Archivos de la categoría ‘fotografía’

No puedo habituarme a pesar de los años que llevo de condena en el planeta.
La gracia del cambio de horario de invierno/verano (gracia para el estado/dios o gobierno) no radica en el ahorro energético, si no en el evangelio que transmite a las reses humanas que somete: el estado/dios es quien decreta cuándo y sale o se pone el sol.
Y las más que amaestradas, castradas reses humanas en la granjas-ciudades donde se crían, engordan y explotan así lo asimilan; con el fatalismo y la indolencia propia de los animales nacidos en cautividad y condenados hasta la muerte a ella.
El cambio de horario es simplemente un recordatorio disciplinario, que no olviden nunca las bestias humanas sometidas al estado/dios, quién manda sobre sus pequeños y limitados horizontes, noches y días.
En definitiva, una pornográfica ostentación del poder político-religioso sobre los días y las noches y sus grises y ajados contribuyentes.
Es lógica toda narcosis o drogadicción para vivir en cautividad con la puya del estado/dios clavada en la chepa cada día, sin esperanza de volver a ser humanos dignos.
Así que mañana será un despertar más oscuro (a efectos de la explotación ganadera de humanos) porque los puercos en el poder cebados por nosotros, así lo decretan.
Entre orondos cerdos y tristes vacas pasan los inviernos y veranos…
Lo del “ahorro energético” sólo se lo pueden creer las bestias humanas más castradas y serviles.
¡Qué puta mierda!

Foto de Iconoclasta.

Nube fuelle o acordeón.
No sé para qué sirve esta chingadera.
Dicen que la naturaleza es sabia. Yo digo que sólo es aleatoria.
Psé…

Foto de Iconoclasta.

Me asusta Murf cuando lo observo pensativo.
Me asusta cuando comprendo con un vértigo su ancestral y pura sabiduría milenaria. Su naturaleza pura e inviolada.
No como la mía, castrada e imbécil.
Lo quiero más que a mi puta vida.
Pierdo dos latidos del corazón ante la posibilidad que un día pudiera morir y abandonarme a mi solitaria y anodina idiocia.
Si dios existiera y yo fuera crédulo, le rezaría algunas jaculatorias para que me matara antes que a él.
Murf no me necesita, es pleno y sabio. Es de naturaleza libre y autónoma.
Cuando lo observo ensimismado en su pensamiento, su grandeza es aplastante como la ternura que desata en mí.
Soy un mierda, no tengo nada que mostrarle.
Jamás seré una pérdida.
Él sí.
Mi hijaputa pérdida.
No quiero sobrevivirlo. Sin él perdería el contacto y concepto de la libertad y sabiduría innata.
El conocimiento es sólo un maquillaje hortera que cubre la soriasis de las incapacidades e imposibilidades de los que hemos nacido en cautividad, en las ciudades y bajo las leyes que nos convierten en cerdos de granja revolcándose en su mierda con indolencia.
Y si dios existiera… Bueno, ningún dios/muñeco tiene poder sobre Murf; su sabiduría rechaza toda superstición humana.
Toda piojosa mentira.
A lo sumo, Murf es poesía orgánica.

El silencio es el canto de las aves en la fronda del bosque, el berrido de los ciervos, el chillido del águila, los ronquidos del jabalí, el graznido de la grulla volando a ras del agua, el parpeo malhumorado de los patos que me hace sonreír, como el graznido siempre irritado de los gamberros cuervos que en pandilla toman el sol en los prados.
Como silencio es la viscosa y líquida descomposición de un cadáver humano olvidado entre la hojarasca, fertilizando o infectando la tierra con sus miasmas.
Silencio es el rumor de un río que limpia el aire de toda injerencia sónica humana haciéndote libre y único.
El silencio es el deseo de que callen los mezquinos de una vez por todas. No importa la causa, si por muerte o lejanía. Porque en silencio afirmo que no importa que vivan o mueran, sólo necesito que enmudezcan.
Silencio es el crepitar de mi cigarrillo cuando deambulo por el cementerio, una isla de bendita soledad.
El silencio es ella clavando sus uñas en mi piel mientras la embisto y se corre.
El silencio es mi leche rezumando entre los pliegues de su coño y las respiraciones agitadas tras el supremo follar.
En silencio temo perderla y clavo las uñas en mi puta polla laxa para conjurar la angustia.
El silencio es el íntimo llanto por los amados muertos.
Silenciosa es mi vergüenza de haber nacido en cautividad, en una ciudad, en una granja de explotación humana. Y mi pensamiento es un silencio atronador pleno de odio y frustración ante lo establecido mucho antes de que fuera escupido por el coño de madre.
Silencio es la sagrada y reparadora violencia y las manos goteando sangre ajena y propia.
Silencio es observar al enemigo abatido y sonreír: mejor él que yo.
Porque la voz es cobardía y dependencia del enjambre y su reina, su jodida reina, su puta reina, su repugnante reina.
La hija puta reina mal follada que dice quién vive y muere.
El silencio es libertad y unicidad.

Foto de Iconoclasta.

La luna ha finalizado su turno de noche y ahora se muestra nueva y relajada.
Templada y cálida. Satisfecha.
La puta más bella del Sistema Solar.
Una sonrisa de amante en el azul. Una sonrisa a nadie…
Coqueta se deja bañar por el sol y templa las pasiones nocturnas.
La luna es como ella, la que me esclaviza con amor y deseo, con ternura y determinación. Con pasión inmisericorde me monta con los cuatro labios húmedos y los pezones empapados de mi baba animal, de amor sin cerebro. De ansia sin control.
Debe sentirse la luna cansada de las frías noches que la desnudan en su brillo metálico ante los ojos que habitan el planeta: lunáticos, trágicos, románticos, asesinos, licántropos, vampiros, astrónomos, brujos y depresivos. De vez en cuando un solitario anodino que no piensa en sus misterios, sino en su sencillez, en su belleza sin más.
Un cojo dolorido que al admirarla, piensa que al final vale la pena vivir un poco más.
Es un movimiento planetario precioso cuando surge de día.
Cuando ella se derrumba convulsa por el placer sobre mi pecho y su cabello en mi rostro.
Inspira ternura y paz verla de día, apareciendo sin ser necesario.
Porque las noches son duras y solitarias y podría no salir.
Ojalá que nunca lo haga.
El amor nocturno es de luz gélida y sombras misteriosas. Pasión en penumbra, acechante…
De día el amor nuevo es una sonrisa, un te quiero sereno antes de separarnos para trabajar. Un beso tan cálido que borra los malos augurios e incertidumbres del día.
Te engaña tiernamente… No puede hacer daño.
Si de noche la deseas y la follas con un amor desatado, salvaje y ávido; de día le tomas la mano y paseas con ella y no quieres más que seguir escuchándola, sintiéndola táctil. Compartiendo el aire en el mismo momento.
Es como follarle el alma…
La luna es como ella. Una ternura y un amor sencillo y sereno. Y al despertar compartimos café y tabaco y unas sonrisas satisfechas, algún gruñido porque la vida es muy puta; pero lo más hermoso es ese silencio amable que no estropea los sonidos del amanecer y su mar.
Yo no soy una luna, no sé cómo un ser menor como yo ha tenido el privilegio de ser parte de sus lunas llenas y nuevas.
No puedo evitar que me preocupe que un día mi amor de lunas se dé cuenta de que no soy suficiente, de que no soy nada.
No soy nadie.
Sólo un microbio bajo la tierna presencia de la luna nueva, tan inaccesible y tan letal.
Tan presumida y provocadoramente indiferente a quién vive y muere.

Foto de Iconoclasta.

No quisiera echar de menos una vez muerto mi caos silencioso e íntimo.
La muerte es la extinción de la conciencia.
Nadie flota, nadie trasciende. Nadie se comunica o manifiesta.
Es la gracia de los muertos.
Me irritan los que dicen estúpida e infantilmente que tras la muerte hay otra vida. Sería insufrible ser conciencia sin poder volver a mi táctil caos de soledad, letras, café, tabaco y pensamientos intangibles; pero ante todo, no volver a decirle cosas y acariciar a mi compañero Murf que añade una paz y belleza de nata montada a mi íntima existencia.
Es un merengue de silenciosa ternura y analítica mirada.
Odio que alguien adultere la muerte adaptándola a su cobardía innata. Es tan precisa y clara a pesar de la oscuridad que trae…
Cuando algo es sencillo y natural surgen pervertidos y cobardes arribistas que lo corrompen.
No quiero que hagan eso con la muerte, no con la mía.
Puercos…
Y quiero morir antes que Murf, me niego a ver a otro ser amado pudrirse mientras aún respiro.
Quiero salir el primero de aquí y ahorrarme las desgarradoras tristezas que añadirán al acto de morir desolación en lugar de paz.
Así será cuando ocurra: en la foto él mirando una mesa vacía y el café por acabar.
Mejor él en la foto que yo.
Memento mori…
Y que muera la conciencia de una vez por todas, sin más tristezas.
Que morir no sea un llanto de tristeza, sólo de dolor y miedo.
Los míos.

Foto de Iconoclasta.

No es verdad que la letra con sangre entra. Con la sangre lo único que entra es la infección, la ira y su violencia.
Por mucho que me hicieron “sangrar” en la escuela no consiguieron que en mi torrente sanguíneo se metiera uno solo de sus piojosos dogmas.
Sin embargo, que la sangre escribe letras y da color a la pluma entre mis dedos, no es un fascismo o una brujería.
Creo en la sangre que sale por un dolor y en la sangre que escribe y describe el dolor y una libertad salvaje.
Creo en lo que escribo con sangre permanente que el viento no puede llevarse, como creo en el hambre de aquel coño amado mil veces lamido y follado.

Foto de Iconoclasta.