El ponzoñoso Régimen Español del coronavirus, aliviará la prisión de la infancia en un gesto atroz de represiva hipocresía paternalista. Mientras mantiene con risa de hiena el riguroso acoso y abuso a la población.
Volverán a poner en las entradas y salidas de las poblaciones, yugos y flechas.

Solo por curiosidad, me gustaría saber cuánto invierten las empresas alimentarias para sobornar al presidente y ministros y que prolonguen así tantas putas veces el encarcelamiento civil, mal llamado confinamiento por alarma de coronavirus.
Debe ser bastante, porque al ritmo que suben los precios de todos los productos en los supermercados, los políticos deben exigir mucho más por cada prórroga de encarcelamiento que otorgan a esas empresas.
Pobres grandes empresas… Y los gobiernos tan beatos, velando por la salud de los borregos.
Yo les ofrezco gratis que me la chupen y así sentirán en el paladar el poder del hombre definitivo. Soy más generoso que las cadenas de supermercados.

La puta del presidente y sus maricas y tortilleras ministros, funcionarios y policías de mierda; han decidido prolongar dos semanas la prisión domiciliaria por el coronavirus que no los mata. Siguen todos los puercos vivos, robando, extorsionando, estafando, abusando y acosando.

Si fuera religioso, rezaría por que se les desarrollara un tumor en el cerebro y en un plazo no superior a treinta y seis horas (para que pudieran sufrir) murieran meándose y cagándose encima.

Como no soy religioso, solo me queda desearlo con mucha fuerza. Dicen los optimistas y espirituales que, cuando se desea algo con mucha fuerza se consigue. Y una puta mierda para ellos, no nací ayer, idiotas.

Lo deseo con fuerza porque mientras estoy encarcelado no tengo otra cosa que hacer: presidentes, ministros, jueces y policías, os pido que desarrolléis un tumor cerebral no inferior al tamaño de un tomate. Y que rabiéis un millón más de lo que yo rabio, trozos de mierda.

Y mientras tanto, os folláis a vuestra madre, que buena falta le hace y echa de menos su oficio de puta barata.

Bye, hijos de puta.

Sois chachis, 😍🥰😀😆😈😈😈🤮

Imagen  —  Publicado: 19 abril, 2020 en Conclusiones, Humor, Manuscritos, Reflexiones

Claro…

Publicado: 18 abril, 2020 en Sin categoría

Y yo me jodo ¿verdad, trozo de mierda, hijo de puta?

Pienso en los seres que más quiero y en todo lo que haría por ellos.
Y en los que odio y las mil formas que imagino de masacrarlos.
Murf me observa con cierto interés, intuye la gran tensión que hay entre el odio y el amor en mi cerebro eficaz y peligroso.
Todos los bordes son peligrosos, cortantes.
Y si caminas por un filo, acabas herido tarde o temprano.
Bueno, más temprano que tarde.
De hecho estoy tocado desde hace mucho.
Y si ya lo estoy ¿qué puedo perder con un acto abominable?
El dolor te hace insano, ergo osado; el hastío, simplemente peligroso.
Y puede que algún día, si antes no muero, tenga que hacer algo por ellos por los poquísimos seres que amo con toda mi alma (si tuviera); como masacrar a los que detesto con una cólera controlada, fría y tóxica. Sistemática como un campo exterminio.
E inevitable.
Tal vez les deje un mundo mejor si descuartizo a cuantos pueda.
Extrañamente, puedo amar y odiar con idéntica pasión. Al mismo tiempo en cualquier lugar.
Algunos dicen que no es posible, pues sí lo es. Perdónales, Dios, porque no saben lo que dicen.
Soy el fracaso de Jesucristo.
Las tradicionales mentiras y leyendas religiosas siempre ayudan a dar más dramatismo a mi pensamiento incierto e inapropiado. Y por otra parte, las irreverencias son fuente de satisfacción.
Cuanto más quiero a esos pocos, más odio a esos millones. Amor y odio son directamente proporcionales y residen en el mismo lugar.
El lugar que mi Murf atisba.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

El presidente del país que habito es mi enemigo, me prohíbe la más básica libertad y debo ejercer una violencia de cazador para ir adonde quiero y adonde debo.
Así pues, se dice que los enemigos del presidente del país que habito, son mis amigos.
Pero no me fío de ellos, son unos hijoputas por definición, en potencia y en esencia.
Mi enemigo y sus enemigos son la misma mierda al final.
Estoy rodeado del mal, acosado desde todas las direcciones, en todo tiempo.
Solo la violencia te hace libre, mis cojones.

Imagen  —  Publicado: 18 abril, 2020 en Absurdo, Conclusiones, Maldito romanticismo, Manuscritos, Reflexiones
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Parece un tratado de medicina; pero no.
En todo caso sería algo relacionado con la psicología, con la psiquiatría para los más cobardes que no acaban de entender la esencia humana y sus aberraciones: Yo.
Estados de conciencia que en tiempo de epidemias o alarma social, me llevan a evadir la realidad mezquina que la masa humana, como si de un cocido se tratara, hace hervir en el aire apestándome ofensivamente.
Evadirme con absoluta ausencia de moralidades, incluso éticas. En los momentos menos indicados.
Aunque todos los momentos son indicados cuando he de evadirme de esta bazofia que me asfixia con cobardes mascarillas y guantes más cobardes aún.
Así que en la cola del súper, en el espacio que hay desde la entrada del local, hasta la tienda, estoy esperando mi turno de entrada, a una profiláctica distancia, marcada con cinta adhesivo en el suelo, tras de una mujer.
Tras de mí hay siete idiotas y delante cuatro, contando a la maciza tras la que me altero inevitablemente.
Lleva una mascarilla blanca estampada con florecitas en rojo y amarillo, los guantes azules, muy parecidos a los que se usan para limpiar la mierda pegada en el inodoro. Viste unos vaqueros de malla, tan elásticos que las costuras del tanga se marcan hipnóticamente. Y con precisión para saber el punto exacto por el que se la puedo meter. La polla, digo.
Sus tetas, pesadas y obscenamente oprimidas por un sujetador blanco, oscilan voluptuosamente mientras habla por teléfono.
Acaricio mi navaja en el bolsillo, escapando de la vulgaridad. Imaginando que corto esa malla a lo largo de la raja del culo, le empujo la cabeza hacia el carrito para que las nalgas se ofrezcan indefensas y, aquí mismo, desobedeciendo a las leyes de la cobardía al romper la distancia profiláctica, meterle la polla por la raja del culo.
Abrir la bragueta, sacar mi polla tan dolorosamente dura y restregarla entre sus nalgas, separándolas con las manos sin ningún cuidado, hasta encontrar su chocho y dar dolor a su coño.
El dolor de ella es mi placer, la cobardía de ellos mi superioridad. La vida real o la imaginada, tiene estas dos normas inviolables.
Metérsela sin desnudarla…
Metérsela y que le duela simplemente. No piensas en desnudar cuando lo que quieres es cazar, montar, follar para sentirte un poco libre ante tanta opresión.
Y bueno, si uno es león, no puede dejar tranquilas a las gacelas; es pura biología.
Tengo mis necesidades.
Y una sociedad que descuida a sus animales encerrándolos durante largo tiempo en sus madrigueras, debe pagar su ingenuidad idiota.
Al penetrarla noto en el glande cierta molestia intentando por intuición encontrar su coño.
Saco la polla y está manchada de sangre, huele mal. Y no he cortado carne, jamás corto por accidente.
La agarro del pelo lacio, suave, rojizo caoba, media melena; tirando con fuerza hacia abajo para girarla hacia mí.
Esto es un ejemplo de lo que comentaba, una alteración de mi estado en tiempos epidemiológicos. Ya no puedo discernir si en el bolsillo tengo mi navaja o su coño.
E imagino con nitidez como corto la blusa crema semitransparente desde el inicio del esternón hasta la unión de las copas del sostén. He presionado el filo para crear también una superficial herida en la piel, el sexo con sangre es mucho más salvaje.
Manteniendo su cabeza doblada hacia atrás, separo la tela y le saco las tetas de las copas como si fueran fruta. Lamo la herida ensangrentada y llevo la mano a mi paquete para presionar el rabo que pretende escupir ya la leche. No se lo permito.
Grita y grita, así que le debo pegar un puñetazo en la mandíbula que se le desencaja; queda en shock. Su rostro se ha deformado; pero no importa, no soy delicado.
De vez en cuando, miro a los ojos de les enmascarados que observan atónitos. Tienen demasiado miedo para todo, miedo para ayudar, miedo a respirar, miedo a usar el teléfono para pedir ayuda. Porque si un cobarde observa lo que se le hace a otro de su especie, se mantiene en silencio, quieto, como si quisieran hacerse invisible.
Las cebras observan como es devorada una de las suyas por los leones, rumiando sin cesar.
Corto la tela que cubre su coño. El filo se hunde en su raja sin herir ningún tejido. Con el tiempo y la frecuencia, adquieres maestría en el oficio, en cualquiera.
Meto los dedos buscando su coño y con dificultad saco la compresa que gotea. Está menstruando. Premio doble, aunque apeste.
La compresa tirada en el sucio suelo parece una víscera ensangrentada, o el cadáver de alguna cosa pequeña.
A mis espaldas llora un niño y su madre horrorizada intenta calmarlo. Con la mano cubre sus ojos.
En mi estado alterado lo tengo todo: una navaja tan afilada como mi pensamiento, como mi odio hacia todo; inevitable, mortificante. Una hostil y enfermiza excitación sexual, un pene duro y mascarillas que son puro fetiche sexual en mi alterada conciencia.
Y la vuelvo a girar y doblar sobre el carrito de la compra y se la meto, la embisto hasta n veces y me corro.
Le ha dolido, estaba demasiado seca. Ha llorado y gritado lo que la mandíbula fracturada le ha dejado; pero en mi alterado estado sus gritos, paulatinamente se han convertido en un jadeo, en un gemido de placer y por fin, la muy zorra, me ha pedido más “Más fuerte, hijo de puta. Sé más macho”.
Me encanta la ilusión de ser maltratado, es un descanso a mi natural depredación, como unas vacaciones de mí mismo.
El semen que gotea de mi glande ensangrentado es rosado. Lo malo de follarse a una tía con regla, es que la sangre se coagula y por tanto se espesa y encostra con el calor de la fricción.
Y acabas con irritación de polla.
Yo no tengo el rabo circuncidado, no me mutilaron; así que mi glande es muy sensible a lo bueno y lo malo.
He mirado a mis espaldas, y los de la fila se han hecho a un lado para que no ser enfocados por mi visión alterada. ¿Lloro sangre o es que me he ensuciado de menstruación? ¿Me puede contagiar el virus la sangre de la regla?
Se ha dejado caer al suelo, sentada sobre el culo desnudo, con las tetas asomando obscenas y preciosas entre los jirones de blusa. Por sus muslos bajan chorretones de sangre como ríos en un mapa y de su coño gotea la sangre formando un charquito en el suelo.
Mi estados de conciencia alterados tienen una sordidez cinematográfica.
Su mascarilla se infla y desinfla al ritmo de su agitada respiración. La cortaré también, voy a meterle el rabo en la boca a través del agujero. Un agujero feliz… La pornografía es inspiradora.
Imagino mi semen escurriéndose por los bordes de la mascarilla, cuello abajo. Imagino que la leche se le mete en la nariz y la hace toser agitando con violencia las tetas. ¿En qué momento se las he cortado? ¿Por qué sangran sus pezones?
La polla huele mal y está pegajosa de sangre.
Vomita cuando siente que el glande empuja la úvula. La vida real no es una película porno donde respiran por la nariz soltando mocos transparentes y limpios. Donde son cuasi felices de sentir asfixia. No soy un lelo que se cree esa mierda.
Yo busco el vómito y el miedo. No esperaba menos.
Ahora no sé bien si mi estado de conciencia alterado es real o aún estoy esperando mi turno a entrar en el súper acariciando mi preciosa navaja de filo quirúrgico.
La gente me observa aterrorizada, inmóvil. Obedeciendo a la inviolable norma dictada de la distancia de seguridad en que la que les educaron hace unos días. Yo creo que tienen miedo a que les corte el hígado, o los intestinos, o les acuchille los ojos…
¡No jodas! ¡Es real! Definitivamente con esto del miedo al virus, se me ha ido la olla.
Y la polla, porque rima.
Hay semen, sangre, llantos y voces pidiendo piedad .
Mi novia llora quedamente mirando al suelo, al charco de sangre que se ha extendido hasta los muslos desde el coño.
Le doy un tajo en el cuello y le arranco la mascarilla de la cara. El semen se ha enfriado en ella y hay trozos de comida vomitada.
Y es como si hubiera muchos cuellos a la vez, porque se ha hecho un silencio tan denso, que vuelvo a confundir la realidad con un estado alterado.
Decido que ya compraré las pizzas congeladas otro día.
Me dirijo a la salida y la cola de gente se pega contra la pared rompiendo la distancia interpersonal para alejarse cuanto puedan de mí.
En una de las calles desiertas, me escondo tras un quiosco cerrado de lotería de ciegos y con la mascarilla sucia, me masturbo frenéticamente. Me esfuerzo por no gritar salvajemente.
Eyaculo poca leche esta vez; pero el placer es desmesurado, me tiemblan las piernas y tengo que dar calor a mis cojones cansados.
Mucho placer y poca leche. Bueno, nada es perfecto, me conformo con que sea sangriento y doloroso. Dejo la mascarilla colgada del tirador de la puerta del quiosco para que el ciego se joda.
La mascarilla da anonimato, el virus impunidad y la policía motivos para hacer realidad los sueños en el juego más adictivo en la historia del planeta.
Quién iba a decir que iba a vivir felices momentos en una cuarentena de miedo y muerte.
¿Cómo podía pensar esta lerda sociedad que al forzarlos a vivir en un redil y fieramente pastoreadas, abrirían las puertas a una bestia sin sentimiento humano alguno? Las presas humanas están absolutamente castradas de inteligencia, hasta las estúpidas ovejas saben que hay lobos.
Tendría que haber comprado las pizzas, ahora me apetece una, joder.
Se escuchan sirenas cerca. Cuando la bofia pregunte como ha ocurrido, solo encontrarán silencio y miedo. Una cuarentena es un estado de ocultación perfecto, las mascarillas dan un anonimato que el carnaval desconoce.
Esto de la cuarentena es un sinvivir y un presidio deprimente.
Bueno… a veces.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta

Acoso y abuso del Régimen Español, sin tregua: reparte guías doctrinales de coacción con las sanciones por faltar al encarcelamiento que ha impuesto por el coronavirus.
Televisiones y prensa no cesan en su tarea de adoctrinamiento, es tortura psicológica.
Crónica de una dictadura farisea.
Votaron mierda y mierda comen.