Llueven hojas secas… Es normal, es otoño, coño. Quisiera sonreír; pero el sonido de las pequeñas hojas al caer me evocan los besos que nunca sucedieron, que no llegaron. Como ternuritas que apenas nacer, murieron. Así que cierro los ojos ante la fría y suave brisa. Y escucho ese crepitar rodante de las hojas por el suelo, sintiendo que realmente son los besos tiernos que se secaron en mis labios. Y deseo pedirte perdón entre este íntimo rumor de tristeza. Perdón por los besos secos que ruedan a ninguna parte. Te pido perdón, cielo, por haber nacido mucho antes que tú, muy lejos de ti. Las hojas ruedan sonoras y juguetonas y con ellas llevan un trozo de mi alma, un jirón que se ha desprendido también seco. El otoño pone en jaque mi entereza, cielo. Tal vez, al menos esa seca piel de mi amor pueda llegar hasta ti antes de pulverizarse. No sé, mi diosa… El otoño templado es la cuenta atrás que lleva a la gelidez y a la exaltación del amor que es imposible abandonar por mucho que duela. Te pido perdón, sin dejar de amarte. Misericordia… Seré entre las hojas que pisas, lo juro.
Vamos a ver, que ya estoy perdiendo la paciencia. Si algo no es lo que parece ¿qué cojones estoy viendo cuando me miro? La peña tiene ganas de complicarlo todo con filosofía de feriante. «No todo es lo que parece, no todo es lo que parece». Lelos… Ñiñiñi… ¡Pringaos!
Día un millón doscientos de mi inacabable estancia en La Tierra. Un idiota ha empleado más de cinco minutos gritando al teléfono: “¡Mari! ¿Me oyes? ¿Me oyes?”. A escasos treinta metros de mí, en una senda recta y despoblada de medio kilómetro. Cinco eternos minutos aguantando al andoba hasta que su pobre cerebro ha comprendido que no tenía cobertura. Y venga joder la marrana con la Mari… Nunca he tenido suerte, ni a estas alturas de mi vida la tendré. Lo que si tengo es imán para los tontos que, se acercan a mí hasta en los lugares más inverosímiles. Estoy abandonado entre idiotas.
Un canal de televisión de viajes (Viajar) ha emitido hoy el más espeluznante y horroroso en su simplicidad y claridad de los reportajes que he visto hasta ahora del genocidio judío que llevó a cabo la Alemania nazi: Los trenes del holocausto. Tal vez sea por el testimonio directo de aquellos pobres supervivientes, que es más escalofriante el relato en este tiempo de cobardía en el que el neofascismo sanitario ha podrido las libertades democráticas de toda Europa (especialmente en España) y otras democracias de corte occidental. No puedo dejar de agradecer que en esta época de cobardía y trivialidad generalizadas (el reportaje es del 2018), haya aún personas que evoquen los grandes crímenes que perpetró la humanidad en masa y escupirlos así a la cara de la “pacífica”, ecológica, tolerante, ignorante, telefonizada, lúdica, infantilizada y consumista sociedad actual. Ocurrió algo terrible tan solo ochenta años atrás (entre otras muchas monstruosidades). Y todavía respiran algunos pocos que vivieron padeciendo aquella época de criminales asesinos gobernando. Asesinos elegidos democráticamente… La historia se repetirá. Cualquiera que conozca la especie humana sabrá que en este momento hay gente que piensa escondidamente, que los enfermos de coronavirus deberían ser trasladados y aislados en campos de concentración. Y una vez allí, pensar que el humo de las chimeneas de los hornos, es solo carbón para la calefacción; para mantener calentitos a los enfermos. Los nuevo líderes nazis de las “democracias” del coronavirus tienen el permiso y la simpatía de una gran parte de la población para llevar a cabo un genocidio. De la misma forma que Hitler y Franco tuvieron el apoyo de la población alemana y española. Porque España no tiene nada que envidiar a Alemania. Franco exterminó con total seguridad a tantos españoles como judíos asesinó Alemania. Incluso, la llamada “limpieza étnica”, es muy posible que fuera una patente española. Hay que recordar que tras cada batalla que Franco ganaba durante la guerra, le seguían largos meses de exterminio en cada territorio hasta asegurarse de que ni un solo amigo de los republicanos respirara. De ahí que la guerra civil española fuera tan larga. Pero mi reflexión, muy sórdida, y de una certeza horrible; es que cientos de millones de habitantes que colaboraron, aplaudieron o toleraron comprensivamente a sus líderes fascistas y asesinos tuvieron (y aún tienen) una larga vida. Follaron sin gracia alguna, como ratas, y tuvieron hijos. Y sus hijos, hicieron nietos de ellos. Hijos y nietos paridos con ese mensaje genético y luego educados en los mismos valores morales. Hay cientos de generaciones conviviendo entre sí, gran parte de ellas descendientes de asesinos, colaboradores y tolerantes nazis o franquistas. Descendientes de los que comprendieron que había que exterminar a determinada gente porque su gobierno o caudillo sabían lo que era mejor para el pueblo. Gracias a la actual globalización (analfabetización universal), toda esa descendencia viaja a menudo y folla. Se reproduce creando nuevas generaciones de colaboradores u obedientes con el régimen que los gobierna con mano que no tiembla. Generaciones que crecen y se adoctrinan con el gen del cáncer de la mezquindad presto a desarrollarse en cualquier momento. La próxima guerra mundial quintuplicará el número de asesinatos por genocidio, porque hay cinco veces más de asesinos, colaboradores y tolerantes con las nuevas y actuales dictaduras de la sanidad nazi del coronavirus. Se ha entretejido tanto la ignorancia, la cobardía y la obediencia con la doctrina del neonazismo, su ambición y usura; que la especie humana ha asumido el uso del bozal (mascarilla que le llaman) para ocultar su boca babeando obscenamente de cobardía y deseo de extinción de los enfermos por miedo a padecer una simple gripe. Y todo gracias al intenso adoctrinamiento al que han sido sometidos los individuos del rebaño humano por los actuales líderes nazistas de las falsas democracias; por medio de los medios televisivos y telefónicos. Con la indecente colaboración de una prensa podrida que ha asesinado cualquier asomo de periodismo o crítica contra el gobierno en lo que ha medidas de encarcelación, extorsión y ruina al pueblo se ha llevado a cabo. Se han instaurado como uso común pasaportes sanitarios de la misma forma que a los judíos se les impuso un brazalete con la estrella de David. La Segunda Guerra Mundial ensució cientos de generaciones que hoy día, continúan apareándose, reproduciéndose… Como un repugnante parásito en La Tierra. Y no ha hecho más que empezar, y su inicio fue: Marzo 2020. La única incógnita de hoy día, es que no se puede decir exactamente el número de asesinados o exterminados que cometerá el nazismo y su sanidad surgido de la mano del coronavirus.
Los lunes, insisto, en la naturaleza son los días más serenos. Y se debe a que los animales descansan de la invasión humana del fin de semana. No es una percepción romántica la mía. Es experimentación y una instintiva y vieja sabiduría. La humanidad agobia al resto de especies del planeta. Y ello se debe a que el humano es un accidente en el planeta, en la naturaleza; un defecto. Tal vez la especie humana surja de alguna mutación por la radiactividad que produjo el choque de un meteorito, como el que dicen que extinguió a los dinosaurios. La humanidad es una plaga que al igual que las termitas, hormigas o langostas, lo devora todo. Con el añadido de que no hay ningún animal que coma humanos. ¿Será por asco? Benditas sean las guerras, masacres y catástrofes naturales y radiactivas, que aunque escasamente; moderan la población humana. Poco es mejor que nada. Todo indica que la era del coronavirus que se inició en el 2020, será la era una nueva guerra planetaria. Se huele en el ambiente. Ya hay problemas de desabastecimiento en una gran crisis mundial originada por la acción extorsionadora, usurera y ambiciosa de los líderes de los nuevos gobiernos nazistas del coronavirus, en lo que se han convertido las caducas y decadentes “democracias” occidentales. Está bien, una gran guerra que dure cinco o seis años, con toda probabilidad (si no aniquila a la especie humana) pondrá las cosas en su sitio. Y esa cobardía e inmovilidad de una humanidad degenerada, dará paso a gente con más ímpetu y afán de reconstruir algo nuevo y quemar las miserias en las que actualmente estamos sumidos.
Aún no es llena; pero transmite con su lechosa luz, la fría y gélida esterilidad que la hace fascinante. Tan muerta… Un cadáver brilla redondamente. Es la única cosa que puede rasgar y conjurar la oscuridad del planeta. La que con su luz alborota y hace aullar a los locos.
Es una metáfora el título de este pequeño ensayo, Maquiavelo fue víctima directa de la envidia, de una envidia rabiosa; porque con su existencia dejaba al descubierto la decrepitud mental de sus contemporáneos. Tras la lectura de las primeras tres páginas de El Príncipe, de Maquiavelo; la política y la administración de los reinos o estados pasa a segundo plano en el lector. Lo que destaca con luz propia es el propio autor, su inteligencia incisiva, su inconmensurable conocimiento de la historia y el profundo conocimiento de las variadas raleas humanas. Y eso fue la causa de su tortura, encarcelamiento, ruina, destierro y negación de su obra hasta muchos años de su muerte. Es extraño, sin embargo, que semejante escritor, político, filósofo, historiador y sobre todo, diplomático, no pudiera dominar su vanidad (bien merecida) de sabiduría ante los peligrosos poderosos de su círculo social. La vanidad fue su propia telaraña… Todos aquellos papas, reyes, príncipes, aristócratas y rancios funcionarios de las distintas cortes, se sintieron desoladoramente imbéciles. No podían medir su intelecto y su sabiduría con la de Maquiavelo. Ellos jamás llegarían a escribir ni un párrafo de cinco líneas con precisión sobre política, estrategia militar o historia; como Maquiavelo fue capaz de escribir centenares de páginas sin vacilar. Se dice que Maquiavelo es el padre de la política moderna. Y es porque está muerto. Realmente es una forma de decir que, solo puedes ser un gran pensador y trascender si estás muerto. Porque de nuevo, la envidia no te permitirá vivir para contarlo. La lectura de su libro más famoso por parte de los actuales jerarcas, presidentes, ministros, altos funcionario, etc.; aún les causa repulsión. Incluso en el mundo empresarial o económico, con mayor incidencia en el aspecto laboral. Esa inteligencia y dominio del ser humano, es la que revela la cara más dura y criminal de la envidia. Si existiera alguien como Maquiavelo que no hubiera sido amordazado por las actuales censuras en medios y sobre todo en las grandes editoriales que velan por el actual oscurantismo, la imbecilidad de las manadas humanas; lo habrían ejecutado de un tiro en la nuca. Como hicieron con él en el Renacimiento, otra época de mierda. Lo actualidad es un Renacimiento; pero sin arte, solo con los gobiernos y las administraciones malas, corruptas y fascistas. La premisa es fácil: inteligentes y valientes dejan en evidencia a lerdos y cobardes; y si alguien es más inteligente o decidido que tú: mátalo y se acabarán así las odiosas comparaciones. Y esto sí que es absoluta actualidad que se puede ver en el mundo de la política, en el laboral y en el arte. La envidia nunca es tan mala como estos tres ámbitos. Mala y criminal. De ahí que el brujo de una de aquellas prehistóricas tribus de judíos, se inventara el cuento que aparece en la biblia (en el Génesis) del Árbol de la Vida o el Árbol Prohibido (incluso en algunos textos figura como el Árbol de la Sabiduría) de cuyos frutos comieron Adán y Eva. Para que nadie de su tribu pudiera demostrar que era más inteligente que él; y si así fuera, sin duda alguna habría comido del árbol prohibido y se le debería matar a pedradas. La biblia está llena de parábolas nacidas de la envidia, hacia otros seres de rango inferior que pudieran demostrar ser más inteligentes. Siguiendo esta línea de conducta, es lógico que las grandes y viejas logias secretas o íntimas de políticos, aristócratas y millonarios, tengan una jerarquía basada en la envidia y en evitar la entrada a su selecto círculo a todo individuo con mayor inteligencia que ellos. A menos que pague mucho dinero, porque si algo tiene el envidioso, es que la avaricia lo aplaca. La envidia es más vieja que la biblia, por supuesto. Pero fue en la biblia donde se documentó por escrito y se mostró en todo su esplendor en parábolas didácticas y salmos que se convirtieron más tarde en legislación. La biblia siempre requiere la lectura de un sacerdote a la feligresía para que nadie saque conclusiones obvias. Esto es absolutamente actual, hoy más que nunca, donde la feroz censura prohíbe y borra todo pensamiento individual; no hay mejor censura que decir que hay ciertos libros que no suscitan interés alguno; y los de Harry Potter, Crepúsculo y cosas melifluas de historias de catedrales, sí. De ahí la razón que los grandes pensadores del siglo pasado hayan muerto sin dejar huella, ni otros que pudieran haber seguido sus pasos. El error, de nuevo, en los seres inteligentes es que son simples individuos y no corporaciones o partidos políticos. Y un individuo con un buen razonamiento podría ser peligroso para el proceso de infantilización de los adultos de las sociedades consumistas; también conocido como globalización (analfabetismo funcional para todo el planeta). Las actuales fascismos oscurantistas (falsas democracias) han iniciado su proceso de estabulación de las grandes manadas humanas y ningún individuo por ingenioso que sea, puede elevar su pensamiento por encima de la imbecilidad colectiva. ¿Una persona crítica, con pensamiento propio, lógico y lúcido? Es imposible actualmente. En el inicio del siglo XXI, se inició descarada e impunemente la persecución al libre pensamiento y dos décadas después, es efectiva: ha conseguido hacer de la población mundial, un hato de ovejas lloronas que callan cuando la pantalla de sus teléfonos les habla de las mentiras y los credos que han de seguir y asumir sin rechistar, por el bien de sus vidas, aunque les cueste un poco la ruina. Es increíble; pero cualquier otra consideración sería defender la envidia más venenosa: la de un político y su ambición. A Maquiavelo, lo volverían a matar hoy, en este año del 2021, por pura envidia, por puro temor de los jerarcas a no tener sus conocimientos y libertad mental. Estamos abandonados en un mar de idiotez, banalidad e ignorancia. Los hay que cantan y aplauden al ritmo de las olas de excrementos y los hay que simplemente, no queremos tragar mierda y nos ahogamos. Como pobres maquiavelos que cometieron el crimen de pensar y pensar bien. De saber y saber más. A mí me va más la vanidad que la envidia, sinceramente, en verdad os digo.
No soy tan permeable como otros a los tontos misterios de las cosas que no lo tienen. Y como no tengo que comprar ese cuadro, pues me la pela que la sonrisa tonta lo encarezca. La famosa sonrisa de La Gioconda, que algunos dicen que si se mira en un determinado ángulo cuando la luna llena está en cuarto creciente, puedes ver que es una mueca de hastío. Y otros dicen que su sonrisa tiene un romántico misterio y les gustaría saber de qué coño se reía. O a quién le reía tan obscena y comedidamente. Bien, pues el pintor le dijo a la modelo que sonriera y esta sonrió. Y lo hizo bien, porque si estaba hasta el coño de posar, su sonrisa fue bastante normal, sin dejar entrever su molestia. A la Gioconda solo se la puede acusar de amable y a Leonardo de pintor (y según una serie de televisión de Amazon, de maricón también). Cuando las tonterías se quitan de en medio da gusto respirar ¿eh? Y además, no te da dolor de cabeza el “gran misterio”. Y que conste que me gusta la imaginación, pero no para tamaña e insulsa vulgaridad. Coño con la puta sonrisa…
El precio de una vida banal es una muerte también banal. Incluso los que importan, en solo unos días ya son carne de charlas de fiestas de año en año. Si has sido tan banal como un bostezo, ni siquiera darán pésames a los que vivos, tengan algo que ver contigo, con tu cadáver. Y por favor… Cuida un poco tu agonía, porque no hay nada más aburrido que un muerto superficial que no acaba de morir y reúne a su alrededor a sus allegados para despedirse largamente, protagonizando su propia caricatura. Normalmente, cuando mueres (a no ser que seas una imbécil y asquerosa celebridad de de yutup, tuiter o feisbuc) nadie pondrá una carita triste. Y menos aquella puta de la que eras cliente habitual y casi usurero, so puerco. Si tienes contratado un buen funeral en tu seguro, pudiera ser que a la hora de tomar el tentempié que celebra tu muerte, alguien diga algunas palabras emotivas en tu recuerdo; pero seguro que será producto de la ebriedad. Normalmente al morir no importas a mucha gente: un pequeño y tímido lamento y unas palabras mentirosas para el indiferente cadáver vestido de muñeco ventrílocuo, con la chaqueta cortada por la espalda. Y a seguir devorando canapés de merienda. De hecho pondrán cara de estreñidos muchos menos de lo que piensas. La banalidad se paga con indiferencia y no con putos bitcoins de mierda. Si no hay merienda o algo de picar para amenizar el funeral, tu cadáver y tu banalidad silbaréis impacientes hasta que os quemen u os metan en el nicho. Pudiera ser que aún que estás vivo, pienses que lo peor es que de tu superficial vida no trascienda nada, ni siquiera por esa accidentalidad de una azarosa cadena de pensamientos que llega a evocar que alguien existió en algún momento de la película. No sé si es bueno o malo ser banal; pero me lo tomaré como un asunto de elegancia: prefiero que me recuerden con asco que con indiferencia bostezante. Habré aportado mi granito de arena sucio a este mundo de mierda. Y como tengo más facilidad para ser desagradable que banal, mi muerte no dejará indiferente a mi gato. De cualquier modo, todo lo que conocí en la ciudad, podría morir antes que yo por aplastamiento, cremación o disuelto en ácido sulfúrico y no se me elevaría un milímetro ninguna de mis cejas bien separadas y definidas, ni siquiera levemente por algún inopinado tic (por lo único que recuerdo que una tal Frida Kahlo existió y tascendió, es por su uniceja tan rústica, que siempre me deja bizco, es la razón de que me preocupe el asunto estético). Además, cuando has conocido la muerte de alguien allegado a ti por segunda vez, el resto de muertes te dan el carisma de un forense aburrido que mastica con glotonería unos snacks crujientes de arroz inflado con los guantes sucios de mierda. Pensándolo bien, no importa que seas banal o trascendente. Los muertos se disipan en el aire en cuestión de segundos y no tienen oídos ni ojos y solo dejan un desagradable olor, por mucho que los hubieras querido cuando tenían color. Si un día te masturbaste con la mano llena de excrementos y gritando como un cochino, ni siquiera generarás un pecado ominoso que pagar, ni para lo malo trascenderá nada de tu vida. Morir es lo que es, peña. El único misterio reside en que hay tantos muertos acumulados en los anales de las historia cuyas almas no aparecen por ningún lado, que es absolutamente estúpido y patológico que la chusma siga creyendo en paraísos e infiernos. Ven que desapareces y siguen con su esperanza de mierda en que la muerte sea una renovación de tus vacunas caducadas. Una nueva vida tras la muerte. ¡Qué lelos! Por ello, olvida los asuntos de la banalidad y la trascendencia. Antes de morir (si tienes suerte de morir lentamente por un cáncer o un hígado que se deshace y lo cagas cada día un poco), deja todo lo que puedas por hacer; pero sobre todo deja muchas cosas por pagar. Y esas cosas rómpelas para que no se puedan recuperar. No trascenderás; pero morirás con la sonrisa más divertida y sincera que jamás hayas tenido. Tanto filosofar de mierda, para acabar concluyendo lo de siempre, que se jodan los vivos cuando te mueres. No me negaréis que no ha sido divertido, superficial pero con clase, este pequeño ensayo sobre banalidad y trascendencia. No intentéis hacer estas cosas en vuestras casas si no sois adultos bien formados, u os deprimiréis. Y bueno, cuando acudáis a un funeral, imprimid esto para amenizarlo. Ya veréis la visibilidad que conseguiréis, mucho mayor que la del cadáver. Tal vez haya que volver a la moda de las fotos victorianas post mórtem, al menos trascendieron unos minutos más aquellos cadáveres, aunque tuvieran un gusto del carajo. Aquella gente debía tener el cerebro podrido (lo vivos de las fotos digo).
Pareciera que el cielo ha exprimido unas naranjas al final de su jornada. Bueno, todos tenemos nuestros caprichos y vicios. A los que tengan virtudes, que les den por culo por beatos. Putos santos…