Archivos de la categoría ‘Absurdo’

No entiendo porque los cementerios no expulsan los restos humanos cuando hay un terremoto. No he visto nunca una foto de semejante situación, de ahí mi angustia.
No sé, es que me gusta el arte disruptivo por llamarlo de algún modo, es demoledor valga la redundancia. Las cosas rotas por una catástrofe tienen una gracia especial de las que carecen las erosionadas lenta y tontamente por la naturaleza.
No es una cuestión de malsano morbo, simplemente lo imagino como una fantasía para conjurar un poco esta leprosa mediocridad de la cotidianidad.
Una vez jugueteé con un hueso humano que había entre las ruinas de un cementerio roto; pero me gustan más los de las vacas, son más contundentes. Luego lo tiré con displicencia y aburrimiento para fumar más cómodamente.
Si hubiera encontrado una calavera, me la hubiera llevado, fijo.
En fin… Lo que me gustaría es contar, de forma coloquial y amigable a algún conocido, la siniestra experiencia de que he visto trozos de esqueletos a cielo abierto entre tumbas rasgadas y lápidas hechas pedazos, una buena aventura que relatar en lugar de hablar de médicos y tiempo.
Tengo muertos en el cementerio; pero no me afectaría que sus esqueletos salieran a la luz.
Por los cadáveres no tengo aprecio o desprecio alguno, son cosas que ya no representan nada de la gente que amé y odié, porque es muy importante saber que lo que odiaste está muerto, es una alegría de la que no deberías prescindir jamás.
Es una costumbre folclórica venerar los cadáveres; pero está visto que nací con pelaje impermeable a los ritos populares.
Será porque soy muy imaginativo y nada puede superar lo que mi mente crea.
Así que no necesito saludar cosas frente a las tumbas, cuando en mi poderoso cerebro, están como la última vez que los vi vivos.
La verdad es que soy mi propio dios castigador y resucitador.
Y es otra forma o dimensión de ver la vida menos aburrida, con más gracia.
Porque, sinceramente, las fotitos del dichoso James Web (nombre imbécil donde los haya para un telescopio o un gato) son lo más ñoñas, repetitivas y aburridas que publica la prensa diariamente para llenar los huecos en sus páginas web cuando se les acaban las mentiras del día.

Iconoclasta

La única tierra prometida es la que ella pisa.
La que amo, la que añoro, la que necesito, la que quiero abrazar, la que me la pone dura, la que quiero follar, poseer, amamantar, con la que quiero empezar y acabar el día. La que quiero solo besar…
Una grandiosidad de alma y coño…
Y yo un poco cosa, un paria de la tierra demasiado alejado de todo. Infinitamente lejano de lo que amo.
Un nómada en el planeta buscando sus huellas.
Con el corazón partido en dos, una mitad roja y brillante que corre miles de kilómetros por delante de mí, hacia la diosa.
Y la otra negra, como podrida, que envía con golpes dolorosos la sangre a las venas que parecen reventar de un cansancio, de un hastío, de una eterna puta suerte que no cambia. Y aun así, me mantiene mierdosamente vivo enviando sangre a mi polla amoratada. Una sangre que parece coagularse y hacer del rabo una maza mórbida, obscena, de violenta penetración ávida y feroz.
Me gustaría que fuera más gorda, más larga; pero nada es perfecto.
Tengo que trabajar este problema, algo cosmético antes de violar a mi diosa si eso ocurriera.
“Oye viento, dile a la diosa que llego. No sé dónde estoy, pero voy”.
Deliro por el camino creando esperanzas en el Páramo de la Desesperanza. Esperanzas de magnitudes tan grandes como el amor desesperado que me lleva a desintegrarme, a erosionarme en mi camino hacia ella. Esperanzas colosales que no me caben en el pensamiento y se marchitan. Dejo un rastro de alegrías muertas tras de mí.
También imagino mis dedos extendiendo pequeñas ternuras por su piel, y siento unas repentinas ganas de llorar…
Le vendo la parte sucia de mi alma al diablo que la desea. Ha emergido de un espejismo de gas que flota sobre la tierra quemada por el sol.
“Te la cambio por unos miles de kilómetros y de años que me acerques a ella.”.
Se ríe y me dice “Vale”. Sabe que no tardaré en morir y tendrá mi alma entera sin nada a cambio. Bueno, no puedo hacer gran cosa contra ello.
Solo espero que cuando llegue a ella no muera, sería una broma de mal gusto. Que me dé tiempo a mentirle jurándole que estaré con ella toda la vida.
Porque sé que he gastado ya toda mi eternidad en fracasos; como el astronauta que sale al espacio y solo ve muerte. Tanto afán, tanta ilusión alimentando sensaciones y fantasías, para acabar flotando en toda esa letalidad aséptica. Lo único que escucha es su respiración y se deprime. El universo no hace ruido, solo es un inmenso vertedero de piedras que no permite el más mínimo jadeo de vida.
Al menos los cementerios tienen la gracia de los epitafios.
Sin embargo, el espacio que ocupa mi diosa de pezones lamibles y plenos de vida, es la máxima expresión de lo carnal en un mundo de ángeles asexuados.
Tiene suerte de que no es un planeta, porque no podría evitar estrellarme contra ella, su atracción es como la de un agujero negro. Y me pregunto si su coño me absorberá y sacará de aquí. Me lo pregunto con un hálito de esperanza dándole la espalda al diablo que aún sonríe astuto detrás de mí, esperando que muera.
El sol incide con una hiriente verticalidad sobre mi cabeza y crea entropía en mis neuronas ardiendo. Me encuentro calculando la órbita de aproximación de mis dedos entre lo más íntimo de sus muslos. Y mientras me acerco en elipses cada vez más pequeñas, le rezo que la amo.
Y flotan blancas lágrimas en el espacio que se congelan con un dolor en mis cojones.
El sol me evapora la razón en este páramo sin horizonte y antes de olvidar quien soy, lanzo un beso a mi amor, que corre a la velocidad de la luz antes de que el sol también lo evapore.
Yo camino con determinación; pero el diablo, dale que te pego, me susurra: Muérete ya. No te quiere, no te quiere, no te quiere…
Qué tentador es el hijo puta…
Te quiero cielo, voy a ti, dame unos minutos.
Y con una carcajada vomito todos los dolores añejos y rancios, son de carne podrida.
Es un peso que me quito de encima y el diablo los devora con glotonería.
Es hora de dormir, mañana será otro día.
“Sí, mañana. Duerme”, dice el Astuto en mi oído.
Bendita sea la horizontalidad de la muerte.

Iconoclasta

Alex, el personaje central de La naranja mecánica se imagina al leer la biblia que es el soldado que azota a Jesucristo arrastrando la cruz.
Si yo hubiera vivido en aquel momento y lugar y de no haber sido un cuento, hubiera hecho lo mismo que hoy con los nazis del coronavirus, sus jerarcas, iluminados y la masa crédula: me habría ido a dar una vuelta por el desierto para alejarme de esa masa de hijos de puta compuesta por los puercos sacerdotes del Sanedrín, los judíos fanáticos hijos de puta apedreadores, los llorones pusilánimes que se lamentaban por la suerte del mesías loco, del mesías loco y de los putos policías romanos de mierda.
Y paseando ya a cinco kilómetros de Jerusalén un poco relajado por el silencio y la lejanía de esa piara de subnormales, desearía con una ingenua y tierna sonrisa en mi bello rostro, que ojalá, Poncio Pilatos ordenara clavarlos a todos en cruces, mandara picharles los pulmones a lanzazos y luego les hubiera pegado fuego a todos.
Y que ni uno solo vivo hubiera quedado. Ésta es mi voluntad.
Luego, para descansar de mi meditativo caminar en pos de la decencia humana y una vez muerto el nazareno loco y acabado el follón en el cochino y abarrotado Jerusalén, me hubiera fumado unas hojas de marihuana a la sombra de Judas ahorcado, y ya sin asomo de irritación cerebral alguna, “pa casa”.
Siempre he sabido que cualquiera que fuera el lugar o tiempo en el que me parieran, sería siempre un buen tipo en general.
Y bueno, como ocurrió con YO y Franco, con YO y Hitler lo mismo: lo hubiera ido a jalear a sus mítines y desfiles la puta de su madre; porque YO nasti de plasti.
Nunca he sentido deseos de moverme entre decenas y decenas de miles y miles de reses humanas arrebatadas por la luz del ilustre prócer para chupársela, sea cual sea su pelaje.
Además, de hijos de puta vamos “sobraos” y nacen con tanta frecuencia que aburren un huevo.
En fin, tengo que confesar que gracias a ser un buen tipo en general, lamentablemente también, siempre he tenido el mal fario de que nunca tendría un buen puesto de trabajo, ni gozaría jamás del trato de favor (económico, sin sexo a menos que sea una tía buena) de un corrupto funcionario.
Incluso pienso, que de alguna manera he desarrollado alergia a la riqueza.
A veces es un asco ser tan buen tipo…

Iconoclasta

Actualmente es tan fácil engañar a los adultos sobre el pretendido cambio climático fotografiando el bosque y las hojas secas en verano, como engañarlos sobre lo mortífera que es la libertad para la salud. Y digo (y dicen) de la libertad de la chusma y su salud. Porque los políticos no se encarcelan a sí mismos, de la misma forma que una serpiente no envenena a otra. No tienen problema alguno con su libertad que es absoluta e impune.
Y de la misma forma que los pseudo periodistas fotografían lo seco, obvian el real verdor de los árboles para crear el horror y el miedo en sus votantes o reses: el llanto y crujir de dientes global.
Hay cosas básicas que el periodismo desempeña desde hace ya veinte años con verdadera codicia y sin ningún tipo de ética, esta misma y corrupta prensa y medios de comunicación actuales y quienes viven de su prostitución al régimen al que son afectos.
Las premisas básicas de los medios de comunicación, mal llamados periodísticos, consiste en la manipulación, perversión y desinformación de la realidad al servicio del estado que les paga por cada amaño.
Bulos y mentiras que sirven para que el estado pueda llevar a cabo sus estafas recaudatorias con una dogmática impunidad, ante la ignorancia y la confusión de una sociedad consumista decadente, cobarde e ignorante.
El Estado se hace rico y sus secuaces, prensa y medios de comunicación entre otros muchos, consiguen pingües beneficios por una mentira que se escribe teletrabajando cómodamente desde casa.
De hecho, desde la creación del primer periódico, la prensa ha sido siempre un instrumento de los políticos y jerarcas para difundir la desinformación y manipulación de la realidad entre las manadas humanas que pastorean. Claro que, no con la difusión actual con la que a las reses humanas se les envía directo a sus bolsillos donde guardan su teléfono, los bulos creados más de veinte veces al día; cumpliendo así con otra premisa político-religiosa o el dogma de los criadores humanos: la mentira repetida mil veces se convierte en verdad en el escaso y limitado imaginario de la sociedad.
Y así con la medicina, y así con la cultura, y así con el arte, y así con la educación, y así con los hábitos, y así con la moda y así con la dignidad y la honestidad.
Hace decenios que la libertad y la realidad informativa que pudiera haber fueron erradicadas de los medios periodísticos y comunicadores.
Y así es como la chusma actual se comporta igual que la de la edad media: matarían con fanatismo a pedradas o incinerarían a una mujer u hombre acusado de brujería por el estado o el predicador electo. Y sería festividad para adultos y niños como antaño.
Es horrible, retuerce las tripas la indignidad y mezquindad social; pero alguien tenía que decirlo: yo, el último hombre libre e independiente (libre mentalmente, por supuesto, porque estoy sometido al capricho de lo hijos de puta quiera que no).
Resumiendo, dios no ha alterado el clima. Si algo arde, alguien del gobierno o estado le pega fuego para ganar dinero.
Bueno, y si hace calor, no te pongas plástico encima. Eso debería formar parte del sentido común humano. Y de la educación que el estado proporciona a los niños ¿no? Los golpes de calor suelen nacer de la ignorancia. Y en algunos casos, de una forma física o salud debilitada.
Nada nuevo bajo el sol, ni las muertes ni el calor; solo lo cuentan deformemente para los que han perdido la memoria que son miles de millones.
Gracias a los medios de comunicación, y pongamos prensa por llamarla de algún modo; la ignorancia y la cobardía, ya constituyen la globalización implantada, tan perseguida por los nuevos estados fascistas surgidos con el coronavirus.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

La esperanza es la pequeñísima partícula de una sonrisa que quedó viva tras una devastadora tristeza.
Es una risa en un velatorio. Una risa lacrimosa, como de locura.
También sonríe el que ve próximo el fin definitivo a su sufrimiento, morir…
La esperanza es la última sonrisa posible antes de que la vida gire brutal en la dirección que intuimos, sin remedio. O a la muerte.
Es despertar de una pesadilla; pero no garantiza que no despiertes en otra. Simplemente da esos segundos de paz necesaria para no romper la mente tan golpeada ya en añicos. Ya cansados de tanta mierda, de más de lo mismo que no cambia nunca. Como el ratón en la noria… Es lógico que la esperanza sea una sonrisa del delirio.
Y pobre del que tiene muchas esperanzas, porque ha debido sufrir mucho.
La esperanza es tan solo una caricia en el ánimo ante lo inevitable. No es salvación, solo azúcar para rebajar la amargura. Mejor que duela poco que mucho, debas vivir o morir.
No sé porque; pero el dolor siempre es mucho, la vida te lo regala generosamente, junto con el asco, el hastío y el semen que se enfría muriendo a los pies de tu sórdida y oscura soledad.
El sufrimiento, la tristeza no te hace fuerte, te mina poco a poco los cimientos del pensamiento y te derramas entre ellos como la arena de un reloj roto ya entre los dedos, te desintegras y ya.
De pequeño, un médico me arrancó una uña del pie con unos alicates; pero no sobrevivió en mí ninguna partícula de alegría. No sabía cómo hacerlo para escapar del mundo, estaba rodeado de dolor, no había salida. Recuerdo a mi madre con la mano en la boca y yo muy lejos, a kilómetros de ella en aquella enorme camilla de ambulatorio. Tal vez la esperanza, esa partícula de una sonrisa estaba en la uña que me arrancó. Y era muy niño para saber del dolor, no sabía lo que iba a pasar.
No puedo evitar sentir vergüenza de aquella inocencia. La inocencia es un vidrio en la tierra que no ves, que no conoces su existencia y descalzo, pisas con fuerza creyéndote muy fuerte de mierda, infantilmente orgulloso. Y además del dolor, haces el ridículo.
Soy el gato que confiado de su agilidad se precipita y muere. Lo fui durante un breve tiempo, el dolor enseña quieras que no.
Y odio el ridículo más que la esperanza.
Cuando un dolor o una tristeza te cogen desprevenido, te das cuenta de que las esperanzas siempre llegan tarde y solo son polvos cosméticos.
Así que en lugar de esperanzas, fórjate en lo peor sin ser derrotista. Sé boxeador o torero, mientras estás de pie solo necesitas respirar para golpear y fintar, el resto ya lo comprarás si puedes.

Iconoclasta

La comarca histórica como dice románticamente el pseudo periodista, no es tal.
Ojalá el fuego se hubiera comido hace decenas de años toda esa miseria, muerte, endogamia y putrefacción. Porque aquello era inhumano. Es tal la miseria y la muerte que allá se respiraba, que no quedaba resquicio alguno ni para la sonrisa, ni la esperanza y mucho menos para un recuerdo romántico.
Aquellos que gobierno tras gobierno ignoraron mil veces la ruindad y la degradación con su dejadez e indiferencia, propició una estirpe humana tan salvaje y monstruosa, de tal magnitud que se creó el infierno en la tierra. Los políticos quedaron en evidencia como lo que eran, unos timadores de medio pelo sin conocimiento de su propio país; al menos para aquellos pocos intelectuales que vieron aquellas imágenes sórdidas, grotescas, brutales. Aquellos pocos elegidos que tenían acceso a un cine, a una cultura vedada al resto de ciudadanos.
Sin embargo, la orgía de la hipocresía no cesó: gente rica, niñatos bien que heredaron un poder que no se merecían; continuaban lanzando sus peroratas sesudamente académicas dejando que todo se fuera a la mierda. Dejando que el país se hundiera en una guerra que provocaron con su negligencia, dejando crecer a un general ambicioso, corrupto y codicioso hasta el asesinato, arropado por decenas como él.
Nunca más se ha visto la dureza y la pornográfica imagen de gente, niños y mayores, beber agua turbia de sus propios excrementos y orina.
No. No señor, aquellas Hurdes no tenían que haber existido jamás.
Y repito, ojalá el fuego hubiera quemado toda esa miseria y enfermedad.
El documental es una muestra sin censura (a pesar de los propios escrúpulos de los autores) de a qué punto llega la especie humana a denigrarse y la especie política a permitir que eso ocurra y alardear de líderes. Son malos, unos son pobres seres humanos vacíos, sin cerebro; pero los políticos son asesinos fríos y psicópatas, que ni ellos mismos pueden intuir su cerebro podrido de ambición, codicia y vanidad.
Por ello, es muy posible que en poco tiempo, el gobierno penitenciario fascista español, decida eliminar este documental que revuelve las tripas y el alma. Hay que verlo y soportar la realidad, la verdad sin tapujos; antes de que youtube lo retire por algún decreto del actual dictador español. Y todo el mundo olvide hasta qué punto es salvaje el ser humano, tanto el pobre como el poderoso ignorante, codicioso y criminal sin escrúpulos.
Hay que verlo antes de que se pierda en las leyes-cepo de la memoria histórica o perversión de la historia, para ser más concretos, que están preparando para ocultar la esencia mala y enferma del poder político, económico y religioso. La de los ricos hipócritas que comen mierda con tenedores de oro.
Niños muertos, monstruos humanos, bocio, paludismo, seres humanos comiendo pan mojado en las aguas de un riachuelo de mierda humana, de perros, asnos y cerdos. Es imposible asistir a semejante documental sin sentir que el estómago se nos retrae.
Es de una inaudita dureza y crudeza.
Gracias por tu existencia, maestro Buñuel. Gracias…
Gracias por esa voz sentida, Paco Rabal.
No debería haber existido jamás. No debería hablar ningún falso periodista inculto tan a la ligera. Ningún botarate con pretensiones de escritor, debería escribir con romanticismo casi nostálgico sobre el paisaje de esa “histórica comarca” recorrida por Buñuel. Porque el propio Buñuel se sintió enfermo.
No hay ni una sola escena hermosa en “Las Hurdes. Tierra sin pan”, 1933, de Luís Buñuel. Documental rodado tras la instauración de la República Española.
Y empieza con esa festividad espantosa de borrachos arrancando cabezas a gallos atados a una cuerda. ¿Qué tipo de humanos eran aquellos? Porque también hay que preguntárselo.
Pero sobre todo acabas pensando que la especie política es un veneno más difícil de erradicar que el paludismo y cualquier otra enfermedad.
Ante tanta monstruosidad, miseria y animalidad dice el último párrafo del epílogo escrito tras los títulos de crédito:
“Con la ayuda de los antifascistas del mundo, la paz y la felicidad darán paso a la guerra civil y hará desaparecer para siempre los focos de miseria mostrados en esta película”.
Es decir, el desespero de los intelectuales era tal que no podían ver otra solución para reparar tanta decadencia del poder y los ricos, la miseria, la maldad y degeneración humana; que una guerra que arrasara con todo. Era la única salvación y esperanza de liberarse de toda esa degradación humana en el ya bien entrado siglo veinte. Aún no hace cien años que se rodó esa feria de monstruos.
Desafortunadamente, fue Franco, otra bestia, el que ganó la guerra y llevó el genocidio y el asesinato por todos los rincones de España durante medio siglo.
Eso no lo podía saber Buñuel. El cineasta solo quería que aquello dejara de existir.
Lo que recorrió Buñuel fue la miseria y la podredumbre más extrema a la que es capaz de llegar el ser humano. Algo a lo que ni las bestias no humanas llegarían jamás.
Veintiocho minutos recorriendo la más profunda miseria humana… Pareciera que dura horas.
No hay nada que añorar de aquella visita de Buñuel a Las Hurdes, a menos que tengas también el cerebro podrido.

Iconoclasta

Siempre sentí fascinación por los instrumentos de medida, aquellos que definen con sencillez y precisión las medidas del mundo, lo que me rodea. O lo que vivo, lo que me queda, con una probable seguridad nacida de mi sabiduría, de mi experiencia.
Los relojes, los manómetros, las brújulas, los pies de rey, los goniómetros…
Todos se hicieron para dar conocimiento, un conocimiento rápido y comprensible para todo el mundo. Leer la hora y si se da el caso, ofrecerla claramente, con rapidez.
Por ello, cuando me regalaron mi primer reloj (desgraciadamente tuve que esperar a mi primera comunión, como era tradicional por aquellos viejos tiempos), tuve que recibir un curso intensivo de desfragmentar la hora que aquel instrumento indicaba sencilla y claramente en una serie de folclóricas fracciones que me irritaban. Ahí nació mi comprensión de la vida que me esperaba. En serio, fue como una bofetada a la razón. No podía comprender porque se complicaba algo tan sencillo. Y encima, la hostia de la primera comunión seguía dando por culo pegada a mi paladar…
Cuando el reloj marcaba las 10:45, no era correcto; se trataba de las once menos cuarto.
Y si eran las 10:46, faltaba un minuto para las once menos cuarto.
Cuando mi madre (con toda su buena fe, porque no era una pedante, ni una inquisidora) confirmó que yo ya sabía cómo leer y decir la hora, se sintió bien. Orgullosa de que su hijo ya era un hombrecito. Pobre… Ella solo quería que su hijo fuera un tipo con conocimiento y educación.
Nunca, ni de pequeño he sido de complicar las cosas. No tardé más que unos minutos en leer la hora tal como la indicaba mi flamante reloj. No quería complicarme, era absurdo.
El tiempo y mi experiencia corroboraron que estaba en lo correcto. Y surgieron relojes digitales que aún ofrecían una hora más clara y menos dada a folclores y tradiciones destinadas a opacar el conocimiento, a enturbiarlo.
Pronto deduje a qué se debía toda esa parafernalia de complicación, de oscuridad de lo obvio. No tuve que estudiar nada, bastó la lógica para que se desentrañara la causa del horror de convertir lo sencillo y claro en algo difícil y lento.
El poder religioso era quien dictaba las horas y tiempos a través de sus campanas, con ello gobernaba la cotidianidad de la plebe. Era la máxima expresión de poder y el político aprendió del cura.
Las campanas y sus complicaciones de tañidos. Los relojes de arena si estaban llenos, a la mitad, o a tres cuartas partes. Ofrecer la hora a la plebe era el símbolo de autoridad máxima, requería ser sabio conocer la hora, unos conocimientos que el pueblo ignoraba. Y con un vanidoso esnobismo, el acto de fragmentar la hora y pervertirla para hacerla compleja, hacía desmesuradamente cultos a quienes se dedicaban a ello. Y así, este “conocimiento profundo” se hizo un tumor en la liturgia del poder y la aceptación de una plebe a la que se vedaba el acceso al conocimiento y lo convirtió en tradición de padres a hijos. Esto explica porque cambian dos veces al año el horario, es una cuestión ganadera para conducir al rebaño.
Cada idioma desarrolló su forma y fórmula para ofrecer la lectura del tiempo de la forma más complicada y lenta posible. Ser adulto requería el profundo conocimiento de la hora fragmentada y confusa. Era un título social más en una sociedad que derivaba hacia otro tipo de oscurantismo, menos evidente; pero tan venenoso como el diablo en todas partes y la obediencia para ganar tu parcelita en el paraíso, después de muerto; por supuesto.
Y así, el aprendizaje de leer un reloj se ha convertido en una materia más del temario escolar. Tiempo que robar al conocimiento importante. Resumiendo, es una premisa básica del estado y su codicia, del poder y su codicia, de la autoridad y su codicia, de la ambición y su codicia, de la represión y su codicia. Y por supuesto, de la economía y su usura.
El oscurantismo que no cesa.
¿Llegará el momento en el que en lugar de leer en el velocímetro 180 Km/h, deba leerse que faltan 20 para llegar a los 200?
¿O al leer en una regla o cinta métrica que en lugar de 15 cm, se ha de leer y decir que quedan 85 para el metro?
¿Qué en lugar de 2 Bar, se debe decir que quedan 8 para los diez?
El oscurantismo que no cesa. Ni su pedantería, ni su falso conocimiento que nace de la perversión del conocimiento y la ambición de quien lo impone.
Solo sé que he estudiado y leído para saber cómo no debo hacer o escribir las cosas y sobrevivir en una sociedad que siente envidia enfermiza y fobia del libre pensamiento, de la lógica, la creación y el ingenio del individuo.
No me he convertido en un hombre de pro, solo digno.
Son las 9 y 53 y dentro de doce horas serán las 21 y 53; no tengo más que decir.
Lo siento, madre muerta.
Sé que era cariño enseñarme a leer la hora. Era amor.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Las madres mueren y es tarde para decirles todo aquello que sentías.
Y nos queda esa presión dentro.
La muerte de la madre es la menos dolorosa, porque no muere. Es imposible.
El hecho de ser madre es eternidad, ser padre es efímero.
Nunca podrá haber igualdad de sexo, sus diferencias son insalvables, como su biología.
Sus instintos son distintos e indispensables para la vida de ambos, para hacer lo que deben por lo que son.
La sociedad se ha ensuciado con ingenuidades doctrinales de predicadores de feria. Las reses humanas integradas y obedientes han asumido la dictadura de la secta que pervierte la verdadera y única naturaleza de machos y hembras.
No pueden ser iguales, y si lo fueran, me quisiera morir.
Hay una religiosidad sectaria en toda época. Una secta que llena el pensamiento de la chusma de tal forma que queden ciegos a lo que van a padecer y cómo van a ser condenados a la miseria, su hambre y la inevitable violencia.
Por ello, los estados quieren reses confusas, acobardadas, ignorantes que asienten y dicen amén llevándose a la boca la hostia envenenada de la ignorancia y la mentira al paladar.
Las niñas imitan a las mujeres adultas y los niños a los hombres; pero es solo un juego instintivo que se da en todo animal de La Tierra, necesario para su desarrollo. Luego niñas y niños, se expandirán en su adultez, se diversificarán y serán según su carácter y necesidades fisiológicas. Como ha sido siempre en el desarrollo y evolución de la especie humana y de la única forma posible. De la única forma para que evolucionara la especie, y sobreviviera.
Atacar las bases primigenias de la naturaleza es violar lo más íntimo de cada ser. Es extirpación de la razón pura.
No dejan de envenenar a la chusma votante, la pervierten y castran sus instintos. Los políticos y religiosos son criadores de cerdos preocupados por seleccionar los marranos que más les convienen en las grandes granjas o ciudades.
Y los cerdos no lo saben y venden sus hijos al diablo, al matarife aturdidor; que los sacrificará de la misma forma sean machos o hembras.
Luego, a la fábrica de alimentos procesados, patés de cerebros vacíos aromatizado con la más sectaria ignorancia e ingenuidad infantil adulta.

Iconoclasta

A veces pienso que estoy absurdamente cansado.
De una forma absurda porque es mi voluntad cansarme. A veces tampoco me entiendo.
Tal vez es la vergüenza de ser un tullido enfermo y no trabajar como antes de romperme; como si no concibiera la vida sin esfuerzo.
La mente, el instinto dice: camina, muévete joder. Sin tener en cuenta lo roto y enfermo del cuerpo.
Y cuando llega la noche, cuando intento recuperar el cansancio y la fría serenidad, el sueño se llena de calambres, sus terribles dolores y pesadillas. Las pesadillas no me preocupan mucho, soy valiente. El dolor es el problema de difícil solución. Cuando el pie toca el suelo, no jodas… Hoy me lo tomaré tranqui, me digo para calmar lo que duele, para que se tranquilice lo que se pueda serenar de mí; pero no es así.
Con el primer café y su cigarrillo la mente sobrevuela horizontes de cielo y montañas y otra vez: camina, muévete joder.
Solo cuando hay una piel más negra de lo habitual, la rodilla tan inflamada apenas pasa por el pantalón y los dedos de los pies duelen al pisar, me asusto lo suficiente para solo caminar una hora a lo largo del día y aceptar con humillación mi horizonte tan vergonzosamente pequeño. Yo tan absurdamente tullido.
Si al menos no doliera tanto caminar, si no tuviera que arrastrar continuamente una pesada carne casi muerta, la vergüenza de ser medio hombre sería más llevadera. Podría sonreír de vez en cuando caminando como si disfrutara… Y no tener que controlar y disimular un rictus de dolor que contrae mi jeta a cada mal paso que son cientos.
Si no doliera esta hijaputa…
A veces haría autoestop por solo cien metros. ¡Qué maricón!
Calla y camina.
No quiero que la lluvia también me duela.
El secreto de caminar con cosas casi muertas pegadas en ti es siempre ser más malo que tu propio dolor. Considerarte merecedor de tu propio desprecio por ser un tullido.
Camina, pedazo de mierda.
Y otro día más igual, hasta que me rompa completamente.
Absurdamente cansado, a veces pienso que soy mi propio campo de concentración.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

La dictadura de la ignorancia, la pereza, el arribismo, la indolencia, la vanidad (injustificada), la de los monstruos sexuales, el de las mujeres-hombres, la de los temerosos, los mansos cabizbajos, los adultos infantilizados.
La dictadura de los decretos del estado de extorsiones, acosos y ruina avalados por la “justicia”.
La dictadura de la policía que acosa a la población con saña y entra en casas a patadas.
La dictadura de los delatores del fascismo penitenciario, chivatos aplaudidores por una caricia en las orejas.
La dictadura sectaria que pervierte y envenena el conocimiento, la razón y la historia.
La dictadura que decreta que los hijos se han de educar por el estado, son del estado. Y aparta a los progenitores como mierda apestosa, lo intenta con toda pasión.
La dictadura que decreta y adoctrina comidas y placeres. La que pervierte sexual e intelectualmente a la infancia y la procreación, la básica y única reproducción.
La dictadura que acosa y restringe la biología humana y sus instintos.
La dictadura que debilita y enferma.
La dictadura que segrega, extorsiona, encarcela e inyecta cosas en el cuerpo de los españoles.
La dictadura que estafa, la narco dictadura…
La dictadura de otra nueva ruina económica, eterna en la profunda y endogámica España de políticos sucios e inoperantes. De próceres de rancio abolengo fascista.
La dictadura de la prensa prostituida al estado penitenciario español vendiendo sus mentiras y dogmas putos en todo teléfono móvil de todo español.
La dictadura que entró con el coronavirus un catorce de marzo del dos mil veinte y lo propagó.
La asfixiante dictadura del insano y fetichista símbolo neonazi: el bozal.
El Nuevo y Normal Estado Penitenciario Fascista Español del coronavirus, la guerra ruso-ucraniana y el crack económico de la clase baja o trabajadora por los impuestos delictivos por el cambio climático; ha sido preciso y omnipresente llevando su dictadura a todos los ámbitos de la población española, robando las más mínimas libertades y pensamientos incluso. Pero sobre todo, creando miseria.
Habrá de verse pronto donde se quedan todas las liturgias, doctrinas y catecismos del Caudillo Penitenciario Español y sus secuaces ministros y Caciques Autonómicos; cuando estalle la guerra civil en forma de “revuelta social”. Porque mejor morir a tiros que de hambre e indignidad.
Tan solo cuarenta y siete años han podido vivir los españoles sin un caudillo dictador.
Y ante tanta indignidad, asfixia y religiosidad penitenciaria/fascista-comunista, mejor la guerra y su libertad salvaje.
Además, es necesario destruir para crear algo nuevo, está todo tan podrido que nada vale ya. Y eso incluye morir a quien le toque, lo que realmente es la guerra (lo digo por el extendido infantilismo).

Iconoclasta