Está bien, no puede ser más cara la tontería que viajar a La Luna o soñar con llegar vivos a Marte. Son cosas que pueden hacer con el dinero que no se destina a la pobreza, banalidades propias de quienes más que trabajar, cobran por pasarlo lo mejor posible con el mínimo esfuerzo. Ciertamente, donde nació el arribista y lameculos de reyes, el tal Colón, me importa lo mismo que el rabo de la vaca si está limpio, sucio o si sigue o no pegado a su culo.
Un par de críos de entre seis o siete años jugaban en la acera, frente un parque infantil del barrio. Llevaban el bozal bajo la barbilla. Cuando estaba suficientemente cerca, a punto de rebasarlos, dejaron de perseguirse, se situaron en el parque dejando la acera libre y ajustaron sus bozales a sus hocicos casi en posición de firmes. Me miraban detenidamente a ver si hacía yo lo mismo. Y una mierda. Pero sí que sentí cierta pena por no llevar en esos momentos unos snacks de gato, de los que le doy al mío porque me sale de la polla en cualquier momento. Les hubiera tirado unos cuantos al suelo como premio a su buen adiestramiento.
Encima de estar extinguidos, los dinosaurios tienen que soportar que les metan cosas en sus fosilizadas tripas. Más que pasión por los dinosaurios, se trata de una auténtica fobia que pretende extinguir lo que ya está extinto. En España no hay inteligencia, pero tienen voluntad por hacer las cosas, independientemente de si saben o no hacerlas y si las hacen bien o mal. Como el nuevo fascismo chino español ha censurado los toros porque tiene que ver con el valor y la determinación (cosas absolutamente prohibidas en la nueva, normal y fascista España), hay que joder a los pobres dinosaurios rellenándolos de cosas tóxicas y otras podredumbres.
Como la prensa española ya se ha inventado todas las noticias o mentiras posibles desde la instauración del nuevo y normal fascismo chino en España, en lugar de noticias escriben efemérides, recordatorios de lo que todo el mundo sabe. Desde el primer día que el nuevo y normal fascismo español decretó epidemia y su prisión para la ciudadanía, se sabía que estaban asesinando a mucha gente por negarles tratamiento y atención médica. Y aún hoy día continúa igual, solo que mueren menos, como es lógico. Si el fascismo español no decreta otra cosa, los muertos no resucitan y por lo tanto no pueden volver a morir, en definitiva: cuantos menos quedan, menos mueren. Son cosas que hay que decir, porque algunas (muchísimas, asaz) gentes que tienen problemas de comprensión de lectura, se les puede escapar este detalle. Y más ante la confusión que provoca año y medio de mentiras constantes de la prensa española. No es noticia, es pura cháchara para llenar página.
Con la boca pequeña, con un hilo de voz, el fascismo dice que si tienes suficiente fuerza para realizar una actividad física, si tus pulmones están fuertes y ejercitados; no es necesario usar mascarilla en espacios abiertos. Porque simplemente puedes combatir el coronavirus, y tal vez, ni siquiera contagiarte. El coronavirus es el precio que ha pagado una sociedad sedentaria y estabulada, que se mueve de casa al coche, del coche al bar y de nuevo del bar al coche. Es pura enfermedad de la decadencia. Llegados a este punto, lo malo no es el virus, lo malo es el ganado humano debilitado por una forma de vida perezosa y de un aburrido consumismo que se ha tomado como deber de fin de semana. Esos pulmones no pueden soportar una gripe. Es el gran “secreto” del coronavirus. El nuevo y normal fascismo surgido de la cobardía y el ansia de poder con el coronavirus, ha encarcelado (confinado, dicen los hipócritas fascistas paternalistas) a gente que no debía, asesinado ancianos y negado el tratamiento a enfermos graves por un pornográfico deseo de dominación y la misma ignorancia que la del pueblo que acosa, encarcela y arruina. Nadie debería llevar mascarilla si no quiere, es básica la libertad de respirar; obligar a una pobre e insalubre respiración y a un confinamiento salvaje, son crímenes de lesa humanidad porque atentan contra la salud del individuo y su sustento. Lo que ha hecho el nuevo fascismo ha sido crimen, crimen nacido de la ignorancia, ambición y corrupción. Han encarcelado y acosado a quien no debían porque conocen la envidia de sus mezquinos votantes. Como si fuera el puto rey Salomón, el nuevo y normal gobierno fascista español ha decretado mierda indiscriminadamente para todos y así de paso, sentirse Generalísimos, Caudillos; son unos hijoputas. Han dado gusto a los más miserables de la sociedad (mayoría votante): “¿Por qué él no lleva mascarilla y yo sí?”, se preguntan los cabestros cobardes con sus piojosos bozales bien ceñidos en los hocicos. Los nuevos fascismos surgidos con y por el coronavirus, son una banda de criminales ignorantes, corruptos e imbéciles. Y este tipo de gobierno debe ser masacrado. Es algo que destruir porque va la vida de mucha gente en ello. Y gente que vale la pena que respire decentemente, hijoputas cobardes. Los que tengáis miedo, no os quitéis el bozal, a nadie le importa una mierda, nadie os envidia, gilipollas miserables.
No sé si los chinos habrán sido honrados con la causa de la muerte de los atletas, pero es que de China te puedes creer lo mismo que de la antigua URSS o del gobierno fascista español: nada. La cuestión es que esas muertes en España, serían debidas al coronavirus: “¿Qué cojones frío? Aquí no hace frío”, diría el forense propiedad del nuevo y normal gobierno fascista español. Y a etiquetar los pulgares de los pies con la Covid 19.
A veces aparento tranquilidad, pero que nadie se fie. Soy un experimentado y discreto misántropo. Y fumar es bueno, lo recomiendo a grandes y pequeños. Y si además lo combinan con licores, serán gente de pro y ciudad-anos de primera, en verdad os digo.
Eso es morir por nada. Es para arrancarse los ojos al verlo. No puede ser peor, no es decente morir por tanta banalidad. La decadencia de una sociedad debería medirse también (si alguien se preocupara de ello) por la estupidez de sus muertes, no solo por la mental.
El fascismo, cuando llega, arrancarlo para quitarse de encima ese cáncer, requiere violencia. La libertad no se consigue esperando que mueran de viejos los hijoputas dictadores, sus caciques, ministros, jueces y bofia. Si esperas eso, te conviertes en una cosa gris esperando que lleguen otras nuevas generaciones de los mismos puercos para que te indiquen cuando dormir, cuando despertar y como respirar. España es el ejemplo perfecto, modélico de nido de dictaduras. El coronavirus se ha erigido así, en la puerta grande y abierta de la indecencia humana. El fascismo, sea capitalista, comunista o religioso, es tan comúnmente aceptado por la población (como en España) porque dispensa a toda esa masa votante descerebrada de pensar y tomar decisiones. Porque pensar y decidir en libertad es algo que supera, angustia e incomoda a la mediocridad que habita las naciones (como se puede ver, inmensa mayoría siempre); su mecanismo es tan sencillo como una pelota: ¿Para qué me sirve la libertad si borracho y en bodas y bautizos lo paso genial? Y en consecuencia, el mecanismo del fascismo es tan elemental como accionar el interruptor para apagar o encender una lámpara, razón por la cual, cualquier tarado endogámico llega a dictador. A una masa poblacional de X millones con cerebro liso, le corresponde un puerco dictador Y con el cerebro también liso. Más que una proporción, es una constante universal como la de la gravedad. Cualquier otra consideración de índole político-social es pura cháchara sin fundamento intelectual. Vamos a ver, seres humanos creativos e inteligentes nacen muy pocos, en frecuencias de largos periodos de vacío intelectual que nos dejan abandonados a la chusma y sus amos o criadores de cerdos. Al cabo de unos meses de vivir semejante mediocridad, concluyes que violencia y muerte son todo ventajas. Las dictaduras no matan a sus chusmas si no es estrictamente necesario, la razón es que un gobierno necesita cosas que exprimir y que paguen impuestos para poder seguir viviendo entre lujos y por supuesto; sin dar un palo al agua (algunos casos de países orientales como China o India, no importan algunas muertes de los contribuyentes, porque son tantos millones de habitantes que la muerte de dos o tres millones, no afecta a sus arcas). Así que es mejor aterrorizar, enfermar y humillar; para luego salvarlos dándoles una protección vital a cambio de libertad. Con esta praxis, los fascismos anulan los instintos naturales de supervivencia y convierten a los habitantes de las ciudades, en un conjunto de lelos obedientes y dependientes incapaces de tomar decisión alguna. Gracias a la necesidad de “un gran respeto” que propagan como dogma las redes sociales y las cadenas de televisión (los mastines de todo dictador) que colaboran en el fortalecimiento del nuevo y normal fascismo global; las masas han perdido toda capacidad de crítica sobre todo a sus soberanos amos; y adquirido un gran temor a cualquier tipo de confrontación (hoy día observan a un hombre embarazado, y se les empañan los ojos con lágrimas emocionadas ante tal obscenidad). Y por supuesto, se sienten pornográficamente bien con solo clicar en un “me gusta” o “no me gusta” en las publicaciones de las redes sociales, como el máximo alarde de libertad y determinación que tienen a bien usar. Y ese es el concepto (pequeño como un grano de trigo) por el que creen con fe supersticiosa, que viven en una democracia. El resultado, el buen resultado de los fascismos instaurados por medio del coronavirus (“covid 19” para la masa temerosa, ya que “virus” tiene connotaciones malignas) entre sus votantes, se debe a que el neofascismo ha hecho creer a todos esos analfabetos funcionales que, realmente son intelectuales politólogos, economistas, sociólogos y además ya, consumados epidemiólogos. Y todo gracias a un par de lemas que les han obligado a memorizar repitiéndolos machaconamente (como en un episodio de Barrio Sésamo) por los medios de comunicación y prensa que se han prostituido al neofascismo: “Yo me quedo en casa”, “Todo irá bien” (esta daba mucha risa), “Libertad es enfermedad”, “Tu libertad es mi enfermedad”, “Sin mascarilla te mueres y si no obedeces también”, “La ruina es inevitable, qué mala suerte; pero estamos vivos”, “Mis aspirinas son más venenosas que la vacuna”; y poco más que recitan como un salmo y sacan en cualquier conversación para demostrar su gran conocimiento del “dramático” momento que están viviendo. Si además, aparece el Caudillo por la tele felicitando la obediencia y la mansedumbre ejemplares del pueblo español, y los aplausos a los carceleros y otros cómplices del fascismo, la ciudadanía votante adquiere un halo de santidad quieras que no y ellos mismos se colocan una medalla al mejor ciudadano del mundo mundial. En definitiva, todo fascismo es un timo y un letal y criminal ataque a la libertad más básica, como la de respirar y la dignidad. Y cuando se han exprimido a fondo a todos los idiotas, solo queda una salida: la violencia. Y esto es también tan sencillo como: “Para morir de hambre o arruinado, que me maten a tiros y si puedo, me llevo por delante a todos los que pueda conmigo”. Es el ciclo político-social de los grandes rebaños humanos, sobre todo los estabulados en grandes ciudades. Es válido durante todas las épocas históricas tanto que pareciera un mecanismo regulador de la naturaleza para matar el exceso de mamíferos que hacen peligrar el ecosistema.
Cuando los deseos no se sacian la mente lucha contra la ausencia creando sueños que son perturbaciones psicosomáticas, y éstas hacen el deseo más vertiginoso y desatado. Es una espiral de amor, una caída sin fin. De tal modo que cada una de las palabras que se me derraman por los dedos tienen la exacta turgencia y calor de tu piel. Aún no entiendo cómo no es posible ir de tu mano y en un momento dado, morder y besar tus labios desesperadamente encelado de ti. Eres mi súcubo, mi amor de magia erótica y de inhumana belleza. La seducción que solo puede darse en otra dimensión, en otros universos. Entre los conjuros escarificados en mi piel con tus uñas que han recorrido toda mi carne, todas mis venas verticales. Soy tu libro de hechizos… Estoy tatuado todo de ti. Eres una deidad carnal. Cuando tomaste posesión de mi mente, desalojaste de ella mi aplomo; y ahora la serenidad es un recuerdo lejano que gotea caduca al cerrar el puño con fuerza cuando invado tu boca con la lengua en un delirio incontrolable. Me faltas tangible en mi dimensionalidad para abrazarte y susurrarte una sorpresiva ternura, conduciendo tu mano a mis cojones que hierven dentro del pantalón; en cualquier lugar especialmente hermoso que no comparto contigo y me fuerzo a soñarte desesperado. Es por esos salmos carnales que has tatuado en mi cuerpo y mente ¿verdad, mi amada súcubo? Con un golpe de cadera entraste en mi vida y por una oreja salieron expulsadas lejos de mí la determinación y mi coraza defensiva. Cuando desperté, tenía sangre en un oído… Y ahora estoy sometido a ti, mi súcubo. Siento que junto con el semen te tragas mi alma con cada mamada cuando en las noches me posees. Si hubiera maldad sería tarde para salvarme, porque no podría negarte jamás. Cuando tu coño se desliza a lo largo de mi falo exprimes todas mis emociones hasta un placer agónico que se tambalea en la frontera del dolor, por muy dulce y pequeña que pueda ser una muerte. Y cuando te desprendes de mí, por tus muslos bajan espesos y brillantes ríos de amor, el que me has extraído… Ha valido la pena vivir tantos años para llegar a este momento en el que de tu coño, mana mi paroxismo viscoso de amor y deseo. Me convenzo de que no es sueño, porque tengo el rabo empapado de ti. Es otra dimensión a la que me arrastras cuando es tu volición. Mi súcubo, mon amour… ¿Y sabes, cielo? Que no cese esta locura, este ansia que aniquila toda humanidad que pudiera haber en mí. Reniego de cualquier gen humano ante ti. Porque si ahora me faltaras, si desocuparas mi mente, estaría perdido e indefenso. No me dejes. Por favor… Por mucho que mis palabras hablen de la agonía de los deseos que apenas nacen, a la luz del día mueran en una opaca realidad cuyo aire no puede transmitir tu sonrisa. Mi hermosa súcubo… Nunca una magia negra pudo haber sido tan luminosa. Sueño que tus labios son frescos y húmedos, un agua pura que no me sacia. Soy el sediento errante en mi planeta. Agotado, al llegar la noche concilio un sueño que me llevará a ti. O seré arrastrado por la magia de tu alma y tu coño. Y lo más gracioso, es que creen que soy un solitario. No me dejes, aunque escriba que duele un poco amarte. Un mucho…