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la ecuación del amor

No aquí, no en este planeta.
No en las dimensiones conocidas.
Los verdaderos amantes no pueden existir en este lugar, en este espacio.
Aquí y ahora, los amantes solo son seres de compra-venta. Proyectos de amor sin consistencia, efímeros.
Hay una idea en mi cerebro, pulsando como un quasar en el cosmos: el amor tiene que existir, es una idea instintiva. Nací con ella como una certeza. No lo aprendí.
Tal vez se encuentre en el seno incomprensible de la parábola de una ecuación de segundo grado.
Hay que cruzar un portal dimensional, difícil y oculto, hay que dejar sangre y piel al atraversarlo.
Mi pensamiento no miente, no a mí.
Y aunque jamás he encontrado el amor, toda mi puta y obstinada razón me dicta buscarlo entre espacios invisibles e imposibles, en tiempos contraídos y expandidos.
No hay pistas que buscar, no hay datos de localización del portal del amor.
Es una cuestión aleatoria, aleatoria, aleatoria, aleatoria…
Una misión que suele acabar con la muerte sin encontrar el portal del sosiego y la serenidad.
Encuentras atisbos de amor fantasioso que son pistas erróneas, falsas alarmas. Hay que alejarse de esas trampas, hay que arrancarlas de cuajo de las entrañas y quemarlas. Que no quede nada que nos pueda distraer de la búsqueda.
No existen dioses que guíen, ni un umbral luminoso.
El amor es tan exclusivo que no se anuncia. Es un club secreto en el barrio de una ciudad sórdida y sucia.
Mientras los amantes simplones que se aparean intentan convencerse de su amor fatuo, busco pequeños cambios de luz, una ráfaga de aire que arrastra un aroma ignoto, polvo extraño en mis zapatos.
No pierdo el tiempo, no me distraigo más de lo estrictamente necesario. No cambio mi solitaria búsqueda por una emoción prostituta.
Pago la mamada y sigo caminando hacia ningún lado, esperando poder resbalar algún día por el extremo de la ecuación y descender al seno de la parábola, allá donde el positivo y el negativo se unen para crear un misterio.
Dicen que es la nada, que es el cero absoluto. No importa, porque de hecho, esto es nada.
Solo atiendo a mi pensamiento, a mi idea.
El tiempo está en mi contra, lo sé. Es algo que ocurre desde el momento que nací.
No es preocupante.

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Iconoclasta

Tanto tiempo empleado en algo que estaba destinado a destruirse…
Irritante, pero… ¿Qué no va a morir o destruirse?
No hay razón para lamentarse.
Lo cierto es que no tenemos otra cosa que hacer mientras vivimos.
Esto de ser el Gran Yoda, es una gran responsabilidad, como la de Spiderman con su poder.
La cuestión es hacerse el listillo.

En Telegramas de Iconoclasta.

(Icf, 10-50. página nueve mil dos, año 2014 d.C.)
Origen de la circuncisión.

«Yahveh tirose un pedo diciendo con voz atronadora, con rayos furiosos partiendo árboles en la tierra que creó:
«¿Queréis dejar de follar tanto? Es asqueroso, estáis todo el día enganchados.
Esto no es Israel, parece Las Vegas.
A partir de ahora, os tenéis que cortar el prepucio para que ese pijo se seque y no estéis babeando todo el día. A vosotras os regalo el papiloma por putas. A ver si empezáis a trabajar de una cochina vez, queda poco maná, pueblo judío y promiscuo».
Un judío llamado Mangobé, hijo de Manubriés, hijo de Peneargán, hijo de su puto padre; con el miembro en la siniestra y una cuchilla de sílex en la diestra, le habló al celoso Yahveh alzando su pene al cielo:
«¿Por qué no me regalas también a mí el papiloma y me liberas de ser un circunciso?»
Y Yahveh, hizo caer un rayo en sus genitales. En ese mismo instante, con los cabellos de punta por la electricidad estática del aire y por el miedo, todos los hombres judíos se cortaron el prepucio y todas las mujeres judías se metieron paletadas de barro amasado con orina en la vagina, por si acaso los rayos.
«Hijos de puta salidos…» masculló Yahveh oculto entre las nubes.»

Ya acabó. Se cerró una era. No hay nada que hacer, ningún deber perentorio, no hay nada pendiente que merezca especial atención. Es liberador no esperar, que no se espere nada de ti.
Y está bien, así debería haber sido siempre. Solo me espera mi cuaderno, mi pluma y mi pensamiento arrollador y agotador.
Despiadado conmigo mismo, con mi propia verdad…
«Llega un jinete libre y salvaje» es el título de una película que no recuerdo haber visto. Solo me gusta el romanticismo del título.
Cuantas veces lo he pronunciado en mi mente deseando que fuera verdad cuando todo alrededor me asfixiaba…
Nunca seré lo suficientemente salvaje, ni lo suficientemente libre; pero estoy más cerca de ello que nunca. Así quemaré los restos de una madurez cabalgando deprisa hacia la muerte, a la vejez.
La bicicleta no es una montura a la que cuidar y que proporciona compañía; pero me gusta, me tiene que gustar, no hay otra cosa. No puede ser…
La vida me ha enseñado a sacar provecho de todo, aunque sea nada. Y desgraciadamente me sobra tanta imaginación, que mi dosis de decepción diaria está asegurada cada amanecer.
No tengo por techo las estrellas, no hay un alba o un ocaso de cinemascope cuando abro los ojos.
En su lugar hay una pierna negra e infecta que no me permitirá volver a subir jamás una montaña sin dolor.
Hay días que lío cigarrillos como haría un jinete salvaje en su caballo. Y me alegro de estar solo y no hacer el ridículo ante nadie; porque mis ojos se entornan buscando un horizonte lejano al que parece imposible llegar. Un horizonte de película.
Y eso haría reír a cualquiera, aunque yo crea que es motivo para llorar de emoción y decepción.
Me engaño pensando que mi hijo pueda sentirse orgulloso de que su padre haya emprendido un viaje de tiempo y distancia para dejar de ser un tullido que cada día sacaba a mear al perro a la misma hora. Un tullido sin nada que hacer en medio de una actividad frenética de los que le rodean. Con un futuro tan liso y predecible como una mesa de billar. Me engaño pensando que soy la representación del quebrantamiento de la monotonía y la tristeza vital.
No me engaño mucho tiempo, sujeto bien mi imaginación. Férreamente.
Me engaño lo que tarda el cigarrillo mal liado en consumirse, mientras observo nada como un idiota con los ojos entornados. Lo único que tengo en común con el jinete libre y salvaje, es que sudo.
Solo soy quien se marchó de casa por un capricho de senilidad precoz o tullido ocioso.
Y sonrío con cierta amargura, como el solitario jinete que recuerda algo amargo, porque aunque nadie lo sepa, escapé de ser el hombre del perro de la misma hora. Con el mismo bastón.
Los jinetes libres y salvajes tienen su egoísmo; pero es perdonable. No he conocido ningún Jesucristo en más de medio siglo que vago por el planeta; a lo sumo, las madres mal folladas que dan todo su ser (con amargura) por sus hijos como si fueran a ganarse algún título de santidad o un nobel humanitario.
No soy tan malo. Y menos en este planeta.
Cueste lo que cueste, quiero ser «libre y salvaje» (tener al menos una razón para creerlo), antes que ser el pensionista demasiado joven para no hacer nada y demasiado tullido para aspirar a cierta libertad.
«Se marchó un jinete libre y salvaje», quisiera que fuera mi epitafio en la tumba. Que alguien tome nota, seguro que no tardo en irme.
Se entienda o no, aunque sea mentira, no puede hacer daño una frase…
Lo que me jode, es que no habrá tumba, no ocuparé un lugar en la tierra; me quemarán como un viejo neumático. Joder, qué mierda… Dan ganas de llorar.
Fue bonito mientras duró la ilusión, el cigarrillo…
Bye.
«Dices que vagas por tu propia tierra» (canción Everybody’s Changing del grupo Keane, 2004. Mi canción, que se convirtió en una especie de premonición de lo que iba a cambiar mi vida en muy pocos meses).

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Iconoclasta

«La soledad es su naturaleza, o una parte de ella. Porque su otra naturaleza se marchita de pena entre savia y fibras que no acaba de asimilar como suyas.
Las noches son el descanso de los árboles, la fotosíntesis es agotadora.
El vegetal se retira y da paso al hombre.
Al hombre más solo del mundo.» (Iconoclasta)

Para leer en:
http://issuu.com/alfilo15/docs/el___rbol_humano_libro
y
http://binibook.com/details.php?id=1656

Las Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta ya no son virtuales. Ya se pueden tocar, doblar, usar como papel higiénico de emergencia, etc…

Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta
Tarjetitas de la sabiduría de Iconoclasta

La biblia for dummys o la iconoclasta verdad, cap. 5.

La biblia comentada con humor, o con malhumor. Tras un espantoso y aburrido texto de la biblia una explicación clara, amena, divertida y eficaz. Algo que contrarreste tantas mentiras y tantas hipocresías.


1Samuel, capítulo 8, versículos 10 al 22.
(1 Sam 8, 10-22)
Reinado de Saúl.
Los gravámenes de la monarquía.
3 últimas páginas.

http://iconoclasta-telegramas.blogspot.mx/p/la.html

El paraíso efecto invernadero
Habría que vaciar el paraíso de tantas almas, pesa sobre mi cabeza, es demasiada presión.
No es sostenible que hayan tantos millones y millones de muertos que hayan sido tan buenos en vida. Eso es mentira, el paraíso es una secta destructiva.
Las almas son las que provocan el efecto invernadero. Ya deben ser multitud, sus excrementos tienen que ir a algún lado. No son los aerosoles los que destruyen el ozono, es la mierda bendita de los tocados por la gracia divina.
Mi divinidad es un músculo cavernoso que se hincha de sangre y a las mañanas no me deja orinar bien. Es lo que hace que me sienta orgulloso de ser lo que nadie quiso que fuera.
Son tantas y tan buenas todas esas almas que me avergüenzan de mi naturaleza animal.
No puedo follar a una mujer sin sentir que todos esos bondadosos que se ganaron la gloria, están mirando mi culo subir y bajar, observando como hundo mi lengua en esas vaginas deliciosamente viscosas…
No puedo evitar que al comer marisco, sienta el reproche de sus miradas idiotas por no ser humilde. Siento que al fumar, debería donar el dinero a los pobres y los muertos de hambre.
Padre… Soy un gusano, discúlpame, pero no es mi intención ir al paraíso para coger de la mano a un nerón idiota que sonríe gordo y flotante. Sin pene ni cojones en el pubis.
Los eunucos son tan desagradables…
No sé porque miran con beata compasión mi polla entrar y salir de esa raja…
Si tuvieron hijos es que sus beatos y bondadosos penes y coños hicieron coito. Follaron, copularon como bestias en celo. No sé porque están en el paraíso.
Deberían quemar las almas buenas que rondan ese cielo estúpido e insulso para hacer sitio a las nuevas generaciones de beatos muertos.
¿En el paraíso no follan? ¿Sonríen siempre tomados de sus pulcras manos plenas de bondad?
Ojalá mis muertos no estén allí, no me gustan las sectas idiotas.
No me gustaría mandar a mi padre a la mierda por verlo sonreír estúpidamente con una túnica blanca y las manos puras de inocencia, como si nunca hubiera follado, blasfemado, emborrachado y engañado.
Sueño con los muertos, con los que amo, flotando en el espacio, clavados cada uno en una cruz, sangrando… Con los genitales lacios, inertes, muertos como ellos.
Y el espacio es de un azul cobalto, las nubes están preñadas de ira de soportar tanta muerte…
Padre Nuestro, mejor deja que mi alma se descomponga junto con mi cerebro y mis genitales, que se transforme en lo que sea; pero no quiero ir al paraíso de los eunucos y no follar para toda la eternidad con la mirada idiota de los que han fumado demasiado hachís.
Por otro lado, a veces me siento un poco ecologista y no quiero participar en la destrucción de la capa de ozono. No voto a los verdes porque son tan buenos que imagino que ya los tienes fichados para la entrada en el reino celestial. Y me caen mal las almas bondadosas, no son de fiar. Nadie cambia aunque esté bajo tu protección. Estoy seguro de que tienen llagas purulentas bajo sus túnicas blancas y cagan y orinan de pie mientras sonríen felices de mierda.
¿Acariciar una ballena vale el cielo? Porque no tengo dinero para hacer un crucero. ¿Sirven las caricias a mis gatas?
¿Cuando una puta dice «te amo», va a tu paraíso de mierda, a pesar de tener el coño negro de tanto tirarse a borrachos y subnormales?
No me lamento por la muerte ajena, somos muchos, pero si un día me arrodillara en la tumba de cualquier desconocido ¿sería perdonada mi indiferencia?
Solo quiero saberlo para no ser perdonado. Me niego ir a ese paraíso melifluo de seres que no follan, que no maldicen.
De mediocridad, uniformidad e hipocresía hay mucha en la tierra, no quiero más de lo mismo. Envíame al infierno y si me meten un hierro al rojo por el meato de la polla, me jodo; pero lo prefiero a tu paraíso.
El dolor puedo aguantarlo, pero la uniformidad, el tiempo inmóvil y la certeza de que todo será eternamente invariable, me jode cosa mala.
Hagamos una cosa, para asegurarme el infierno. Voy a follarme a la hija de mi vecina, la voy a violar más concretamente, con quince años se merece un buen tratamiento ginecológico, soy hábil. Luego le acuchillaré los ojos y esperaré a su madre para penetrarla con una botella de vino roto hasta que se vacíe de sangre.
¿Será suficiente para no ser perdonado? Porque aún puedo sacarle los intestinos al padre con una navaja de afeitar oxidada.
Y puedo eyacular sobre el cuadrito de la virgen que tienen encima del televisor del salón.
Padre mío, puedes condenarme ahora por mi pensamiento infecto y evitar que lo haga.
Sabía que me perdonarías, tú quieres ver como me follo a madre e hija y hago morongas con las tripas de papá.
Sea pues, es tu voluntad.
Me voy a sacar mi billete al infierno de una vez por todas.
Este calor del efecto invernadero es insoportable. Me ha tocado ser el malo. Pues muy bien, lo soy, no problem.
Tap, tap, tap, tap (pasos tranquilos hacia la casa de los vecinos que voy a masacrar).
Almas bondadosas, no miréis con tanta intensidad lo que le hago a la niña, puercos. Sé que de alguna forma os tenéis que masturbar en el Cielo, no soy un ingenuo.
Y dejad de cagar sobre mi cabeza. Estoy cansado de tanta mierda.
Esos pedos divinos y llenos de gracia nos joden el ozono y provocan cáncer de piel.
No os creáis tan bondadosos.

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Iconoclasta