Posts etiquetados ‘Iconoclasta’

Es la eterna disputa: el idiota ¿nace o se hace?
Para mí no hay discusión: el idiota nace porque en sí mismo, cualquier espécimen (salvo algunos extraños individuos) es idiota por definición; es la cualidad más notoria de la especie humana en cualquiera de sus variadas razas o subespecies.
Otra cuestión que se podría discutir sería si el humano puede alcanzar mayor nivel de imbecilidad con el tiempo o la desarrolla toda en sus primeros años de infancia y se mantiene plana a lo largo de su vida como el electrocardiograma de un cadáver o el encefalograma de alguno de tantos cerebros que, gritan acalorados un gol o se les mueven las orejas al ritmo de un reguetón vulgar.
Yo digo que tienen una infinita capacidad para ser más idiotas cada día, que son buenos en lo suyo, muy buenos.
Se llegan a hacer tan idiotas que no saben distinguir entre las ganas de cagar o mear. Sencillamente, se confunden de orificio gracias a su capacidad de ser idiotas a “full time”.

Acto 1°

Nuestro amor es la verticalidad profundamente clavada en la vida.

Los ojos que lloran sangre vieja configuran con precisión angular la horizontalidad de la muerte.

 
Acto 2°

La vida muerta es el último suspiro y dura hasta que los pulmones se asfixian de espanto y muerte. Y es eterna.

La vida bella es un pezón erizado durante el gemido lácteo que chapotea indecente en nuestra cópula. Dura un nanosegundo.

 

Acto 3°

La muerte absoluta es el cadáver que suspiró hace unos segundos. La rigidez será inexorable.

La dulce vida es un semen que se escurre perezoso de tu vagina aún palpitante.

 

Acto 4°

En la habitación de al lado hay un cadáver.

En la habitación de al lado de la del cadáver, sonreímos y susurramos banalidades abrazados.

 

Acto 5°

Amar es el acto vertical de crueldad y exclusión más bello.

Morir es una intrascendencia horizontal que no importa a los amantes verticales.

 

 

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Iconoclasta

Hay un imbécil con manos chapadas en oro puro que pide sacrificio a los pobres, a los idiotas, a los crédulos, a los ingenuos, a los ignorantes, a los esclavos, a los que sonríen a todo sin ser necesario y a los que acarician con elaborada ternura repugnantes gusanos vomitivos, en nombre de la tolerancia y la bondad intrínseca del ser humano. Su espiritualidad de mierda es tan solo una pose astuta para recrear un sentimiento de ingenuidad y santidad en la conciencia insectil humana.
El sacrificio es la maldición que a lo largo de la historia hace crónica la miseria y la esclavitud. El sacrifico enriquece y hace las tierras más valiosas a los grandes amos de posesiones inmuebles, de grandes extensiones, de montañas y prados plagadas de putas alambradas que instalan con codicia esos ambiciosos puercos y pervertidos.
Para que sus posesiones sean más valiosas, se han de abonar con muerte y pobreza.
El cuento del sacrificio lo escuché en una clase de catecismo impuesto por aquella cultura dictadora y asesina. Pretendía que sacrificara mi vida o lo que contenía, para honrar a un puto dios y sus sacerdotes o a un viejo militar asesino y maricón con gafas de sol que, no podía hablar sin cagarse encima.
Cuando escuché el cuento de Dios ordenando a Abraham que sacrificara a su hijo, lo entendí todo. Y pensé: una puta mierda.
A los diez años entendí la basura que me querían meter en la cabeza una gente mucho menos inteligente que yo. Identifiqué el gesto envidioso de mi profesor, cuando mis compañeros de clase escuchaban con interés y risas mi redacción sobre los perros.
No me hizo falta follar para hacerme hombre perdiendo la inocencia en un coño. Aquellos dos momentos de comprensión en la escuela prisión me provocaron una náusea, y devolví el vómito que me subió a la boca, al estómago de nuevo. Así que a los doce años me fumé mi primer cigarro y no dejé de hacerlo; porque para tragar mierda, elijo yo.
Cuando oigo “sacrificio” siento aquella náusea infantil de nuevo. Al ver la envidia en ojos ajenos, busco una navaja para pincharlos.
No ha cambiado nada de la humana miseria en los cuarenta y pico de años que han pasado desde mi inicio a la madurez intelectual, solo el decorado.
Siguen apareciendo hijos de puta predicando sacrificios, mesura, paciencia y obedecer sus designios repugnantes. Sus ojos porcinos ansiando la inteligencia que no tienen y las palabras que no saben colocar. Les viene grande el lenguaje y la cultura.
A la chusma se la pone dura o se le empapa la entrepierna ante un crucifijo, una virgen, un himno, una bandera o una sonrisa rastrera y carroñera.
Es como vivir un bucle, siempre la misma mierda.
Es cíclico.
Frente a un botón rojo para hacer estallar mil bombas nucleares, mostraré complacido en que consiste mi espíritu de sacrificio.
Si no consiguieron engañar a un niño de diez años, tampoco podrían sobrevivir a mi torva mirada y mi puño pulsando con un golpe, toda la muerte posible.
No quiero un mundo mejor, quiero morir en un mundo sin ellos. Sin iluminados, mesías y generales con gafas de sol color mierda.
Quiero ver sangrar las uñas de las manos que se entrecruzan encima de los genitales ante discursos repugnantes que insultan mi inteligencia. Esas manos que pretenden demostrar la más repugnante bondad mentirosa, el más sucio paternalismo.
Quiero una última cena en una mesa llena de armas humeantes con un cristo arrodillado ante mí y apóstoles sangrando.
El único sacrificio que podría satisfacerme tras estos años de vida, es el de millones de idiotas deshaciéndose en las calles y esos miles de iluminados, derramando los intestinos sobre sus pies.
Cualquier otra consideración de espiritualidad y sacrificio de un futuro mejor, es pura cháchara sin gracia e ingenio.
Alguien debería detener toda esta cíclica e iterativa mediocridad.
Una extinción sería deseable.
También me gusta follar con una o tres mujeres voluptuosas y golosas como yo; pero ya es otro tipo de retórica más amable y familiar.

 

 

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Iconoclasta

Los técnicos y científicos son banalmente optimistas achacando la disminución del cerebro a productos químicos.
A los seres humanos les empezó a decrecer el cerebro cuando dejaron de arrastrar el dorso de los dedos por el suelo; y es por ello que hay que joderse hoy día con la sociedad que se ha formado.
Las ranas, no necesitan cerebro solo croan, saltan y sirven para meterles petardos en la boca en tiempos de verbena.
Dudo que alguien haya hecho demasiados estudios sobre el cerebro ranícola, simplemente se trata de otro eufemismo para que la peña crea que el decrecimiento ocurre mayormente en las ranas y así no crear alarma social.
El ser humano tampoco necesita el cerebro; pero está en su código genético ser imbécil. Y para ser imbécil hay que tener cerebro: bien pequeñito, o bien podrido.
Lo que sí he demostrado empíricamente, con náuseas y con miedo a que tuviera un problema con mi propia piel, concretamente pies y sobacos; que las temporadas de abonos en los prados me hacen temer, no que el cerebro se haga pequeñito, si no que realmente se pudra.
Una vez he comprobado que no llevo una rata muerta en el bolsillo, me vuelvo a subir en la bici a respirar el agradable aroma de la montaña con el cerebro contrito.
Y así pienso en la felicidad de las ranas que solo saltan y croan y no se preocupan de un cerebro que cochina falta les hace.

En Telegramas de Iconoclasta.

¿Por qué especificar e incluir a los «bi» como grupo marginal si en realidad son homos o lesbis?
Se podrían ahorrar una categoría absolutamente estúpida y sin sentido.
Ser «bi»es una disculpa tonta.
Si estás cansado de pescado, el que un día comas alfalfa para variar, no te hace «bi».
¿Se puede ser normal o decente a horarios establecidos?
Es que me parto. ¡Ja!

Cataluña es un lugar de estafas colectivas que además, son agradecidas y bendecidas con ojos llorosos de emotividad por sus indignos y serviles ciudadanos.
Ciento treinta y cinco diputados de mierda están cobrando un sueldo que le pone la polla dura a Dios.
Y no trabajan.
No se presentan en su puesto de trabajo. Alguien decidió hace meses cerrar el parlamento catalán; pero siguen cobrando.
Me roban dinero de mi jornal para pagar su abstención laboral y no cumplir con sus obligaciones.
A mí me descontaban hasta los minutos que no trabajaba.
Me cago en dios…
Ningún di-puta-do es más que yo; pero está visto que para mucho servil y vasallo sí.
Todos se preocupan por quitar y poner cosas amarillas; pero todos esos serviles gregarios, son incapaces de exigir respeto y pedir por las malas que esos politicachos cumplan el trabajo por el que se les paga.
Ahí reside el riesgo del fanatismo: les meten la polla en la boca y en el culo y aplauden. Los que no aplauden a unos, aplauden a otros. Y así permiten en nombre de una religión, ideología o servilismo nacionalista, que les falten el respeto y la dignidad como trabajadores y ciudadanos.
Sea cual sea el gobierno que intente subir al poder, siempre lo hará a costa de sodomizar a la gente que es idiota de una forma coloquial; pero sobre todo, genética.
¿Violencia? Claro que es necesaria, todos esos diputados que me faltan el respeto y estafan lo que me roban en impuestos; no pueden faltar a sus obligaciones y cobrar por ello. Alguien debe obligarlos a trabajar, por las buenas o con un cañón en la cabeza, mientras cobren tienen que trabajar.
Que le den por culo a la puta convivencia ciudadana, que trabaje quien debe, coño. Por un lazo de mierda no movería un dedo para quitarlo o ponerlo; pero le daría patadas al cabrón que cobra para no ir a su trabajo y metérmela en el culo sin vaselina siquiera.
Me suda la polla lo amarillo, lo rojo y lo negro; que trabajen de una puta vez, porque ni dios es más que yo.
Para reclamar respeto, deben respetar.
Y si no, la violencia lo arregla todo de una vez por todas.
Que así será, como la historia dicta desde tiempos inmemoriales; porque lo pacífico es lo que lleva las vacas al matadero y roba un dinero que me hace falta cada mes.

Alguien ha golpeado el cielo duramente y llueve sangre que mana de las heridas de las nubes.
Que silenciosas se mueren sin quejarse, como el toro que muere en la plaza sin darse apenas cuenta.
Alguien ha descargado su ira y el cielo se muere. Y todos los seres mueren lentamente abajo.
Hay un manto de coagulación de salvaje y letal belleza.
Y es un descanso, como cuando se apaga la pantalla de un cine que ha pasado una mala película y te duele el culo de estar sentado viendo esa mierda tanto tiempo.
Así que como del cine, salgo a la calle con un cigarro en la boca a ver morir, morir fumando.
Sin miedo, con alivio. Es una espera tranquila, por fin se acaba tanta mísera mediocridad.
Ojalá hubiera tenido yo ese poder un tiempo atrás, cuando podía alzar una pierna para matar lo que fuera, destruirlo todo; para romperle la madre al cielo y a dios si estuviera en él.
Unos años atrás, hubiera muerto menos gente.
Lo no nacido, no puede morir.
Obvio.
No sabía que el cielo sí. Que pudiera sangrar tanto mudamente.
Me parece bien, es un buen final para una mala película.

 

Y una mierda, no me chupo el dedo, veintisiete mil…
Veintisiete mil pedos.
No jodas con la chorrada, una cosa es que sean superdotados por el tamaño de sus genitales; pero por capacidades intelectuales, nein, nada, niente, cero… No creo en brujas, creo en las mujeres que extraen con precisión y profesionalidad lo mejor de mí. Y en agradecimiento, las trato de superdotadas con amor y dejando el dinero encima del tocador.
Si llevas a tu hijo a un buen colegio de pago, con toda probabilidad te dirán que es un superdotado y hay que gastarse una pasta gansa en su educación para que pueda reponer con inteligencia mercancías en las estanterías de los supermercados.
Ahora va a resultar que tenemos miles de genios en potencia y seguramente con una capacidad craneal parecida a los Mars Attack!
Claro que los talentosos y superdotados no reciben la atención educativa, nadie se lo cree.

¿Dónde estoy?
Roto.

¿Dónde estoy?
En un tumor.

¿Dónde estoy?
En un reloj roto.

Pero… ¿dónde estoy?
Donde la sangre huele mal.
Por favor… ¿dónde estoy?
Y ya no es sangre.

No puedo… ¿dónde estoy?
Una vez en los huevos de tu padre.

¿Dónde estoy?
Muerto entre vacas guapas.
¿Dónde estoy?
Ella no lo sabe, solo llora.

¿Dónde estoy?
Triste.

 
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Iconoclasta