
    Me cago en dios…

    Foto de Iconoclasta.

    Sufro un problema dimensional.
    Mi vida resultó fallida, me di cuenta en el momento en el que me materialicé en esta dimensión de estructuras moleculares imbéciles, chocan unas moléculas con otras, se hacen sangre y sonríen entrecortadamente con los dientes ensangrentados.
    Hay un sinfín de dimensiones decentes y tuve la mala suerte de que me tocara nacer en ésta, en el que todo está mal hecho, incluso una gran multitud de seres humanos que la habitan están mal construidos y les salen bultos de todo tipo o se mueren porque algo se les pudre dentro; cuando era niño pensé que mis huevos eran tumores, me llevé un gran susto hasta que el pediatra díjole a mi madre que sólo eran unos cojones enormes y que sería un buen semental si dios quiere.
    Esto es una gran mierda.
    Por lo que he aprendido y experimentado a lo largo de los años de encarcelamiento en este lugar idiota, lo estropea todo el hecho de que cuatro subnormales inventaran unos dioses a su imagen y semejanza cerduna y unos cuantos mandamientos que luego los convirtieron en “leyes”; y para mayor inri, pregonaron que eran ellos la creación de dios, ergo son divinos.
    Y aquellos pobladores idiotas que apenas eran capaces de caminar erguidos sin arrastrar las manos por el suelo, repitieron la palabra fetiche que comparten todos los ritos y mitos religiosos en todos los idiomas, tiempos y lugares del planeta: amén.
    Los primeros hechiceros que luego evolucionaron a religiosos o sacerdotes, luego a emperadores, reyes y por fin a políticos que pomposamente en la actualidad gustan de alardear de “jefes de estado”, cuando sus monos aprendieron a decir amén con soltura, naturalidad e irritante iteración, se dijeron que como el pueblo ya estaba amaestrado a todo lo que el hechicero predicaba: “¿Por qué no inventamos unos pecados o delitos y las leyes para condenarlos y castigar a estos gilis? Cometerán sus pecados, los condenaremos y nos quedaremos con lo que tienen, incluidas sus crías, sean hembras o machos”.
    Así es la dimensión imbécil que me ha tocado. No puedes moverte por el planeta sin dar con un subnormal (feligrés votante o contribuyente) que diga “amén”, “reciclo” o “me quedo en casa”.
    Es como una grotesca pesadilla de la que no se puede despertar.
    No hay forma de escapar de esta dimensión de la deficiencia mental molecular.
    Cuando se nace en una mierda, en una mierda te mueres.
    Sería imposible que un idiota de esta dimensión sobreviviera en una dimensión decente, lo usarían de combustible.
    Tras miles y miles de años, no se han enterado aún del cuento: las divinidades son alegorías infantilizadas de los hechiceros, sacerdotes, reyes, ministros, jueces y tiranos; del estado en definitiva.
    En el instante en el que me materialicé, noté como la vida se me pudría en este cuerpo cárnico.
    Es toda una experiencia que le deseo a mis hijoputas enemigos.
    Hay un paralelismo tan obvio entre el estado y los dioses de las “sagradas escrituras” (de toda secta religiosa), que requiere de una gran voluntad ser tan sumamente imbécil para no ver esta escandalosa y llamativa semejanza. Es obvio que estado y dios son igual de puercos.
    Y en esta dimensión no se enteran aunque los muelas a palos, de que las “sagradas escrituras” son burdas fábulas infantiles del estado escritas con un gusto y arte del nabo.
    En esta dimensión son ciegos, sordos a la frecuencia de la razón y deficientes mentales para llegar a una conclusión, a la más sencilla.
    Cuando te has habituado a esta imbecilidad que te oprime el resorte del odio y la violencia, observas ya sin asombro que en esta dimensión pútrida la imbecilidad es la gran virtud humana. Y cuanto más idiotas y mezquinos son los votantes o contribuyentes, más oportunidades tienen de medrar en su sociedad.
    O sea, viven en una eterna olimpiada de la estupidez; no existe ninguna otra actividad con tantos récords como esta competición idiota de la dimensión imbécil.
    Estoy abandonado…
    Y si el estado les envuelve un excremento con papel infantil de colorines y un lacito; y además da un sermón sobre sus propiedades terapéuticas y jocosas, se comerán el trozo de mierda con glotonería y se chuparán los dedos. Y dirán amén con una sonrisa pletórica de mierda entre los intersticios dentales.