Posts etiquetados ‘fotografía’

Lleva varias semanas luciendo muy por encima de todas las flores y altas hierbas, rozando las ramas de un árbol.
Soportando las gélidas noches.
No he podido evitar admirar a la bella guerrera.
Temo el día que desfallezca mustia ante el impío invierno. Y luego muerta.
Seca.
¡Qué valentía y fortaleza!
Yo ya estaría muerto en la intemperie invernal de la primera noche de mi “floración”.
No adorna nada, es libre y salvaje. Y ese orgullo hemoglobínico y pasional que luce…
Ha subido majestuosa, tan alto por encima de todas las flores, que era difícil capturarla y así muriera tristemente en un florero.
Tal vez haya algún ser humano honesto que admire la vida y no la ha raptado para decorar su guarida vertical. Nunca ha sido necesaria la navidad para que surgiera la nobleza. Es una cuestión de ética personal e intransferible. Naces mal o naces bien.
Si naces bien, con la capacidad de sentir ternura y admiración por las vidas menudas tan valientes que mueren luchando, sin recostarse en nada ni nadie. En el silencio más triste que existe.
Pienso en la fuerza de los menudos seres, su determinación para vivir y me siento tan mediocre… Viven sin acumular posesiones, a piel y pelaje descubierto.
No sé si al cerrar la mano en su tallo y clavarme sus espinas, le daría más fuerza para resistir la embestida del frío.
Temo envenenarla con mi sangre insanamente caliente.
Luce tan soberbia en su extraordinaria altura que me evoca al buen Juan Salvador Gaviota, ya asesinado por una humanidad, una globalidad cobarde y adocenada. Encajonada en sus pocilgas-ciudades.
Mirarla en contraluz con el cielo, ofrece el espejismo de un ángel de terciopelo sangre.
Como las bravas águilas ofrecen sus vientres dorados a nosotros deslumbrados.
Y el rocío… La han comido a besos durante la fría y oscura noche, como un amor prohibido.

——

Esta noche ha caído la primera gran helada del otoño.
Y he pensado en ella.
He temido.

He encontrado a la pode-rosa un poco cansada, combada por su batalla contra la escarcha.
Gritaba en rojo su agotadora supervivencia contra el arrollador invierno.
No miraba directa al cielo como ayer. Pobre…

Y luce sanguíneamente hermosa, como si le dijera al invierno: ¿Eso es todo lo que puedes hacer?
Aún le queda agua en sus labios-pétalos.

Mi guerrera…
Pero la suerte está echada, el invierno ya no cesará hasta borrar el último color cálido.
Qué tragedias, qué brutal la batalla por la vida de los pequeños seres.
¡Cómo no admirarlos!
Cómo no llorar su gesta indómita, su muerte heroica.
Su vida desnuda.
Sin posesiones.
Sin legados.
Porque vivir es vivir, no se vive “para…”.
Se vive y punto.
La muerte cabe en todos los cuerpos, por muy pequeños que sean. Es una puta.
Y cuando estés vencida, no se lo diré a nadie que pueda sentenciar con hipócrita “sabiduría” de borracho: “Es ley de vida”.
Esa ley de la que huye y teme el humano mezquino.

Adiós pode-rosa vuelvo a mi guarida cálida y protectora como un triste cobarde.
¡Bye, belleza!

Fotos de Iconoclasta.

Me fascina cómo las nubes y las montañas se aman, en silencio.
Como sueño amar.
Me conmueve la pasión serena con que se penetran y abrazan, se envuelven y se lloran.
Siento mío ese bello llanto del encuentro con un escalofrío de melancolía.
Me emociona mirar como unas se despiden desgarrándose la piel y las otras quedan abandonadas a sí mismas preguntándose cuándo volverán.
¡Pobre gente, qué tragedia!
Pobre de mí que pierdo un latido pensando en ella.
Las nubes podrían flotar alto si quisieran; pero descienden para cubrir a sus amantes. Se lanzan como las olas a la arena lamiendo la piel con hambre insaciable.
Yo no puedo flotar. Misericordia…
Soy una montaña y ella es líquida y cálida; una piel voluptuosa que me envuelve y, rozándome con los labios, me susurra sensualidades al oído arrastrándome a un plácido delirio.
Pero a veces el celoso viento la quiere para él y me la roba. Y al igual que la montaña abandonada, espero con melancolía mi otoño.
Nada dura tanto en la Tierra como este eterno romance de nubes y cielo.
Qué hermoso…
Y yo tan nada.

Foto de Iconoclasta.

Pocos tienen la fortuna de morir en un lugar distinto al que nacieron. Los que nacen en cautividad, suelen morir en cautividad.
Y cuando pienso distinto lugar, es al escogido; no al que se ha sido enviado por hambre o fascismo.
Morir lejos de donde se nació es una de las mayores expresiones de la libertad.

Foto de Iconoclasta.

Es real, un gigantón, un tipo guapote.
Unas veces sueña y otras piensa.
Y si desde el techo de su caseta ve a una perra que está buena o a un colega por el camino, se pone muy tenso y lanza sus ladridos de barítono profesional.
No lo he visto con un casco de cuero y gafas pilotando su caseta-nave; pero es una cuestión de tiempo. Depende también de la calidad del cigarro de la risa que fumes.
Y en vez de tener por amigo al pájaro Emilio y a Carlitos entre otros, hay un par de cabras que a veces observa con un ojo abierto, un tanto aburrido; como yo el cine “de autor”.
Es de imaginar que tenga dos rabos también, como debiera tenerlos Snoopy.
Sí que tiene cierto poder mental, porque cuando paso frente a él, a través de la reja de la casa, ni se molesta en mirarme; pero pareciera que una voz en mi cabeza dice: “Ya pasa el gordo otra vez…”.
Por cierto, también tiene el sarcástico ingenio y humor del Snoopy incorpóreo de tinta y papel.
En fin, que si no te fijas bien te puedes perder la tira cómica del día, que es lo que más vale de cualquier periódico de esta era “woke” decadente y cobarde de la mentira, su doctrina del hijoputismo y censor de la libertad, inteligencia y humor. Muy seudodemocrático con corrección político-social de mierda.
Qué sería de la inteligencia si no existiera Snoopy…

Foto de Iconoclasta.

Hay repentinas ternuras que estremecen las emociones y te hacen perder un par de latidos del corazón.
Con las que ya no puedes teorizar sobre la existencia de los sentimientos en los animales no humanos.
Y eso me lleva a pensar en la angustiosa y peligrosa inocencia que los desprotege tanto de los animales humanos. La inocencia es lo que realmente los define como no humanos.
¿Cómo no contagiarse de ellos repentinamente?
¿Cómo no sentirme de pronto un cabrón?

Foto de Iconoclasta.

El otoño es el Sr. Melancolía que suaviza las estridencias de nuestra vida para prepararnos a la crudeza del invierno.
¿Qué sería de la cordura humana si pasáramos de la calidez a la gelidez al instante, sin tener tiempo de evocar y añorar tiempos amables; consolarse de que llegará la templada luz y su color de nuevo?
Tiempo para crear esperanzas y despedirse un poco más relajados.
Y pienso que algo falló en mi concepción porque siento la tristeza de que el otoño es tan breve…
Saludo al Sr. Melancolía con un “¡Al fin, jefe! ¿Por qué ha tardado tanto?”.
Nací gris y quiero mi mundo gris.
Soy congénitamente melancólico, es posible que naciera un poco muerto.
Un ser de sangre fría…
Son cosas que no se pueden elegir. Y está bien, no me molesta.

Foto de Iconoclasta.

He visto un extremo del arcoíris tocar la montaña y parecía refulgir oro la tierra, los árboles y las cosas.
Si dios existiera no sería tan bello y mágico.
Tan monumental…
He sentido que ha valido la pena vivir para llegar a este momento, incluso con la pierna podrida. No importa.
También he jurado que si alguien me impidiera ver esta magia le cortaría el cuello y por el tajo le arrancaría los pulmones.
No existe dios, ni la bondad.
Existe el arcoíris y sé dónde nace o muere.
Ya no necesito saber mucho más.
Pero morir será ahora un poco más triste…
No importa, pensaba morir sin verlo hasta hace unos segundos.
No existen los paraísos, sólo los bellos azares.
Tengo la prueba, tengo el efímero tesoro tatuado en las retinas.
Es hora de fumar como si hubiera follado.
Bye.

Foto de Iconoclasta.

Hay gente que no puede morir porque ya está muerta aunque se mueva estúpidamente. Sólo se descomponen y se consumen sin dejar siquiera ceniza.
Nacieron cautivos y prácticamente muertos de voluntad.
Sin embargo, los patos están a salvo. Si han de volar contra el viento, vuelan. Tienen mucha vida, la suficiente para hacerlo.
No tienen que sentirse libres porque desconocen la cautividad, es connatural en ellos no divagar sobre estas cosas.
Tienen lugares a donde ir, cosas que hacer y no rendir cuentas a un estado/dios esclavista.
Son libres sin otra consideración más que su desconocimiento de la esclavitud o cautividad.
Por ello, esclavos y cautivos son muertos vivientes, sin voluntad, sin determinación. Viven con el único fin de acatar y obedecer. No han conocido la libertad y no sabrían qué hacer con ella si se la dieran.
Me provoca una gran melancolía ver marchar a esos escandalosos patos. Siento que las esperanzas de libertad se van con ellos a otros lugares, a otros mundos ajenos a los humanos.
Y a veces quiero llorar de rabia y resentimiento. Regar mi tierra de mierda con mis lágrimas cautivas y rencorosas por la libertad que me han castrado.
Entiendo las ansias de violencia que asumo con la misma vehemencia que el crédulo la sagrada hostia entre sus dientes.
Volar nada tiene que ver con la libertad que es el conocimiento de uno mismo y obrar según tu naturaleza dicta.
Los pilotos no vuelan, flotan en una cabina, encerrados. O los paracaidistas, cautivos de sus cuerdas, a merced del viento. Los barcos son cárceles flotantes que no buscan libertad, sino otra prisión donde atracar.
No, eso no es libertad por mucha poesía que le metan. Es una patética ilusión y un engaño para esconder la frustración de lo que nunca podrán ser: libres.
Los animales nacidos y criados en cautividad ya no son aptos para vivir libres. Y los urbanícolas son primates nacidos en cautividad que viven en su propio zoo acotado física y mentalmente por alambradas de corruptas leyes dictadas por el estado/dios para su propio beneficio, el maleficio para los cautivos; su pecado original presente en todas las sectas políticas y religiosas.
Yo debería vivir como los patos, caminar hacia dónde el horizonte me tiente y usar las aduanas y fronteras como cagaderos.
Estamos muertos, nacimos muertos…
Volved pronto, volved con un atisbo de esperanza.
Por favor…

Fotos de Iconoclasta.

La gracia de la fotografía está en que captas estrictamente lo que deseas sin interferencias perimetrales y un día decir que estuviste ahí dentro.
Puedes extasiarte ante lo que te gusta o de alguna forma te fascina y evitar el contexto, el entorno.
Y crear un mundo mejor, como debiera ser; lo que el dios/estado jamás pudo hacer porque la codicia y la ambición pudren toda gracia.
La fotografía es un radicalismo íntimo y voluptuoso, excluir lo que no quieres o no soportas.
Un hedonismo indiscreto.
Mirar por un agujero, aislarte dentro de ese túnel que es el objetivo.
Mi cámara es refugio y sala de estar.

Foto de Iconoclasta.

Llueve y por ello salgo a caminar con premura, temo que cese.
La lluvia aterciopela la atmósfera impregnada de tierra mojada y clorofila picante.
Las nubes besando húmeda e impúdicamente a sus amadas y sólidas montañas hacen de mí un mirón insignificante; no es por lujuria, es simple y tierna tristeza de que un día se acabará todo.
Es buena la soledad que no te llama derrotista o recita un banal consuelo edificante que maldita falta hace.
He resbalado y me he caído, he reflexionado sobre la aceleración de los cuerpos y la densidad ósea.
Me he caído y no ha pasado una mierda. Mi culo se ha mojado y también los cojones están húmedos, cosa que no me molesta. En absoluto.
Me he cagado en el puto dios atea y coloquialmente. He recordado a mi padre que me educó, lo poco que vivió, sin escrúpulos.
También he pensado en la elasticidad de los cartílagos y el miedo mezquino a caer. Ese miedo que hace del cobarde un héroe ante el mal. Los mezquinos fabrican grandes dramas y odiseas para disculparse a sí mismos de lo que son, indignos.
No veo la odisea en caer, levantarse y acariciar el culo recitando una jaculatoria.
Pensando en la cobardía también he visto una bala reventar un rostro en una nebulosa escarlata. Precioso…
Asociar ideas es fascinante.
Pensar no puede hacer daño; pero que nadie se fie, hay pensamientos sobre la desmesurada presión demográfica de la especie humana en el planeta que podrían no ser muy populares entre el puritanismo.
A veces, sin darte apenas cuenta, el pensamiento trasciende a amenaza y tal vez a su conclusión lógica. Son cosas verosímiles.
La cobardía es alérgica a la lluvia y a la libertad. Es un hecho, me limito a expresar lo obvio.
Y así, la lluvia refrigera mi pensamiento evitando neuralgias y el pantalón mojado mis cojones, que los siento alegres y lozanos. Produciendo una leche a toda hostia, fresca y alimenticia.
La obscenidad es un recurso literario que uso con sabiduría para romper con la monotonía del texto. Es pura habilidad literaria instintiva en mi “vivo sin vivir en mí” que escribía muy colgada, la mística e incomprensible Teresa de Jesús.
Yo sólo quiero ser nube y besar ávidamente a mi montaña que me espera con los árboles alborotados de esperanza.
Es hora de fumar y no pensar.
Que mis cojones lo disfruten.
Dios, desde su creación por un mentiroso, siempre fue un fraude; una caja de zapatos vacía.
Y mi pluma tan llena…
¡Qué bonita mi lluvia!

Foto de Iconoclasta.