No existe ningún problema en el acto de amar, no se debería temer nada puesto que no es un negocio; no hay pérdidas ni ganancias. Pero hay quien dice que “es complicado”. No hay complicación en el amor. Es, en esencia, lo más sencillo del mundo. Sólo hay ignorantes de sí mismos y el temor propio de los mezquinos y pusilánimes. Si el amor “es complicado”, se debe a que no existe. Es decir; no vale él para ser amado, o no vale ella. Eso no es complicado, simplemente se niega que haya amor. Retorcerlo es un acto que viola la nobleza y la honestidad. Algo de lo que no sentirse orgulloso. Lo complicado es sobrevivir cada día en esta asfixiante sociedad adocenada, maloliente, degradada, carcelera, controladora, esclavista y envidiosa. Corrupta y hostil. El amor es tan sencillo como su existencia o ausencia, cualquier otra consideración es mercadeo ruin de un ser provinciano con una injustificada vanidad. La complicación está en quien pervierte con su limitado y adocenado intelecto el amor mismo, haciéndolo un negocio o inversión.
Oscurantismo: Oposición sistemática a la difusión de la cultura.
De hecho, la cacareada “deconstrucción” es una forma de oscurantismo, pero mucho más venenosa al inocularse mediante dogmas, religiosamente, directamente en vena a la infancia. Se debe hablar de perversión arribista, la ideología del estalinismo homosexual es pura degradación del conocimiento y la biología humana. Que sea de clara orientación musulmana da una idea del tipo de dictadura que el progresado woke en el estado desea para sacar más riqueza y servilismo de su casta paria o trabajadora.
«La reconstrucción de la memoria colectiva, por otro lado, no se limita a la época de Franco ni al ámbito de la Ley de Memoria. Desde muchos años atrás, y dentro de la creación de «conciencias locales» en las comunidades autónomas, los programas de enseñanza han apostado por reescribir la historia desde presupuestos ideológicos inequívocos: apología de las tribus prerromanas, elogio del islam invasor frente a la España cristiana de la Reconquista, condena de la conquista de América presentada como un genocidio, etc. Y eso cuando todas estas cosas se enseñan, porque los currículos de enseñanza media tienden a suprimir toda la historia previa a la Constitución de 1812. Lo más esperanzador es que, como reacción popular a todas estas políticas, por todas partes han surgido iniciativas que tratan de dibujar el verdadero perfil de la historia de España. Un pueblo que intenta reapropiarse de su historia. Ésa es, al margen de la España oficial, la gran cuestión de nuestro tiempo. Por eso hemos de contar de nuevo cuál ha sido nuestro camino. La siguiente página le corresponde escribirla al lector.» (Te voy a contar tu historia» de José Javier Esparza, 2023)
Se habla mucho de “deconstrucción” en cuanto a las doctrinas políticas y sociales de los actuales totalitarismos estalinistas homosexuales de las pseudo democracias occidentales (Francia, Alemania, España, Bélgica, Canadá, Reino Unido, Australia…). Deconstrucción (del estado, de las instituciones, de la historia, de la sexualidad, etc…) es un eufemismo falso e inaceptable, es sin tapujos un acto de perversión arribista de la realidad de la biología humana, historia, sociedad y política. Los progres woke (homosexuales en definitiva) tanto políticos, docentes, escritores, cineastas, sanitarios, leguleyos (jueces, abogados y fiscales), policías, etc… Lanzaron a finales de la década pasada una campaña de perversión o adulteración global ajustada a sus intereses y ambiciones. Partiendo de su homosexualidad y patológico (por neurótico) narcisismo despótico, han hecho de ella excelencia y aplican su doctrina con agresividad sectaria sobre quien pueden por medio del poder legislativo, la coacción policial y judicial o el adoctrinamiento en los estudiantes que se ven obligados a pasar demasiadas horas del día soportando el ladrillo homosexual y su perversión en todo ámbito académico, matemáticas incluidas. Es una continua cháchara de ramplón populismo exclusivamente para una población envejecida, degradada, decadente, omisa, cobarde, incapaz de razonamiento alguno y que no sabría usar su libertad si la tuviera. Hay etnias como la española que son auténticos reservorios de individuos adaptados al fascismo, sea woke islámico-estalinista o capitalista católico. Eso de “deconstrucción” es un eufemismo que le viene demasiado grande al estado. Sólo es jerga woke que pretende darse trascendencia con pomposa estética semántica a una simple perversión que tiene como único fin el enriquecimiento de los sectarios de esta corriente pseudopolítica y social de arribismo homosexual. Es un fraude, y posiblemente, el más grande de la historia dejando de lado las divinidades y mitos de las actuales religiones. La violencia tendrá que resolver esta perversión, porque no hay alternativa a este estalinismo homosexual-islámico (por increíble que pueda parecer), cada día más asfixiante y peligroso en su toxicidad corrupta y ruina económica producto de una corrupción institucionalizada y una pornográfica impunidad de los delincuentes políticos.
Sufro un problema dimensional. Mi vida resultó fallida, me di cuenta en el momento en el que me materialicé en esta dimensión de estructuras moleculares imbéciles, chocan unas moléculas con otras, se hacen sangre y sonríen entrecortadamente con los dientes ensangrentados. Hay un sinfín de dimensiones decentes y tuve la mala suerte de que me tocara nacer en ésta, en el que todo está mal hecho, incluso una gran multitud de seres humanos que la habitan están mal construidos y les salen bultos de todo tipo o se mueren porque algo se les pudre dentro; cuando era niño pensé que mis huevos eran tumores, me llevé un gran susto hasta que el pediatra díjole a mi madre que sólo eran unos cojones enormes y que sería un buen semental si dios quiere. Esto es una gran mierda. Por lo que he aprendido y experimentado a lo largo de los años de encarcelamiento en este lugar idiota, lo estropea todo el hecho de que cuatro subnormales inventaran unos dioses a su imagen y semejanza cerduna y unos cuantos mandamientos que luego los convirtieron en “leyes”; y para mayor inri, pregonaron que eran ellos la creación de dios, ergo son divinos. Y aquellos pobladores idiotas que apenas eran capaces de caminar erguidos sin arrastrar las manos por el suelo, repitieron la palabra fetiche que comparten todos los ritos y mitos religiosos en todos los idiomas, tiempos y lugares del planeta: amén. Los primeros hechiceros que luego evolucionaron a religiosos o sacerdotes, luego a emperadores, reyes y por fin a políticos que pomposamente en la actualidad gustan de alardear de “jefes de estado”, cuando sus monos aprendieron a decir amén con soltura, naturalidad e irritante iteración, se dijeron que como el pueblo ya estaba amaestrado a todo lo que el hechicero predicaba: “¿Por qué no inventamos unos pecados o delitos y las leyes para condenarlos y castigar a estos gilis? Cometerán sus pecados, los condenaremos y nos quedaremos con lo que tienen, incluidas sus crías, sean hembras o machos”. Así es la dimensión imbécil que me ha tocado. No puedes moverte por el planeta sin dar con un subnormal (feligrés votante o contribuyente) que diga “amén”, “reciclo” o “me quedo en casa”. Es como una grotesca pesadilla de la que no se puede despertar. No hay forma de escapar de esta dimensión de la deficiencia mental molecular. Cuando se nace en una mierda, en una mierda te mueres. Sería imposible que un idiota de esta dimensión sobreviviera en una dimensión decente, lo usarían de combustible. Tras miles y miles de años, no se han enterado aún del cuento: las divinidades son alegorías infantilizadas de los hechiceros, sacerdotes, reyes, ministros, jueces y tiranos; del estado en definitiva. En el instante en el que me materialicé, noté como la vida se me pudría en este cuerpo cárnico. Es toda una experiencia que le deseo a mis hijoputas enemigos. Hay un paralelismo tan obvio entre el estado y los dioses de las “sagradas escrituras” (de toda secta religiosa), que requiere de una gran voluntad ser tan sumamente imbécil para no ver esta escandalosa y llamativa semejanza. Es obvio que estado y dios son igual de puercos. Y en esta dimensión no se enteran aunque los muelas a palos, de que las “sagradas escrituras” son burdas fábulas infantiles del estado escritas con un gusto y arte del nabo. En esta dimensión son ciegos, sordos a la frecuencia de la razón y deficientes mentales para llegar a una conclusión, a la más sencilla. Cuando te has habituado a esta imbecilidad que te oprime el resorte del odio y la violencia, observas ya sin asombro que en esta dimensión pútrida la imbecilidad es la gran virtud humana. Y cuanto más idiotas y mezquinos son los votantes o contribuyentes, más oportunidades tienen de medrar en su sociedad. O sea, viven en una eterna olimpiada de la estupidez; no existe ninguna otra actividad con tantos récords como esta competición idiota de la dimensión imbécil. Estoy abandonado… Y si el estado les envuelve un excremento con papel infantil de colorines y un lacito; y además da un sermón sobre sus propiedades terapéuticas y jocosas, se comerán el trozo de mierda con glotonería y se chuparán los dedos. Y dirán amén con una sonrisa pletórica de mierda entre los intersticios dentales.
Pienso en las malas cosas que nos rodean y que los ajenos, los otros no ven: la cautividad, el control penitenciario, el robo de nuestro trabajo y esfuerzo, la intervención del pensamiento, de la biología y la creatividad, la negación del individuo y la exaltación del adocenamiento. Es el lote que el estado/dios incluye en el nacimiento cautivo de cada uno los bebés contribuyentes. Es escalofriante escribirlo con esta serenidad, es decepcionante meditar sobre la sociedad del estado/dios y concluir que somos orondos insectos que ninguna otra especie caza y devora. No nos quieren ni como alimento, ni para ensuciarse los colmillos o las garras. Los nacidos en cautividad, los ciudadanos o contribuyentes nada tienen que ver con las leyes de la naturaleza. La especie humana social contemporánea a este escrito es una especie invasora surgida de una aciaga mutación. En algún momento los primeros primates usaron utensilios artesanales fabricados con piedras y metales contaminados con elementos radiactivos y se llevaron a la boca aquellos instrumentos toscos envenenados, cortaron alimentos con ellos o bebieron agua. Y así se pudrió su ADN primordial. Y al igual que Gregorio Samsa, la especie humana un día despertó como insecto en una mezquina mañana de credos, mandamientos, leyes, fe en el estado/dios y servilismo paranoico. Por ello, el resto de las especies animales nos rechazan como alimento, detectan que somos carne emponzoñada. No hay otra explicación para esto a lo que se ha llegado y que los idiotas (líneas genéticas degradadas respecto a los humanos originales) llaman globalidad. En el fondo reconocen, como un instinto primigenio residual, que no somos merecedores de llamarnos humanidad. La población de homínidos parlantes en el planeta es una globalidad cuyos especímenes sin identidad se confunden unos con otros, nada tienen de humanidad. Sólo nacen con el don de la obediencia y fe en el estado/dios, inconscientes de que han nacido para sacrificarse por esas reinas gordas como cerdos que expelen como excrementos sus leyes, mandamientos, decretos, dogmas y condenas. Sólo cuando les queda unos días de vida se les permite descansar para evitar el gasto y molestia de retirar los cadáveres en sus puestos de trabajo y centros de explotación. El estado/dios espera con avidez que las próximas generaciones desnaturalizadas, nazcan con antenas para controlarlas con el pensamiento y no con el teléfono móvil que se les implanta apenas pasan la infancia. Pienso en todas las cosas malas que podría ocurrirle a la globalidad y desespero porque no le ocurre ninguna. Por muchas catástrofes, guerras y epidemias que sufra la globalidad, apenas se resentirá porque es lo mismo que se dice de las cucarachas: será una especie superviviente que se alimentará de la descomposición de sus cadáveres si es necesario. Nacen en cautividad, son explotados y sacrificados por el estado/dios y son incapaces de tener un instante de lucidez para reconocerse en el reflejo del espejo la monstruosa mutación que son. Es lógico que exista cierto recelo en la colonia globalidad respecto a una hipotética visita de extraterrestres, porque cualquier especie inteligente del universo identificaría como plaga a esta mutación de la humanidad que es la globalidad de los sin rostro, sin pensamiento, sin libertad. En el momento que nazca un bebé con antenas de queratina, ya sería inconfundible la degradación de la especie y ningún ser de otro planeta dudará en limpiar el planeta de la plaga global; aquí radica mi único asomo de esperanza para que el planeta y sus especies se vean libres de una plaga de idiotas.
Las dos caras de la moneda, en el mismo instante, en el mismo lugar y yo entre ambas. Es un magnífico privilegio el mío. Estoy donde debo. No necesito nada más. Miro al sudeste para encontrar el sol radiante y su luz. Al noroeste, y dándole la espalda a la luz, la oscuridad plomiza y majestuosa. El paisaje inspira en mi pensamiento una metáfora de la vida en cautividad mientras observo la aguja de la brújula estabilizarse e indicar la dirección de la oscuridad que me da paz. De luz hay tanta… Mis ojos tienen cierta edad y una mirada atávica que he trabajado segundo a segundo. Allá en la ciudad, en cautividad, si miras a la luz das la espalda a la mezquindad y su maldad, al oscurantismo, la represión y la esclavitud a la que te condenan al nacer con pecados, mandamientos y leyes. Con sus condenas siempre pendiendo sobre tu cabeza, afiladas y mortales para la libertad. Y como al cielo plomizo, nada detiene. Se podría creer que la luz es la esperanza; pero sería una puerilidad, un infantilismo indigno de un ser humano adulto. Sin embargo, es lo que hace el humano cautivo en sociedad: mirar la luz esperanzado en la milagrería de sus amos y sacerdotes que muestran sus puñales rituales para hacer de él sacrificio a nadie. Escupo la colilla del cigarro con displicencia molesto con la metáfora y su alegoría, algo que sólo se da lejos de aquí; en este momento a millones de años luz de mi pensamiento. En libertad las metáforas se diluyen y pierden todo significado ante la belleza y majestuosidad del cielo y la tierra, de lo palpable, visible e incorruptible por los sacerdotes legisladores de pecados, condenas y privaciones que alzan desde el púlpito sus símbolos doctrinales predicando absurdidades con codicia. Amo la oscuridad y la luz que sin hipocresía y con la sencillez de un respiro el planeta ofrece en libertad absoluta. No necesito nada más, ni una moneda. Es todo y soy con ello en este instante y lugar, entre la oscuridad y la luz; donde los sacerdotes en una justicia salvaje son cadáveres cubiertos con hojas muertas alimentando la tierra. Donde podría partirme un rayo o la luz templar mi piel, sin más consideraciones. Y lo mejor, elegiré entre la luz y la oscuridad, no le temo a la libertad. Sin palabras farfulladas o urnas construidas con deshechos. Elijo la cara o la cruz, según mi ánimo. Relajado e ilusionado, ahora sí; es mi precisa y firme elección.
No sé cómo serán las inteligencias artificiales de pago; pero las gratuitas de los portales y buscadores son pura infantilidad para cerebros blandito; sólo aptas para los aquejados de ese infantilismo atroz y su ignorancia: los woke que ven en la abeja Maya un elemento de gran carga sensual y sexual. Toda imagen que pidas que dibuje la inteligencia oficial de los portales colaboradores con los estalinismos penitenciarios homosexuales clima-sanitarios del Occidente Consumista y seudodemocrático, serán primero mogijaterías tierno-infantiles. Es un horror, un insulto a la inteligencia de los humanos adultos y con cerebro operativo. Voy a mantener a esa mierda de inteligencia artificial fascista y censurada lejos de mis ojos. Esta inteligencia artificial es una parte de la liturgia y catequesis del estalinismo surgido con el coronavirus, un fascismo eclesiástico y doctrinal. Y un gran éxito entre las sociedades decadentes y degradadas de los países volcados a tal fascismo, como toda Europa, por ejemplo. Los jerarcas fascistas estalinistas predican constantemente sus homilías de bondad, paz y obediencia al estado/dios protector del coronavirus y futuras pandemias en espera de decreto. Es la nueva iglesia de las cobardes sociedades occidentales consumistas, seudodemocráticas sin rubor. Una iglesia regida por obispos corruptos y codiciosos; telepredicadores de maneras y retóricas mafiosas. Las viejas y degradadas Europa y España (como muestra de degradación tipo) ostentan una población cobarde y decadente, dependiente de los decretos salvadores que dictan los jerarcas como corruptos obispos. Ahora, a finales del 2024, la población occidental consumista de las viejas y gastadas pseudodemocracias se encuentra en el momento más peligroso y decisivo que ha conocido la humanidad jamás: la masa poblacional o casta paria asalariada va a perder vía decreto de bondad de la iglesia estalinista, todo ápice de libertad y el acceso al conocimiento y la historia real. El oscurantismo y su censura es una peste que emerge de las aguas fecales subterráneas de las ciudades para invadir todos los pulmones y cerebros de la gente que vive verticalmente en sus costosas madrigueras pequeñas e insalubres. El plan maestro del actual estalinismo homosexual carcelario surgido con el coronavirus se ha iniciado. Sus sociedades occidentales han envejecido y apenas se reproducen. Y todo estado obtiene su riqueza (sus jerarcas) de los contribuyentes, cuantos más contribuyentes no pensionistas tienen, mayor es el poder económico de los líderes estalinistas. Es la razón por la que están importando para sus naciones esclavos africanos que trabajarán por una cuarta parte del jornal que cobran los asalariados nativos. Y por religión y tradición se reproducirán ratonilmente aportando nuevas generaciones de votantes contribuyentes a sus desgastadas pseudodemocracias. En su mayoría son musulmanes, una sociedad religiosa que obedece y acata todo credo y decreto de sus dictadores sacerdotes. El fanatismo de los musulmanes y su ansia de islamizar el mundo no es un secreto para nadie. Y los jerarcas estalinistas de las pseudodemocracias estalinistas del Occidente Consumista, ven en los musulmanes (debidamente surtidos de mezquitas y dinero) un raza ideal para obedecer al estado y de explotación barata, puesto que ya está amaestrada en la obediencia y la fe en el estado. Es por ello por lo que se hace por parte del maleable y vacío progresado woke (eminentemente homosexual y con buenas tragaderas para la pederastia) una continua catequesis de admiración por los musulmanes y su religión. Y como es lógico, los estados occidentales estalinistas del coronavirus trabajan con afán mediante prensa, redes sociales y televisión en crear en su población la fobia del antisemitismo, el odio hacia Israel y los judíos en general para contentar y apaciguar a sus nuevos esclavos moros que serán fuente de riqueza para el “obispado” estalinista homosexual. Por supuesto, hay que hacer notar, que las ONGs son hoy las traficantes y comerciantes de esclavos junto con los ministros de asuntos exteriores e interior de estos estalinismos carcelarios homosexuales. Y bueno, en lo que respecta al cacareado “cambio climático”, no deja de ser una simple maniobra propagandística (y negocio tipo bozal: mascarilla en exteriores e interiores) para ocultar la gran carnicería que se avecina en el Occidente Consumista con la islamización que se está llevando a cabo mediante la citada importación o compra de los esclavos y reproductores musulmanes (acogida o refugio en el argot diplomático estalinista homosexual carcelero). Los decadentes nativos del Occidente Consumista con un goteo constante han empezado a morir por los puñales musulmanes en su propio país y es sólo el aperitivo de la gran masacre que se avecina; que a su vez y con toda probabilidad, arrastrará a una gran guerra civil global entre el estado/dios estalinista, el islam y la población “infiel” consumista. Pudiera parecer una conspiración surgida de la ciencia ficción o la paranoia; pero no consigo ver la ciencia ni paranoia en ningún aspecto, sólo veo hechos, la historia y la actualidad reciente. Ojalá pudiera afirmar que esto es un relato distópico de un estalinismo woke carcelero homosexual, lo escribiría con una sonrisa. Aunque ahora sonrío; pero por astucia y no por lo divertido. Porque maldita la gracia, que ha tenido hasta ahora.
–Cuéntame una tristeza. –Un amor clavando las uñas en la tierra para no caer al infierno. –Otra. –Una sangre fuera de las venas. –Otra. –El bebé que no ha conseguido llorar frente a la madre que lo acaba de parir. –Otra… –Un gato se esconde bajo la cama para morir solo; pero su compañero lo acuna en el pecho. Sólo es un gato… –Otra. –Los párpados lívidos de padre, la inmovilidad de su pecho. –Otra… –Tú tan lejos de mí y tan sola aunque te tome la mano. –Una más. –Tu llanto. –Por lo que más quieras. Niégate a contar penas, cuenta esperanzas. –No puedo… –Es imposible, me niego a vivir con tu tristeza. Eres un monumento a la pena. ¿Qué ocurrió? –Viví demasiado tiempo aquí en el mundo. – ¿No queda un ápice de alegría en ti? –No la conocí. Y lo cómico no es alegría, es una tos. –Me condenas a la prisión de tu tristeza. –No. Me condeno a vivir sin ti. – ¿Soy yo el amor que clava los dedos en la tierra para que la muerte no lo arrastre? –Sabes que soy yo. –Y haces de mí la sangre fuera de las venas. –No. –Estás matando el amor como el bebé que no lloró. –Soy yo quien no debió nacer. Soy todas las alegorías de un muerte con retraso, tardía perezosa… No hace lo que debe. Soy una tristeza que respira, una masa de melancolía que se agita ante una luz oscura como una tumba. Una gelatina negra que solloza. Un miasma pulsante que exhala vapores en el hielo de la vida. Un puré amasado con lágrimas saladas y pestañas carbonizadas. Soy el barro que dios se quitó de las manos tras modelar a Adán. Y yo no recibí un soplo de vida, sólo aspiré el polvo del hastío de una tierra muerta. La orina de aquel primer hombre me dio un informe volumen. Quiero morir solo, como el gato. –Estás loco. –Lo sé, a cada hora me encuentro más lejos de mí mismo. El mal está hecho. Soy el animal nacido en cautividad que se muere de melancolía ante los visitantes alegres del zoo. No queda nada dentro de mí que me haga viable para la vida. La locura ha llegado, no tardará una muerte enajenada. Ya no soy aquél, hablas con un extraño.
No sólo es ético, sino perentorio devolver el mal que se me ha hecho sufrir. Si hubiese inocentes que tuvieran que pagar la ira de la venganza, bueno… Yo también fui inocente.