Posts etiquetados ‘Ultrajant’

Me erizan los vellos los actos y declaraciones de patriotismo.
Los himnos me provocan eccemas y prurito genital. Siempre me llevo la mano a los cojones, nunca a mi podrido corazón.
Viendo a los patéticos patriota llorar sus himnos emocionados, me considero afortunado y superior por ser absolutamente impermeable a apegos de nación y raza.
Siento una verdadera repulsión por las banderas que no son de piratas o las que anuncian burdeles.
Padezco de un odio atroz por el lugar en el que nací y me hizo esclavo desde el primer día de mi vida. Un odio del que no quiero curarme, porque es mi privilegio y mi dignidad.
Gozo de un rencor cancerígeno hacia los que murieron y los que viven de mi esfuerzo, los que con sus impuestos y morales han intentado esclavizarme y asfixiarme en los excrementos de la pobreza y la mediocridad.
Porque en esta repugnante y leprosa sociedad de naciones, he perdido más de la mitad de mi vida y salud para alimentar a los altos cerdos.
Como deseo que mueran, como me alegro cuando al mear imagino que mojo la cara de esos muertos…
Es imposible no sonreír insanamente cuando un jefe político, un ministro, un presidente, un rey, un juez, un obispo o un multimillonario, muere, sufre, se le escupe o le nace un tumor.
No existe forma humana en esta puta y puerca sociedad de que pueda tener un pensamiento, siquiera neutro, hacia un político.
Siento y aliento el profundo desprecio y repulsión hacia todo patriota sea cual sea su pelaje. A esos esclavos y mediocridad en estado puro que vitorean a sus amos y divisas como banderas y fronteras piojosas de mierda.
Esto es un mundo asqueroso, yo no lo pedí. Me jodieron, me estafaron, intentaron mutilarme intelectualmente, hacerme creer que era libre nadando en una alcantarilla; sucio por los excrementos que llueven de los altos puercos de allá arriba.
Deseo la violencia y sus consecuencias, rezaría ante cualquier altar, piedra o muñeco si diera resultado. Con sangre, muerte y hambre de los ciudadanos patriotas o no, me sentiría libre y menos sucio.
Ojalá pudiera escribir esta náusea con algo de humor para poder dejar un rastro de sarcasmo. Pero no es posible, hoy mi química dice que no hay espacio para el humor, estoy asqueado.
Escribo imaginando que la pluma se clava en los ojos de los patriotas y sus amos, en lugar de una forma tan incruenta, en el papel y solo con tinta.
Y es algo que debo hacer, mi naturaleza lo dicta: mi pene late furioso, está erecto y amoratado el glande de tanta sangre que le llega. Y si ella estuviera cerca, la follaría con animalidad, sin cuidado por el culo, por el coño, por la boca hasta que vomite…
Yo nací en este planeta. El que una gente me metiera en la boca su coño o su polla en un determinado idioma y color cuando nací, fue mi mala suerte.
Pero jamás sacaron ni sacarán de mí un respeto a sus cochinas banderas y sus himnos de maricones.
Muy joven aprendí a pensar cuando un alto puerco moría: “Y así hasta que no quede ni uno. Hijoputa… Cómo me alegro…”. Ahora, impaciente pienso día sí y día también: “Cuánto tardan en morir, joder”.
Mierda para dios, jueces y jefes.
Vuestra respiración es mi ofensa, vuestro asma mi esperanza.

Iconoclasta

Verano de 1977: en La Escala (litoral catalán, Gerona), una noche mi madre estaba dándole a la lengua sin pausa con la familia en el jardín de la casa y llegó un momento que aumentó el doble de volumen por culpa de esos mosquitos climáticos del futuro. Al médico casi se le escapa la risa. A mí también, nunca he alardeado de buen hijo. Psé…

Alguien podría pensar que al ser el Ripollés una comarca catalana principalmente ganadera, es lógico que por aburrimiento y desidia, las autoridades señalicen lo que no es necesario porque ya lo está con decenas de señales. Sin más malicia, con su mentalidad ganadera tratan a los ciudadanos como a las vacas y han decidido que hay que marcar con más rigor el paso de la reses humanas.
Si contamos además con que por este lugar no circulan coches, motos o camiones; que es eminentemente lúdico para peatones y bicicletas, lo absurdo llega a la comicidad.
Pero es mucho peor que una desidia o una “deformación profesional” derivada de la ganadería.
Lo real, lo exacto es concluir que realizan un ejercicio de autoridad y demostrar así a sus ciudadanos que son ellos los que ordenan y marcan por donde y como se debe caminar.
Con estos postes crean situaciones de accidente: que los ciclistas o los niños que aprenden a ir en bici se golpeen contra los grandes y llamativos postes, o se acumule gente y bicicletas en el embudo que han creado con esa mierda que han plantado.
Si generan situaciones peligrosas o irritantes, se hará necesario que intervengan las autoridades y hacerse así más necesarias en los lugares y momentos más banales e inverosímiles. Con ello tienen asegurado el control, la omnipresencia y la excusa para contratar más seguridad a costa de los siempre felices y pastoreados votantes o contribuyentes. Y todo con un objetivo fascistoide e hipócrita: vuestro Gran Hermano vela por la seguridad y el bienestar de las reses votantes.
Y aún hay más, el mensaje más duro y obsceno que transmiten esos postes con su rojo y blanco contrastando como barreras de aduanas, como mierda en la nieve, es: “No sois libres. Nosotros decimos hasta donde y por donde puedes serlo”.
Con sus deseos de crear más fronteras, los ilustres próceres de la sociedad no pueden reprimirse de crear puestos y sistemas de control y represión hasta donde pastan las vacas, jodiendo el paisaje y mi libertad con su omnipresencia de mierda.
Sin ser necesario.
Sería de risa si no fuera tan ofensivo y degradante como los chequeos de control de los aeropuertos.

Ha cambiado la bombilla y al encender la lámpara se ha vuelto a fundir, chisporroteando débilmente, como enferma.
Y ha llorado una lágrima que desobediente, se ha escapado rostro abajo.
Y ha agradecido estar solo.
Porque sabe que morir no será tan fácil, ni tan rápido.
También tenía olvidado el salobre sabor de las pequeñas tristezas de las cosas.
Sin pretenderlo y como si fuera posible, ha deseado ser bombilla u objeto para morir cómodamente.
Mañana volverá a comprar en la ferretería otra bombilla; pero no la encenderá, no es bueno abusar de las cosas saladas.
Luego ha bajado la persiana del salón y ha encendido un cigarrillo en la penumbra, sentado al lado de la lámpara que no luce.
Y ya.

Es habitual que al despertar de la siesta escuche un silbido, como el de una tubería dejando escapar por un poro fluido a presión.

Con más precisión se asemeja al chirrido de acoplamiento que hace un altavoz cuando se acerca demasiado un micrófono.

Dicen que estos ruidos, son acúfenos y suelen ser síntoma de sordera. Sin embargo, hacerse viejo es hacerse sordo.

Y aún escucho con aceptable calidad para entender, me refiero a que no es una de mis taras más notables.

Ocurre solo cuando duermo durante el día. En el sueño nocturno y silencioso, raramente escucho en mis oídos ese silbido.

Mis oídos no están excesivamente estropeados.

No son acúfenos.

Ocurre que el mundo y yo nos rechazamos, más concretamente la humanidad y yo.

Y un otólogo no puede curar estas cosas.

Algo extraño se filtró entre la cópula de madre y padre, la que me concibió.

Y soy por tanto una mutación, un extraño entre la humanidad.

En algún momento, un espermatozoide y un óvulo se contaminaron y absorbieron algo ominoso, y el resultado es la aberración que soy.

De pequeño le decía a mi madre que oía crujidos en mis oídos. Mis dolores más frecuentes y temidos eran los de oídos, y lo son. De hecho, cualquier malestar o daño, repercute siempre en mis putas orejas. Una noche, muy adulto ya, dejé sangre en la almohada y no me extrañó, solo quería que dejara de doler de una puta vez. Y aquel silbido que no me dejaba escuchar mi propio pensamiento…

La humanidad provoca un rugido molesto y caníbal. Solo cuando me oculto en mi madriguera, consigo bajar el volumen a un agudo silbido.

Y loco no estoy porque identifico con absoluta nitidez los que deberían morir y los que no importa que sigan viviendo.

Solo la frecuencia de su voz me da paz, cuando ella habla, yo callo para que no deje de decir.

No son acúfenos, son ruidos reales que provocan los humanos en mí, es una infección.

Recuerdo el molesto eco de la voz de un sacerdote en la iglesia, cuando hice la primera comunión. A los sacerdotes les encanta la teatralidad de orar y demostrar que con su potente eco resonando en las paredes, tienen un trato directo con dios. Un par de veces que ya de mayor, inevitablemente he asistido a una misa, no han conseguido rebajar esa incómoda sensación acústica que sentí de niño.

Temo que si fuera sordo, serían mis ojos los que con aberraciones ópticas, pondrían de manifiesto mi rechazo a los humanos y sus cosas.

Del constante olor a mierda, ya reflexionaré en otro momento.

Y no estoy loco, solo cuando la follo y el único sonido que escucho es el líquido chapoteo de los sexos y los gemidos y jadeos; siento que pertenezco aquí a este lugar poblado de humanos, abarrotado, atestado, asfixiante…

Gracias a esta bella espécimen que amo sorda y únicamente, gozo de momentos de armonía. Lo que dura un polvo. Y he de reconocer que no soy un gran follador que bombea durante horas sin cesar. Es humillante confesar estas cosas, lo efímero que a veces puedo ser para lo mejor.

Alguien insistiría en que algo huele a podrido en Dinamarca cuando mira mi cerebro, está bien; psiquiatras y psicólogos necesitan ganar dinero, es lógico.

Hay ocasiones que imagino que ese silbido es la vida que se me está escapando por los poros de la piel, y cada vez con más caudal y presión.

Temo que un día la muerte haga sonar su trompeta pegada en mi oído para despertarme y sacarme de aquí.

Morir con el arrebato de un sórdido solo de trompeta…

Es bonito; pero una vergonzosa ingenuidad facilona y tonta por mi parte.

Todo son malas noticias.

No se me puede reprochar ser un odiador profesional.

No, no son acúfenos y unos audífonos lo empeoraría amplificando el ruido del mundo hasta lo insoportable.

Me pegaría un tiro.

Estoy seguro, de que si vivo lo suficiente para quedarme sordo, ese silbido lo seguiré escuchando. Ese chirrido que me provoca la cercanía de la humanidad.

Y ella tiene que hacer sus cosas, mi amor no puede estar ahí siempre protegiéndome y dándome paz. Por otra parte, soy muy orgulloso. No necesito ni quiero cuidados de nadie. Sé joderme con la boca cerrada, con cojones. Y si tiene que doler, que duela.

Necesito urgentemente unas vacaciones, apagar ya el sonido de la vida; con su conclusión lógica.

Acúfenos…

Y una mierda, estoy más sano que un pedo.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Exijo que se me haga daño

como descanso a lo mediocre.

Una sangría de sanguijuelas

chupando odio, mamando muerte.

Conozco tan bien qué sois

adonde os dirigís,

que nada me asombra

ya nada me emociona.

Estoy vacío y vomitar duele.

Hacedme todo el daño

que en verdad podáis.

Es tal mi hastío entre vosotros,

que el desprecio y el rencor

me mantienen vivo

dan presión a mis vasos capilares.

Soy una negra erección

un semen purulento.

Un puño amoratado, colapsado

unos dientes hieren el labio

del que gotea una baba feroz.

Vosotros me hacéis sufrir

y yo concentro ira.

Un odio tan potente

como para ennegrecer el sol

para hacer plaga en el planeta.

Y al final, no me engaño

carezco de importancia para

ser detestado u odiado.

No soy un idiota al uso,

como vosotros, míseros.

No soy ingenuo en mi hostilidad.

Me masturbo con pornográficas violaciones,

cuerdas que dividen coños,

que asfixian pezones que deseo morder.

Cera negra goteando en muslos de mujer…

Y unos dedos que se meten

en el meato de mi glande

y me duele, me duele, me duele…

Bostezo ante el dolor ajeno,

no sonrío por el recién nacido

si no ha salido de mi polla.

Soy un padre indecente.

No necesito que se me haga mal,

tan solo heridas que se infecten

y ser lepra que camina.

El mal no es dolor y

el dolor es refugio aquí.

Estoy abandonado…

Recito un salmo:

“Tu respiración es mi ofensa

tu asma mi esperanza”.

No necesito ser importante

o trascendente para odiar.

Tengo un pensamiento de póster:

“No deberíais haber nacido”.

Soy el desprecio cárnico.

Un Mesías atroz.

Y odio a todos los muertos

que piso, que odio

que me pudren…

Los que crearon esto que me infecta

cada día, cada segundo.

Cuando muera, cuando deje de ser

la humanidad respirará aliviada

sin saber porque.

Seré la ponzoña que infecte

lo que enterrasteis con dolor,

aun muerto cumpliré

con lo que mi naturaleza dicta.

Sin epitafios, porque no soy nadie.

No soy nadie.

No soy nadie.

Iconoclasta

La gente pacífica es muy peligrosa, desea dominar e imponerse a los demás con grandes movimientos ganaderos de cientos de miles de cabezas de ganado. Algo así como las voraces marabuntas o las plagas de langosta.
No, la gente pacífica no mata, aplasta ciegamente, sin entender bien el porqué. Y le comunica sus deseos a los sicarios de su dictador para que maten por ellos (mucho dueño de campos, aun hoy día lo es gracias a esta costumbre de conseguir algo lamiéndole el culo al dictador de turno o sus representantes, entregando las vidas envidiadas con mentiras o simplemente delatando para que los maten). De esta forma, con una hipocresía digna de caricatura, seguirán alardeando de su pacifismo (los ciudadanos ejemplares e integrados del nazismo, franquismo, falangismo, hinduismo o comunismo por ejemplo).
Tras la máscara pacífica se esconde la cobardía.
Hace falta gente decidida y auténticamente violenta que provoque una gran guerra identificando a los buenos y a los malos. Y sobre todo, que de una vez por todas, quede claro quien son los vencidos, si quedase alguno.
Además, es necesario renovar sangre, genética. Por ejemplo: los habitantes de los lugares más fríos suelen caer en profundas depresiones por una decadencia acomodaticia.
Los niños se manifiestan por banales razones, evitando así trabajar y sus lerdos padres los educan en el borreguismo.
La sociedad se ha colapsado y la ética, la dignidad y el esfuerzo, son temas oscuros que dan miedo en la población. Se han acostumbrado a las incruentas luchas de tuits y likes, banalizándose a sí mismos. O a los festivales musicales o congregaciones festivas para celebrar catástrofes, muertes y asesinatos.
Hay que mover el culo.
Y lo malo, solo se puede erradicar con violencia y muerte.
Yo apuesto a que ganarán los pacíficos, los hipócritas o malos siempre ganan.
Tras el periodo de guerra, los vencedores deberán luchar contra la pobreza, el hambre y la enfermedad; las guerras esquilman los recursos económicos.
Tranquilamente, alcanzar un nivel de bienestar parecido como el anterior a la guerra puede llevar treinta años y la pérdida de una cuantas generaciones. La guerra es la parte más escandalosa, lo bueno viene después. Como ocurre con las catástrofes nucleares.
Y entonces sí deberán trabajar con un par de cojones y llorar menos con su teléfono en la mano.
La debilidad y la cobardía no es algo de lo que nadie deba sentirse orgulloso.
Si algo pesa, uno se esfuerza por levantarlo, no se llora, no se publica un estado de mierda en una red social.
En la pacífica y mística India, comen mierda y se bañan en ella; llevan décadas haciéndolo. Es el precio a pagar por la cobardía del pacifismo, por el borreguismo de las castas inferiores.
Al ataque y que muera quien deba, que viva quien pueda…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.