Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

Ya no queda duda alguna, el Nuevo y Normal Gobierno Fascista Español del Coronavirus, ha convertido a España en un estado policial.
En apenas un fin de semana se han multiplicado los encarcelamientos a posibles contagiados y posibles enfermos por medio de policía fuertemente armada. Incluso se han montado operativos para buscar y capturar a los menores que no han accedido a someterse al secuestro.
La única libertad que existe es la que tienen jerarcas como el Caudillo, ministros, altos funcionarios y caciques autonómicos para encarcelar a la población según su gusto, humor o criterio. Pronto, regidores y alcaldes gozarán de la libertad de ejercer ese poder absoluto cubriendo así todo el territorio español, incluso las más pequeñas poblaciones, con su acoso policial.
No tardará mucho en el que el acoso policial armado y el encarcelamiento se salde con la muerte a tiros de los supuestos enfermos y contagiados, crímenes que por supuesto serán ejecutados por la policía del nuevo y normal régimen español. Los policías de las dictaduras son como perros rabiosos que no atienden a más razón que la que su amo les dicta.
Los padres no pueden hacer nada por liberar a sus hijos, que han sido encarcelados sin posibilidad alguna de ayuda legal, ya que la legalidad es la misma corrupción que los ha llevado a prisión.
Tras el maquillaje de “la flexibilización del uso del bozal”, han instaurado con el aval de unos legisladores corruptos y afines al régimen la encarcelación indiscriminada de las personas en nombre de “la salud pública”. Es el crimen perfecto del nuevo y normal fascismo español del coronavirus.
Y como ocurría durante el franquismo, los corruptos y dictadores tienen el apoyo tácito de una población tan acobardada como ignorante e infantilizada en la que ha calado hondo el lema fascista español: La libertad es enfermedad.
Hay mezquinos deambulando por la calle con su mediocridad e idiocia a cuestas, que dirán que los encarcelados se lo han buscado. Incluso aplaudirán los fusilamientos masivos de presuntos contagiados y presuntos enfermos para atajar la supuesta enfermedad. Es la misma actitud de la población durante el reinado de Franco. Toda esta podredumbre del pueblo español, es algo que se masca en el aire de la península ibérica. Desde el 2020 se ha retrocedido peligrosa y venenosamente sin piedad hacia las décadas doradas del franquismo.
Nadie más que los padres de los hijos secuestrados y encarcelados ha alzado la voz contra el fascismo. Y la prensa, toda, es absolutamente propiedad del gobierno español.
Más que un satélite de la República Popular China, España parece ser una segunda parte de Corea del Norte.
El próximo paso inevitable, será que el gobierno fascista español ordene encarcelar a toda persona que asista o haya asistido a una manifestación, como presunto enfermo y/o contagiado en nombre de la salud pública. Y por supuesto, será ejecutado cualquiera que no obedezca y coopere en el acoso policial.
Incluso este texto, esta reflexión sobre el nuevo y normal fascismo español del coronavirus, empieza a parecerme peligroso para mi libertad y vida.

Iconoclasta

El amor no se puede compartir, va contra el ideal de la exclusividad y contra la instintiva y mutua posesión de los amantes.
Contra la reproducción: de una sola mujer y de un solo semen nace una sola cría.
Cualquier otra concepción o versión del amor es pura ingenuidad.
Amar demasiado no es amar, es solo colección.
Si el amor se comparte no es amor, es follar pagando, por comodidad y conveniencia o con ebriedad. O simplemente por comezón genital; pero no es amor, es prostitución o una variante. Una decadencia de humanos aburridos, decadentes, ociosos…
Un amor y su ser no se comparte, solo se extingue,
Los amores nacen y mueren, como los seres humanos.
Y ya.

Veo películas de ciencia ficción e inevitablemente sueño con viajar al pasado y reparar el error del tiempo y el espacio que se cometió conmigo. Imagino vívidamente lo que haría para conseguir nacer allá donde tú lo harás unos años más adelante y así, encontrarnos sin perder tiempo y vida con otros amores que de nada han servido.
Mis sueños de ciencia ficción giran siempre en torno a esa galaxia inalcanzable que eres tú, cielo.
A veces mis sueños salen mal y soy un astronauta que ha debido abandonar su nave rota y flota en el espacio esperando que se agote el aire de su traje, con la mirada clavada en la lejana galaxia a la que ya no podré llegar.
No podré llegar a ti y moriré asfixiado y fracasado aquí en la nada, lejos de ti.
En otros sueños sobrevivo al viaje y cuando alcanzo tu galaxia todo es luz, esa cegadora luz de tus grandes ojos que me fascinan, la gruta carnal que forman tus labios para que bese la entrada. La increíble calidez que preciso después de tanto tiempo viajando por el gélido espacio, está toda en tu piel.
Y después de eso, despierto y no estás. Quisiera arrancarme los ojos.
La realidad fue todo un error, amor.
Ahora solo queda engañar a la vida luciendo una sonrisa que es puro quebranto, por mantener la más mínima dignidad ante la frustración de una vida sin ti.
Pienso en bebés muertos, no fui uno de ellos; pero nací en un espacio triste y deformado sin ti. Sin posibilidad alguna de reparar un daño que no cometí.
Los bebés muertos no sufren, solo viajan congelados como asteroides alrededor de estériles astros, con los ojos muy abiertos, como cuentas de cristal translúcido. Yo que sobreviví, no quiero nada de lo que hay en este mundo, ni siquiera la alegría; sino lo que está desesperadamente lejos de mí. Lejos en el tiempo y sus circunstancias.
Tan lejos de ti…
Mis películas de ciencia ficción son las más tristes que se han hecho jamás.

Iconoclasta

«“Yo me pongo la mascarilla porque, pese a tener ambas dosis y estar inmunizada, puedo ser transmisora del virus a los jóvenes que aún no ha recibido la vacuna” afirmaba una señora, la cual paseaba con mascarilla en Avenida Europa, cerca de la Iglesia de Santa María de Canaá, en Pozuelo de Alarcón.”»
Y aquí nos muestran una declaración de una señora, la más beata y piadosa del nuevo y normal fascismo español del coronavirus, la cual se sacrifica a llevar bozal por el bien de la juventud.
A esta mujer la van a beatificar (si existiera), incluso va a ser la nueva Agustina de Aragón del nuevo y normal fascismo español del coronavirus.
Con la sabiduría acumulada que poseo, esta tipa inventada, lo único que tiene es un miedo que se caga a pesar de tener su certificado veterinario de vacunación del coronavirus.
Por favor, en estos tiempos de mezquindad y mansedumbre y cobardía, lo último que te puedes encontrar es a una Teresa de Calcuta ejerciendo su bondad.
No jodas, da vergüenza ajena ver las noticas de la prensa fascista.

En el vasto páramo de las letras, sé cuidadoso al pisar.

Las equis te expulsan y las as te pueden amar y abandonar.

Atento porque los dedos corren apremiados por la emoción y el amor es traicionero.

Podrías escribir la historia errónea con la palabra fallida o la indescifrable.

¿Y no querrás eso, verdad? No quieras añadir a la saña con la que te trata el planeta, tus errores. Las emes son de muerte, y las efes de fracaso. Apenas de felicidad si ella no está cerca pronunciando alguna belleza de las suyas. De esas que deja caer suavemente en tu oído y luego al teclado, como las flores de los cerezos tapizan la vida con mantos de nata y fresa.

Cuando camines entre palabras y letras, no te apresures. Te va la dicha en ello. Pulsas por error y se desata el apocalipsis: las tristezas transmiten un temblor a los dedos, el miedo a pisar la tecla/mina que ahora pudiera ser fatal, la que aunque borres de la pantalla, quedará grabada en tu retina como un mal presagio.

Y piensas en sus dedos con esperanza, ella te guiará por el desierto de las letras que las lágrimas de una tristeza tan vieja como tú desenfocan. Porque sus dedos son precisos y preciosos y un día siguieron el camino de tu rostro. Resiguieron sensualmente tus labios. Sellaron tras el beso su conjuro de amor: “¡Shh… No digas nada amor! Solo ámame”. Fuiste condenado a amarla y la buscas en todas las cosas, en todas las palabras, en todas las letras.

En todas las teclas peligrosamente desenfocadas.

Es la más hermosa condena de amor jamás contada.

Y escribes: ¿Cómo lo hago para describir mi sonrisa si la pena me come ahora? Y el miedo a que una letra me devore una falange, para que no te pueda enviar el amor necesario de una forma tridimensional y tangible, que trascienda las sutiles frecuencias del amor al aire mismo que respiras.

Te hamo.

¿Has visto amor? Peligro es mi apellido. Estoy seguro de que si lo repitiera, si te “hamara”, de alguna forma la vida me golpearía furiosa como aquellos maestros cuando era niño.

Y las teclas me arrancarían los dedos…

¡Te hamo!

¡Shhhh…! Que se jodan las teclas.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

El panfleto de pseudo prensa viene a decir de una forma clara y concisa que el nuevo y normal gobierno fascista español del coronavirus, va a controlar cómo, cuándo y dónde se folla.
Que esto no ha acabado con la gripe del coronavirus, que habrán tiempos de más represión, cárcel para los inocentes y acoso policial por parte del Caudillo, sus jerarcas nazis y los Caciques Autonómicos.
Aquí no folla nadie si no se decreta, hijos de puta.

No he podido acabar de ver la película El viejo y el mar.
Ese mensaje continuo de que los viejos se han de relegar a un lado, que son incapaces de realizar el trabajo de alimentarse y ganarse la vida; es desmesuradamente machacón.
Dice la película que por mucho empeño que pongas, la vida se preocupará de acabar con todo tu esfuerzo para conseguir al final, nada. Y es verdad; pero no a ese nivel de mártir beatitud.
Añade además, que tu larga experiencia no sirve para una mierda. Mejor te dedicas a la mendicidad cuando llegues a viejo.
Y por supuesto, acepta que cuanto más pobre eres, la vida más te hunde en la miseria. Es cierto; pero que la vida te convierta en un tarado mental, es algo que ocurre en según qué genéticas.
Desde luego no siempre es así; sin embargo la película y su novela (con toda probabilidad) dan el mensaje inequívoco de la inutilidad de la vejez. Hay unos cuantos intelectuales (de los que no ha conseguido asesinar la globalización dictatorial del imbécil) que en la vejez siguen exhibiendo un musculoso cerebro.
Sin embargo, todo ese tremendismo machacón, cansino e incluso ingenuo, no es lo malo. Lo realmente agresivo es que se ensalza la ruina y la incapacidad para elevarlas al grado de virtud, como una santidad de quien las “goza”. La herramienta: el niño que lo cuida, lo alimenta y lo acompaña, demostrando así que hasta un crío es más válido que un viejo. Vamos, lo mejor que le puede ocurrir a un ser humano es llegar a viejo con un cerebro podrido e incapacidad para alimentarse.
Es una especie de catecismo enseñado a base de mártires muy sufridores; pero en laico. El argumento ideal junto con el miedo, para amansar a las masas de votantes de las falsas democracias actuales.
Y ni que decir tiene, que hay viejos que son auténticos hijos de la gran puta. Que nadie se crea que todos los seres humanos merecen llegar a la vejez.
Si es que la miseria que ha alcanzado la sociedad actual, venía de muchos años atrás fraguándose traidoramente.

Lo que importa es lo que hace la guarra de tu madre y si tiene de oferta las mamadas en horario nocturno, subnormal.
Nada más faltaba que un pseudo periodista vaya de profesor fascista a ver quién obedece o no. Tarado…
La hostia puta de mierda… Este nuevo y normal fascismo español del coronavirus me ha llevado setenta años atrás en el tiempo.
Pues eso, a ver si la puta de su madre se comporta bien.

El viento es malo, no te fíes de él.
Sopla como un abrazo que pasa de largo.
Un beso que se deshace antes de rozar la piel.
Una palabra hecha jirones.
Una piel arrancada, una mirada desenfocada, un latido perdido, la lágrima robada, un pecho indefenso, unos ojos desesperados, un cristal esmerilado…
Y aun así, a pesar de todo ese drama, mi mente invencible sueña que un día te traerá hasta a mí.
Cuando en la montaña ruge el viento entre la fronda del bosque, sueño que escucharé tu voz, todas las veces, todos los segundos.
Y cuando eso ocurra estaré preparado.
Llevaré en mi espalda el más potente de los ventiladores para provocar otro viento opuesto que lo contrarreste y jamás te vuelva a llevar lejos de mí.
Sé que parecer que arrastro un ultraligero le resta algo de glamour al encuentro, cielo.
Pero solo hasta llegar a casa, unos minutos. Y allí también te liberaré de las cadenas que te sujetarán a mí…
¡Que no! No te ocultaba lo de las cadenas. Es que con este asunto del jodido viento y el ventilador me he acordado ahora. Es otro detalle sin importancia; pero si el ventilador se averiara, al menos podría mantenerte cerca de mí hasta llegar a cubierto.
Es que ese viento pérfido me lleva por el camino de la amargura, cielo.
Además, me mola verte encadenada.
Que no, nada de látigos ni cosas raras, imagínate que soy un voluntario de protección civil y ya está.
¿Sabes, cielo? También he soñado que esa risa tuya pasaba rápidamente ante mí y se convertía en un velo triste en mis ojos. Esa misma risa que me desespera no besar.
¿Sabes qué? Mejor construyo un refugio allá donde sopla el viento más fuerte y cuando te traiga, te agarro en un abrazo y te fol… te meto en casa rápidamente.
No te rías, no puedo besarte, mujer del viento.
Bye, amor.

Iconoclasta