Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

Encontrar cosas buenas es una tarea ingrata e infructuosa. No soy negacionista (palabra muy de moda en la era del bozal y el pánico al resfriado del coronavirus), simplemente pragmático.
Digo que las cosas buenas aparecen por casualidad; muy distinto a la causalidad que solo trae cosas malas.
Si te empeñas en buscar cosas buenas, por mucha espiritualidad que le eches, te sentirás timado y luego mierda.
Que tú mismo te times, es lo peor que puede acontecer.
Los amores aparecen de improviso, cuando menos piensas en ello. Aunque yo preferiría una buena pluma o reloj de lujo.
No es solo por materialismo, es que inevitablemente el amor da dolor de cabeza y te pasas el día masturbándote para combatirlo. Si no te haces pajas no es amor, es amistad, es tu médico o, simplemente estás viendo una de esas películas españolas que necesita subtítulos, porque no saben pronunciar y no te enteras de lo que los actores rajan sin cesar. ¿Dónde fueron a parar las clases de dicción?
A pesar de ello, no puedo evitar caer en los dulces y mortificantes brazos (de mujer, no jodamos que hoy dan por hecho que todos los machos son maricas) del amor cuando toca por una absurda casualidad.
En el fondo soy un romántico. ¡Qué asco!

Iconoclasta

El derecho a la vida no existe, la vida no está regulada. Los seres vivos nacen y respiran sin que nadie les de permiso.
La vida no tiene ni precisa derecho alguno.
Y en muchos casos, para vivir hay que matar o cazar.
Ningún ser vivo tiene otorgado ningún derecho a la vida. Eso no existe, es solo un insulto burdo e infantil del poder para someter a las grandes manadas humanas. Un derecho es algo que impone el poder político, militar o religioso para erigirse en dueño y señor de todo lo que gobierna.
Es solo cháchara del más puro fascismo, viejo como el mar.
Hablar de derecho a la vida, es decir que alguien regula tu vida, tu respiración, tu libertad. Es decir: el poder te da su bendición y permiso para vivir.
Y resulta que los grandes líderes democráticos, sobre todo europeos (aquellos a los que se les llenaba de flores las bocas alardeando de su democracia de mierda) se han erigido en auténticos Moisés, enviados para defender su fe y la vida de sus judíos, encarcelándolos y acosándolos. Europa es un vertedero de un fascismo que se ha hecho llamar sanidad.
Y es entonces cuando entra en juego (su juego, el del poder) mi derecho a defenderme y ejercer la violencia necesaria y efectiva para proteger mi vida y su dignidad de la extorsión a la que me somete el poder. Todos sabemos que contra el poder, se tiene las de perder; pero es algo que como se dice coloquialmente: me suda la polla.
Haré lo que deba aunque me joda.
Quien no tenga valor para ser violento, vivirá según le deje el poder. Justo lo que está ocurriendo en este momento en el que los gobiernos occidentales han elevado a rango de santidad nazista, la sanidad.
Millones y millones de reses humanas respirando pobremente a través de un bozal en el hocico (incluso en campo abierto) y dejándose chutar en las venas o en la carne el veneno que les ha sido asignado por la poderosa Sanidad Nazi a través de esos criadores de cerdos que son los políticos y sacerdotes de cualquier religión elegida al azar.
Alguien dijo: Debieron elegir entre el deshonor y la guerra. Eligieron el deshonor y por tanto la guerra.
El nuevo nazismo surgido en el mundo no está resuelto, ha de vivirse un alto grado de violencia de tal magnitud, que los criadores de cerdos de la Sanidad Nazi, se deban plantear si ha valido la pena subir el grado de extorsión a la población a cambio de tanta destrucción y pobreza que ha de llegar aún. Independientemente de que se consiga volver a ser medianamente libres o no.
La violencia es inevitable y es el medio definitivo para conseguir un vencedor y un vencido; mientras no haya una gran violencia y sus muertos, no habrá paz.

Iconoclasta

El amor está formado por dos frecuencias para aquellos que lo asumen con fuerza, con pasión: euforia y compulsión.
Saben muy bien por esa inteligencia instintiva que habrá dolor y abrazos cansados. Y tras ello, tal vez un fracaso.
Y se van a lanzar a las fauces de la tragedia porque les da sentido a sus vidas.
Mejor esa posibilidad de fracaso que un paseo aburrido por unos grandes almacenes. Mejor la locura irracional que un medido y aséptico cariño de mierda.
El cinismo es un acto de crueldad con los sentimientos necesario para no caer en una indolente complacencia o ingenuidad. Jamás debes caer en un marasmo de amor como el que padecen los más ineptos seres del planeta, los reproductores que dejan sus vidas y su pensamiento en manos de una abeja reina y se mueven en direcciones estrictamente indicadas, con fe.
Así que no te dejas embaucar por ningún amor de teleserie hasta ser consciente de que vas a vivir un drama y no una película de princesas para todos los públicos apestosos. Sé un cínico con el amor hasta que sepas que te come la médula de los huesos.
Y cuando sea ya absolutamente insoportable no amar, supera tu propio cinismo, ese escepticismo cultivado día a día, y sucumbe a esa punzada que te roba un latido del corazón por una simple palabra; reconociendo que el amor te va a destrozar tarde o temprano.
Otra vez…
El amor ha de doler, ha de calar en los huesos y provocar mareos, temblores, miedos y besos que duran eternidades.
Y has de llorar y lamentar los tristes cafés que vas a tomar en la plaza mayor del pueblo en soledad, sin ella. Con una media sonrisa que es un medio dolor.
Y esperarás y lucharás por hacer realidad eso que te hace doblar el estómago, como un cólico de necesidad perentoria.
Fin de tu alma, ahora es suya, de ella…

Iconoclasta

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Es lo normal, lo adecuado. Australia ha sido el país más cobarde del mundo y además ha copiado la represión, el acoso y el encarcelamiento que ha empleado e instaurado el Nuevo y Normal Estado Penitenciario Fascista Español del Coronavirus.
La libertad solo se gana o recupera con violencia. Es un asunto viejo como el mar. Si quieres ser libre, debe correr la sangre; lo dice la historia.
Y la prensa de todo el mundo se ha convertido en el instrumento de catequesis, mentira y aleccionador de todas las órdenes de prisión, acoso y ruina que se han llevado a cabo contra los habitantes de Australia y España.
Así que también deben pagar los “periodistas” de mierda el daño que están haciendo contra la libertad con su apoyo absoluto y fanático al fascismo.
Que se jodan.

Qué caliente está… Como ama a su montaña.
¿Ves? Así te cubriría, así te amaría.
Aquí y ahora.
Qué desesperación por follarte, mi amor.
Con la lluvia rociando los labios que jadean, la piel que se eriza, los sexos trémulos…
Invadir tu coño cubriéndote toda, mostrando al planeta cuánto te deseo.
Qué envidia… Quiero ser vapor cubriendo tus pechos y tu piel toda.
Agua cálida y dura en tu sexo…
Chapotearte obscenamente.
Y luego, respirar al fin a tu lado el rocío del otoño.
Y ya…

Iconoclasta

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El otoño toma posesión del cielo y las montañas.
Y del ánimo de los animales.
Viene cargado con muerte de múltiples y atractivos colores.
Un buhonero de mal agüero.
Y no puedo dejar de desear comprar un kilo de esa bella muerte. Bien para un aperitivo, bien para decorar. El otoño las vende en frascos de barro húmedo, estampado con flores muertas y en agonía, en tonos rojos, marrones y dorados.
Y te cobra una lágrima o dos, cuando te la entrega con los dedos sucios de fango.
Es una preciosidad…
Se pueden ver ya a las cromáticas y bellas tristezas, en sus últimos balanceos en las ramas que una vez les dieron vida y ahora, por orden del otoño, se la niegan.
Los genios tienen un cruento y cruel sentido del arte.
Un réquiem por los bellos cadáveres y un saludo de cauta admiración al maestro Otoño, que hace de las sendas de los bosques y las calles de las ciudades, melancólicos tapices de muerte crujiente, fragante y fresca.
Y todo seguirá muriendo y sus cadáveres se convertirán en cosa negra, así hasta que la primavera haga lo que deba.
No sé si aguantaré tanto tiempo; pero estoy bien así. Y el otoño es bueno para morir, te funde con las hojas sin lamentos.
No temo a la tristeza, temo a la alegría que tiene la frecuencia de la hipocresía y la cobardía.

Iconoclasta

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¿A qué precio se encuentra actualmente una cría humana, de pongamos, unos seis meses; vacunada con sus cinco dosis contra el coronavirus, el sarampión, la varicela, el tétanos, la polio y la tuberculosis. Sea de la raza que sea (aunque preferiblemente europea) y que tenga completas sus extremidades y operativo el cerebro? Y por supuesto, garantizada hasta el año o hasta que haya demostrado su capacidad para caminar por sí sola.
Sea cual sea, las crías humanas han triplicado su precio.
Deberían ir más baratas ya que gracias a la maniobra del coronavirus mundial, han muerto muchos progenitores y hay superávit de crías humanas.
Pero no es así, el tráfico de humanos (sobre todo crías) es como el mercado del oro, está siempre en alza. Comprar un humano da prestigio y exclusividad dado su precio si está sano y no se dedica al tráfico de órganos.
Lo que es seguro, es que a los compradores no les importará apenas nada, por su riqueza y natural corrupción, se pueden permitir todo tipo de gastos por muy costosos que sean.
Tras la compra los exhibirán en insta, tiktok, tuiter y feisbuc, cosa que provocará muchos “me gusta” y muy pronto el dispendio de la compra de la cría humana, quedará amortizada y los amos admirados por su poder, dinero y ternura que proporcionan al cachorrito.

Iconoclasta

¿Qué ocurre cuando sabes de memoria dónde está cada mancha de la pared? Hay conocimientos que humillan.
La vida es demasiado larga y corres el riesgo de convertirte en coral.
¿Sería valioso entonces? No lo creo, no creo en nada bueno que pueda ocurrir.
¿Por qué no se callan? Que dejen de hablar y reír sus banalidades.
Tengo un límite.
Y no suelo ejercitar la paciencia.
Hay días que agradecería morir y esos días no muero. Cuando agradezca vivir, moriré.
Con los demás no ocurre, solo me pasa a mí; y sinceramente, agradezco la exclusividad aunque me dé mierda.
Es que hay tanta vulgaridad… Se agradece también la muerte de los otros.
Me gusta mi nula capacidad para respetar y soportar al prójimo. Me hace algo menos humano, más digno a juzgar por lo que sé de la chusma.
Es más fácil no ver que no escuchar. Aunque tampoco hay mucha diferencia, porque si tienes los ojos cerrados al final los abres para conocer a los idiotas que hablan, para identificar con precisión a quién debes despreciar y así comenzar tu nueva lista del día de aciagos deseos.
También pienso que los filos están infra utilizados, deberían dedicarse a tareas más higiénicas.

Iconoclasta

El pequeño ternero está acostado en la hierba, ya casi paja por lo seca y arrasada por el sol durante el largo verano.
Las reses adultas se encuentran doscientos metros más allá, al otro lado de un riachuelo.
Me gustan los animales que se separan de la manada, como yo. Porque los hace parecer valientes.
Pero no es el caso, a través de los prismáticos observo que el ternero es un bebé, simplemente está agotado de haber nacido hace poco: su rostro aún no está definido del todo, el pelaje apelmazado y su dormir tranquilo, aunque no deja la orejas quietas.
A veces mira hacia mí, a través de una mata de cardos; pero sus ojos apenas pueden enfocar. Luego vuelve a meter el morro entre las patas, casi suspirando por el bendito calor con el que la tierra lo mima.
Me quiero dar el lujo de pensar (sin que sirva de precedente) que el planeta tiene la bondad de dar calidez los peques.
De cualquier forma es valiente, no muge. No se le ve nervioso.
Aunque quisiera no podría seguir a los adultos, los bebés deben descansar, porque nacer es lo más traumático, lo más difícil.
Y morir es lo más fácil del mundo.
Me acuerdo de cuando era pequeño y me cansaba tanto de seguir a mis padres caminando… Me dolían los pies, me acuerdo mucho de aquel dolor.
Ahora me deleito con el inmenso privilegio de compartir con él un tiempo y un lugar idénticos. Un instante perfecto de ternura y paz.
Caigo en la cuenta de que no soy más que él. No hay razón alguna que me haga sentir superior; su aún diluida mirada tiene todo el conocimiento necesario para la supervivencia, nació con algo aprendido. De ahí la paz que transmite, y esa ternura infinita que provoca la pequeña soledad que lo rodea.
No, somos iguales, mi vida no vale más que la suya. Lo sé con una absoluta seguridad.
Es la certeza total.
Quien afirme lo contrario, no conoce la naturaleza, ni siquiera la suya.
No es un drama, es una alegría estar con él, respirando ambos el mismo aire; pero dan unas ganas de llorar… Pudiera ser que él está cansado de nacer y yo ya empiezo a estar cansado de vivir y las cosas tiernas tienen el poder de aplacar mi ira y soltar lastre por los ojos.
El verano y sus alergias lacrimógenas…
Alergias es muy parecido morfológicamente a alegrías y ambas causan lágrimas.
Todo cuadra, es un momento perfecto para todo.
No me gusta que esté tan solo. Sé que no hay animales que lo ataquen, pero me da un poco de reparo marchar y dejarlo solito. Es muy pequeño y yo demasiado humano para no sentir cierta congoja.
Es un buen momento para hacer esto: escribirlo y dejar constancia de que un día casi se me desbordaron unas tiernas y repentinas lágrimas de alegría y alergia.
A mi pesar, guardo cuaderno, tabaco y prismáticos en la mochila y muevo la rodilla antes de ponerme en pie. Temo que se pueda romper con una brusquedad, no soy un ternero joven, estoy terriblemente castigado.
Mi vida vale menos; es otra certeza que ha caído por su propio peso. Y como no hay ternura en ello, sonrío ostentosamente; porque lo preocupante es vivir, no morir.
Y ya cogiendo el manillar de la bici, una de aquellas vacas enormes, se separa del grupo y cruza el pequeño arroyo.
Me detengo.
¡Qué bien!
A medida que se acerca al ternero agita la cabeza arriba y abajo con alegría y apresura el paso. Es hermoso sentir la alegría de otro ser…
Y cuando llega a su pequeño, éste se pone torpe y temblorosamente en pie. Hay restos del cordón umbilical colgando de su vientre. Su mamá le ofrece los cuartos traseros y el pequeño muge ahora, seguramente contento, y más con el olor que con la mirada, encuentra las ubres cabeceando entre ellas hasta apresar un pezón.
Es simplemente perfecto.
Ahora sí que sonrío, ahora sí que emprendo la marcha como si el día fuera completo.
La vaca me mira, me observa con orgullo de madre: ¿Has visto que hijo más hermoso tengo?
Y la felicito.
Les digo adiós con la mano. Susurrando que les vaya bien.
Y mientras avanzo por el camino, disfrutando de la brisa al rodar suavemente, la sombra de un águila se dibuja en el camino.
¿Es que no se cansa la naturaleza de exhibir su belleza?
A veces tengo tanta suerte que temo que la muerte ronde ya muy cerca.
La ternura es hermosa, pero no puede combatir mi sabiduría y cultivado cinismo.
Bueno, si hay que morir, se muere; qué cojones.
Y pedaleo con el peso de toda esa belleza pulsando en el cuaderno que guardo en la mochila como un tesoro. Tal vez con la muerte jadeando detrás de mí.
No hay riqueza más grande que un bello instante.
Ojalá hubieras estado conmigo, mi bella diosa, follarte también hubiera sido perfecto.

Iconoclasta

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