Ya han llegado recién salidas de una fábrica de algún lugar desconocido del profundo cielo. Son perfectas. Fabricadas con precisas láminas cortadas con láser, se puede observar los estratos que les dan espesor. Diseñadas y cinceladas en el cielo con la precisión de un artista cirujano. Programadas como hermosas y altas amenazas. Carecen de la entropía voluble de las nubes cálidas. No hay sorpresas con ellas, están diseñadas para ser inconfundibles y de una mayor dureza; ya que cuando el viento las arrastra resisten el proceso típico que las banales nubes de verano no pueden combatir: el deshilachado. Y durante horas y grandes distancias mantienen su característica silueta endurecida con frío. Y por ello no son banales, advierten del infierno invernal. Otra vez… No se parecen a nada más que a sí mismas. No son moldeables como las nubes del calor con las que se puede jugar a dar formas. Con el frío no se juega, condenará quién vive y quien muere para la próxima primavera. Anuncian la nueva campaña de la lucha de todos los seres vivos por mantener el calor corporal, especialmente cruenta en alta montaña. Soportar tantos meses el cansancio del organismo por preservar el calor vital… Las nubes del frío silenciosas y agresivas inauguran ineluctable y oficialmente las nuevas olimpiadas de la vida y la muerte, como naves cargadas de aciagos presagios y desesperanzas inevitables.
No sólo es ético, sino perentorio devolver el mal que se me ha hecho sufrir. Si hubiese inocentes que tuvieran que pagar la ira de la venganza, bueno… Yo también fui inocente.
«En la traducción, que leo en la cama, del latín al castellano, hecha por Fabié, del viaje del noble bohemio León de Rosmithal de Blatma por España y Portugal en 1466, se lee (pág. 150), lo que transcribo: «No sé qué otra cosa cuente de esta provincia (Cataluña) sino que los que la habitan son los más pérfidos y malvados de los hombres, y tales como no los hay en ninguna tierra. Tres provincias de infieles recorrimos, bárbaros, sarracenos y granacerenos y entre ellos estuvimos más seguros que entre los catalanes».
(De «El cuaderno gris» de Josep Pla).
¡Jajajajaja jajajaaja jajajajaja jajajaja! ¡Ah! No puedo parar de reír… Echo de menos a este gran buscador de tesoros e insigne fumador: Josep Pla.
Un xilófono de madera y agua, íntimo y sereno. Un goteo en el corazón que palpita lento siguiendo el ritmo de la lluvia en mi sombrero, en mi rostro cuando lo enfrento a las nubes, en mis labios que la beben. El silencio del bosque lluvioso es atronador y apaga los sonidos de las lejanas carreteras, incluso las campanadas de la iglesia parecen retroceder ante la frondosa muralla silenciosa. Los animales mojados y fríos guardan sereno silencio esperando unos rayos de sol que les temple pelaje y plumaje. Y así, el ánimo. Un bosque lluvioso es la misma intimidad inviolable con la que se ama. Con el melancólico temor de perder el amor como las gotas de agua se hunden en la tierra. De una forma instintiva intentas cobijarlo entre los brazos porque es tesoro y calor. La lluvia en el bosque no es una alegría, es una reflexión de la vida que no es cuestión de belleza, fascina el coraje de los seres, sus dramas y luchas. Y si no luchas, no te mojas, eres estatua; una talla accidental en el bosque. Aún gotean las ramas a pesar de que ha cesado la lluvia. La penumbra lucha silente contra la luz del sol que el lento gotear de las hojas anuncia como tamborileros derrotados. Lucha contra la luz que descubre los secretos y las vidas exponiéndolas al cazador y la envidia aplastando la preciosa y deliciosa intimidad. El silencio del bosque es refugio y la compañía cómplice de seres ocultos que no obedecen a nada más que a su naturaleza. No hay discusión y sólo la muerte zanjará alguna duda al respecto. Caen las gotas sin orden ni concierto, con la aleatoriedad de la gravedad, con un destino ineludible como lo es amarte aquí, en mi refugio y capilla erigida a ti entre mi ropa calada. No sé si soy una azarosa y anodina metáfora de la naturaleza y sus leyes no escritas. Un mirlo que se moja lentamente entre la fronda de un árbol esperando la luz, a ti… Comprendo con una lucidez delicuescente que este silencio es el universo que la mayor parte de nuestra vida nos es vedado porque es peligroso experimentar la dulzura y la determinación de la libertad. Podrías querer más… Es la quintaesencia de la libertad: puedes dejar tu refugio entre las ramas y empaparte hasta la extenuación sin que nadie tenga una ley con la que extorsionarte por ello. El silencio del bosque no es para los seres humanos nacidos en cautividad, en las ciudades. Es para los que aman sinceramente, sin necesidades ni pactos sociales. Aman sin legislación vigente, salvajemente; como está prohibido y condenado. El bosque silencioso y lluvioso es el reducto de la anarquía serena y valiente, sin histriónicas hipocresías, sin marcas a batir ante nadie. Vivir no es una carrera, no es competición; es mucho más trascendente, una lucha entre tú y el planeta, para ganar basta no llorar ante una lluvia y tener un valor mínimo. Ganas por cada bocanada de aire que respiras, mueres con el último latido. Y todos sabemos que la banca siempre gana, no es un drama cuando los animales más pequeños del bosque no se preocupan por ello. Hay cosas básicas que aprender en el bosque lluvioso esperando los rayos confortadores del sol: forjar el coraje y la voluntad. Y esperar el canto alegre del mirlo que anuncia la luz, el primero que sale a chapotear en las sendas.
Amar no es un arte, no es técnica, no es cultura. Es un instinto puro y todo consejo o injerencia lo pudrirá. No es psicología y es inexperiencia. Bendita aventura… Puede haber varios amores a lo largo de la vida; pero por mucho que digan, por mucho que juren, no pueden compartir el mismo tiempo y espacio. Un amor debe morir para dejar paso a otro. Es la exclusividad absoluta la que hace del amor esa fuerza arrolladora. Es su esencia, su naturaleza única y primaria. Cualquier otra versión es sofisma de frustrados. Una cobarde e infantil degeneración vacía de pasión. Un follar gratis y conveniente.
Soy una bestia que una vez ha comido, piensa en follar y dormita con la polla dura. No es alarde, sólo un hecho ordinario escrito con deliberada y estudiada obscenidad. Lo único anómalo es la palabra tosca y la indecente imagen que suscita. Si no puedes con ellos, no te unas. Incomódalos, por decir poco, por decir lo mínimo.
No sé por qué; pero me resulta más fácil pronunciar malevolencia que benevolencia. Será que benevolencia ya está en desuso y no tiene sentido pronunciarla, ni siquiera como ejercicio de logopedia. Además, el narco estado español le ha decretado a la Real Academia Española que borre eso de benevolencia y a servilismo le añada la definición que se ha quedado huérfana de voz. A mí me parecía la extinta benevolencia, la más escalofriante palabra porque con suma facilidad se puede articular la b como una p (por error o malicia); cosa que me haría escupir aterrorizado ante la inefable posibilidad de semejante cosa en mi boca. Sí, servilismo es más fácil de articular que benevolencia. Y en este momento, servilismo surge por los labios suave e inevitablemente a cada instante. Aun así, insisto: la reina sigue siendo malevolencia, su primera sílaba es tan voluptuosa y refrescante…
Pienso que soy un fenómeno del planeta. Que te amo como los rayos caen en la tierra, con una fulgurante pasión. Soy un efecto atmosférico, un movimiento telúrico a tu alrededor. Hay tantos seres humanos en el planeta que me parece increíble haber caído tan fulgurantemente enamorado frente a ti, lo más bello. No ha sido por voluntad o inteligencia intuitiva, sino por un azar. Y seamos sinceros, tampoco es un azar… De hecho, tengo la certeza de que me creaste de la nada, soy tu creación de memoria difusa y riges mi azar. Me creaste hombre para amarte desde el primer hálito de mi vida. Mis recuerdos de la infancia son tan difusos y débiles que me resultan ajenos y cada día que pasa se diluyen en la lluvia hasta casi desaparecer. Y tú tan desesperadamente sólida… No consigo recordar el rostro de mi madre; pero recuerdo el brillo de sus ojos cuando me miraba. En la infancia las cosas simples y sinceras quedan fuertemente grabadas en la memoria porque no requieren discusión ni aprendizaje. Sólo mirar y sentir… Pero aquel niño no era yo, es un recuerdo ajeno que también creaste para que me sintiera humano. Un recuerdo difuso como un sueño que se deshace al despertar, como la voluta de humo que se expande en el aire hasta desaparecer. No es un recuerdo sólido como yo cuando lluevo sobre ti y me encharco en tu ombligo para derramarme por tu vientre y bajar como un torrente a los muslos y a tus labios mudos que sufren espasmos de placer como los de tu boca entreabiertos. ¿Y si soy una ilusión tuya qué, como el aleteo de una mariposa, se convierte en algo más grande? En tu placer, en tu mirada de amor indiscutible que queda grabada en la memoria como la del niño que no fui. Tú eres el planeta y yo tu clima, tu consecuencia. Este pensamiento es el tuyo. Eres la todopoderosa creadora y yo tu Frankenstein ectoplásmico, una consecuencia de ti. Una aleatoriedad en tu red neuronal que es la réplica exacta del cosmos. Amar es una voluntad y yo no puedo elegir. Unas veces soy marea y no tengo control de mi agua que te baña. Otras soy el viento que le arranca palabras y lujurias a los árboles que se inclinan ante ti. Ni siquiera me importa si me quieres, mi fin último es ser tu atmósfera, recubrir tus dedos cuando a solas te tocas y, tan abiertas tus piernas, asistir al parto de tu orgasmo entre gemidos que arquean tu belleza en una coreografía que desatará una tormenta. Puedo ser la lágrima de un tristeza que tu vida desborda. Lo abstracto puede ser inenarrable y la multi forma es ubicuidad, así es tu creación: yo. Mi génesis está en ti. Por eso atraes al rayo enamorado. No es que te ame, te habito; fuera de ti sólo hay la nada. Podría explicar y nombrar miles de accidentes que soy en ti; pero siempre como consecuencia de tu existencia. Jamás me pregunto o intentaría preguntarte si me amas. No tiene sentido esa cuestión porque no te amo de la misma forma que la rosa no ama sus espinas. Simplemente soy tuyo, estoy entrelazado en ti. Eres existencia y yo no puedo influir, un viento no elige el árbol que tumba. Y cuando no hay opción, dejarse llevar es lo más parecido a una dulce y caótica libertad. Si tuviera huesos y dentro de ellos un mal anidado, sólo podría pensar que es amor y es cruel. Y quiero la metástasis completa. O un corazón infartado, roto de amar. Yo no quiero decidir, cielo. Ni puedo alterar lo que soy, lo que has hecho de mí. No tengo medios para evitar o modificar lo que provocas. No es tragedia, ni dolor, placer o alegría. Es una nube donde las moléculas colisionan entre sí hasta provocar un brillo extraordinario en tu mirada que me hace sentir que soy una buena creación, que te sirvo. Soy la partícula y tú la científica y su acelerador de partículas. Tienes el control. Es como un cuento: la bella científica y su acelerador de partículas. Algo inexplicable como mi existencia dependiente de ti. Por eso tampoco recuerdo el rostro de mi padre… Estas palabras no son mías, sino tuyas. Sólo soy la tinta que llueve en el papel. Soy tu meteorología.