Archivos de la categoría ‘Maldito romanticismo’

Otro puto día a la basura.
Otro puto día más que no ha servido para nada. Acosado por los puercos del poder y sus perros uniformados, hambrientos de carne podrida.
Por los chivatos marranos que espían con sus pequeñitos cerebros, los que no tendrían que haber nacido jamás en un mundo decente y correcto. Líneas sanguíneas que deberían haber sido extinguidas y lucen a la luz llamativamente, como bestias venenosas babeando sus oraciones de mierda y sus miedos anidados en sus pequeños y pálidos genitales.
Otro puto día en el que he perdido mi valioso tiempo en nada, en evitar el acoso de todos los cerdos del mundo.
Me cago en Dios.
Por lo demás, ha sido un día asqueroso.

¿Os habéis fijado en esas reses que caminan presurosas por las calles, como las ratas al salir de la cloaca? Con sus mascarillas y guantecitos, con la cabeza gacha para estar a salvo de alientos ajenos.
Así son los delatores que venden a quien sea por conseguir un favor o para distraer su cobardía repulsiva.
En todas las épocas aparecen; con la cabeza inclinada y la mirada infecta de envidia y cobardía. Llenando con sus mugrientas ambiciones y mentiras cárceles, pelotones de fusilamiento, campos de concentración y hornos crematorios. Desde sus patios, tierras, balcones y ventanas espiando quien se mueve, inquietos con su pensamiento podrido, corrupto y moral.
Me encanta esa podredumbre humana, me fascina observarlos y saber que morirán con sus mascarillas y guantes entre orines e intestinos vaciados, con los pulmones hechos jirones.
Es precioso… Incluso pestañeo emocionado.
Qué bueno…
Y como soy un tanto necrofílico, me acucia la perentoria necesidad de masturbarme ante los enmascarados y enguantados cadáveres. Me he puesto cachondo con mi gran y precisa imaginación. Gracias a mi prodigiosa mente, visiono cadáveres a trillones de megapíxeles de definición, a diez millones de putos K.
Si pienso en la carne muerta de los miedosos delatores me pican las palmas de las manos y no puedo dejar de imaginar la absoluta dedicación de buitres y ratas en su diligencia eliminando mierda. ¡Cómo les gusta y disfrutan de su trabajo!
No sé si yo podría comerme los ojos de esos puercos.
Soy un tanto mirado con la porquería.
¡Pá correrse!
¡Hala, ahí va! Decenas de miles de hijos míos que podrían haber nacido…
Pobres hijos míos deslizándoos sobre el rostro de indecentes muertos.

N.del A.: me ha faltado imaginar algún héroe francotirador cazador de enmascarados y enguantados delatores; pero nada es perfecto.

A veinticinco de marzo del año del coronavirus y vuestro señor dos mil veinte.
(Era de la Cobardía, como si alguna no lo fuera)

Iconoclasta

Hablando claro: de morir no te libras.
Un buen consejo y recordatorio para estas señaladas fechas de peste.
Feliz muerte a todos.
Por gentileza de Coordinadora de Eutanasias Dulces Sueños, de Global Corporation Coronavirus Forever.

Te pienso y te necesito.
Te ansío más concretamente.
Te ansío y deseo besarte los cuatro labios.
Te deseo y se me pone dura, intento estrangular el flujo de sangre con el puño; pero sigo irremediablemente erecto. Me hechizaste en algún momento de los siglos.
Te adoro como diosa y me masturbo en un sacrificio de leche y carne.
Sin pudor, sin recato. Sin vergüenza…
Mis pornógrafas obscenidades son mi orgullo; mi privilegio de amarte.
Te amo y lloro por el semen que se enfría muriendo desamparado en mis pies.
Te sueño y deseo decirte todo esto al oído, como un susurro, como un roce de la pluma en el papel que erice tus pezones y haga dura la perla de tu divino coño.
Te sueño y no consigo emerger a la realidad.
Te necesito y es locura que anida en tu sexo rutilante.

Iconoclasta

Calientes seres que se desean desde sus soledades.
Sexos hambrientos, amores trágicos. Orgasmos silenciosos, esperma aguado con lágrimas, un monte de Venus que se contrae solo, cuasi abandonado a un orgasmo agotador.
La obscenidad es el camino.
Y no uno de putas rosas.

Aún no han salido todas las hojas de las ramas, es pronto.

Y los muertos de sus tumbas tampoco.

No estaría mal vivir algo realmente intenso como la resurrección de los pútridos muertos ¿eh?

Se les podría adiestrar para que comieran la misma mierda que se da de comer a las mascotas, en lugar de cerebros crudos.

Y luego usarlos como perros de guarda y pastoreo, o incluso para que aspire la casa. Con sus andares aleatorios y estúpidos, a lo largo del día llegaría a limpiar todos los rincones de la casa y no se quedaría atascado debajo de un mueble como un costoso aspirador robótico, que no acaba de limpiar bien nada.

Es lo que tiene tener tiempo y no salir de casa esperando a que el coronavirus se muera de asco y de hambre: piensas cosas amenas hasta que te aburres de estar en casa.

#Que-le-den-a-tanto-mártir-sanitario-yo-monto-en-bici

Nadie me aplaudió ni me cantó canciones por trabajar todos los putos días y cobrar una mierda.

Uno es lo que hacen de él. Yo nací buena persona, lo juro. Y uno de esos ángeles pudrió un trozo de mí. Cada cual cuenta la feria según le va, el saber popular a veces acierta. Lo que importa es tener una marcada personalidad, da igual lo que contenga (carita sonriente).

Los humanos lloran ateridos de miedo y emocionados con consuelos pueriles tras la seguridad de las ventanas. Pidiendo piedad a dioses de paja y barro y a seres humanos moldeados con estiércol.

Y mientras tanto las pequeñas flores mueren sin perder un ápice de su belleza.

Lucen hermosas a pesar del viento que las arranca, de la lluvia que las arrastra, del frío que las marchita.

Tienen la fortaleza precisa para ser dignas. Una dignidad que la humanidad desconoce.

Se está bien aquí con ellas, tosiendo, cojeando.

Doliendo la vida, sin más preocupación que ver morir cosas bellas.

¿Por qué nunca mueren las cosas horrendas?

Se está bien aquí con ellas, enfermando con un cigarrillo. Aquí, fuera de los muros con ventanas que guardan seres que la lluvia no puede arrastrar a pesar de no tener fortaleza.

Iconoclasta

Foto de Iconoclasta.

Tengo suerte en algunos momentos.
No está mal para variar.
Es un caballo veloz, un auténtico Ferrari, de verdad, el rojo lo lleva por dentro.
No es mi amigo, comía su forraje y cuando ha visto la cámara, se ha acercado hasta mí para intercambiar unas miradas y dejarse hacer algunas fotos.
Lo habrán fotografiado miles de veces, porque lo hace bien, posar.
Seguro que es mejor persona que yo, son cosas que noto.
Es un bello animal, él lo sabe porque observa con curiosidad mi mediocridad sin ofenderme.
Debe tener una vanidad innata, no como algunos humanos que la tienen ponzoñosa y los hace feos hasta el vómito.
Le debería haber dicho que es una magnífica criatura y agradecer su compañía. Y que repentinamente le he tomado aprecio.
Pero soy más tímido que él.
Si se diera el caso, jamás me subiría encima de él, me limitaría a caminar un rato a su lado, como una bestia más.

Hombre hastiado de observar el mundo contempla sin interés lo que aún queda de él sin ningún tipo de alegría o angustia.
Hombre hastiado se ha fotografiado porque no estaba seguro de aún existir.

Es absoluta serenidad toda esa luz que parece convertir en ángeles las flores de un cerezo.

Como si todo estuviera bien.

Un poco de pureza entre toda esta mediocridad y banalidad, no puede hacer daño.

Intento con todos mis medios hacer más hermoso el mundo.

Hubiera sido un buen alquimista al que quemar por modificar las creaciones de los dioses.