Desde la ventana Murf observa el planeta y las cosas que pudiera cazar y no le dejo. Yo lo observo a él a falta de que no haya una hermosa mujer frente a mí a la que mostrarle con desenfadada obscenidad lo muy hombre que soy. Bueno, siempre tiendo a sobreestimarme, porque si no lo hiciera me encontraría con la innecesaria e indigna verdad: eres un mierda. Y no me gusta. Mirar al gato es terapia de autoestima. La terapia de esquivar la vergonzosa realidad. A mí no me mira nadie, mi pelaje es repugnante. Murf es un ser privilegiado; pero con un compañero idiota. Nada es perfecto.
Hoy, tras otra larga sesión de sexo oral en las cortes, y como ya era del dominio de unos pocos listos como yo, se ha aprobado la instauración indefinida del acoso y abuso policial, así como el encierro de los ciudadanos. Y aunque no se ha dicho, tras la invención de cientos de delitos durante el estado de sitio al ciudadano, con toda probabilidad habrán acordado borrar del código penal el delito de prevaricación para que todas las multas y encarcelamientos no constituyan delito. Las fechas fijadas de prórrogas y toda esa cháchara es mero formulismo, ya que no pueden quedar espacios en blanco en las actas. La tan cacareada oposición del gobierno es un chiste político que ya no tiene gracia. Y así, los arruinados y sin comida, no podrán bajar de sus casas si no es en un ataúd, ya que: “Si no vas a comprar alimentos, para qué cojones vas a salir a la calle, idiota”. Dice con orgullo un policía elegido al azar. En definitiva, si la policía y otras fuerzas de seguridad del estado, ya han desarrollado estos días un patológico complejo de superioridad y autoridad; ahora tendrán pista libre para lucir en sus boinas y gorras la insignia de la calavera de SS. Dios es una puta encarcelada en su burdel, estamos abandonados.
¿Cómo lo llevan las putas? Mis amadas putas… La pandemia del coronavirus y sus infecciones colaterales: estafa, gobierno, policía, cobardía, despotismo, colaboracionismo y pobreza; joden incluso a las putas. No tienen corazón. Las putas no…. Por eso ahora aparecen tantos perfiles como solicitud de amistad en las redes sociales, con cuerpos perfectamente fabricados, retocados y lamibles hasta la eyaculación. Perfiles que son promocionales de páginas pornográficas y sexocam. No existen esas putas; pero a efectos de hacerse una paja no importa. Lo que me hace reír, es que aún hay lelos de paja fácil que las saludan como si existieran. Los grandes pajilleros, tienen un cerebro más pequeño que uno de sus testículos u ovarios. O sea, más tontos que una piedra. De lo que estoy seguro es que presidentes, ministros, altos funcionarios y algunos comisarios de policía, deben tener un impecable y profiláctico servicio sodomita diario con sus selectos efebos.
Pareciera que la alarma de coronavirus es en realidad la suelta de los perros de caza. Es cuanto menos, anecdótico conocer la verdadera cara mezquina, envidiosa y asesina de tus vecinos, los policías y los policías oficiosos que ejercen de delatores. Y no se mueren…. Ni sus hijos. Se reproducen como ratas. Tengo mis razones para estar asqueado.
A ver si me entienden y pillan el concepto de científico y de líder, las tareas que cada cual tiene. Vamos a ver, presidente o ministro; o lo que cojones quiera que seas. Si tú te has comprado un científico, es para que te explique lo que es el coronavirus, qué hace y cómo se puede combatir. Tú no has comprado o mantienes un científico para que te diga lo que debes hacer ¿lo entiendes? ¿correcto? A menos que seas un perfecto inepto y desconozcas lo que es iniciativa, análisis y autoridad. Digo que si desconoces cualquiera de esas aptitudes de liderazgo, dimite. Deja la política de una puta vez y vete a una granja a cultivar tu propia marihuana. Ese axioma de que la salud es lo primero, es precioso y lo recitan los niños de teta entre mamada y mamada. Es tan vulgar como innecesario para un tipo que debe administrar un país. El científico es una cosa que no tiene puta idea de economía ni sociología. Vive en su privilegiada burbuja de bienestar: tiene una potente paga y un cargo vitalicio. Para él la salud es lo primero porque le sobra la pasta. No piensa en el dinero de la misma forma que no piensas en los ojos cuando ves unas buenas tetas. En Etiopía la salud se puede encontrar en un charco de agua sucia y en un trozo de carne podrida que se la ha caído a una hiena de la boca. No debes hacer, presidente o ministro, lo que el estrecho cerebro de un científico dicta. A ti no te dicta nadie nada. Debes p-e-n-s-a-r qué es lo posible y lo que menos daño cause. ¿Para qué quiere nadie un líder si tenemos científicos acomodados en su poltrona, muy lejos de cualquier necesidad? Así que dimite y le das tu cargo al científico o biólogo que compraste en unas rebajas. Porque, por ejemplo en España, la salud se encuentra en el dinero, no hay otra forma de comprarla o adquirirla. La salud se encuentra en la comida, en el agua y en la vivienda. Y si no eres idiota la salud, en definitiva, se consigue en esta sociedad trabajando. Así que no te creas que tu científico es el puto oráculo de los dioses griegos. Piensa de una puta vez que para eso cobras una pasta y te han votado millones de idiotas. Si no estamos en Etiopía, el dinero es la fuente de salud. Y la inacción, resguardar la cabeza en el suelo como los avestruces, es destrucción y violencia. Y será entonces, pusilánime líder sin coraje, cuando de verdad se desatará una gran crisis de salud. Y no será tan relajante como la del carajo virus o coronavirus. Te lo repito para que me entiendas, y si hay alguien tras de ti, que te lo recuerde antes de ir a cagar: el científico te dice lo que hay, y tú has de hacer lo que se debe según las necesidades de la sociedad que en teoría deberías liderar. ¡Hala, miedoso! Haz tu trabajo de una puta vez y ponte a demostrar el movimiento, porque cagando demasiado tiempo en el váter, no se soluciona nada. La inmovilidad, la inacción y le represión ciudadana es lo que acabará con la salud, tanto que la extinguirá. De jarrones y otros floreros hay hasta en los hoteles de putas, no necesitamos más. Es que hay que explicarlo todo, coño…
Dale a un idiota un poco de autoridad y se convertirá en el puto Idi Amin Dada. Los celosos perros corruptos se dedican a revisar compras de los ciudadanos. Y dejan pasar toneladas de droga cuando no hay alarma por coronavirus. Incluso el ministro ha pedido que dejen de ser tan hijoputas. España es un mal lugar cuando te has de topar con la «autoridá competente» (competente es retórico). Por lo visto los corruptos policías envidiosos no pueden soportar que alguien compre cerveza o refrescos y multan. Esto ya es México.
Padre… Mírame: la tengo dura por los muertos y los enfermos, por los pobres y los hambrientos.
¿Es legal? El televisor habla de coronavirus y parece de carne, orgánico… En la pantalla bajan lefas escurriéndose como cera caliente que humea un poco antes de enfriarse. Padre: cuando camino el movimiento masajea mi glande y me desespero; el semen hirviendo presiona y no sé como gestionar lo caliente que estoy. Solo acierto a meter la mano en la bragueta. Estoy tan encelado… Encelado de tanta miseria y cobardía que veo y escucho, padre. No sabía de mi mórbida obscenidad. ¿Tuviste algo que ver con esto que está tan dolorosamente duro entre mis piernas y mi degeneración? Mis huevos están contraídos, parecen de cuero, padre. Es también una clara cuestión de mortificación. No me importa el dolor, la muerte y el miedo; solo pienso en correrme. Dime que no estoy enfermo, padre. Padre: ¿Qué hago? Los policías me dicen que tengo la obligación de mostrarles mi erecto y palpitante pene para que me hagan un test con sus bocas ávidas. Agentes de la indecencia… Les digo que tengo prisa, pero me acarician los huevos y una agente fea, se acaricia retorcidamente entre las piernas con la porra. Como yo hago sin poder evitarlo apretando mis cojones con el puño. ¿Qué hago, padre? ¿Les dejo beber de mí? ¿Sabes, padre? Me hubiera gustado que no hubieras muerto y supieras de la excepcionalidad del cerebro podrido de tu hijo. Moriste sin conocerme… Me parece injusto. Padre, hay una epidemia y no consigo enfermar, no mis pulmones. Es mi pene que se expande y llena todas las bocas y todos los coños de los que viven y los que se pudren. ¿Soy yo la infección? ¿O son ellos los que me infectan con su cobardía y mediocridad?
Estoy sucio. ¿Estás orgulloso de mí, padre? ¿Los muertos sentís orgullo? Padre, tengo el cerebro podrido y mi pensamiento supura un blanco lácteo y cremoso.
Me jode que los hijoputas que han provocado este puto encarcelamiento y pobreza por su miedo e inmovilidad hacia la epidemia coronavirus, no pasarán hambre ni penurias. Los malos siempre están a salvo, en las películas y en sus elaboradas estafas y negligencias auténticas, reales como mi pene mismo. Además, estos gobiernos de tarados de la era del coronavirus, le han cogido gusto a encarcelar a gente inocente en nombre de una democracia que tiene todos los medios estudiados para convertirse en una feroz dictadura cuando ellos quieran. Bueno, nunca me han engañado, sinceramente. Y no dejarán de hacerlo; ahora que han probado el fascismo descarado, les ha gustado. Se ha convertido en su viagra diaria. Espero que Boris Johnson no salga de la UCI, su muerte puede consolar un poco todo este devastador daño anal; pero no soy optimista, con toda probabilidad volverá a dar por culo. Estoy morbosamente ansioso de que caigan gravemente enfermos políticos y cargos de gobiernos y asistir así a los reportajes teleseriales de su beatificación y a los grandes tuits que por ellos se publicarán. Insisto, no soy un ingenuo de mierda y sé que no muere quien debe. Solo divagaba dulcemente.
La violencia es lo único que resuelve con rapidez y claridad una crisis. Toda otra cháchara del coronavirus y sus dictadores es distensión y más daño en el esfínter.
La velocidad de morir es la más lenta que existe. Morir cuesta toda una vida. No hay unidades ni cifras aproximadas para medir esa velocidad desesperante. Solo sé que cuando miras atrás han pasado demasiadas horas malas. Cuando llega el momento de palmarla, piensas que ya te podrías haber ahorrado tanta vida de mierda, innecesaria. Siempre hay un amargo sabor cuando te llega la muerte, hubieras preferido ver morir a muchos que conoces antes que tú. Al morir no te arrepientes de nada, solo hay esa desagradable sensación de que algo está mal en la vida. Ha sido todo un continuo fraude, un mal vivir. Una sensación de timo que entristece la última respiración. Romanticismos aparte, definitivamente, morir es la más triste y anodina marca de velocidad. Te dan una medalla de estiércol en el mejor de los casos. La mayor parte de los seres intentan ser lentos, siempre quieren ser los últimos en llegar. Pues que se jodan. Hice grabar un epitafio en mi lápida: “A los que os hice daño, no fue el suficiente. Esa es mi condena.” Y heme aquí escribiendo desde este fresquito limbo. Maldiciendo mis huesos enterrados por lo muy lento que fue morir. Si llego a saber que se está tan bien aquí, me hubiera decapitado hasta con un cuchillo de untar mantequilla. ¡Qué hijaputa la muerte! Qué mala faena me hizo…
Ha llegado la era de las mascarillas, los gobiernos obligan así a perder también lo que hace diferentes entre sí a sus esclavos productores: el rostro. El toro ha agachado la cabeza para recibir el descabello por fin.