Posts etiquetados ‘reflexión’

Soy una bestia que una vez ha comido, piensa en follar y dormita con la polla dura.
No es alarde, sólo un hecho ordinario escrito con deliberada y estudiada obscenidad.
Lo único anómalo es la palabra tosca y la indecente imagen que suscita.
Si no puedes con ellos, no te unas. Incomódalos, por decir poco, por decir lo mínimo.

No sé por qué; pero me resulta más fácil pronunciar malevolencia que benevolencia.
Será que benevolencia ya está en desuso y no tiene sentido pronunciarla, ni siquiera como ejercicio de logopedia.
Además, el narco estado español le ha decretado a la Real Academia Española que borre eso de benevolencia y a servilismo le añada la definición que se ha quedado huérfana de voz.
A mí me parecía la extinta benevolencia, la más escalofriante palabra porque con suma facilidad se puede articular la b como una p (por error o malicia); cosa que me haría escupir aterrorizado ante la inefable posibilidad de semejante cosa en mi boca.
Sí, servilismo es más fácil de articular que benevolencia. Y en este momento, servilismo surge por los labios suave e inevitablemente a cada instante.
Aun así, insisto: la reina sigue siendo malevolencia, su primera sílaba es tan voluptuosa y refrescante…

Los follaniños (pederastas) son una constante en toda época o sociedad. Unos marcadores naturales de los ecosistemas humanos para el control demográfico por medio de la caza y una forma de mantener el necesario estrés de alerta y supervivencia en los rebaños humanos. Vamos, que no se me duerman pensando que viven en disneylandia y que cuiden a sus crías en lugar de alucinar esnifando o comiendo setas del bosque.
Que aprendan, como yo, a detectar a un hijo de puta a la legua.
Sin embargo, lo que ha conseguido la cochina especie humana a lo largo de la historia con sus sectas religiosas, estados o gobiernos y leyes, es que estos marcadores biológicos se hayan reproducido ratonilmente haciéndose así, una nueva variante humana a la que se le debe respeto como a los terroristas musulmanes y tantos asesinos genocidas que han surgido en la historia moderna, algunos incluso elegidos (pseudo) “democráticamente”.
Y así viven pacíficamente entre sus víctimas (incluso en puestos clave del estado) y “aquí no pasa nada”, sin que nadie les preste atención a pesar de llevar la polla ensangrentada* por fuera del pantalón.
Las civilizaciones o sociedades con sus gobiernos o estados, a lo largo de la historia han conseguido mantener y aumentar lo más venenoso y repugnante del ser humano y aniquilar nobleza, honestidad, valor, inteligencia y la fuerza para la decisión y el esfuerzo. Lo aniquilado es básico para que los joderosos sigan en el joder (de todos es sabido que poder siempre se ha escrito con “j”).
Un silogismo: La religión inventa el pecado y los pecadores que controlar y condenar. El estado inventa leyes para que haya delincuentes a los que apresar y la represión indiscriminada contra la población. Ergo el joder cría, engorda y alienta el crimen para mantener su riqueza originada con sus delitos, pecados, represiones, penitencias y condenas; creando codependencia psicológica y física en los humanos más tirados de la sociedad.
En una sociedad humana decente y libre de pecados y leyes los follaniños estarían muertos apenas llegaran a la adolescencia. La especie humana nació inteligente y el joder la idiotizó hasta ser lo que es hoy.

(*Por un respeto a las presas, debo utilizar un lenguaje claro y conciso, deliberadamente explícito sin eufemismos de mierda, no se fuera a dar el caso de que alguien piense que el depredador le ha hecho un favor a la presa, que es justo lo que van a predicar los progres del nazismo climático, sanitario y homosexual o Agenda 2030.)

La tristeza es trascendencia pura.
Lo único que asienta con rotundidad tu identidad e importancia.
El máximo exponente del individualismo como lucha contra el cáncer de la colectividad insectil y vacía.
La tristeza es tan íntima y profunda que ni siquiera el amor la puede rasgar. Te arranca de esta mierda de mundo y te deja en el vacío con tu sola respiración.
Añoro la tristeza que me hace superior al resto de animales humanos.
El más importante sentimiento de íntimo y secreto egoísmo.
Me gusta de la tristeza su poder para anestesiar el cuerpo y sus dolores. No duele la carne, ni la piel, ni los huesos…
Y está bien así.
La tristeza es inmune a los consuelos, se rompen en pedazos al topar con ella.
Es una magnífica coraza.
Y está bien así también.
La tristeza te desgaja del cuerpo, podrías estar muerto y no saberlo.
Es un fascinante misterio.
Caminas solo entre millones de seres humanos, te hace invisible y perfecto. No los ves y ellos tampoco a mí.
La tristeza trágicamente te hace irrepetible y nada ni nadie vale más que tú.
Qué importa quién viva o muera, tú ya tienes tu tristeza.
Deberían fabricar tristeza sintética para esnifarla cuando sientes que ya no eres más que una bestia de engorde.

Las tan cacareadas “grandes” civilizaciones o antiguos imperios murieron por el peso del odio de sus enemigos que, supieron recordar y entender que siempre se debe devolver la agresión.
Es la ley básica desde que el ser humano apareció en el planeta. Primera ley e inalterable e incorruptible: Quien la pega la paga.
Por esto es tan sumamente importante y vital la justicia retributiva de la ley del talión. Porque dice que la vida es lo más sagrado que existe y devolver sólo una muerte por tanto dolor causado es indolencia, pereza y cobardía.
Tiene que entender por la violencia el futuro agresor, que también será candidato para ser pasado a cuchillo: Quien a hierro mata a hierro muere.
Es preciosa la venganza en su sencillez y justicia salvaje.
Sin embargo, cuando se mata a un allegado y no hay respuesta contra el agresor, convierte a esos familiares y amistades del asesinado en cobardes y presas del agresor.
Es algo que no explica o no cuadra en el pacifismo, que es el ridículo disfraz del cobarde mezquino.
El pacifismo nace como movimiento porque, prácticamente todas las agresiones las comete el estado contra su población. De ahí que se adoctrine a los rebaños humanos, castrando a sus crías en las escuelas, adoctrinándolos en la paz y la obediencia: Déjate matar, porque quien bien te quiere (el estado) te hará llorar (el estado de mierda de nuevo). Y se le llena la boca al jerarca corrupto de turno, adulando a la masa humana bovina por su virtuoso y cívico pacifismo que la hace tragar con toda corrupción y asesinato en “interiores y exteriores”.
Toda sociedad consumista es cobarde por definición y alabará al asesino por cobardía haciéndole ver que lo ama. Y atacará a los que se defienden del agresor porque temen su ira.
Los cobardes nacieron para ser esclavos y su esclavitud, servilismo y carácter pacífico, son las armas que la cobardía usa para pedir piedad al asesino.
Es exactamente lo que está ocurriendo en Oriente Medio y se refleja en las sociedades consumistas cobardes occidentales: unos religiosos asesinos quieren extinguir a los judíos y éstos, según la moral cobarde los pacifistas, deberían dejarse decapitar; pero no, los muy hijoputas devuelven el mal que se les ha hecho.
¡Malditos judíos! –claman los cobardes consumistas –¿Por qué no se dejan matar?
Es algo parecido al efecto Franco y sus españoles ante los fusilamientos y torturas de los disidentes al fascismo franquista (amigos, vecinos, conocidos, familiares), el pueblo llano sentenciaba muy recto él comiendo como puercos ante el televisor: “Pues que no se hubieran metido en política”.
En su profunda ignorancia e incapacidad mental, preferían la indignidad y la esclavitud, a una libertad que no hubieran sabido qué hacer con ella por su severa castración mental y física (por su genética cobarde, servil y pacífica).
Hoy es una pauta conductual tácitamente aceptada en toda sociedad pseudo democrática.
La modernas sociedades occidentales de sus pseudo democracias consumistas, están formadas por los mismos mezquinos cobardes que corrían a pedradas a los leprosos y quemaban mujeres, hombres y niños inocentes de todo por ser brujos disfrutando hasta la festividad por ello. Embriagados en la fe haia su líder asesino político o religioso.
Una buena mamada cobarde al estado y al llegar a casa una buena paliza a la mujer para ocultar su maricona y servil cobardía.
La cobardía es todo un clásico en la historia de la humanidad moderna y documentada.
Los valientes se pasan los “imperios” por el culo (vietnamitas) y los cobardes ceban césares como cerdos o vacas sagradas en las pseudo democracias occidentales del coronavirus y su 5G.

Amar a través de las palabras escritas es penetrar en un universo incierto e imprevisible. En donde la imaginación y voluntad que requiere escribir se confunde lo cosmogónico con lo cosmológico. Lo cuántico con la creación y la reproducción.
Los datos se confunden con los deseos… Y los deseos se congelan sin llegar a un sol.
Pobres…
E inevitablemente las palabras desbocadas, apasionadas, brutales como los besos imposibles como los años-luz; hacen del amor una fe violenta que destruirá al dios de las sagradas escrituras, creando en su lugar una nueva y desesperante divinidad que justificará tu locura y amor por ella.
Y a partir de ese big-bang del sagrado amor supernova, escribirás con la urgencia de la inspiración en el papel, las palabras que se harán mayores y más minuciosas describiendo cada una de las facetas del diamantino amor generado con las altas presiones del pensamiento cuántico-sináptico. Se expandirán tus escritos como una galaxia voraz de sentimientos y emociones en tu universo íntimo y subatómico convirtiéndose en enrevesadas fórmulas físicas del inenarrable amar, sin un resultado concluyente de las probabilidades que, jamás serán menores que el infinito.
Y respirarás desolado.
Es tu condena, otra aciaga constante en el universo, en el tuyo que salvajemente has creado.
La cordura es una materia oscura que intenta imponerse, una constante como la gravedad que intentas soslayar. Y como en viejos tiempos medievales, te acoges a sagrado falsificando los cálculos.
Tal vez llegues a la consecuencia de que ese amor es demasiado grande para ti y gimas con cada párrafo tu frustración y el privilegio de estar en el horizonte de eventos del agujero negro más bello del cosmos, al que es imposible no amar,
Y te arrastra.
Te arrastra bella y frenéticamente a la amatoria y desintegradora locura.

Es muy ilustrativo y esclarecedor para entender la sociedad actual, el asunto del peso de los objetos de escritura. Hay mucho afeminamiento en machos y hembras juzgando el “peso” de una pluma, bolígrafo o lápiz.
¿Cómo es posible que sientan fatiga por algo que pesa unos gramos y además se apoya en el papel? ¿Cómo es posible cansarse con una pluma “pesada”?
Las sociedades del coronavirus obedientes del encarcelamiento (“yo me quedo en casa”), el bozal nazi (mascarilla) y la vacuna que no vacuna; se ha degradado tanto y le tiene tanto horror al mínimo esfuerzo, que no se debe escribir de ella sin insultarla u ofenderla con todas las palabras posibles.
Esta sociedad es un monstruo deforme construido con millones de cuerpos humanos grapados entre sí que, enfermo y con el cerebro podrido, se arrastra mezquino a los pies de su amo, el telepredicador más publicitado. Siguiendo con ciega devoción los miedos y consignas del psicópata pervertido que ha votado.
Y todo ocurre en “democracia”, donde enfermos mentales dementes como Hitler son mayoritariamente votados secularmente.
Los cobardes exhiben con orgullo su mezquindad y así hacen de la cobardía, inmovilidad e infantilismo, virtudes cívicas como el votar.
Esta degradación es la que lleva a las mayorías a votar a alguien tan infame y degradado como ellas. Necesitan un amo igual para seguir haciendo virtud de sus indignidades.
Se quejan de que el bolígrafo pesa y ni siquiera saben sujetarlo. Algunos llevan al extremo del plumín las puntas de los dedos y no ven una mierda de lo que escriben, otros rodean con el pulgar el bolígrafo como cuando la profesora les enseñaba a escribir las primeras letras, otros doblan la muñeca tanto que parecen sufrir parálisis cerebral. Pareciera que quieren demostrar con orgullo que padecen alguna enfermedad cerebral o una tara intelectual que les impide la coordinación motriz instintiva y lógica para tomar un objeto de escritura y escribir de una forma sencilla y natural.
La incapacidad intelectual y su incultura es otra de esas indignidades transmutadas en orgullosa virtud.
Forman una reata de asnos con el rabo enhiesto de una injustificada vanidad.
Socialmente, por mucho que cacareen los politicastros contra la violencia, yo afirmo que nunca ha sido tan necesaria en las ciudades como en esta tercera década del siglo XXI.

Foto de Iconoclasta.

Nunca he sentido miedo ni mi pensamiento invadido sea cual sea el régimen político del lugar donde me encuentro en el planeta.
He pensado siempre acertada y correctamente, sin asomo de simpatía por ninguno de los personajillos del mundo de la política y economía, que forman una casta caracterizada por la ambición y la codicia, sin importar su retórica son víboras muy peligrosas para la inteligencia y la honestidad. Ni me alegra ni me aterra quien gane o pierda las elecciones, no me preocupan los mezquinos que toman posesión de un cargo en el estado, les podrían descerrajar un tiro en la cabeza y yo miraría mis uñas con más atención que la noticia.
No obedezco a ninguna ideología y soy inmune a cualquiera de ellas y sus religiones.
Hago, digo y escribo lo que quiero, unas veces con más cuidado que otras, porque tengo sabiduría e inteligencia para identificar hasta qué punto los políticos se convierten en asesinos. Y las leyes existen para ignorarlas cuantas veces sea posible, porque la ley se ha inventado para favorecer al estado y agredirme a mí.
Y ante todo, hay una máxima que no me abandonó desde el momento en que tomé conciencia de mi pensamiento: Nadie es más que yo y nadie importa más que yo y mis deseos y placeres.
Por ello, siento vergüenza ajena y rechazo gástrico cuando los infelices esclavos votantes lloran por miedo o entran en una crisis de euforia dependiendo del asqueroso ambicioso y codicioso que sienta sus nalgas idiotas en el trono del estado y se convierte en un puto dictador corrupto en menos de tres horas. Le ocurre como al hombre lobo en luna llena; pero en puta.
Las sociedades actuales son mezquinas como aquellas de la antigüedad que inspiraron las patrañas del antiguo testamento y posterior nuevo. De hecho, los esclavos de hoy son los descendientes directos de aquellos desgraciados que adoraban vellocinos de oro o bien, votaron por los diez mandamientos y su fascista jerarca que las sacó de entre zarzas ardiendo.
Se ha visto hace muy poco en Inglaterra, hemos visto llorar de pena y alegría a francesitos y España, va más allá y ha constitucionalizado la corrupción y la prevaricación, creando una aristocracia política que declara a todo jerarca y burócrata impune a toda ley si forma parte del régimen actual.
Y en la apoteosis de la miseria humana, exhibe el estado/dios español toda esa podredumbre con orgullo festivo y maricón ante sus votantes y estabulados y pastoreados asalariados.
Esto está ocurriendo ahora mismo en España, pero el resto de los gobiernos del planeta siguen esa estela nazi-estalinista corrupta y asesina de libertad y vida, surgida como un parásito del coronavirus o lacovid19.
Así que:
El peor error que puede cometer y comete con alevosía y fe religiosa el ciudadano, es votar.
Porque ese sacrificio de tiempo de libertad para ir a un local electoral a votar a su andoba preferido, con el escaso tiempo libre que le queda al asalariado; es pura e indigna servidumbre de esclavo o de labriego condal. Que además, crea en la utilidad de su voto no sólo es un acto de ingenuidad, sino de ignorancia punible, una vergüenza para sus hijos si los tuviera. Incluso votar en blanco deja fe de la humillación del votante hacia su dios/estado que usará ese voto como argumento y ley para extorsionar, arruinar, juzgar y condenar siempre culpable al “buen ciudadano, votante profesional”.
El estado no es más que la caricatura de un dios corrupto cuyos decretos a ojos del votante mezquino, ingenuo y aparatosamente ignorante, son designios inescrutables que sólo ese buen y puto dios/estado puede entender y justificar mediante decretos que devorarán a los hijos de los votantes tarde o temprano.
La humanidad está interpretando de nuevo un antiguo testamento; sólo que en esta versión, Yahvé es un dios maricón y genocida nazi-estalinista con retórica de sacerdote folla-niños.
Hay algo repugnante, mezquino, humillante, decadente, cobarde, innoble y de obsceno infantilismo en los votantes que lloran porque el partido o jerarca votado no ha conseguido escalar al poder.
En las elecciones de cualquier país seudodemocrático se les puede ver abrazados llorando de alegría, llorando de pena, llorando de miedo, llorando y bailando con euforia narcótica. Son las imágenes sucias y repugnantes que aparecen en todo telediario o prensa mezquina tras unas elecciones. Muestran, aunque las reses lloronas o felices no lo vean, la pornográfica sublimación de la mezquindad y cobardía humana junto al uso del bozal nazi (mascarilla) y los aplausos a la autoridad penitenciaria que los encarceló, arruinó, mató y enfermó por un resfriado llamado lacovid19.
Lo peor del ser humano degradado sale en las elecciones y en el coronavirus y sus fascismos.
Me provoca asco y sus náuseas observarlos en las noticias, en las calles cabizbajos, tristes como si su dios se hubiera derrumbado, tristes porque temen no sentir las caricias y justos latigazos de su telepredicador, amo y líder; aquel que les salvará del mal y les robará la libertad y la naturaleza misma del ser humano para salvarlos de la ultra iniquidad que escupe fuego desde el cielo.
La política y su ganado humano es otra superstición, otra religión más que agrupa a decenas de sectas que hacen exactamente lo mismo, enriquecerse. Y en las que sólo varía la retórica, un punto muy importante dada la incultura y degeneración mental de las razas humanas urbanas; que representan la mayoría mundial votante o simpatizante de los dictadores y el paradigma de una evolución que las ha llevado a la degradación de su idiosincrasia humana primigenia.
La ingenuidad e infantilismo son los fundamentos donde se sientan las bases de las decadentes pseudodemocracias occidentales, como las de la vieja, desgastada y corrupta Europa; donde las naciones se han convertido en estados sectarios dictatoriales con el aplauso y satisfacción de una masa trabajadora votante cobarde e idólatra. Una especie humana que precisa como ninguna otra un largo de periodo de guerra, violencia y muchas muertes para recuperar su perdida humanidad. Ahora son como aquellos homosexuales patricios romanos de la Roma de Nerón, aplaudidores de los leones que devoran esclavos y del puto césar que dice ser un dios. Y llorarían y se suicidarían grupalmente ante la muerte de su emperador.
Las sociedades de las pseudodemocracias estalinistas están creando una nueva era bíblica, a gran velocidad gracias a la informática para pervertir la historia y la realidad. Cientos de miles de veces más veloces se crean las mentiras y los mártires hoy día, que cuando se escribían los “libros sagrados” de cuentos, leyes, condenas y mitologías que formaron el primer “antiguo testamento” con el que nació la biblia. Y de esa colección de mentiras y degradaciones éticas, derivaron las tres peores religiones y más venenosas del mundo: judaísmo, cristianismo e islam. Y por supuesto, sus miles de sectas que leen lo que les interesa de cada libro del antiguo testamento.
Las dictaduras que hoy día se llaman “democracias”, han heredado la retórica de los fascismos de Hitler, Mussolini, Stalin y Franco, solo que amplificadas y difundidas con mayor velocidad. El legado y sabiduría de la dictadura que dejaron aquellos genocidas burócratas y militares de medio pelo es el que ahora disfrutan los líderes más votados de las pseudodemocracias.
Algo que corre por todo el planeta a la velocidad de la luz.
Los vellocinos de oro, en el siglo XXI, visten traje, se perdonan a sí mismos los crímenes, esnifan cocaína sin rubor, vaticinan el fin del mundo con los “ultras” de toda ralea y predican el homosexualismo como paradigma de civismo; de servil, obediente y pacífico civismo. El homosexualismo es barato de controlar policialmente.
La población de las pseudodemocracias, tan cobardes como decadentes, se abrazan a las rodillas de sus dioses/líderes rogándoles que les proteja del “niño malo” que le quiere hacer pupa. Incluso algunos, con orgullo maricón, alardean de padecer el síndrome de Peter Pan.
Y el mesías nazi-estalinista les responde: “La protección requiere más impuestos”.
Y el cobarde responde: “Amén” y se aplica un lubricante en el esfínter que fabrica casualmente su líder elegido “democráticamente”. Su mesías, por el que ha llorado, aplaudido, sonreído y follado celebrando la salvación.
La ignorancia y la degradación intelectual de la raza humana “democrática”, no puede verse a sí misma, como tampoco el camello su giba.
Están reescribiendo los líderes de las naciones seudodemocráticas un nuevo y renovado antiguo testamento con todos sus excesos y esclavismos. Con todo el oscurantismo de los nazismos, estalinismos o cualquier totalitarismo que ya ha sido instaurado en cualquier parte del mundo muchas veces a lo largo de la historia mísera de la humanidad.
Y esperan los votantes llorones que surja de entre todos esos genocidas líderes “democráticos”, otro rey de locos y enfermos al que obedecer en el “amor al prójimo”. Y el prójimo es el estado asesino de la especie humana que se frota las manos con usura.
Ahora mismo, la inteligencia artificial está procesando velozmente una nueva esclavitud y humillación global a la que llamarán “nuevo y normal estado de derecho de la bondad del líder”.
Hacen bien en llorar, aunque no saben la causa real de sus lágrimas o risas.
Idiotas de culos peludos que se creen dulces niñitas lego o playmobil…
Los votantes son las plañideras de un fascismo con retórica paternalista que no se irá jamás sino es con una violencia planetaria que deje al borde de la extinción a una especie humana demasiado degradada y ya endogámica y sin futuro e interés genético alguno.