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Unidas Podemos no acaba de entender eso de la inclusión. Deberían dar un repaso a su léxico y comprensión lectora.
Porque han hecho de “Unidas Podemos”, un partido femenino. El título excluye cualquier otro sexo, hasta tal punto, que puede llevar a pensar que los que visten de hombre, son simplemente trans progres de voz meliflua y maneras de profesor a cargo de retrasados mentales.
“Unidos” puede abarcar seres, entes, habitantes, animales o cosas de diferentes sexos si los tienen. “Unidas” es muy claro al respecto: son mujeres exclusivamente.
Así que si no eres mujer, marica o travelo, pocas ganas dan de votarles (el fracaso de votantes de las últimas elecciones les debería hacer pensar que algo huele a podrido en Dinamarca). Los arribistas y oportunistas aunque a veces consiguen lo que buscan, no suelen ser muy apreciados por la gente con ciertas inquietudes éticas.
Además, su estética progre vintage o de rebeldes surferos está pasada de moda. Y cuando ves a un político que no viste bien, si eres experimentadamente desconfiado y cínico, piensas que necesita dinero urgentemente para llenar el ropero con cosas decentes.
A ver si lo entienden: si quieres follar, has de tener un mínimo de atractivo. Doy por supuesto, que un buen fajo de billetes también es un buen atractivo, no hace falta ser Jesucristo en calzones para poner cachondas a algunas mujeres.
Eso sí, han tenido un acierto al no utilizar la puta arroba así: Unid@s P@dem@s”.
La arroba (¿o es “el” arroba?, empiezo a estar confuso) es la forma más pobre y repugnante que se usa en internet y entre los menos instruidos en el lenguaje, para ser inclusivos y tolerantes de mierda. Hay que ser gilipollas… Y de gilipollas los hay entre los maricones, las tortilleras, los travelos y la gente sana.
Una arroba de pepinos es lo que se deberían meter algunos en el ojete.
Punto final.

Iconoclasta

Un coche que circula lentamente por la zona industrial, se detiene frente a un chulo de putas que fuma un porro.

– ¿Cuánto por la puta sin bragas? -pregunta el cliente señalando a la zorra desnuda por debajo de la cintura.

– Treinta la mamada, cincuenta si se la metes. No más de quince minutos -recita con displicencia el chulo.

– ¿Se la puedo meter por el culo?

– Por cien euros, sí.

– ¿Y si le parto la cara?

– Seiscientos y gastos médicos aparte. Si le dejas cicatrices, te haremos a ti también algunas. Mira, si quieres hacer con ella lo que quieras la puedes comprar por siete mil.

– ¿Está enferma?

– Aún no.

– Tengo una hija de catorce. Te la doy por ella.

– ¿Tienes una foto?

El cliente le muestra una en el teléfono.

– ¿Es virgen?

– No. Ya me la he tirado algunas veces -responde con irritada impaciencia el cliente.

– Hecho. Si me la traes ahora, te puedes llevar a la puta.

– Denunciaré la desaparición de la niña en un día, ya sabes como va esto.

– Bien, ya estará embarcada cuando te pases por comisaría. No tardes.

– No tardo. En media hora la traigo. Y que la puta esté lista para entonces.

Iconoclasta

Uno de los hitos más importantes y decisivos en la evolución humana, fue la habilidad para seleccionar las hojas no urticantes para limpiarse el culo. Antes de eso, era habitual observar en sus respectivos hábitats, a las distintas especies humanas arrastrar desesperada y rabiosamente el culo por la tierra. Esto explicaría también el origen de las blasfemias.

Cada mañana al mirar el reloj me doy cuenta de que ya es tarde para todo.
Y así cada día, esperando el momento preciso en el que el tiempo (el mío) se detenga. Los muertos no tienen prisa ni adonde ir y el reloj hace lo que debe: borrarme.
Bueno, tampoco tengo grandes planes, ni siquiera pequeños. Es tarde, en serio.

Esto de los «queer», esos seres humanos que van más allá del hetero y homosexualismo constituyéndose en un «nuevo género sexual raro e inclasificable».
Viene a ser otro eufemismo para explicar a los niños en las escuelas, que por ejemplo, Caperucita Roja era una «queer» por su relación gerontofílica con su abuelita, amenizada con su impudorosa exhibición ante el lobo (sabiendo que era observada sentada en la cara de la anciana). Lo que irremediablemente la llevaba a tener relaciones sado-zoofílicas con el feroz animal en la espesura del bosque. Luego, ya satisfecha por todos los agujeros, camino de su casa sentía deseos de suicidarse mientras masticaba amapolas a boca llena.
(Por esta razón el cuento ha sido momentáneamente censurado en las escuelas hasta que consigan adulterarlo adecuadamente).
O sea, tenía el cerebro hecho mierda y un gran desgaste ano-vaginal. Y cómo no, una profunda crisis existencialista identitaria.
Es la ultra metafísica pokémon-evolución de gays y lesbianas.
Coño, no es fácil ser «queer», pobres…

(Mi fe impía / un credo incorrecto)

Creo en la violencia como resolución de los conflictos y reafirmación de la dignidad.
Creo en la épica del combate cruento.
Creo que sangre con sangre se paga.
Creo en el rencor más que en el amor.
Creo en la única cópula: la de macho y hembra.
Creo en la prostitución como alivio a la lujuria de la soledad y la narcosis.
Creo en la envidia como motor de la sociedad.
Creo en la compraventa de seres humanos con legales facturas y documentos de propiedad.
Creo en la ofensa y la falta de respeto.
Creo en la corrupción de jueces, ministros y sacerdotes.
Creo en la tauromaquia, en toda esa sangre y el dolor de las dos bestias. La violencia, la sangre y el dolor son lo más efectivo contra la disfunción eréctil.
Creo en la mentira, escudo contra la hipocresía; aunque parezcan lo mismo para un observador negligente.
Creo en la voladura de la sociedad con explosivos para la creación de una nueva digna y limpia.
Creo en la obstinada y obscena voluntad de mi rabo erecto ante una mujer hermosa con ropa ajustada. De tetas y culo rotundas.
Creo en mi propia abominación.
No creo en dios; pero amén.

(Credo in malum)

Iconoclasta