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Es habitual que al despertar de la siesta escuche un silbido, como el de una tubería dejando escapar por un poro fluido a presión.

Con más precisión se asemeja al chirrido de acoplamiento que hace un altavoz cuando se acerca demasiado un micrófono.

Dicen que estos ruidos, son acúfenos y suelen ser síntoma de sordera. Sin embargo, hacerse viejo es hacerse sordo.

Y aún escucho con aceptable calidad para entender, me refiero a que no es una de mis taras más notables.

Ocurre solo cuando duermo durante el día. En el sueño nocturno y silencioso, raramente escucho en mis oídos ese silbido.

Mis oídos no están excesivamente estropeados.

No son acúfenos.

Ocurre que el mundo y yo nos rechazamos, más concretamente la humanidad y yo.

Y un otólogo no puede curar estas cosas.

Algo extraño se filtró entre la cópula de madre y padre, la que me concibió.

Y soy por tanto una mutación, un extraño entre la humanidad.

En algún momento, un espermatozoide y un óvulo se contaminaron y absorbieron algo ominoso, y el resultado es la aberración que soy.

De pequeño le decía a mi madre que oía crujidos en mis oídos. Mis dolores más frecuentes y temidos eran los de oídos, y lo son. De hecho, cualquier malestar o daño, repercute siempre en mis putas orejas. Una noche, muy adulto ya, dejé sangre en la almohada y no me extrañó, solo quería que dejara de doler de una puta vez. Y aquel silbido que no me dejaba escuchar mi propio pensamiento…

La humanidad provoca un rugido molesto y caníbal. Solo cuando me oculto en mi madriguera, consigo bajar el volumen a un agudo silbido.

Y loco no estoy porque identifico con absoluta nitidez los que deberían morir y los que no importa que sigan viviendo.

Solo la frecuencia de su voz me da paz, cuando ella habla, yo callo para que no deje de decir.

No son acúfenos, son ruidos reales que provocan los humanos en mí, es una infección.

Recuerdo el molesto eco de la voz de un sacerdote en la iglesia, cuando hice la primera comunión. A los sacerdotes les encanta la teatralidad de orar y demostrar que con su potente eco resonando en las paredes, tienen un trato directo con dios. Un par de veces que ya de mayor, inevitablemente he asistido a una misa, no han conseguido rebajar esa incómoda sensación acústica que sentí de niño.

Temo que si fuera sordo, serían mis ojos los que con aberraciones ópticas, pondrían de manifiesto mi rechazo a los humanos y sus cosas.

Del constante olor a mierda, ya reflexionaré en otro momento.

Y no estoy loco, solo cuando la follo y el único sonido que escucho es el líquido chapoteo de los sexos y los gemidos y jadeos; siento que pertenezco aquí a este lugar poblado de humanos, abarrotado, atestado, asfixiante…

Gracias a esta bella espécimen que amo sorda y únicamente, gozo de momentos de armonía. Lo que dura un polvo. Y he de reconocer que no soy un gran follador que bombea durante horas sin cesar. Es humillante confesar estas cosas, lo efímero que a veces puedo ser para lo mejor.

Alguien insistiría en que algo huele a podrido en Dinamarca cuando mira mi cerebro, está bien; psiquiatras y psicólogos necesitan ganar dinero, es lógico.

Hay ocasiones que imagino que ese silbido es la vida que se me está escapando por los poros de la piel, y cada vez con más caudal y presión.

Temo que un día la muerte haga sonar su trompeta pegada en mi oído para despertarme y sacarme de aquí.

Morir con el arrebato de un sórdido solo de trompeta…

Es bonito; pero una vergonzosa ingenuidad facilona y tonta por mi parte.

Todo son malas noticias.

No se me puede reprochar ser un odiador profesional.

No, no son acúfenos y unos audífonos lo empeoraría amplificando el ruido del mundo hasta lo insoportable.

Me pegaría un tiro.

Estoy seguro, de que si vivo lo suficiente para quedarme sordo, ese silbido lo seguiré escuchando. Ese chirrido que me provoca la cercanía de la humanidad.

Y ella tiene que hacer sus cosas, mi amor no puede estar ahí siempre protegiéndome y dándome paz. Por otra parte, soy muy orgulloso. No necesito ni quiero cuidados de nadie. Sé joderme con la boca cerrada, con cojones. Y si tiene que doler, que duela.

Necesito urgentemente unas vacaciones, apagar ya el sonido de la vida; con su conclusión lógica.

Acúfenos…

Y una mierda, estoy más sano que un pedo.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

La Reina de Barcelona, su Majestad la Colau, ha dictado orden de multar, cazar y capturar los patinetes eléctricos y los perezosos que van encima, ya que son más fáciles de denunciar, multar, e inmovilizar que los ladrones violentos homicidas y traficantes de drogas. Incluso molestan más que esos vendedores africanos tan morenos y negros que venden gafas, bolsos, carteras y paraguas de grandes marcas a precio de estiércol. No tan barato resulta cuando no les puedes dar un solo uso, tampoco seáis tan ingenuos de pensar que solo pagáis “marca” por un bolso caro.
Por lo visto los patinetes son muy grandes, ocupan mucho espacio y sobre todo, le hacen la competencia a la mierda de transporte público barcelonés. Pero lo que es peor: son agresivos, sus ruedas tienen cuchillas que amputan los pies de los peatones. De ahí ese chorro de multas que ha puesto la guardia mora de Colau.
Es su feudo y tiene derecho a llevar su puto reino como le salga del coño.
Luego dicen del buen talante antimonárquico, democrático y liberal de Unidas Podemos, la bondad de sus medios machos, de sus curtidas mujeres y otros satélites asociados.

Pues yo siempre he pensado que este símbolo, por su estilo era la marca de una ganadería de toros como los vitorinos o los miuras.
Y ahora me entero de que se trata del víctor franquista (cosa que no sabía que existiera, no soy de naturaleza fetichista ni religiosa).
Bueno, tampoco iba muy descaminado, está relacionado con las bestias, al menos con las porcinas.
Que me disculpen las bestias ganaderas y de corral por la confusión, puedo imaginar lo deprimente que es ser marcado como un marrano franquista.
No es que sea inculto, es que soy tan introspectivo y estoy mentalmente tan lejos de la sociedad, que es lógico que estas confusiones hagan inesperadamente mis días más jocosos.
Soy lo que rima con joya de divertido e instructivo.

No identifica el porqué de esa extraña y dulce melancolía envuelta en una gasa ensangrentada de esperanza por algo indefinido.
Por fin se da cuenta de que camina por los alrededores del centro veterinario donde llevó a su compañero antes de saber que moriría. No podía imaginar que se iniciaba el descenso a la imparable muerte.
A veces ocurre que la tristeza se encapsula en el tiempo, y permanece intacta al desgaste.
Debería extirpársela con una navaja de afeitar, por el cuello; se dice sin darse cuenta de que su puño está cerrado con fuerza.
Es desgarrador visitar el último lugar donde empezó a acabarse la vida. Y por alguna razón sus pies lo llevan allá.
Tal vez en su dolor hay una esperanza ingenua, deliberadamente inocente para conjurar esa densa tristeza: pudiera ser que su compañero se hubiera perdido y se encontraran en el último lugar donde aún no había tragedia.
Y llevarlo consigo de nuevo a casa.
No deberían doler tanto los seres tan pequeños. Es ilegal.
Apenas pesaba cuatro kilos.
Y tanta tristeza provocando interferencias líquidas en su campo de visión…
Algo no está bien en el planeta. Las desmesuras de la tristeza y la fatalidad son absolutamente desproporcionadas a su propio peso. A su importancia como ser humano. Es un mediocre y sus padecimientos deberían serlo también, no estas toneladas que caen encima de su ánimo y le aplastan los latidos del corazón haciéndole pensar que morir es una buena forma de salir de esta opresión asfixiante.
El dolor de los que amas y mueren es tan profundo que no llega ningún consuelo a él; se queda entre las entrañas pulsando como una infección caliente con su triste radiactividad que hace mierda cualquier sonrisa y perder el control de la inmutabilidad.
Malditas estas putas ganas de llorar…
¿Y ahora cuál será la próxima, hijo puta? Piensa mirando al suelo, más allá de la basura que hay en él. Más profundo. No busca, solo odia hacia abajo porque el peso de esa pequeña tristeza no le permite mirar al cielo.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Sin un rostro no soy nada, no soy nadie. Solo un error genético.
Un espécimen que se extinguirá sin dejar rastro de su existencia.
Sin rostro hay una libertad salvaje, cruel y absoluta.
Sin cara no hay escrúpulos, ni vergüenzas, ni temor, no hay humanidad.
Follarte sin mirarte, penetrarte abominablemente y no amarte con todo el daño que conlleva. Hundir mi cabeza sin rostro entre tus muslos y estremecerme en tu coño como una abominación hambrienta en la oscuridad de mis instintos atávicos.
Incapaz de decir que te amo, mi puta.
No obedecer o sentir el peso de precepto o moral alguna. Eyacular en tu piel y que se deslice el semen derramándose en la tierra, sobre las bocas abiertas en los rostros sin carne de los muertos.
Muertos que tardan demasiado en serlo.
¿Sabes que hay muertos tan estúpidos que se lamentan de cierta dificultad para respirar? Dicen que sienten un asma.
Los muertos suelen tardar demasiado tiempo en serlo, y cuando lo son, están confundidos. Si tuviera rostro, se me escaparía una risa inconsolable.
Soy feroz.
Soy una bestia indescriptible, sin rostro soy invisible.
Nunca he soñado con buscar curas para enfermedades y dolores, para el hambre, la sed, la pobreza, la imbecilidad, la cobardía o la envidia.
Con rostro me parecía bien y ahora, perfecto que exista todo eso entre los humanos.
No quiero intervenir en nada, no quiero modificar ninguna miseria.
No espero salvación para mí, para nadie.
Me muevo con comodidad entre el sufrimiento, el dolor y la mortificación ajena.
Mientras mueren o sufren, solo pretendo amarte silenciosa y sigilosamente, sin rostro, sin miradas que delaten lo mierda que soy. Me basta sentirte como un aire fresco en mi piel.
No soy gracioso, no soy ingenioso, no soy risa, ni siquiera un llanto de hastío en un lugar solitario. Sin rostro soy nada y soy superior a todo lo que me rodea. Soy la complejidad indefinible, una angustia filosófica y teológica.
Soy la plena aceptación de la muerte y sus consecuencias y la decidida voluntad de sentir soberbia por ello.
Tal vez sea el primer paso de mi desintegración al fin.
Se borrará todo de mí con el paso de los días en una muerte inhumana y única.
Mientras eso ocurre y la humanidad sufre, solo quiero estar contigo, en algún rincón donde no te moleste. Y cuando lo necesites tomes mis manos que aún no han desaparecido y las lleves a tu coño, pidiéndome follarte tan desesperada como silenciosamente. Sobre los muertos y ante los humanos que sufren y mueren o ríen su imbecilidad.
Antes de que el amor se borre también, cielo.
Por favor…

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Claro, es por culpa de hombres y mujeres que llevan relojes y bolsos por los que hay asesinatos y palizas y tráfico de drogas.
Si ningún turista o ciudadano llevara reloj o bolso (ejemplo asqueroso de ser un burgués de mierda), no sería robado, apalizado y asesinado.
Y todo es por molestar a la Ada en sus vacaciones señoriales.
¿No es enternecedora la hipocresía de la alcaldesa de Barcelona DF, ciudad hermanada cultural y delictivamente con Ciudad de México?

La ciencia de la complejidad se basa en una nueva forma de ver las cosas que contrasta bastante con la filosofía que subyace a la ciencia newtoniana, que fundamentalmente se basa en el reduccionismo, el determinismo y el conocimiento objetivo.

Y ahora espera mi respuesta…
Estoy desesperado, no encuentro ninguna frase en google que haga creíble que lo he entendido.

Es maravilloso, es mágico escuchar el paranoide y metafísico ritmo de Talking Heads en su Seen and Not Seen; hablar sin pudor a tu coño y lamerlo. Y en una de tus contracciones de placer, detenerme para explicarte las tantas idioteces que he visto y leído, mientras tu respiración es obscenidad pura.
Succionaría tu clítoris con profundidad como el ritmo de Visto y no visto con el que los Talking hacen mierda mi piedad y cordura si las tuviera.
Y con los labios de tu coño entre mis dientes hambrientos, te diría que a veces sueño con diseccionar un bebé humano para arrancar la repugnante rata que es su génesis profunda y real.
Luego, con la picha muy dura y el glande brillante por tanta insania, me metería en ti con unas lágrimas casuales. Te preguntaría con el rabo empapado de tu coño y chapoteando en tu fluido: ¿Si no eres puta cómo me soportas?
Y apagaría el cigarrillo en el retrato de mi hijo muerto que está tumbado en la mesilla, mirando al techo con aburrimiento.
Observaría con rostro imbécil como escupes mi semen por la raja del coño y rezaría una ave puta maría rascándome el culo.
Así visto y no visto, como la puta canción que esponja indoloramente mis sesos.
Talking Heads, hace ya rato que han enmudecido espantados por tanta miseria que hay en mis cojones o en mi cerebro. No acabo de distinguir.
Si algo te queda de mi leche en tu coño y te deja preñada, no me lo digas, deja que la rata haga su trabajo. ¡Ja!
Es un chiste, es tan solo ese sarcasmo de los que no tendríamos que haber nacido jamás.
Visto y no visto…
Y una mierda, todo es lento hasta la exasperación, nada concluye jamás.
Me cago en dios…

Iconoclasta

¿Y por qué no han colocado medias sombrillas en la valla fronteriza? ¿Para que los niños se desequen y den más lástima?
¿Quién le ha regalado el título de profesor a este genio?
Y los niños y sus progenitores, son tontos del culo. Como si no hubiera espacio en el planeta…
Bueno, un profe universitario tonto y unos niños tontos resultan una conmovedora estupidez.
Una nueva ONG ha nacido: Columpios for freedom.
No jodas…
Los cerebros humanos se han secado antes de su extinción. Han tenido suerte, así irán anestesiados y felizmente lobotomizados a la muerte.