Archivos de la categoría ‘Humor’

¿En serio Jesucristo era culturista? Sus abdominales en la cruz lo delatan.
Un narcisista… Es por ello que se empeñó en lucir torso con la cruz a cuestas.
Me recuerda su estudiada crucifixión a la sonrisa de tiburón de Charlot.
¿Fueron los anabolizantes los que lo tornaron “mesiánico” (gilipollas) al nazareno?
Nadie tiene un abdomen como el crucificado si no pasa horas en el gimnasio.
Muchas…
Si dedicas al gimnasio tanto tiempo, no trabajas, las cuentas no salen. Naciste en un buen lugar y en buen momento, pues. La aleatoriedad no es mérito. Simplemente eres hijo de ¿un burócrata nazi? Por decir algo.
Eso o a algún escultor o pintor se le fue la olla idealizando al crucificado.
¿Una inspirada, ferviente y efervescente homosexualidad, tal vez?
No sé, cada vez que indago sobre el misticismo, acaba todo en parafilia.
Es natural que sea tan popular a pesar de ser un héroe Marvel (para que el gallinero entienda el concepto de mito), típico de todo oscurantismo medieval. Como un bozal y una vacuna sin utilidad, solo es el negocio del paraíso que solo te lo dan cuando mueres.

La prensa española es cada día más terrorífica y sectaria.
Milagro, cuerpo, alma… No jodas qué miedo.
Qué religiosidad y sentimiento con la muñeca.
El único milagro que conozco y es real, de 1998; es el magnífico y famoso El milagro de P. Tinto, ingenioso y divertidamente absurdo.
Ese sí que vale para pasar un buen rato.

«Papito, papito» 😀😀😀

No cuesta nada ser absurdo y esnob como el pato, que con la gran extensión de río y ribera que tiene, va y se sube a la piedra como el Principito en su asteroide.
Rascándose con el pico como si yo no lo viera con ojos inyectados en envidia.
Sí, es cochina envidia. Si yo tuviera una piedra como él en la misma proporción, haría lo mismo. Y en lugar de rascarme lo que me tuviera que rascar, fumaría y fumaría y fumaría y fumaría contaminando kilómetros de río con mis colillas castigadoras y portadoras de furias ecológicas… Y Dios me castigaría convirtiéndome en un ángel caído y…
Joder, me he dejado llevar por la pasión.
En fin, luego me bajaría de la puta piedra a comer que ya he fumado bastante.
Incluso si tuviera hambre me comería como él la boa, yo el elefante.
Y si me diera la gana, montaría una película con un guion que superaría a las del sobrevalorado y cansino Charles Chaplin de sonrisa de sátiro asaltacunas.

El planeta ya no es La Tierra.
Es la Taquilla C-18 de la película Hombres de Negro II.
La especie humana se ha convertido en algo parecido a esos pequeñitos alienígenas peludos, con ojeras como pandas y antenas con bolas luminosas, como estaban tan de moda en las discos de los ochenta del siglo pasado.
Solo que ellos tienen gracia, los humanos de La Tierra, también la tenían.
Pero estos humanos actuales de la Taquilla C-18 sucios del nazismo del coronavirus, la sanidad y el homosexualismo ideológico. De miedo, fe ciega, obediencia religiosa, infantilismo, aplausos a los dictadores…
Todos pensando igual, diciendo lo mismo que les emiten por televisión e internet. Repitiendo con el rostro convencido las mismas consignas que sus amos ganaderos les transmiten las veinticuatro horas al día sin cuestionar nada, asumiendo el lema nazi de que la libertad es enfermedad y acatando serviles las prohibiciones de todo tipo y los dogmas eclesiásticos de mansedumbre, homosexualismo, nutrición, sexo, ocio y cambio climático…
Estos no son humanos reales u operativos para la especie. Ya no quedan seres humanos de La Tierra, son los habitantes de la Taquilla C-18.
Sin gracia, todos haciendo colas en los mismos lugares para pincharse con el rostro compungido de miedo, silenciosos… Comprar las mismas cosas de oferta, las mismas películas de super héroes repetidas hasta el hastío profundo.
Tristes, átonos, amorfos…
Asomados a las ventanas para espiar a los que pudieran salir a la calle cuando los encarcelamientos por coronavirus, calzando bozal en el hocico como si en ello les fuera la vida, aplaudiendo al régimen.
Con sus “yo me quedo en casa”, “yo me vacuno”, “yo confío en mi dictador”, “el estado me protegerá y dará de comer”, escuchando con esperanza palurda la tonta canción de “Resistiré”…
No son seres humanos, definitivamente.
Al menos los habitantes de la C-18 de la película tenían gracia, hablaban como catetos pueblerinos con las miradas idiotas, en un acertado sarcasmo y caricatura cinematográfica de lo que sería la especie humana en el 2020. Me meo de risa al ver la escena, es mi clásico desde el primer día que la disfruté.
En lo demás, los habitantes actuales de la Taquilla C-18 dan pena en su infantilismo y temor conejil, su fe en los salvadores de sus vidas y ladrones que les roban el sustento y la respiración. Y a sus hijos la identidad, la cultura, su naturaleza y biología; y la determinación y creatividad.
Recordad que es de bien educados rebobinar las cintas antes de entregarlas al video club. Y ahora, corred que las entradas son dos por uno.
Y no os olvidéis de cantar a vuestros dioses y amos, cabestros.
Es que me parto el rabo con los ciudadanos de la C-18, los peludos con cara de panolis… ¡Qué risa!

Video de la escena: https://youtu.be/WFF6BEM_7ng

Iconoclasta

Soy pura numerología nihilista; sumas y restas de cantidades y cosas indefinibles, incorpóreas. Y ya sabemos que sin cuerpo no vales una mierda.
Tal vez soy cadáver y por ello las cuentas no salen.
La puta verdad es que solo estoy compuesto de quebrados y raíces que se clavan en mi cerebro. Y resto más que sumo.
Puta mierda…
Una ecuación de segundo grado que malo el positivo, malo el negativo. Una parábola estúpida, sin sentido.
Como las de Jesucristo.
Nunca me ha angustiado elegir el resultado de una aburrida y árida ecuación, ni de cualquier otra operación matemática o no. No odio las matemáticas, simplemente no me sirven para nada.
Solo es mala hierba para los imprevisibles sueños y deseos.
Hay quien ve en ellas un universo, yo veo la eternidad del tedio y la esclavitud.
Cuando faltan palabras usan los números para llenar los espacios en blanco de su imaginación con indeterminaciones y ambigüedades.
Cuando he de elegir lo hago rápido. Siempre elijo mal porque siempre te dan malas elecciones. Así que digo mierda y señalo una.
Y en un acto final de inocua rebeldía, me quedo con la otra; con la sabiduría final de que no importa. No razono las estupideces.
Otros a mi sabiduría la llaman destino o la voluntad de dios; pero sé que tras las elecciones hay un imbécil más de tantos que es quien las propone.
Hicieron de la vida una galería de feria de idioteces monstruosas y elijas la puerta que elijas, tendrás un mal positivo, un peor negativo o una fracción de tu vida tirada a la basura.
Si te amputan media pierna, solo queda desangrarse. A descansar de una vez por todas…
¿O vas a arrastrarte como un gusano a los pies de otros?
La metafísica matemática tiene consuelos desconsoladores.
Es el nihilismo consecuente, el pensamiento estropeado de una matemática estéril.
No preguntes para que no te den elecciones.
Haz lo que debas.
Cuenta absurdos que siempre serán más graciosos que unos algoritmos que miden el papel que usas para limpiarte el culo en días de lluvia, de sol o de mierda; según con quien, según donde…
El error está en el acierto.
Y un acierto y otro más son dos aciertos, dos errores. Nada por lo que dar saltos maricones de alegría.
Un error y otro error son dos errores (ídem de la parte final del párrafo anterior).
Dos putas no suman dos placeres, solo un robo seguro. Un negativo que en la parábola de la ecuación de un enfermo mental, podría ser también un positivo. Porque si las cosas ocurren es por algo ¿verdad, idiota? Y el viento arrastra una rama que te abre la cabeza por alguna razón que no habías resuelto.
Que te den por culo y por la boca mierda, listillo.
Y a las derribadas o como cojones quiera que se llamen.
Dicen los nihilistas que el conocimiento no existe. Qué sabrán ellos…
Yo digo que la humanidad son los electrones estúpidos de un átomo y que de tanto orbitar, han ocurrido azares sin mediar inteligencia alguna.

Iconoclasta

La risa es un medio neurológico para equilibrar el exceso de mierda que estamos destinados a tragar desde que nacemos en esta sociedad o civilización, que es la misma en todo el planeta; pero con distintos instrumentos musicales y folclore.
De aquí se deduce una ley tristemente jocosa:
Cuanto más ríes más por culo te dan. Quiero decir: primero te dan y luego viene la risa tonta o terapéutica. Aunque hay veces que por esa risa te dirán: “Pues toma otra taza, gracioso”. O sea, que hay días que pareciera que entre las nalgas sostienes un CD y no de canto, sino por los extremos de su diámetro.
Yo no quisiera dármelas de macho y listillo; pero he de confesar que soy un triste de nacimiento.
No me río jamás.
Soy el ser humano menos sonriente del planeta y mi recto está impoluto.
Soy la tristeza del universo.
Y si miento que se mueran los idiotas, que los parta dios con un rayo.

Hoy he tenido un quebranto al despertar, no suelo mirarme al espejo, estoy harto de ver más de lo mismo.
Y lo he hecho.
Y me he alarmado.
Me ha llamado poderosamente la atención que está noche no he acabado de hacer la transformación a lobo, me he levantado con los restos de la bestia a medio hacer en mi bello rostro.
Incluso yo mismo me he repelido y he gritado “¡Vade retro, bestia inmunda!”.
Luego, también he pensado en otra posibilidad menos mágica y más romántica: mi vida como puta. Ya cansada y desgastada, cobrando una mierda.
El último cliente me debió haber tratado muy mal. No lo recuerdo…
Bendita sea la raya blanca y sus restos en la mesita de noche.
Qué asco de vida y yo tan despierto.
Luego me he “arrascao” el culo malhumorado, con marcada displicencia.
Y no deja de fascinarme la despreocupación y el empeño con el que me denigro en cualquier momento, sin rubor; aún con la resaca de una licantropía a medio hacer. O una puta con exceso de trabajo y perfeccionista.
Y ahora, mirándome a mí mismo fija y dolorosamente me pregunto con cierta existencialidad, si hoy habrá subido el precio del tabaco para acabar de joder la marrana.
No sé, no debería haberme mirado. Ahora es tarde.
¿Y si en lugar de hombre lobo o puta no soy más que un miserable troll? Qué angustia…
El mal está hecho.
Tengo hambre.