Archivos para marzo, 2020

Te pienso y te necesito.
Te ansío más concretamente.
Te ansío y deseo besarte los cuatro labios.
Te deseo y se me pone dura, intento estrangular el flujo de sangre con el puño; pero sigo irremediablemente erecto. Me hechizaste en algún momento de los siglos.
Te adoro como diosa y me masturbo en un sacrificio de leche y carne.
Sin pudor, sin recato. Sin vergüenza…
Mis pornógrafas obscenidades son mi orgullo; mi privilegio de amarte.
Te amo y lloro por el semen que se enfría muriendo desamparado en mis pies.
Te sueño y deseo decirte todo esto al oído, como un susurro, como un roce de la pluma en el papel que erice tus pezones y haga dura la perla de tu divino coño.
Te sueño y no consigo emerger a la realidad.
Te necesito y es locura que anida en tu sexo rutilante.

Iconoclasta

La certera muerte, la relajante muerte, la necesaria muerte…
Pero sobre todo, la sincera muerte.
Dicen todos los políticos de la era de la peste del coronavirus, que la sociedad vencerá esta batalla, que la superará.
La muerte dice que ya hay miles que no la han superado. Y otros miles agonizan.
La muerte dice que mienten como bellacos.
Los que han muerto son esta sociedad, eran…
La muerte y su sinceridad humilla a los políticos, poderosos y supermillonarios. Se ríe de sus hipócritas arengas; de su banal oratoria de piedad.
Hay un tiempo para vivir y otro para admirar y meditar sobre las propiedades terapéuticas de la muerte.
Sobre todo si es ajena.
La muerte dice: lo que mal nació, mal morirá.
En los peores momentos no sale lo mejor del ser humano, solo cobardía y traición.
Y la muerte no es un viaje, morirán todos…

No existen palabras a grandes rasgos.

Si una palabra no es concreta se derrumba el pensamiento.

Mi pensamiento no es un gran rasgo, es una cuchilla que eviscera todo; es preciso hasta el dolor y la humillación.

La palabra existe para que defina la idea exacta, clara y sólidamente.

No hay grandes rasgos, solo grandes oscuridades, grandes ignorancias, grandes estupideces que pretenden esconderse tras la negligencia del supuesto de ambigüedad.

Si no tienes puta idea de lo que hablas, métete tus grandes rasgos por el culo.

Calientes seres que se desean desde sus soledades.
Sexos hambrientos, amores trágicos. Orgasmos silenciosos, esperma aguado con lágrimas, un monte de Venus que se contrae solo, cuasi abandonado a un orgasmo agotador.
La obscenidad es el camino.
Y no uno de putas rosas.

Me ha sorprendido hasta la náusea y escupir el café, esa mierda de virtudes que algunos políticos enumeran para vencer la peste, como la determinación, la tranquilidad, la solidaridad, el valor, la obediencia (cómo no) y: ¡LA HUMILDAD!
¿Para qué cojones meter a la humildad en un asunto de enfermedad, hijoputas?
¿Han descendido a tal grado de imbecilidad que ya no controlan lo que pregonan y su significado?
Pues ya pueden meterse en el culo la humildad contra la peste coronavirus; porque no le voy a rendir pleitesía de mierda. Gilipollas…
Políticos y otras bestias institucionales fuman demasiada marihuana.
O simplemente, en los malos momentos, es cuando se hace absolutamente evidente la imbecilidad y analfabetismo.

Muchos de los vecinos y ciudadanos de las ciudades y pueblos en cuarentena por la peste del coronavirus se convierten en los mismos miserables policías civiles voluntarios que, en otro tiempo delataban a sus paisanos amigos o no; para obtener un trato de favor, como una caricia de su amo en la cabeza, como ocurría en toda España durante el régimen franquista o cualquier otra dictadura de la historia humana elegida al azar
Gente repugnante a la que no les importa que encierren, arruinen o fusilen a inocentes que hacen y dicen lo que ellos no tienen valor.
El coronavirus es un perfecto marcador de puercos que desean recibir un hueso de su amo el presidente, el futuro presidente o el futuro dictador de turno.
La presencia de estos colaboracionistas del fascismo y el asesinato institucional, al igual que el bíblico judío errante, está siempre presente en todas las eras y sociedades.
Son junto con las ratas, lo más numeroso en todos los núcleos urbanos.
Si el coronaviurs consigue extinguir a todos estos hijos de puta colaboracionistas con complejo de ciudadano ejemplar; bienvenido sea y que siga infectando hasta que todos mueran. Hasta que no quede ni uno de esos ciudadanos ejemplares que sujetan con obscena envidia y deseos de ser felicitados, su teléfono móvil de mierda para grabar, delatar y denunciar a gente que es mucho más valiosa que ellos y sus hijos, mezquinos ciudadanos ejemplares.
Y por otra parte, me encanta follar (con mujeres. Que nadie se crea que todo lo que ve o lee hoy día, es maricón) haya o no cuarentena de mierda.

Iconoclasta

¿Qué harías con una libreta llena de ideas en la que ya no caben más?
Pues si no tienes ni una miserable caja o un cajón en casa para guardarla, te la puedes meter por el culo.
¡Qué ganas de buscar problemas a todo!

– ¿Adónde vas?

– Adonde mueren las cosas.

– ¿Eres cosa?

– Cualquier cosa es cosa.

– ¿Y por qué ir para morir?

– Soy impaciente. Y morir es íntimo, más que follar.

– ¿Qué ocurre si te ven morir?

– Es patético, haces ruidos, caras raras, cosas indignas. Es humillante.

– Los seres humanos quieren morir con el consuelo de los que aman.

– Yo no soy esas cosas.

– Es triste morir solo.

– No. Yo soy un triste sin tristezas en esta cuestión.

– ¿De verdad no temes caminar hacia la muerte?

– Temo al dolor, si no duele está bien.

– ¿Qué esperas tras morir?

– Una mamada.

– ¿No extrañarás nada?

– Las mamadas. ¿De verdad no entiendes qué es morir?

– Estás deprimido.

– La vejez y sus consecuencias no es depresión, es lógica.

– ¿Cómo crees que será morir?

– Dormir, una asfixia y luego descomposición.

– No es agradable,  no se puede vivir con eso.

– Por eso voy donde mueren las cosas.

– ¿Puedo ir contigo?

– ¿Sabes lo que significa intimidad, cosa?

– Solo hasta las puertas, no entraré. Quiero saber.

– Si llegas a las puertas, estás muerto. Lo que ocurre en muerte, se queda en muerte. ¿Hueles? Ya empiezo a descomponerme.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Ya hay unos cuantos políticos infectados de coronavirus en el mundo, la apuesta es: ¿Cuál morirá antes?
Siempre hace falta un mártir en toda causa.
Y mejor un político, para eso están, para morir con honores. Además, en toda película siempre ha de morir un malo para dar más interés a la trama. No solo la han de palmar inocentes, sería aburrido.

No se les puede decapitar sin que se derrame la sangre por el suelo. O salpique la ropa y zapatos.
Y ese hedor, cuando se acumulan más de tres cabezas, evoca el de un matadero de cerdos.
No entiendo cómo pudieron soportar tanta mierda en la cacareada Revolución Francesa.
La chusma siempre se ha sentido como cerdo en el barro cuando de espectáculos sangrientos se trata. Margaritas a los cerdos… Literal.