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Un canal de televisión de viajes (Viajar) ha emitido hoy el más espeluznante y horroroso en su simplicidad y claridad de los reportajes que he visto hasta ahora del genocidio judío que llevó a cabo la Alemania nazi: Los trenes del holocausto.
Tal vez sea por el testimonio directo de aquellos pobres supervivientes, que es más escalofriante el relato en este tiempo de cobardía en el que el neofascismo sanitario ha podrido las libertades democráticas de toda Europa (especialmente en España) y otras democracias de corte occidental.
No puedo dejar de agradecer que en esta época de cobardía y trivialidad generalizadas (el reportaje es del 2018), haya aún personas que evoquen los grandes crímenes que perpetró la humanidad en masa y escupirlos así a la cara de la “pacífica”, ecológica, tolerante, ignorante, telefonizada, lúdica, infantilizada y consumista sociedad actual.
Ocurrió algo terrible tan solo ochenta años atrás (entre otras muchas monstruosidades). Y todavía respiran algunos pocos que vivieron padeciendo aquella época de criminales asesinos gobernando.
Asesinos elegidos democráticamente…
La historia se repetirá. Cualquiera que conozca la especie humana sabrá que en este momento hay gente que piensa escondidamente, que los enfermos de coronavirus deberían ser trasladados y aislados en campos de concentración. Y una vez allí, pensar que el humo de las chimeneas de los hornos, es solo carbón para la calefacción; para mantener calentitos a los enfermos.
Los nuevo líderes nazis de las “democracias” del coronavirus tienen el permiso y la simpatía de una gran parte de la población para llevar a cabo un genocidio. De la misma forma que Hitler y Franco tuvieron el apoyo de la población alemana y española.
Porque España no tiene nada que envidiar a Alemania. Franco exterminó con total seguridad a tantos españoles como judíos asesinó Alemania. Incluso, la llamada “limpieza étnica”, es muy posible que fuera una patente española. Hay que recordar que tras cada batalla que Franco ganaba durante la guerra, le seguían largos meses de exterminio en cada territorio hasta asegurarse de que ni un solo amigo de los republicanos respirara.
De ahí que la guerra civil española fuera tan larga.
Pero mi reflexión, muy sórdida, y de una certeza horrible; es que cientos de millones de habitantes que colaboraron, aplaudieron o toleraron comprensivamente a sus líderes fascistas y asesinos tuvieron (y aún tienen) una larga vida. Follaron sin gracia alguna, como ratas, y tuvieron hijos. Y sus hijos, hicieron nietos de ellos. Hijos y nietos paridos con ese mensaje genético y luego educados en los mismos valores morales.
Hay cientos de generaciones conviviendo entre sí, gran parte de ellas descendientes de asesinos, colaboradores y tolerantes nazis o franquistas. Descendientes de los que comprendieron que había que exterminar a determinada gente porque su gobierno o caudillo sabían lo que era mejor para el pueblo.
Gracias a la actual globalización (analfabetización universal), toda esa descendencia viaja a menudo y folla. Se reproduce creando nuevas generaciones de colaboradores u obedientes con el régimen que los gobierna con mano que no tiembla.
Generaciones que crecen y se adoctrinan con el gen del cáncer de la mezquindad presto a desarrollarse en cualquier momento.
La próxima guerra mundial quintuplicará el número de asesinatos por genocidio, porque hay cinco veces más de asesinos, colaboradores y tolerantes con las nuevas y actuales dictaduras de la sanidad nazi del coronavirus.
Se ha entretejido tanto la ignorancia, la cobardía y la obediencia con la doctrina del neonazismo, su ambición y usura; que la especie humana ha asumido el uso del bozal (mascarilla que le llaman) para ocultar su boca babeando obscenamente de cobardía y deseo de extinción de los enfermos por miedo a padecer una simple gripe.
Y todo gracias al intenso adoctrinamiento al que han sido sometidos los individuos del rebaño humano por los actuales líderes nazistas de las falsas democracias; por medio de los medios televisivos y telefónicos. Con la indecente colaboración de una prensa podrida que ha asesinado cualquier asomo de periodismo o crítica contra el gobierno en lo que ha medidas de encarcelación, extorsión y ruina al pueblo se ha llevado a cabo.
Se han instaurado como uso común pasaportes sanitarios de la misma forma que a los judíos se les impuso un brazalete con la estrella de David.
La Segunda Guerra Mundial ensució cientos de generaciones que hoy día, continúan apareándose, reproduciéndose… Como un repugnante parásito en La Tierra.
Y no ha hecho más que empezar, y su inicio fue: Marzo 2020.
La única incógnita de hoy día, es que no se puede decir exactamente el número de asesinados o exterminados que cometerá el nazismo y su sanidad surgido de la mano del coronavirus.

Iconoclasta

Es una metáfora el título de este pequeño ensayo, Maquiavelo fue víctima directa de la envidia, de una envidia rabiosa; porque con su existencia dejaba al descubierto la decrepitud mental de sus contemporáneos.
Tras la lectura de las primeras tres páginas de El Príncipe, de Maquiavelo; la política y la administración de los reinos o estados pasa a segundo plano en el lector.
Lo que destaca con luz propia es el propio autor, su inteligencia incisiva, su inconmensurable conocimiento de la historia y el profundo conocimiento de las variadas raleas humanas.
Y eso fue la causa de su tortura, encarcelamiento, ruina, destierro y negación de su obra hasta muchos años de su muerte.
Es extraño, sin embargo, que semejante escritor, político, filósofo, historiador y sobre todo, diplomático, no pudiera dominar su vanidad (bien merecida) de sabiduría ante los peligrosos poderosos de su círculo social. La vanidad fue su propia telaraña…
Todos aquellos papas, reyes, príncipes, aristócratas y rancios funcionarios de las distintas cortes, se sintieron desoladoramente imbéciles. No podían medir su intelecto y su sabiduría con la de Maquiavelo. Ellos jamás llegarían a escribir ni un párrafo de cinco líneas con precisión sobre política, estrategia militar o historia; como Maquiavelo fue capaz de escribir centenares de páginas sin vacilar.
Se dice que Maquiavelo es el padre de la política moderna. Y es porque está muerto.
Realmente es una forma de decir que, solo puedes ser un gran pensador y trascender si estás muerto. Porque de nuevo, la envidia no te permitirá vivir para contarlo.
La lectura de su libro más famoso por parte de los actuales jerarcas, presidentes, ministros, altos funcionario, etc.; aún les causa repulsión. Incluso en el mundo empresarial o económico, con mayor incidencia en el aspecto laboral. Esa inteligencia y dominio del ser humano, es la que revela la cara más dura y criminal de la envidia. Si existiera alguien como Maquiavelo que no hubiera sido amordazado por las actuales censuras en medios y sobre todo en las grandes editoriales que velan por el actual oscurantismo, la imbecilidad de las manadas humanas; lo habrían ejecutado de un tiro en la nuca.
Como hicieron con él en el Renacimiento, otra época de mierda. Lo actualidad es un Renacimiento; pero sin arte, solo con los gobiernos y las administraciones malas, corruptas y fascistas.
La premisa es fácil: inteligentes y valientes dejan en evidencia a lerdos y cobardes; y si alguien es más inteligente o decidido que tú: mátalo y se acabarán así las odiosas comparaciones.
Y esto sí que es absoluta actualidad que se puede ver en el mundo de la política, en el laboral y en el arte. La envidia nunca es tan mala como estos tres ámbitos. Mala y criminal.
De ahí que el brujo de una de aquellas prehistóricas tribus de judíos, se inventara el cuento que aparece en la biblia (en el Génesis) del Árbol de la Vida o el Árbol Prohibido (incluso en algunos textos figura como el Árbol de la Sabiduría) de cuyos frutos comieron Adán y Eva. Para que nadie de su tribu pudiera demostrar que era más inteligente que él; y si así fuera, sin duda alguna habría comido del árbol prohibido y se le debería matar a pedradas.
La biblia está llena de parábolas nacidas de la envidia, hacia otros seres de rango inferior que pudieran demostrar ser más inteligentes. Siguiendo esta línea de conducta, es lógico que las grandes y viejas logias secretas o íntimas de políticos, aristócratas y millonarios, tengan una jerarquía basada en la envidia y en evitar la entrada a su selecto círculo a todo individuo con mayor inteligencia que ellos. A menos que pague mucho dinero, porque si algo tiene el envidioso, es que la avaricia lo aplaca.
La envidia es más vieja que la biblia, por supuesto. Pero fue en la biblia donde se documentó por escrito y se mostró en todo su esplendor en parábolas didácticas y salmos que se convirtieron más tarde en legislación. La biblia siempre requiere la lectura de un sacerdote a la feligresía para que nadie saque conclusiones obvias.
Esto es absolutamente actual, hoy más que nunca, donde la feroz censura prohíbe y borra todo pensamiento individual; no hay mejor censura que decir que hay ciertos libros que no suscitan interés alguno; y los de Harry Potter, Crepúsculo y cosas melifluas de historias de catedrales, sí. De ahí la razón que los grandes pensadores del siglo pasado hayan muerto sin dejar huella, ni otros que pudieran haber seguido sus pasos. El error, de nuevo, en los seres inteligentes es que son simples individuos y no corporaciones o partidos políticos. Y un individuo con un buen razonamiento podría ser peligroso para el proceso de infantilización de los adultos de las sociedades consumistas; también conocido como globalización (analfabetismo funcional para todo el planeta).
Las actuales fascismos oscurantistas (falsas democracias) han iniciado su proceso de estabulación de las grandes manadas humanas y ningún individuo por ingenioso que sea, puede elevar su pensamiento por encima de la imbecilidad colectiva.
¿Una persona crítica, con pensamiento propio, lógico y lúcido? Es imposible actualmente.
En el inicio del siglo XXI, se inició descarada e impunemente la persecución al libre pensamiento y dos décadas después, es efectiva: ha conseguido hacer de la población mundial, un hato de ovejas lloronas que callan cuando la pantalla de sus teléfonos les habla de las mentiras y los credos que han de seguir y asumir sin rechistar, por el bien de sus vidas, aunque les cueste un poco la ruina.
Es increíble; pero cualquier otra consideración sería defender la envidia más venenosa: la de un político y su ambición.
A Maquiavelo, lo volverían a matar hoy, en este año del 2021, por pura envidia, por puro temor de los jerarcas a no tener sus conocimientos y libertad mental.
Estamos abandonados en un mar de idiotez, banalidad e ignorancia. Los hay que cantan y aplauden al ritmo de las olas de excrementos y los hay que simplemente, no queremos tragar mierda y nos ahogamos.
Como pobres maquiavelos que cometieron el crimen de pensar y pensar bien.
De saber y saber más.
A mí me va más la vanidad que la envidia, sinceramente, en verdad os digo.

Iconoclasta

El derecho a la vida no existe, la vida no está regulada. Los seres vivos nacen y respiran sin que nadie les de permiso.
La vida no tiene ni precisa derecho alguno.
Y en muchos casos, para vivir hay que matar o cazar.
Ningún ser vivo tiene otorgado ningún derecho a la vida. Eso no existe, es solo un insulto burdo e infantil del poder para someter a las grandes manadas humanas. Un derecho es algo que impone el poder político, militar o religioso para erigirse en dueño y señor de todo lo que gobierna.
Es solo cháchara del más puro fascismo, viejo como el mar.
Hablar de derecho a la vida, es decir que alguien regula tu vida, tu respiración, tu libertad. Es decir: el poder te da su bendición y permiso para vivir.
Y resulta que los grandes líderes democráticos, sobre todo europeos (aquellos a los que se les llenaba de flores las bocas alardeando de su democracia de mierda) se han erigido en auténticos Moisés, enviados para defender su fe y la vida de sus judíos, encarcelándolos y acosándolos. Europa es un vertedero de un fascismo que se ha hecho llamar sanidad.
Y es entonces cuando entra en juego (su juego, el del poder) mi derecho a defenderme y ejercer la violencia necesaria y efectiva para proteger mi vida y su dignidad de la extorsión a la que me somete el poder. Todos sabemos que contra el poder, se tiene las de perder; pero es algo que como se dice coloquialmente: me suda la polla.
Haré lo que deba aunque me joda.
Quien no tenga valor para ser violento, vivirá según le deje el poder. Justo lo que está ocurriendo en este momento en el que los gobiernos occidentales han elevado a rango de santidad nazista, la sanidad.
Millones y millones de reses humanas respirando pobremente a través de un bozal en el hocico (incluso en campo abierto) y dejándose chutar en las venas o en la carne el veneno que les ha sido asignado por la poderosa Sanidad Nazi a través de esos criadores de cerdos que son los políticos y sacerdotes de cualquier religión elegida al azar.
Alguien dijo: Debieron elegir entre el deshonor y la guerra. Eligieron el deshonor y por tanto la guerra.
El nuevo nazismo surgido en el mundo no está resuelto, ha de vivirse un alto grado de violencia de tal magnitud, que los criadores de cerdos de la Sanidad Nazi, se deban plantear si ha valido la pena subir el grado de extorsión a la población a cambio de tanta destrucción y pobreza que ha de llegar aún. Independientemente de que se consiga volver a ser medianamente libres o no.
La violencia es inevitable y es el medio definitivo para conseguir un vencedor y un vencido; mientras no haya una gran violencia y sus muertos, no habrá paz.

Iconoclasta

¿Es que nadie lo ve?
Los líderes políticos del 2021 y sus gobiernos están formados por cosas no humanas.
Porque donde no hay un cerebro funcional y su dignidad, no hay humanidad.
¿Nadie ve los excrementos que como una papilla gris como el semen, caen de sus bocas cuando dictan leyes y decretos silabeando sus discursos obscenos contra la inteligencia y la integridad?
No tienen órganos genitales, se reproducen por mitosis, se despegan unos de otros y luego un gen los pinta y los modela con distintos rasgos, equivocándose muchas veces.
¿Nadie se da cuenta de que no respiran? Solo dilatan las aletas de la nariz y abren la boca para aspirar microscópicos excrementos que porta el aire para alimentarse.
Nadie se da cuenta de que no hablan, porque nadie tiene inteligencia para reconocer que esos sonidos que emiten, los realizan con unos pequeños élitros que tienen bajo los sobacos. Solo escuchan mensajes eléctricos o químicos que incitan sus pobres neuronas en una dirección u otra.
Los líderes políticos del siglo XXI son grandes insectos que no duermen; hibernan sin que sus cerebros imbéciles sueñen con nada. Son escarabajos peloteros surgidos de las pesadillas de Kafka, letales en su inhumanidad, deterioro intelectual y de la libertad.
Recogen laboriosamente la mierda de las colonias que gobiernan y se esconden en sus mansiones excrementicias.
Quieren un mundo oscuro y confuso, que niños y niñas no sepan que son hombres y mujeres; y les adoctrinan en que sus genitales son excrecencias tumorosas que vale la pena extirpar, amputar, incinerar o esterilizar.
Les dicen a los niños, que jamás deben pensar solos, lo han de hacer en grupo, como lo hacen los insectos agitando sus antenas estúpidamente, sin saber qué captan.
Los políticos del siglo XXI son la involución que ha propiciado la mezquindad y el deterioro humano de una endogamia ya antediluviana.
Ha llegado el momento de eclosionar de sus huevos para erigirse en los elegidos que harán de la humanidad una especie insectil sin conciencia.
Y lo han logrado, la suerte está echada.
Las ratas ocupan ahora progresivamente la superficie de las ciudades y se sitúan por encima de los insectos humanos en la cadena trófica.
El Juicio Final que tanto han pregonado las mentiras de las sagradas y falsas escrituras de todas las sectas religiosas ha llegado; pero ocurre que todos miran un televisor y sus cifras, los enfermos y sus cifras, los muertos y sus cifras y una vacuna perfectamente encuadrada y enfocada en su cerebros, la observan respirando sus propios deshechos respiratorios a través de un bozal o mascarilla; y por ello aturdidos y sin capacidad de raciocinio no se han percatado de la exacta sentencia y la condena que han decretado contra ellos los grandes escarabajos humanoides que los rigen: solo son bichos y alguna especie creará un veneno para acabar de una vez por todas con la plaga que es la humanidad insectil.
Y nadie será juzgado, nadie irá a ningún cielo o ningún infierno; simplemente morirán con los dedos crispados panza arriba por los efectos del veneno, mirando al sol, como un saludo fascista. Y quien los ha envenenado, incinerará todos esos gordos insectos que una vez pulularon por el planeta como si tuvieran el privilegio de la inteligencia.
Sin que a las especies que queden vivas, les importe.

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Vivimos tiempos indecentes para la inteligencia y campo abonado para la fe y su superstición.
Hasta tal punto que la enfermedad se confunde con castigo religioso y martirologio. Los nuevos nazismos de la Sanidad, han hecho de la libertad un pecado capital y han predicado a los lerdos, que también ser libre es enfermedad.
El genocidio, la ruina y el hambre es la ley fascista sanitaria: “Prima la salud como derecho” por encima de todo, de la vida misma.
Solo ha sido necesario en Europa el resurgimiento de los reinos de la Edad Media en el siglo XXI con una epidemia, para corroborar que la población humana no solo se había estancado hasta hoy en el oscurantismo religioso y de la aristocracia gobernante del poder político, económico, religioso o legislativo; si no que ha degenerado hacia una naturaleza ganadera estabulada.
El nazismo de Hitler, mediante retóricas de Sanidad y diversos paternalismos ilustrados continuamente, sin descanso, por los medios de comunicación y las redes sociales, se ha instalado en toda Europa. Y América ha asumido ya los reflejos que llegan del viejo y decadente continente poblado de reinos medievales, de un rancio fascismo ya imparable como una peste: la epidemia realmente.
Los nuevos judíos del fascismo enquistado en el coronavirus son los libres pensadores.
La cobardía, inmovilidad y mansedumbre del ganado humano, con su absoluta incapacidad para reaccionar contra el fascismo y el robo de las libertades básicas y biológicas es el actual estado de gracia de la humanidad. Una globalización de las reses humanas, cuyos miles de millones de cabezas, son regidos con mano que no tiembla, al igual que en los campos de exterminio, por cuatro o cinco soldados de la Gestapo y una prensa que adapta los cuentos de Hansel y Gretel al nuevo miedo e ignorancia de la actual población mansa.
Los que sabemos leer y escribir pensamientos libres estamos abandonados.
Es el peor momento en la historia de la humanidad para tener hijos, porque no se podrán desarrollar en libertad y dignamente en ningún lugar del planeta.
Dios se ha convertido en una vacuna defectuosa, una vacuna que no vacuna y exige que las reses humanas pasen por el veterinario una y otra y otra y otra y otra vez.
El nuevo y mezquino santiguamiento es un saludo ruin, el símbolo y aceptación social de la cobardía y la decadencia como forma de vida: cuando se cruzan los cabestros humanos, se colocan apresurada y cobardemente el bozal, como si les fueran a robar la mierda que avariciosamente ocultan en la boca. Es la mezquindad más repugnante que se ha visto nunca, tanto, que caricaturizarla resulta pornografía para los sentidos. No es la prudencia, es la obscenidad del ademán ruin, miserable, cagados de miedo. Todos…
Y a lo que pomposamente han llamado “estado de derecho”, es solo un mercado medieval de sobornos, privilegios y corrupción (chulos y putas). Una feria de caudillos, caciques y alcaides de prisión, que entre raya y raya de cocaína, cuentan la cantidad de ganado que mantienen encarcelado, como una competición. Un mercado de la corrupción con el suelo sucio de mierda y paja cuyos tratos se cierran en calles con gente que respira asustada sus propios miasmas, sudorosamente, cientos de veces aspirados y expulsados de los pulmones al día, con el hocico cubierto por el bozal y un miedo indigno, infantil y analfabeto. Ciegos al engaño, ciegos a su indignidad, ciegos a su mezquindad que los inmoviliza como conejos en una carretera ante un foco de luz.
El proxenetismo de los nuevos y normales jerarcas medievales es la nueva corriente política del siglo XXI: un fascismo paternalista, tolerante y globalizado, donde la Sanidad se ha erigido en una ponzoñosa santidad que todo lo controla. De donde surgen los nuevos escarabajos que un día Kafka soñó.

Iconoclasta

Parece que todo en la naturaleza tiende a ser perfecto y yo soy un organismo caótico, retorcido como un vara requemada por el sol, con todas las asimetrías concebibles.
Hay proporciones áureas en todos los lugares. Incluso los caracoles dicen que son áureos en sus proporciones de los cojones.
Los hostiles cardos tienen perfectos y definidos patrones geométricos y se forman de unas flores tan violetas, que parecen radiactivas; pero los burros y las cabras se los comen. Qué mal gusto…
Que se jodan ellos y su maravillosa dorada proporción.
Mi rabo no palpita por igual, las venas lo cruzan de forma aleatoria y mis dedos son irregulares e irregularmente se pringan de una crema de leche licuada a veces, otras espesa como un puré; según coma, según lo rápido que me ordeñen.
Mis dientes, o no están o se separan. Mis pies, mis manos, mis ojos…
No tengo ninguna proporción áurea, y menos mis cojones.
Mi corazón late a veces descompasado, según la ame, según me masturbe, según la joda.
Según despierte…
¿Dónde está mi gracia, la que todo ser tiene en la tierra?
¿Dónde está mi proporción que me haga digno entre tanto patrón perfecto?
Aunque me importa poco; mis desproporciones y asimetría caminamos por el mundo con perfecta incoherencia y follo despreocupadamente, más allá de cualquier moral o cobardía dictada, con mis retorcidos miembros indiferentes a las voces áureas que gritan excrementos andantes de gratas proporciones putas.
Deambulo con mi rabo imperfecto de carne dura a veces tan brillante que parece aceitado, de glande sanguíneo hasta el edema.
Otras un pellejo del que no sentirse orgulloso. O no sentirse nada.
Un bíceps es más grande que el otro, y los tatuajes difieren de un brazo a otro, con lo cual, he ido contra la naturaleza de las áureas y estúpidas proporciones.
Estoy cansado de perfecciones; cansado no, aburrido.
Se busca la perfección en las cosas, como si importara, como si alguien fuera perfecto.
La perfección es la quimera del analfabeto, del que no conoce la vida ni sus consecuencias. El perfecto es un pobre neurótico que no sabe qué cojones hacer en un mundo imperfectamente áureo.
A veces sueño con pegarle fuego a lo áureo y a toda la perfecta proporción que lo habite.
A los próceres de mierda que gobiernan, porque son como los cardos, áureos en sus proporciones, pero venenosos y dolientes cuando se les mira y les siente.
No hay burros que se coman a los trajeados áureos que gobiernan un nuevo mundo lleno de fascismo, cobardía, hambre e ignorancia.
El hastío con violencia se paga. Y la proporción áurea, corriéndose en su rostro perfecto con mi polla imperfecta.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

La especie humana no tiene futuro a largo plazo. Es una especie animal que ha caído en la endogamia. Nace todo lo que no debería nacer por naturaleza y los especímenes humanos han alcanzado tal longevidad, que sus genes se replican con una frecuencia que en sus inicios estaba vedada. Básicamente, la vejez existe para acotar la reproducción. Padres viejos y débiles: hijos débiles, cebados y cobardes.
Es lo mismo que ocurre con las ratas que, al tener una reproducción tan rápida y abundante, mutan su genética a demasiada velocidad para el ecosistema que ocupan, por ello tienden a canibalizarse.
Esta misma endogamia ha llevado a la especie humana a hacer del consumismo o la vida urbana su hábitat y única forma de vida; y por tanto ha modificado la educación y el desarrollo intelectual de sus crías hacia una culturización y costumbres que han dado cabida a especímenes de una gran cobardía y debilidad en tanta abundancia, que han aplastado a los especímenes idóneos para la vida; para una vida sana y acorde con su naturaleza.
Desde el momento (hace decenas de años ya) en el que los abuelos o viejos se han dedicado a criar a los hijos de sus hijos para que el macho y la hembra puedan mantener una vivienda de propiedad y un coche, se ha desarrollado una infancia maligna para la naturaleza humana, una infancia que ha denigrado la fortaleza de la juventud con los ancianos como figuras paternas y maternas.
Los abuelos o ancianos, han criado a sus nietos bajo las bases de su propia debilidad y miedo. Esto es: “no corras que te puedes caer”, “tápate bien no te resfríes”, “no comas tanto”, “si estornudas estás resfriado y si toses un poco, al médico”, etc… Han vivido demasiadas horas con una calefacción anormalmente alta para un espécimen joven; o con el frescor artificial de un acondicionador de aire. Han desarrollado el miedo de sus viejos educadores al calor, al frío, al viento, al esfuerzo, al sudor, al enfrentamiento y a la autosuficiencia o independencia propia y con ello, miedo a la libertad. La educación que han recibido en las escuelas, sin filtro alguno por parte de unos abuelos y padres criados en la misma política institucional, es puramente insectil, se les ha instruido en la firme creencia de que su naturaleza es colonial y que su cerebro no es apto para la creación o para el libre pensamiento.
Es ya proverbial la presencia a nivel planetario, de grandes rebaños de miles de especímenes jóvenes humanos reunidos, para colonialmente (al igual que las termitas y las hormigas) embriagarse y escapar así de la frustración de ser auténticos machos y hembras castradas de toda libertad y autonomía, tanto física como intelectual. El indicativo inequívoco de que la especie humana se ha decantado a la naturaleza insectil o colonial.
En definitiva, cientos y cientos de generaciones castradas, han parido crías castradas casi genéticamente.
Y por si fuera poco, se les ha atrofiado maliciosamente (dudo mucho de que sea lo que parece en un primer análisis: ignorancia) el innato sistema inmunológico con la aplicación de vacunas banales para combatir las enfermedades de la infancia como sarampión, varicela, paperas, etc…; inhibiendo así su natural sistema de defensa frente a las enfermedades.
Nos encontramos ante una sociedad decadente que ha creado cientos y cientos de generaciones débiles y defectuosas que han llegado a ocupar cargos de poder económico, político y judicial.
Y estos malcriados de la decadencia son los que ostentan el fascismo de un coronavirus con mano firme; pero es una mano débil, indigna, sin decisión ni efectividad alguna. Es la mano del miedo, de la mala educación y de una genética ya degenerada que rige los movimientos y la respiración de un plebe que ya no cabe en sus ciudades, que se asfixia.
Un pueblo malcriado incapaz de entender su propio organismo, que ante los bandos del fascismo, dice sentirse enfermo e inmovilizado por el miedo. Y es razonable, porque las especies sometidas a estrés (ya sea por miedo real o inducido por propagandas institucionales) anulan sus capacidades inmunológicas. El sistema nervioso es el que rige la creación de anticuerpos y si se altera, la hipocondría desarrollará al final, un síntoma, el que el estado fascista dicte a sus plebes dominadas y sometidas con el miedo cuasi supersticioso.
La mano fascista del miedo y la obediencia, del acoso y la dominación, es la mano que señala la extinción de su especie. La especie humana que ha adoptado la defensa del avestruz escondiendo su cabeza en un hoyo y abandonando a sus hijos a un desarrollo cobarde e indigno de la infancia.
De cualquier forma, por lo que se ha podido ver, la especie humana ha sido bastante longeva, ha podido ver y provocar la extinción de muchas otras especies. No se puede quejar, tuvo una buena vida. Y ahora le toca desaparecer.
Y no será por el coronavirus, si no por las guerras que provocará el fascismo desatado con la excusa de una gripe nueva. Porque los nuevos fascismos que han surgido con el coronavirus preparan ya grandes incineraciones de cuerpos vivos o muertos como ya se vio en la era de Hitler y sus brazaletes nazis o pasaporte covid en la actualidad. Por muy castrados que estén los especímenes humanos, siempre queda el rescoldo in extremis, de un instinto de supervivencia.
Estos mismos fascismos producto de la decadencia han mostrado la cara más indigna, cobarde y mansa de una especie que nació como cazadora y se ha convertido en presa, en una especie estática como el coral, que malvive en unos arrecifes que han empezado a ennegrecerse.
La historia tiende a repetirse, y cada día con más frecuencia gracias a la deformación informática del pasado, del presente y el futuro. El gran oscurantismo que reinó durante muchos siglos en la historia, vuelve a reinar de nuevo; el tiempo que dure el proceso de extinción humano. Lo que tarde en morir el último humano devorado por otra especie más fuerte e inteligente, por radiación nuclear, por pisar una mina o un tiro en la cabeza que se descerraje él mismo.
Lo que importa es que la especie que está llamada a desaparecer, debe hacerlo y dejar espacio y alimento a otras que empujan para ocupar su puesto en la cadena trófica del planeta.

Iconoclasta

Posiblemente, la película V de Vendetta, 2005; sea hoy día una de las películas más censuradas por la Unión Europea, puesto que con la epidemia del Covid 19, ha resultado ser profética en la descripción de la actual sociedad ante el maligno y peligroso viraje que han practicado hacia el Absolutismo los gobiernos de los países de la UE. La película es el reflejo exacto de la actual sociedad Covid 19.
La OMS tiene la función principal de transmitir el virus del Nuevo Nazismo o Absolutismo a todos los puntos del planeta.
El pasaporte o certificado Covid se ha erigido a una velocidad lumínica (son tiempos de doctrinas y mentiras informatizadas) en un auténtico brazalete nazi de aceptación y lealtad de la ciudadanía a los nuevos fascismos surgidos con rebuscadas, falsas y victimistas proclamas sanitarias y paternalistas que han borrado cualquier tipo de libertad básica como el respirar libremente y la movilidad para el sustento diario (o la prohibición directa al sustento al cerrar por decreto los puestos de trabajo y arruinar al obrero).
Para llegar a que una población acepte de buen grado, en tantos países y tantos millones de habitantes, el fascismo y su acoso, represión y ruina, las sociedades deben estar sumidas en una gran decadencia.
Y por decadencia se entiende: banalidad, ignorancia, consumismo, indolencia, miedo, infantilismo y exaltación de la fe en los fascistas líderes políticos, y gurús religiosos, gurús científicos o multimillonarios con complejo de realeza.
El robo de las más básicas libertades que han cometido impunemente los líderes de las naciones con el exhaustivo y eficaz apoyo de la UE y la OMS, contra la ciudadanía ha quedado ya como leyes o decretos irreversibles, sin fecha de caducidad. Porque el coronavirus no desparecerá, se ha convertido en una gripe más, en una enfermedad de temporada.
Por ello, los gobiernos de los países europeos han cometido el crimen perfecto de lesa humanidad contra su ciudadanía al robar la escasa libertad que podía quedar, la que les daba el derecho a respirar y por tanto a vivir. Y aún peor, han sido aclamados por ello, por sus víctimas. Es verdaderamente escalofriante el ver a las falsas democracias de la UE reptar por encima de sus habitantes como una serpiente venenosa.
Los pasaportes de vacunación son ya los nuevos brazaletes nazis de los ciudadanos, un certificado que prueba su juramento de fidelidad al Nuevo y Normal Régimen Fascista del Coronavirus o Covid 19 (ya se les quiera llamar fascistas, comunistas, capitalistas o simplemente dictadores; es simplemente una distinta sintaxis para una misma semántica).
Los que no dispongan de su pasaporte Covid, serán los judíos perseguidos y segregados.
Luego llegará el momento de exterminarlos de una vez por todas.
Para aquellos lerdos indolentes, ignorantes y atemorizados gallinas, súbditas del nuevo y normal fascismo, aunque resulte como echar margaritas a los cerdos; hay que aclararles que la decisión de no vacunarse y luchar e inmunizarse contra el virus de una forma natural, confiando en la capacidad defensiva del propio organismo, no solo es un derecho legítimo, es biológico. Un derecho que solo un nazismo genocida y estafador se siente movido a robar.
Unos años atrás la ciencia estaba a salvo de la influencia de las doctrinas fascistas de acoso y represión; y afirmaba que las personas debían pasar por las enfermedades inherentes a su especie, por si mismos, sin influencias externas, y así desarrollar un correcto y natural sistema inmunológico; sobre todo en la infancia. Así fue como decenas de generaciones hemos pasado sarampión, paperas, varicela, gripes, catarros, etc…; y todo ello sin morir.
Y sin ser infectados por el virus fascista del miedo y la decrepitud social; la cobardía y el oscurantismo institucional de la nueva dictadura europea preñada de falsos paternalismos y oportuno amor por la salud pública. Trileros embaucadores es lo único que son los nuevos líderes de los países de la UE.
Los que han elegido la opción de no vacunarse, ya saben que el nazismo no les permitirá movilidad alguna, o acceso a algunos lugares como los restaurantes.
Y lo peor llegará cuando no les permitan la entrada a los supermercados o tiendas de alimentación, o a sus hijos a la escuela.
Porque de esto se trata el pasaporte Covid; su finalidad es acabar con cualquier conciencia aún libre, capaz de sostener su propio criterio, han convertido en asesina a la libertad. Han decretado que la libertad es enfermedad; superando así a V de Vendetta y su distopía.
A los no vacunados les será vedado el acceso al mundo laboral. De hecho, posiblemente la semana que viene.
No es ciencia ficción, es la realidad de unas dictaduras que como se está viviendo en este instante; sus acobardados habitantes piden con fanatismo islámico que se destierren, encierren o eliminen a los no vacunados que han tenido la osadía de ejercer su libertad en base a un criterio propio y al conocimiento y/o convencimiento de su naturaleza o genética. Al convencimiento de tener una buena y autosuficiente salud. Es pura biología.
Es en este punto, en el que la masa humana que luce el brazalete nazi, no puede permitir que los libres de vacuna circulen entre ellos por causa de esa envidia endémica que forma parte los seres más mediocres.
Debo insistir que un solo individuo ejerciendo su libertad y determinación, delata a millones de reses humanas como cobardes patológicos.
A la chusma, a pesar de que reconoce su propia ignorancia y cobardía, no le gusta que la dejen en evidencia. Que nadie les pueda recordar lo muy bajo que han caído en la cadena trófica.
Quien tiene inquietudes intelectuales y éticas, también es celoso de su libertad; y a menos que su organismo se encuentre comprometido, no sentirá la necesidad de vacunarse y figurar así como nazi colaboracionista.
La Unión Europea y la OMS están trabajando febrilmente para eliminar a los no vacunados, independientemente de si son inmunes. Erradicarlos por el problema que supone en un nazismo la libertad o el libre albedrío.
Los que ostentan con orgullo de ciudadano ejemplar su brazalete nazi o pasaporte covid, que ni por un instante se crean libres con sus jerarcas fascistas: se crearán nuevas infecciones para el mantenimiento y longevidad de los nuevos fascismos y el control ganadero humano. Se les exigirá constantemente test, actas, certificados y declaraciones de estar al corriente de las pautas de vacunación de cada cepa y de cada virus nuevo, que por ley se decretarán con la frecuencia que el nazismo crea oportuna.
Y a cargo de sus jornales y pensiones, se creará el Ministerio de la Vacunación y Salud Colectiva y sus santuarios.
Vacunarán a sus hijos al nacer, cualesquiera que sean las consecuencias que conlleve.
Y no sabrán que cosa les inyectan, ni a ellos ni a sus hijos. Porque es básico saber y es de jardín de infancia, que los dictadores mienten y cometen genocidio constantemente.
Y de la misma forma que les obligan a inyectarse cosas sin saber de qué se trata; les señalarán y acotarán la cantidad exacta de metros cuadrados que el nazismo dicta que precisan como habitantes. Y según su cargo, según su jornal y según su obediencia.
El destino profesional de sus hijos estará marcado por los funcionarios del nazismo y sus ministros. Los padres no decidirán ni orientarán el futuro de sus hijos. No en un país de la UE.
Para entonces no quedará un solo ser humano libre, los habrán matado a todos con hambre, a tiros o con torturas.
Y la especie humana tendrá entonces un valor inferior al de un termitero.
Si han sido capaces los líderes nazis de erradicar cualquier concepto de libertad a un nivel casi planetario, es fácil de ejecutar lo que aquí se enumera. El infantilismo crea una ceguera mala para la propia vida.
En este punto, quien aún no puede ver hacia donde derivan las actuales dictaduras confederadas europeas del coronavirus (las antiguas falsas democracias); se merece incluso diez dosis de vacuna contra la covid en una sala VIP de los ya tan folclóricos vacunódromos nazis.
Respecto a los no vacunados, ya saben que sus oportunidades laborales se encuentran en el robo, el asesinato a sueldo y en el terrorismo; pero ellos ya saben, qué cojones… Adelante con ello.
Es por todo esto que ya ha empezado a ocurrir, que la película V de Vendetta, tenga la gloria y el orgullo de ser una de las películas más censuradas en el decadente universo de las sociedades Covid 19.
Como última reflexión, dentro de los países de la Unión Europea, y en vista de su viraje al fascismo, entre la gran cantidad de bulos que producen al día, he podido intuir que los productores de ciudadanos nazis más potentes son Francia (hace unos meses atrás qué revolucionarios eran y ahora qué cabestros mansos), Reino Unido y Alemania. España es más del folclore propio (del franquismo y el falangismo); pero es una potente productora de ciudadanos fascistas que en nada tiene que envidiar a los que van en cabeza.

En Ripoll, a jueves día quince de julio, del año de la epifanía del nazismo del coronavirus, dos mil veintiuno (Año 1 de la nueva era fascista).

Iconoclasta

Con la boca pequeña, con un hilo de voz, el fascismo dice que si tienes suficiente fuerza para realizar una actividad física, si tus pulmones están fuertes y ejercitados; no es necesario usar mascarilla en espacios abiertos. Porque simplemente puedes combatir el coronavirus, y tal vez, ni siquiera contagiarte.
El coronavirus es el precio que ha pagado una sociedad sedentaria y estabulada, que se mueve de casa al coche, del coche al bar y de nuevo del bar al coche. Es pura enfermedad de la decadencia.
Llegados a este punto, lo malo no es el virus, lo malo es el ganado humano debilitado por una forma de vida perezosa y de un aburrido consumismo que se ha tomado como deber de fin de semana. Esos pulmones no pueden soportar una gripe.
Es el gran “secreto” del coronavirus.
El nuevo y normal fascismo surgido de la cobardía y el ansia de poder con el coronavirus, ha encarcelado (confinado, dicen los hipócritas fascistas paternalistas) a gente que no debía, asesinado ancianos y negado el tratamiento a enfermos graves por un pornográfico deseo de dominación y la misma ignorancia que la del pueblo que acosa, encarcela y arruina.
Nadie debería llevar mascarilla si no quiere, es básica la libertad de respirar; obligar a una pobre e insalubre respiración y a un confinamiento salvaje, son crímenes de lesa humanidad porque atentan contra la salud del individuo y su sustento. Lo que ha hecho el nuevo fascismo ha sido crimen, crimen nacido de la ignorancia, ambición y corrupción.
Han encarcelado y acosado a quien no debían porque conocen la envidia de sus mezquinos votantes. Como si fuera el puto rey Salomón, el nuevo y normal gobierno fascista español ha decretado mierda indiscriminadamente para todos y así de paso, sentirse Generalísimos, Caudillos; son unos hijoputas. Han dado gusto a los más miserables de la sociedad (mayoría votante): “¿Por qué él no lleva mascarilla y yo sí?”, se preguntan los cabestros cobardes con sus piojosos bozales bien ceñidos en los hocicos.
Los nuevos fascismos surgidos con y por el coronavirus, son una banda de criminales ignorantes, corruptos e imbéciles.
Y este tipo de gobierno debe ser masacrado. Es algo que destruir porque va la vida de mucha gente en ello. Y gente que vale la pena que respire decentemente, hijoputas cobardes.
Los que tengáis miedo, no os quitéis el bozal, a nadie le importa una mierda, nadie os envidia, gilipollas miserables.

Iconoclasta

El fascismo, cuando llega, arrancarlo para quitarse de encima ese cáncer, requiere violencia. La libertad no se consigue esperando que mueran de viejos los hijoputas dictadores, sus caciques, ministros, jueces y bofia. Si esperas eso, te conviertes en una cosa gris esperando que lleguen otras nuevas generaciones de los mismos puercos para que te indiquen cuando dormir, cuando despertar y como respirar.
España es el ejemplo perfecto, modélico de nido de dictaduras. El coronavirus se ha erigido así, en la puerta grande y abierta de la indecencia humana.
El fascismo, sea capitalista, comunista o religioso, es tan comúnmente aceptado por la población (como en España) porque dispensa a toda esa masa votante descerebrada de pensar y tomar decisiones. Porque pensar y decidir en libertad es algo que supera, angustia e incomoda a la mediocridad que habita las naciones (como se puede ver, inmensa mayoría siempre); su mecanismo es tan sencillo como una pelota: ¿Para qué me sirve la libertad si borracho y en bodas y bautizos lo paso genial?
Y en consecuencia, el mecanismo del fascismo es tan elemental como accionar el interruptor para apagar o encender una lámpara, razón por la cual, cualquier tarado endogámico llega a dictador.
A una masa poblacional de X millones con cerebro liso, le corresponde un puerco dictador Y con el cerebro también liso. Más que una proporción, es una constante universal como la de la gravedad.
Cualquier otra consideración de índole político-social es pura cháchara sin fundamento intelectual.
Vamos a ver, seres humanos creativos e inteligentes nacen muy pocos, en frecuencias de largos periodos de vacío intelectual que nos dejan abandonados a la chusma y sus amos o criadores de cerdos.
Al cabo de unos meses de vivir semejante mediocridad, concluyes que violencia y muerte son todo ventajas.
Las dictaduras no matan a sus chusmas si no es estrictamente necesario, la razón es que un gobierno necesita cosas que exprimir y que paguen impuestos para poder seguir viviendo entre lujos y por supuesto; sin dar un palo al agua (algunos casos de países orientales como China o India, no importan algunas muertes de los contribuyentes, porque son tantos millones de habitantes que la muerte de dos o tres millones, no afecta a sus arcas).
Así que es mejor aterrorizar, enfermar y humillar; para luego salvarlos dándoles una protección vital a cambio de libertad. Con esta praxis, los fascismos anulan los instintos naturales de supervivencia y convierten a los habitantes de las ciudades, en un conjunto de lelos obedientes y dependientes incapaces de tomar decisión alguna.
Gracias a la necesidad de “un gran respeto” que propagan como dogma las redes sociales y las cadenas de televisión (los mastines de todo dictador) que colaboran en el fortalecimiento del nuevo y normal fascismo global; las masas han perdido toda capacidad de crítica sobre todo a sus soberanos amos; y adquirido un gran temor a cualquier tipo de confrontación (hoy día observan a un hombre embarazado, y se les empañan los ojos con lágrimas emocionadas ante tal obscenidad). Y por supuesto, se sienten pornográficamente bien con solo clicar en un “me gusta” o “no me gusta” en las publicaciones de las redes sociales, como el máximo alarde de libertad y determinación que tienen a bien usar. Y ese es el concepto (pequeño como un grano de trigo) por el que creen con fe supersticiosa, que viven en una democracia.
El resultado, el buen resultado de los fascismos instaurados por medio del coronavirus (“covid 19” para la masa temerosa, ya que “virus” tiene connotaciones malignas) entre sus votantes, se debe a que el neofascismo ha hecho creer a todos esos analfabetos funcionales que, realmente son intelectuales politólogos, economistas, sociólogos y además ya, consumados epidemiólogos. Y todo gracias a un par de lemas que les han obligado a memorizar repitiéndolos machaconamente (como en un episodio de Barrio Sésamo) por los medios de comunicación y prensa que se han prostituido al neofascismo: “Yo me quedo en casa”, “Todo irá bien” (esta daba mucha risa), “Libertad es enfermedad”, “Tu libertad es mi enfermedad”, “Sin mascarilla te mueres y si no obedeces también”, “La ruina es inevitable, qué mala suerte; pero estamos vivos”, “Mis aspirinas son más venenosas que la vacuna”; y poco más que recitan como un salmo y sacan en cualquier conversación para demostrar su gran conocimiento del “dramático” momento que están viviendo.
Si además, aparece el Caudillo por la tele felicitando la obediencia y la mansedumbre ejemplares del pueblo español, y los aplausos a los carceleros y otros cómplices del fascismo, la ciudadanía votante adquiere un halo de santidad quieras que no y ellos mismos se colocan una medalla al mejor ciudadano del mundo mundial.
En definitiva, todo fascismo es un timo y un letal y criminal ataque a la libertad más básica, como la de respirar y la dignidad.
Y cuando se han exprimido a fondo a todos los idiotas, solo queda una salida: la violencia. Y esto es también tan sencillo como: “Para morir de hambre o arruinado, que me maten a tiros y si puedo, me llevo por delante a todos los que pueda conmigo”.
Es el ciclo político-social de los grandes rebaños humanos, sobre todo los estabulados en grandes ciudades. Es válido durante todas las épocas históricas tanto que pareciera un mecanismo regulador de la naturaleza para matar el exceso de mamíferos que hacen peligrar el ecosistema.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.