El otoño es el Sr. Melancolía que suaviza las estridencias de nuestra vida para prepararnos a la crudeza del invierno. ¿Qué sería de la cordura humana si pasáramos de la calidez a la gelidez al instante, sin tener tiempo de evocar y añorar tiempos amables; consolarse de que llegará la templada luz y su color de nuevo? Tiempo para crear esperanzas y despedirse un poco más relajados. Y pienso que algo falló en mi concepción porque siento la tristeza de que el otoño es tan breve… Saludo al Sr. Melancolía con un “¡Al fin, jefe! ¿Por qué ha tardado tanto?”. Nací gris y quiero mi mundo gris. Soy congénitamente melancólico, es posible que naciera un poco muerto. Un ser de sangre fría… Son cosas que no se pueden elegir. Y está bien, no me molesta.
Asistir, ver en directo un golpe de estado como el de España que pasa de la libertad a la dictadura, a pesar de su hediondez, es fascinante. No puedes apartar la vista de toda esa mierda que como un cáncer pulsa a cada momento todos los días. En España hoy se puede ver con todo lujo de detalles la mezquindad, la podredumbre ética del gobierno que da el golpe mortal a las libertades y el conocimiento. Y un estado degradado, inoperante e imbécil lo permite. A pesar de esa repugnancia no puedo quitar la vista de esos políticos fascistas estalinistas, homosexuales con vicio, carceleros y supremacistas con un nivel de ignorancia que sólo se da en la endogámica España, oscura y obscenamente retrasada genéticamente. Nazis estalinistas parasitando ministerios y tribunales con ansias de totalitarismo islámico y corrupción sudamericana babean con codicia haciéndose ricos en todos los estamentos. Perros sedientos de la riqueza que exprimen con su corrupto poder tras crear leyes que los hacen impunes a los crímenes cometidos, a los que ahora cometen en este mismo instante y los que cometerán. Es asqueroso escucharlos mentir analfabetamente, salivando sin cesar con la nariz a punto de desmoronarse deshecha por la cocaína. Con su falta de inteligencia y una nula cultura se plantan ante sus votantes como ilustres palurdos que no conocen siquiera la palabra “ciudadanía” y repiten subnormalmente como cotorras el “todas y todos”. No pueden unir más de tres palabras sin errar. Esta fascinante repulsión me lleva a preguntarme con incredulidad lo que ya sé: ¿Cómo es posible que tales seres inmundos y venenosos puedan tener la simpatía y voto de la chusma o plebe? No puede ver lo cerdos que son, como si necesitara esta chusma un colirio para limpiar sus ojos sucios, empañados. Tiene una explicación: la chusma ibérica quiere ser así de puerca, como sus jerarcas votados. Vivir de robar sin dar un palo al agua. Y para ello no es necesaria la libertad ni la inteligencia, sólo codicia y bestialismo. La chusma sueña con ser como el corrupto Sánchez y los fascistas racistas vascos y catalanes. Los podridos de fascismo son los héroes seculares de una población endogámica en las dictaduras. Los niños en el colegio ya deben jugar a ser cerdos hijos de puta impunes a todo crimen y viajar en avión a todas las regiones del mundo, como si vivieran en el País de Nunca Jamás. Unos juegan a ser jueces, fiscales y abogados corruptos que cuidan de la riqueza y comodidad de los puercos en el gobierno. Los niños ibéricos sueñan con ser estalinistas islámicos corruptos como si de superhéroes de una película censurada de toda verdad y decencia se tratara. Cuando observo a estos carroñeros del estado español sin más inteligencia y conocimiento que la podredumbre y codicia animal llevar a la humillación, ruina y esclavitud a su masa votante que los jalea y aúpa; doy por extinta a la especie humana, al menos la ibérica. Y nadie cuestiona a los puercos, o muy pocos, una minoría en extinción también; porque el estado tiene la justa correspondencia con el pueblo, ambos son una simbiosis de podridas ambiciones y codicias irracionales. Los cerdos del estado son el paradigma de ideal social. Cerdos que ni siquiera se pueden correr al follar porque la codicia pudre el placer. Incluso se enriquecen sin alegría enfebrecidos de corrupta ambición. Y cuando crean tenerlo todo, incluso el amor incondicional de su pueblo retrasado mental, con el estado parasitado como perro por las garrapatas; morirán. Porque siempre hay otros puercos pulsando con las codiciosas manos sudorosas para ocupar y administrar la eterna corrupción española y su podredumbre institucional. Y robarles lo robado. Porque el cerdo ibérico copa el poder del estado como un aristócrata impune. Es absolutamente hipnótico presenciar cómo los excrementos del estado corrupto se expanden como colosales edificaciones de oficinas recaudadoras arruinadoras pudriendo la libertad, el conocimiento y la alegría. Es pura cátedra de Antropología del Hijoputismo Español. Una clase magistral que sólo se da cada medido siglo y aporta un conocimiento útil para unos pocos inmunes a las retóricas del fascismo parroquial y fariseo, del paternalismo mafioso del bienestar. Un máster para impedir que te conviertas en otro gilipollas más bajo los palurdos zapatos de un estalinismo cocainómano y maricón.
Hoy es el día de los muertos, otros lo llaman el de todos los santos. Sinceramente no creo que hasta la fecha, desde que surgió el primer primate humano, se haya muerto ningún santo y mucho menos lo hayan enterrado; o como se dice hoy día: “reciclado”. La verdad es que tanto me da, a pesar de tener una buena colección de muertos en mis recuerdos. Mi madre reiría por esta ocurrencia; pero no era santa. Los santos son paradigmas de pobreza y humildad que el estado/dios inventó y sigue creando para que los pobres sientan orgullo de serlo y, no dejen de alimentar y cebar al estado/dios. La chusma no piensa o no sabe que el cerdo o estado/dios tras haberse cebado debe ser degollado porque sigue comiendo mucho más de lo que ofrecerá ya muerto. Pero la chusma no ve al cerdo, ve al caudillo, al presidente, al ministro, a un general, al rey, al papa/rabino/ayatolá. Y el cerdo engorda y lo aplasta todo porque los santos no degüellan a nadie, sólo quieren vivir míseramente orgullosos, cobarde e inmóvilmente humildes y celebrar a sus “santos” con ese infantilismo adulto tan propio del retraso mental o enfermedad neurodegenerativa. Así seguirán con su orgullosa y patética humildad hasta que sea perentorio matar al cerdo o morir de hambre; pero en ese instante será tarde porque serán demasiado pobres y débiles para resistir el peso del cerdo. Está bien, nada nuevo bajo el sol. Es algo cíclico, las guerras llegan, mueren los que deben y vuelven a adorar y cebar a un nuevo cerdo. He visto a un árbol solitario alzar sus ramas esqueléticas al cielo otoñal, clamando la desdicha de su desnudez. Otro invierno que llega, otra prueba de muerte. Tal vez no sea capaz de cubrir con hojas sus ramas en la próxima primavera. Está muy lejos de pensar en los santos y el cerdo. Le he deseado buena suerte aún que está vivo.
De repente te aíslas del rugido del agua, de las voces y la lluvia seca; el crepitar de las hojas muertas que caen y pisas. Mantienes la respiración porque algo va a ocurrir. Y el silencio lo llena todo… El silencio despliega el telón de un momento de inusitada belleza y paz. El agua, la fronda y la garza parecen girar en un caleidoscopio hasta fijar el momento perfecto de la serenidad y la armonía. Y provoca un vértigo en el pensamiento. La garza está ahí porque puede, es la pura esencia del ser, sin necesidad alguna, sin vanidad. De hecho, es ajena a todo, hasta tal punto que niega mi existencia. Yo no existo y ella es el único ser vivo de ese mundo que ha sido revelado. ¿Sabes, cielo? Así te sueño, en el momento perfecto. Yo manteniendo la respiración, inexistiendo para que nada enturbie tu mundo al que aportas fascinación. Soy un admirador fantasma, un testigo accidental e intangible de cosas hermosas. No está mal mi privilegio para ser un fracasado… Hay momentos de melancólica dicha que parecen ríos de agua tibia corriendo bajo la piel. Adiós garza. Adiós, mi amor.
La gracia de la fotografía está en que captas estrictamente lo que deseas sin interferencias perimetrales y un día decir que estuviste ahí dentro. Puedes extasiarte ante lo que te gusta o de alguna forma te fascina y evitar el contexto, el entorno. Y crear un mundo mejor, como debiera ser; lo que el dios/estado jamás pudo hacer porque la codicia y la ambición pudren toda gracia. La fotografía es un radicalismo íntimo y voluptuoso, excluir lo que no quieres o no soportas. Un hedonismo indiscreto. Mirar por un agujero, aislarte dentro de ese túnel que es el objetivo. Mi cámara es refugio y sala de estar.
No existe ningún problema en el acto de amar, no se debería temer nada puesto que no es un negocio; no hay pérdidas ni ganancias. Pero hay quien dice que “es complicado”. No hay complicación en el amor. Es, en esencia, lo más sencillo del mundo. Sólo hay ignorantes de sí mismos y el temor propio de los mezquinos y pusilánimes. Si el amor “es complicado”, se debe a que no existe. Es decir; no vale él para ser amado, o no vale ella. Eso no es complicado, simplemente se niega que haya amor. Retorcerlo es un acto que viola la nobleza y la honestidad. Algo de lo que no sentirse orgulloso. Lo complicado es sobrevivir cada día en esta asfixiante sociedad adocenada, maloliente, degradada, carcelera, controladora, esclavista y envidiosa. Corrupta y hostil. El amor es tan sencillo como su existencia o ausencia, cualquier otra consideración es mercadeo ruin de un ser provinciano con una injustificada vanidad. La complicación está en quien pervierte con su limitado y adocenado intelecto el amor mismo, haciéndolo un negocio o inversión.
Oscurantismo: Oposición sistemática a la difusión de la cultura.
De hecho, la cacareada “deconstrucción” es una forma de oscurantismo, pero mucho más venenosa al inocularse mediante dogmas, religiosamente, directamente en vena a la infancia. Se debe hablar de perversión arribista, la ideología del estalinismo homosexual es pura degradación del conocimiento y la biología humana. Que sea de clara orientación musulmana da una idea del tipo de dictadura que el progresado woke en el estado desea para sacar más riqueza y servilismo de su casta paria o trabajadora.
«La reconstrucción de la memoria colectiva, por otro lado, no se limita a la época de Franco ni al ámbito de la Ley de Memoria. Desde muchos años atrás, y dentro de la creación de «conciencias locales» en las comunidades autónomas, los programas de enseñanza han apostado por reescribir la historia desde presupuestos ideológicos inequívocos: apología de las tribus prerromanas, elogio del islam invasor frente a la España cristiana de la Reconquista, condena de la conquista de América presentada como un genocidio, etc. Y eso cuando todas estas cosas se enseñan, porque los currículos de enseñanza media tienden a suprimir toda la historia previa a la Constitución de 1812. Lo más esperanzador es que, como reacción popular a todas estas políticas, por todas partes han surgido iniciativas que tratan de dibujar el verdadero perfil de la historia de España. Un pueblo que intenta reapropiarse de su historia. Ésa es, al margen de la España oficial, la gran cuestión de nuestro tiempo. Por eso hemos de contar de nuevo cuál ha sido nuestro camino. La siguiente página le corresponde escribirla al lector.» (Te voy a contar tu historia» de José Javier Esparza, 2023)
Se habla mucho de “deconstrucción” en cuanto a las doctrinas políticas y sociales de los actuales totalitarismos estalinistas homosexuales de las pseudo democracias occidentales (Francia, Alemania, España, Bélgica, Canadá, Reino Unido, Australia…). Deconstrucción (del estado, de las instituciones, de la historia, de la sexualidad, etc…) es un eufemismo falso e inaceptable, es sin tapujos un acto de perversión arribista de la realidad de la biología humana, historia, sociedad y política. Los progres woke (homosexuales en definitiva) tanto políticos, docentes, escritores, cineastas, sanitarios, leguleyos (jueces, abogados y fiscales), policías, etc… Lanzaron a finales de la década pasada una campaña de perversión o adulteración global ajustada a sus intereses y ambiciones. Partiendo de su homosexualidad y patológico (por neurótico) narcisismo despótico, han hecho de ella excelencia y aplican su doctrina con agresividad sectaria sobre quien pueden por medio del poder legislativo, la coacción policial y judicial o el adoctrinamiento en los estudiantes que se ven obligados a pasar demasiadas horas del día soportando el ladrillo homosexual y su perversión en todo ámbito académico, matemáticas incluidas. Es una continua cháchara de ramplón populismo exclusivamente para una población envejecida, degradada, decadente, omisa, cobarde, incapaz de razonamiento alguno y que no sabría usar su libertad si la tuviera. Hay etnias como la española que son auténticos reservorios de individuos adaptados al fascismo, sea woke islámico-estalinista o capitalista católico. Eso de “deconstrucción” es un eufemismo que le viene demasiado grande al estado. Sólo es jerga woke que pretende darse trascendencia con pomposa estética semántica a una simple perversión que tiene como único fin el enriquecimiento de los sectarios de esta corriente pseudopolítica y social de arribismo homosexual. Es un fraude, y posiblemente, el más grande de la historia dejando de lado las divinidades y mitos de las actuales religiones. La violencia tendrá que resolver esta perversión, porque no hay alternativa a este estalinismo homosexual-islámico (por increíble que pueda parecer), cada día más asfixiante y peligroso en su toxicidad corrupta y ruina económica producto de una corrupción institucionalizada y una pornográfica impunidad de los delincuentes políticos.
Sufro un problema dimensional. Mi vida resultó fallida, me di cuenta en el momento en el que me materialicé en esta dimensión de estructuras moleculares imbéciles, chocan unas moléculas con otras, se hacen sangre y sonríen entrecortadamente con los dientes ensangrentados. Hay un sinfín de dimensiones decentes y tuve la mala suerte de que me tocara nacer en ésta, en el que todo está mal hecho, incluso una gran multitud de seres humanos que la habitan están mal construidos y les salen bultos de todo tipo o se mueren porque algo se les pudre dentro; cuando era niño pensé que mis huevos eran tumores, me llevé un gran susto hasta que el pediatra díjole a mi madre que sólo eran unos cojones enormes y que sería un buen semental si dios quiere. Esto es una gran mierda. Por lo que he aprendido y experimentado a lo largo de los años de encarcelamiento en este lugar idiota, lo estropea todo el hecho de que cuatro subnormales inventaran unos dioses a su imagen y semejanza cerduna y unos cuantos mandamientos que luego los convirtieron en “leyes”; y para mayor inri, pregonaron que eran ellos la creación de dios, ergo son divinos. Y aquellos pobladores idiotas que apenas eran capaces de caminar erguidos sin arrastrar las manos por el suelo, repitieron la palabra fetiche que comparten todos los ritos y mitos religiosos en todos los idiomas, tiempos y lugares del planeta: amén. Los primeros hechiceros que luego evolucionaron a religiosos o sacerdotes, luego a emperadores, reyes y por fin a políticos que pomposamente en la actualidad gustan de alardear de “jefes de estado”, cuando sus monos aprendieron a decir amén con soltura, naturalidad e irritante iteración, se dijeron que como el pueblo ya estaba amaestrado a todo lo que el hechicero predicaba: “¿Por qué no inventamos unos pecados o delitos y las leyes para condenarlos y castigar a estos gilis? Cometerán sus pecados, los condenaremos y nos quedaremos con lo que tienen, incluidas sus crías, sean hembras o machos”. Así es la dimensión imbécil que me ha tocado. No puedes moverte por el planeta sin dar con un subnormal (feligrés votante o contribuyente) que diga “amén”, “reciclo” o “me quedo en casa”. Es como una grotesca pesadilla de la que no se puede despertar. No hay forma de escapar de esta dimensión de la deficiencia mental molecular. Cuando se nace en una mierda, en una mierda te mueres. Sería imposible que un idiota de esta dimensión sobreviviera en una dimensión decente, lo usarían de combustible. Tras miles y miles de años, no se han enterado aún del cuento: las divinidades son alegorías infantilizadas de los hechiceros, sacerdotes, reyes, ministros, jueces y tiranos; del estado en definitiva. En el instante en el que me materialicé, noté como la vida se me pudría en este cuerpo cárnico. Es toda una experiencia que le deseo a mis hijoputas enemigos. Hay un paralelismo tan obvio entre el estado y los dioses de las “sagradas escrituras” (de toda secta religiosa), que requiere de una gran voluntad ser tan sumamente imbécil para no ver esta escandalosa y llamativa semejanza. Es obvio que estado y dios son igual de puercos. Y en esta dimensión no se enteran aunque los muelas a palos, de que las “sagradas escrituras” son burdas fábulas infantiles del estado escritas con un gusto y arte del nabo. En esta dimensión son ciegos, sordos a la frecuencia de la razón y deficientes mentales para llegar a una conclusión, a la más sencilla. Cuando te has habituado a esta imbecilidad que te oprime el resorte del odio y la violencia, observas ya sin asombro que en esta dimensión pútrida la imbecilidad es la gran virtud humana. Y cuanto más idiotas y mezquinos son los votantes o contribuyentes, más oportunidades tienen de medrar en su sociedad. O sea, viven en una eterna olimpiada de la estupidez; no existe ninguna otra actividad con tantos récords como esta competición idiota de la dimensión imbécil. Estoy abandonado… Y si el estado les envuelve un excremento con papel infantil de colorines y un lacito; y además da un sermón sobre sus propiedades terapéuticas y jocosas, se comerán el trozo de mierda con glotonería y se chuparán los dedos. Y dirán amén con una sonrisa pletórica de mierda entre los intersticios dentales.
Pienso en las malas cosas que nos rodean y que los ajenos, los otros no ven: la cautividad, el control penitenciario, el robo de nuestro trabajo y esfuerzo, la intervención del pensamiento, de la biología y la creatividad, la negación del individuo y la exaltación del adocenamiento. Es el lote que el estado/dios incluye en el nacimiento cautivo de cada uno los bebés contribuyentes. Es escalofriante escribirlo con esta serenidad, es decepcionante meditar sobre la sociedad del estado/dios y concluir que somos orondos insectos que ninguna otra especie caza y devora. No nos quieren ni como alimento, ni para ensuciarse los colmillos o las garras. Los nacidos en cautividad, los ciudadanos o contribuyentes nada tienen que ver con las leyes de la naturaleza. La especie humana social contemporánea a este escrito es una especie invasora surgida de una aciaga mutación. En algún momento los primeros primates usaron utensilios artesanales fabricados con piedras y metales contaminados con elementos radiactivos y se llevaron a la boca aquellos instrumentos toscos envenenados, cortaron alimentos con ellos o bebieron agua. Y así se pudrió su ADN primordial. Y al igual que Gregorio Samsa, la especie humana un día despertó como insecto en una mezquina mañana de credos, mandamientos, leyes, fe en el estado/dios y servilismo paranoico. Por ello, el resto de las especies animales nos rechazan como alimento, detectan que somos carne emponzoñada. No hay otra explicación para esto a lo que se ha llegado y que los idiotas (líneas genéticas degradadas respecto a los humanos originales) llaman globalidad. En el fondo reconocen, como un instinto primigenio residual, que no somos merecedores de llamarnos humanidad. La población de homínidos parlantes en el planeta es una globalidad cuyos especímenes sin identidad se confunden unos con otros, nada tienen de humanidad. Sólo nacen con el don de la obediencia y fe en el estado/dios, inconscientes de que han nacido para sacrificarse por esas reinas gordas como cerdos que expelen como excrementos sus leyes, mandamientos, decretos, dogmas y condenas. Sólo cuando les queda unos días de vida se les permite descansar para evitar el gasto y molestia de retirar los cadáveres en sus puestos de trabajo y centros de explotación. El estado/dios espera con avidez que las próximas generaciones desnaturalizadas, nazcan con antenas para controlarlas con el pensamiento y no con el teléfono móvil que se les implanta apenas pasan la infancia. Pienso en todas las cosas malas que podría ocurrirle a la globalidad y desespero porque no le ocurre ninguna. Por muchas catástrofes, guerras y epidemias que sufra la globalidad, apenas se resentirá porque es lo mismo que se dice de las cucarachas: será una especie superviviente que se alimentará de la descomposición de sus cadáveres si es necesario. Nacen en cautividad, son explotados y sacrificados por el estado/dios y son incapaces de tener un instante de lucidez para reconocerse en el reflejo del espejo la monstruosa mutación que son. Es lógico que exista cierto recelo en la colonia globalidad respecto a una hipotética visita de extraterrestres, porque cualquier especie inteligente del universo identificaría como plaga a esta mutación de la humanidad que es la globalidad de los sin rostro, sin pensamiento, sin libertad. En el momento que nazca un bebé con antenas de queratina, ya sería inconfundible la degradación de la especie y ningún ser de otro planeta dudará en limpiar el planeta de la plaga global; aquí radica mi único asomo de esperanza para que el planeta y sus especies se vean libres de una plaga de idiotas.