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Cuando llegues a tu destino, busca un lugar bonito para que tu montura disfrute paciendo.
Deja que se relaje y dale agua de beber.
Porque no es solo tu culo el que sufre, el lomo del caballo agradece que de vez en cuando le des un respiro, notarás que no te insulta con tanta vehemencia. Al fin y al cabo, lo que suda tu culo, lo recoge su pellejo.

Dale algún puñado de forraje con tus propias manos mirándolo directamente a los ojos, que haya contacto visual de igual a igual.
Y déjalo en paz un rato mientras fumas.
Ahora estoy pensando que con este frío, debería llevar una manta para echársela por encima y no se le enfríe el sudor repentinamente.
También he visto unas riendas trenzadas en cordura y keblar, que son una maravilla.
Me acercaré a Bicicletas Casa Vilà a comprarlas. Y un nuevo cepillo para las crines.
Qué faena me da mi montura… Es un sinvivir.
Debería comprarme una bici.
Sí, es verdad, yo también pienso que los cigarrillos que me fumo podrían contener algo más que tabaco.
Listo, cuando haya comprado las cosas de mi montura, iré al estanquero para que me informe si son cigarros de la risa o qué.
Tengo miedo de despertar un día y no saber mear.

Primeras nieves del invierno que anuncian gélidos adioses y muertes blancas.
Unos cruzarán el invierno, otros se quedarán en él eternamente. Y el día de muertos, cuando se aparezcan ante sus seres amados u odiados, deberán explicar que el infierno no es necesariamente fuego.

Hay algo revelador y fascinante en esta foto. No se trata del paisaje, no es por la composición, la técnica, el color o la calidad.
La magia de esa foto es que no hay nadie más que yo en ese instante. Estoy absolutamente solo.
He visto lo que es el mundo conmigo muerto, conmigo dentro de él.
Y he sonreído sinceramente por primera vez en muchos años, en toda la vida, tal vez.
Porque así ha estado perfecto. No hay nada ni nadie que necesite.
Es una revelación.
He sonreído con un frío intenso que el viento empujaba por los intersticios de mi ropa. Con las orejas doloridas, con los labios casi resquebrajados. A pesar de ello, he sonreído…
Ser viejo y solitario ha sido mi meta durante años de frustración, ha sido una certeza como un fogonazo. Amar, odiar o follar solo eran píldoras antidepresivas poco efectivas contra mi tristeza vital; esa que hace grises y oscuras todas las mañanas al despertar.
Y me pregunto si de verdad he llegado a amar alguna vez.
Amar bien podría haber sido un rumbo erróneo en la búsqueda de esta foto, de ese momento.
He sonreído por primera vez en cientos de años.
He sonreído satisfecho y completo, porque el frío viento y la luz húmeda me han fusionado con los árboles, la tierra, y los animales.
Estaba todo lo que debía estar ahí: yo en algún en algún lugar, como un cuervo oculto entre las zarzas.
O como un gusano en la tierra, me da igual. Ser un viejo solitario es precioso tengas la forma que tengas.
No he sentido siquiera un poco de lástima por lo que decía querer hacía apenas unos segundos.
Y así no importa que sin ninguna razón, clave la navaja en la corteza de un árbol o en la corteza de un corazón humano. Me da igual…

Porque soy lo que quería y libre de cualquier consideración moral o romántica.
Los viejos acumulamos conocimientos que apenas sirven para nada más que para algo literario. Ahora esos conocimientos ya no pesan no importan.
Se han derramado como arena entre los dedos dejando más espacio para respirar dentro de mí.
Si se te pudre el cerebro con la edad, no es preocupante, es incluso un alivio; porque si tu cerebro es operativo al final de tus días, la sabiduría presiona las paredes interiores del cráneo y duele un millón.
Así que clavo la navaja sin importar dónde; si en el amor, en el odio, en un hijo o en un hermoso coño. Da igual, no importa, no necesito respetar, adorar, soñar o ambicionar. Ser libre es eso ¿no?
Estoy yo en algún lugar de toda esa soledad y es suficiente, es todo lo que necesitaba.
Y sonrío a pesar de que los labios se agrietan.
Seré cabrón…
Y al final, el amor nunca existió.
Seré sincero, siempre pensé que dañar gratifica más que amar.

 

ic666 firma
Iconoclasta
Fotos de Iconoclasta.

A: Tenía la ilusión de que al arrancarle la hoja al árbol, se quejaran por un dolor alguna de las partes ante la tragedia de la amputación.
B: Por un momento pensé que las gotas en la hoja pudieran ser sangre. Eran agua. Simple lluvia.
C: A pesar de lo incruento del color, es bello y su textura cálida. Como si aún le quedara sangre en movimiento.
D: Está visto que los mejores resultados para realizar la foto de una cruenta tragedia de otoño, se obtienen con la amputación traumática de extremidades de seres vivos cárnicos, preferiblemente sin demasiado pelo en las extremidades.
E: No hay magia alguna en el planeta. No hay bellas tragedias. Demasiada simplicidad para mi gusto.
F: Tengo unas ganas de largarme… Me aburro.

Hay pocos instantes tan hermosos como estar bajo una lluvia de pequeñas hojas que una brisa dulce arranca de las ya frías ramas de los árboles.
Parecen mariposas que no saben a dónde ir.
Mariposas muertas que provocan con su rumor una tierna musicalidad en el ánimo.
Ligeros cadáveres que huelen a melancolías y añoranzas deliciosas y que el sol convierte en hojuelas de oro flotantes en un acto de natural y humilde prestidigitación. Sin gran alardes.
Es inevitable pensar en el peso de la carne y su olor.
Y me comparo con ellas. Concluyo que soy un extraño en este paraje, demasiado pesado, demasiada carne, demasiado olor de sudor y piel añeja.
A veces, llevado por la retórica y un trágico romanticismo (y cuál no lo es, trágico) digo cansancio; pero no estoy cansado.
Tengo más fuerza y brío de la necesaria.
No es cansancio, es hartazgo.
Y con el hartazgo vibra en frecuencias superpuestas el odio, el rencor y la ira.
Nada cambia en la granja humana por años que pasen, por milenios que han transcurrido.
Mueren algunos y nacen otros tantos que harán y dirán exactamente lo mismo. Los mismos aburrimientos bostezantes y asfixiantes en su aplastante mediocridad.
Deberían aprender de la musicalidad de las hojitas muertas. Tal vez quiera decir que debería morir alguien más. Muchos más.
Entre toda esa horda de mediocres, de siglo en siglo aparece alguien especial y diferente. Y por seres así la humanidad se ha apuntado un tanto de inteligencia, razón y libre albedrío; es una descarada usurpación.
No es por cansancio quedarme mucho tiempo entre la lluvia de hojas muertas. Es por hartazgo, cada día que pasa mi tolerancia hacia la humana mediocridad mengua. Y temo un día decir alguna verdad.
Cuando se dice una verdad, se pierde la oportunidad de reír y ser sarcástico hasta la crueldad.
Cuando proclamas la verdad, cualquiera que sea, quedas desnudo e indefenso ante todos. Y será mejor que tengas un buen y potente rifle en las manos para acribillar a balazos la mediocridad.
No es cansancio.
Solo un asco que mina el humor.
Si me quedara aquí un poco más, me cubrirían las hojas y mi muerte sería hermosa.
Tal vez…
Tal vez cuando esté cansado de verdad me acerque a morir con las pequeñas hojas-mariposa que vuelan sin saber a dónde ir.
Pobres pequeñas… Pronto nos veremos.
Estoy seguro.

 

ic666 firma
Iconoclasta
Foto de Iconoclasta.

En Telegramas de Iconoclasta.

“Lunes antes de almorzar una niña fue a jugar, pero no pudo jugar porque tenía que planchar. Así planchaba, así, así… Así planchaba, así, así… Así planchaba, así, así… Así planchaba que yo la vi”.
Cantaba Fofó a los niñas y niños.
Y así todos los putos días de la semana: barrer, limpiar, coser, cocinar…
Pobrecita…
Era una de las canciones de mi juventud que recuerdo con cierta tristeza, me gustaba mucho a pesar de mi avanzada edad (9 años), me parecía la historia de una niña mártir.
Unos tachan la canción de sexista, gente que no entiende nada, que busca la miseria como los buitres en las entrañas de los cadáveres sin tener cerebro para elegir la mierda que come. Dicen los descerebrados que la canción era un panfleto para que las niñas se dedicaran a la casa y poco más.
Quieren ser tan críticos… Y con tan poco cerebro solo son patéticos.
Gentuza sin sensibilidad…
La puta verdad, es que unos payasos en la tele, con toda naturalidad, pusieron de manifiesto con sensibilidad y ternura, la pesada losa de esclavitud y mediocridad a la que estaban condenadas las mujeres por tradición.
Nadie me hizo pensar a aquella edad con tanta claridad e identificar así una lacra como la que aquella canción ponía de manifiesto. Y con más mérito porque eran tiempos en los que el trozo de mierda que era Franco y sus secuaces, aún tenían secuestrada la inteligencia y la libertad en España.
Hoy día la inteligencia no está secuestrada, simplemente no existe a nivel global.
La canción no exalta que la mujer deba dedicarse a las tareas domésticas. Lo critica de forma dulce, con una canción infantil. Infinitamente sutil en tiempos de mierda e ignorancia.
Una canción para que los niños sintieran esa amarga musicalidad.
Mientras los niños juegan, la niña se pudría de asco…
“Domingo antes de almorzar, una niña fue a jugar; pero no pudo jugar porque tenía que rezar. Así rezaba, así así… Así rezaba, así… así. A sí rezaba, así, así… A sí rezaba que yo la vi”.
Yo pensaba que el domingo realmente no rezaba, solo moría de hastío y cansancio.
“Pero no pudo jugar, pero no pudo jugar, pero no pudo jugar, pero no pudo jugar…”.
¿Dónde está el sexismo en esta continua letanía de imposibilidad, idiotas?
Me parecía triste, un asomo de depresión.
De una sensibilidad exquisita, casi lorquiana.
Un beso a la niña muerta que no pudo jugar; pero que supimos de su existencia con cierta triste ternura.

 

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Iconoclasta

Soy un hombre decente, porque la decencia no consiste en respetar una moralidad de mierda. Ser decente es seguir o intentar conseguir el ideal de vida en el que uno cree: venganza, valor, inmoralidad, desinhibición, violencia, injusticia e irrespetuosidad. A veces leo para reconocer las mentiras que la humanidad ha ido acumulando a lo largo de su historia. Conocimientos útiles cuando juegas al Trivial o al Scrabble…
Tengo un nombre que a nadie le importa y que muchos se han arrepentido de conocer y otros, los menos, se sintieron extasiados al conocer a un ser como yo. Con eso basta.
Durante un tiempo conviví con un ser absolutamente imbécil, un retrasado mental que no sabía ni respirar por la nariz (tenía tetas, era hembra). Obtuvo un título universitario pagando con mamadas a los catedráticos (en México es fácil y habitual el pago en especie sexual, es tan cotidiano que las putas ni se dan cuenta de que lo son). Que fuera una absoluta puta, me la pelaba; mi abuela era puta y no por ello me sentí traumatizado. Es más, lo decía con orgullo; era muy exótico decir “mi abuela es puta”. Y además internacional. Granada, Barcelona, Londres, Canadá…
La puta no me engañaba, por algunas razones prefería estar con ella que en otro lugar a pesar de que era sucia. A veces hay que elegir lo menos malo. Sin embargo, lo golfa que era no me llevó a darle la patada. La razón es que usaba el teléfono celular hasta de tampón. Cuando capté que la conversación no sería posible, sin más preocupación dejé de hablarle e hice mierda cualquier asomo de relación cordial.
Solo la follaba, porque ya que tienes una puta en casa, la usas o bien te hace una mamada si está bien borracha y se ha empolvado la nariz.
Así que a los seis meses de haberla conocido, ya empecé a desear enviarla a la mierda con sus putos hijos, hermanos y hermanas, y sobre todo con sus amigos y clientes sexuales, tan retrasados mentales como ella.
Al cuarto mes de compartir la casa le dije mientras sonreía como una mongólica ante la pantalla del teléfono y los dedos agitados: “Si quiero estar solo, no quiero que nadie me moleste, me gusta estar solo de verdad. Vete a tomar por culo”.
Me miró con los ojos abiertos sin acabar de entender, mostrando aquel cerebro vacío y liso. Creí estar delante de una caricatura como Homer Simpson.
Al sexto mes se lo confirmé de una forma más clara, para que lo entendiera: le rompí el móvil y le di tal paliza que pasó cuatro meses de operaciones reconstructivas de nariz y maxilar inferior. El brazo roto no le dio más problemas que un yeso terapéutico.
Como tengo dinero, la investigación y el juicio se retrasó, se retrasó y se retrasó tanto que la putarra ya se estaba follando al subnormal de su jefe y al guardia de seguridad de la entrada a la oficina, a cambio de un par de porros. Se olvidó de la paliza que le di e incluso me ofreció hacerme una mamada (quería que le regalara un celular nuevo), le dije que se fuera a la mierda y me sonrió cariñosamente diciéndome “hasta luego”. Recordé que su coño olía a mierda y pensé “Hasta nunca, corto y cierro”.
Ocurre que la imbecilidad siempre sobrelleva una inmerecida vanidad.
¿Veis? Con un par de huevos y decisión se arregla cualquier problema. Si no fuera por la violencia, hubiera llevado muchísimo tiempo de tortura psicológica, cosa que para una retrasada mental no es nada bueno tampoco.
El subnormal me lo tiene que agradecer.
Si alguien amenaza mi íntima libertad, me importa poco que sea macho o hembra, golpeo hasta quedarme satisfecho y seguro de que ha entendido bien mi punto de vista.
De México me fui a Guatemala a comerciar con niños indígenas, los usan de cenicero y para otros menesteres hospitalarios, domésticos y sexuales.
La vida es una mierda, lo sé; pero el dinero mejor tenerlo que no tenerlo.
Y la verdad es que putas y niños, hay muchos en el mundo.
Es importante ser decente en estos tiempos de degeneración mental.
Alguien tiene que tener cojones.
Bye.
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Iconoclasta