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El beneficio de la duda

Que alguien me pueda otorgar el beneficio de la duda sobre mi moralidad y absoluta falta de prejuicios, es algo que me importa lo mismo que la vida de cualquier presidente de cualquier país: nada.
Por otra parte yo no tengo dudas, soy absolutamente definitivo en todo. Así que el beneficio se lo pueden meter por el culo.
Que alguien me pueda juzgar no constituye ninguna preocupación para mí. Seguiré haciendo y pensando de la misma forma que si fuera el único habitante del universo (una lágrima de ternura se desliza por mis sonrosadas mejillas).
No nací para hacer caso a alguien.
Si alguien quisiera darme algún tipo de beneficio, que me la chupe si es mujer o me extienda un cheque millonario en euros si es macho.
Cualquier otro beneficio es papel para limpiarse el culo.
Si fuera menos digno y menos libre e independiente, seguramente me importaría la duda que despertara en otros individuos: si realmente soy tan deshumanizado o es un simple rol.
Y respondería con ambigüedades como hacen todos los cobardes sin carácter para parecer buenos a toda la chusma.
Por ejemplo:
«¿Sabes cuánta gente ha muerto en los conflictos étnicos en los últimos veinte años?»
A lo que Yo exclamaría:
«¡Vaya, no jodas! ¿Cuántos?»
Pero soy irritantemente digno, en verdad respondería:
«El precio del tabaco ha subido y cobro la misma mierda que hace seis años. Si quieres otorgarme el beneficio de la duda para creer que no soy tan cabrón, que sea en cigarrillos. Respecto a las razas, las hay más fuertes y las hay débiles. Y el león se come a la gacela, no se la folla».
Acto seguido, me haría una selfi feliz, tierno, simpático y guapetón con unos muertos incluidos para que quede claro que eso del «beneficio de la duda» me es absolutamente innecesario.

Jodiendo

¿Y si no hubiera enfermedad, hambre, sed, guerra y crimen?
Tantos seres reproduciéndose sin control…
Los humanos como plaga.
La mediocridad eternizada sin que nada pueda detenerla.
Una blasfemia que me haría vomitar.
El acierto de las religiones no reside en la bondad y el amor predicados.
Reside en el mal, en su continua enumeración de delitos y pecados.
Las religiones piden violencia, dolor, abuso y muerte para poder condenar y castigar.
Porque el premio es post-mortem.
No importa, estoy yo, estamos nosotros para corregir la falsedad, la falacia, la ignominia de una bondad que nace de los cerebros blandos e inefectivos.
Cuando te follo, hay momentos en los que me siento metafísico, estar dentro de ti es el mundo sin errores, sin asco.
Y así, mientras mi falo hace su trabajo en tu boca, en tu coño y en tu piel. Yo sueño que te jodo encima de una montaña de cuerpos moribundos y muertos.
Que mi semen gotea por tus nalgas sobre rostros cadáveres y rostros que agonizan de dolor y miedo.
Que miro el mundo con el ojo ciego y cerrado de mi glande supurando deseo.
Rostros muertos y rostros gimientes.
Si no hubiera enfermedad, hambre, sed, guerra y crimen; la humanidad tiene una esperanza de no convertirse en rumiantes: Tú y Yo.
Yo dentro de ti bombeando en tu coño mi amor y hostilidad innata. Te llamo puta jadeando con baba colgando de mis labios.
Y tú gritándome: «¡Párteme en dos con la polla, hijo de puta, animal!».
Y ellos agitados por el movimiento brutal de nuestra cópula, los muertos y los que han de morir.
Y ante los sanos, los saciados, los bondadosos; dejando caer sobre sus bocas satisfechas mi leche y la baba de tu coño espesa y obscena.
Somos el obsceno reducto de la dignidad humana. Los guardianes de los más primitivos instintos.
Semen, fluidos y jadeos se derraman sobre la faz de la bondad y la maldad.
Sin importar quien vive o muere.
Quien sufra o goce.
Quien llore o ría.
Somos el contrapeso amoral de toda ley o norma.
De toda adocenada bondad farisea.
Benditos los hijos que no nacerán de nosotros.
Yo te jodo sobre muertos y vivos.
Tú gimes y te arqueas sobre pieles frías y enfebrecidas por la muerte que avanza como una sanguijuela ávida.
Derramamos la leche estéril de la ira y la animalidad que nadie quiere.
Solo nos espera la muerte, jodamos.
Jodámoslo todo.

 

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Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

Cuidado Cuidado

Lo más molesto de pasear por el campo no son las moscas, los mosquitos, las piedras, ni el ardiente sol.
Lo más irritante son los ciclistas tontos que como cotorras repiten: ¡Cuidado, cuidado!
Y ya son mayorcitos para que se cuiden ellos mismos. Si no tienen cojones para ir en bicicleta relajados, que se metan en el coño de su madre para que los cuide.
A mí me importa el rabo de la vaca los cuidados que esas nenazas temerosas puedan necesitar.
Que los cuide dios o su padre que debe ser como ellos de idiota.
Es que sus vocecitas son peores que el zumbido de una mosca, peor que el olor a estiércol.
No es de extrañar. Si le das a un vulgar mediocre una rueda o varias, cualesquiera que sean; asumirá que es el centro de atención y que precisará cuidados de mierda. Un especial más de tantos que pululan por el mundo.
Y por supuesto, se trata de ciudadanos ejemplares, integrados en la so(su)ciedad y participativos. Incluso sueñan con un coche híbrido.
¿Se creerán en serio que me la ponen dura?
Está bien, si es una ejemplar ciudadana con ejemplares tetas y abierta de piernas mostrando los labios de su vagina rasurada con expresión de puta; en efecto, me la pone dura.

Rocio Guirao Díaz

En Telegramas de Iconoclasta.

Lo pagano y la divinidad de Dios

Lo pagano es lo accesible, lo tangible, el presente.
Adorar la tierra y lo que contiene. A los seres y sus órganos. Al sol y a la luna…
Dios y su divinidad es lo inalcanzable, lo metafísico. A la divinidad se llega a través de la muerte.
Lo pagano es un regalo y una celebración de la tierra.
Lo divino un festín de alimañas y gusanos.
Lo divino no es metafísico, no es inexplicable. Solo es inexcusable en su ostentoso engaño.
¿Cómo consiguió lo divino (un dios), imponerse a lo pagano en las sociedades actualmente más desarrolladas? Por medio del miedo, se cebó en el temor humano a la muerte y la convirtió en premio e ignorancia con el beneplácito de los cobardes, que aceptó creer que la muerte es otra dimensión.
La tierra entrega alimento y aire.
Lo divino, no me deja escuchar a mis amados muertos.
Dios, lo divino, no da nada; solo exige y condena.
Exige y condena…
El premio solo llega tras la muda muerte.
No adoro nada; solo afirmo que la tierra es lo único que me sustenta.
No soy pagano; pero muerto desapareceré.
Lo sé de una forma primigenia, como el bebé que busca la teta de su madre al nacer.
La leche de la madre ¿es divina o pagana?
Que cada cual se engañe como mejor le convenga. Seguro que hay dioses para cualquier respuesta.

(Gracias a María María (https://www.facebook.com/mariaeme8?fref=ufi), que con su alegre y relajado paganismo, me inspiró esta reflexión).

El cielo colosal

Me apresuro a subir a un lugar alto cuando colores y contrastes crean un momento en el que pierdo un latido del corazón.
No pienso en que el cielo me aplaste con su silencioso avance.
Ni le reprocho que me ignore.
No tengo miedo, solo sufro frustración.
El corazón se detiene epatado por la grandiosidad de todo.
No quiero estar debajo, quiero estar dentro. Quiero ser arrastrado, no ser un insignificante humano.
Quiero ser una enorme y hermosa cosa que avanza sin sentir, haciendo infinitesimal y anodino todo lo que por debajo de él está.
No sé… Ya no sé si es un puente donde estoy o es el presbiterio del Templo de lo No Humano y Colosal.
Y yo, un ocasional sacerdote rogando que le lleven.

El final

Solo una sombra

No pido mucho, incluso demando no vivir del todo.
Solo quiero ser una fría sombra, incorpórea.
Un suspiro de deseo feroz, oscuro y frío.
Un fantasma, un anti héroe del amor.
Sería la forma perfecta de deslizarme por tus piernas. Arriba, a lo profundo.
Cubrir de mí tus muslos calientes para que cedas calor a mi oscura frialdad.
Es una ley termodinámica y el principio fundamental del amor: el intercambio de temperatura. Lo frío roba el calor que necesita.
El tuyo…
Ese calor que radia de esos mudos y secretos labios que tus muslos esconden.
Me basta con ser incorpóreo, un frescor en tu coño caliente; sin que nada ni nadie pueda evitarlo.
Ni tan siquiera tú al ver la sombra que te cubre.
Un soplo que separe tus piernas. Un frío penetrante que cierre tus puños con fuerza y lujuria. Desesperada…
Seré la oscura blasfemia lactante en tus pezones y los erizaré hasta que te muerdas los labios y te sangren de placer.
No… No quiero ser carne, sería imperfecto, no bastaría para cometer todas las inmoralidades que deseo hacer en tu piel.
Dentro, más adentro…
Penetrar en tu mente por la boca, como un hálito frío. Y poseer tu pensamiento.
Esclavizarte de amor.
Follarte impunemente, salvajemente.
No quiero el cuerpo, la carne no permite que te joda tan profundamente.
Quiero tus dedos en tu propio coño, acariciándome, excitándome. Porque estaré ahí.
Eyacular mi suspiro y que se derrame en torrente salpicando tu vientre. Un oscuro soplo en tu coño palpitante.
Tal vez ambiciono demasiado.
Tal vez te amo desesperadamente.
Ser la sombra, la oscuridad que te adora…

Labitur umbra corpus.
(Una sombra que se desliza por tu cuerpo)

 

 

ic666 firma

Iconoclasta
Foto de Iconoclasta

Yo y un puente

Los puentes son para cruzar un obstáculo natural como un río. Hay quien se empeña en usarlos para lanzarse con o sin cuerda en los pies.
Si Dios hubiera querido que yo fuera un martín pescador o una gaviota, tendría alas en lugar de pene y testículos y no sería tan guapo.
Pero no obstante, disfruto con cierta sonrisa pérfida, cuando el puente se utiliza como descalabradero.
No todo va a ser aciagos momentos.

El oráculo

Hay quien ve cosas en el poso del café, en las tripas de los pájaros, en piedras lanzadas como dados…
Yo leo en él la vida que se quema segundo a segundo. Cada colilla encierra un universo de ordinarias verdades incineradas y volutas de sueños que han volado suaves muriéndose en el aire.
Mi oráculo es sórdido, feo.
Es justo el reflejo de un tiempo y lugar que no he pedido.
Y dice que hay que morir, lo simplifica todo.
Y es de agradecer.
Es mi epitafio y mi regalo a los dioses y a los que creen serlo.
Ceniza y colillas y unos dedos amarillentos removiendo toda esa miseria…
Soy el sumo sacerdote del Cenicero Triste.