Si tuviera la fea ocurrencia de ir a votar me encontraría indeciso con tanta variedad y colorido de fascismo. Se trataría de elegir al que robara más libertades decretando con más ferocidad cárcel al ciudadano y toques de queda marciales con el cuento del coronavirus; y además con los aplausos y la alegría de la chusma votante que luce su bozal con total normalidad también. Hay una verdadera competición por ser el más déspota y ladrón entre los partidos, sobre todo entre los caciques autonómicos de España. En Cataluña, con sus elecciones para el caciquismo autonómico, han hecho de San Valentín la nueva y normal festividad de la dictadura española de la Covid 19. Prácticamente puedes pasarte por el culo todos los programas electorales de los partidos caciques. El fin único de toda esta reata de criadores de cerdos es conseguir el máximo control de la borregada jodiendo sus más elementales libertades y su economía. Al igual que México, España goza de una dictadura perfecta que irrumpió como un veneno de acción rápida junto con el coronavirus. La represión, el acoso y el robo por parte del nuevo y normal fascismo, son el crimen perfecto, ampliamente tolerado por una población básicamente cobarde y mansa. Las elecciones políticas españolas son auténticos telemaratones de la cobardía y el servilismo. Y para mayor inri, no puedes pasear por la calle sin toparte a cada minuto con un puto policía. En fin… Hay miles de cosas que escribir del fascismo, sus decretos de cárcel, toques de queda marciales y la imposición del bozal para humillar al pueblo. Y todas ellas son sórdidas e inspiran violencia.
Mantener una dictadura en España es lo más rentable y relajado que un político de cualquier parte del mundo desearía; por sus tapitas, su clima cálido en general y la proverbial mansedumbre del pueblo español; sus cabestros son el sueño hecho realidad de cualquier tirano de mierda, sea comunista o capitalista (aunque ambos son la misma basura buscando poder y dinero). España sería el edén de todos los políticos del mundo; pero es tan corrupta que los extranjeros no consiguen encontrar la forma de acceder, porque se quedan sin dinero en los primeros cien sobornos. Y es que en España toda la endogámica población está feliz con su clima tan variado, el jamón sea de recebo o ibérico, sus descansos domiciliarios (prisiones decretadas con alegría por el nuevo y normal fascismo) y sus bozales. En España, “La libertad es enfermedad”, es un dogma que se ha asumido a pies juntillas. Y ningún cobarde necesita libertad, así que España, insisto, es el paraíso para gobernantes hijos de puta, sobre todo si tienen complejos mesiánicos y salvadores de la vida.
No ha conocido jamás una época de tanto trabajo. Ni de tantos desengaños. Hay cientos de miles de almas que se han encontrado entre los circuitos electrónicos, con una inmediatez que supera sus esencias humanas y por tanto su vida. Los cuerpos no pueden moverse a la velocidad de la luz; por ello hay tanta frustración y crean necesidades que realmente no lo son para entenderse a si mismos, para curarse. Los expedientes de amor se acumulan y son tantas las esperanzas infundadas, que la tristeza le contagia. Tantos amantes desincronizados en el tiempo y en el lugar… La tecnología es una apisonadora que no da un respiro; descuartiza a los amantes en partículas infinitesimales que vagan en frecuencias que no importan a nadie más que a lo que queda de ellos. Y mueren amores, las pieles vagan por un limbo de penas, insensatez y locura. No hay un respiro para reflexionar y que la madurez guíe en consecuencia a esos hombres y mujeres entre todas las posibilidades y lo imposible. Pero él es quien dicta sentencias y cree en el amor y su fuerza que, trasciende más allá de lo que la razón pueda aconsejar. Y aunque duela, el amor necesita una oportunidad; que sea efímero o no es una cuestión que no sopesa ningún amante. Se ama en presente, sin fin. Se ama con una fuerza sísmica; la misma que un día arrasará todas las ilusiones. San Valentín solo quiere un descanso a todas esas contagiosas melancolías y tristezas de esperas y soledades compartidas mediante impulsos eléctricos. Se siente pringado de desesperaciones y anhelos. Las almas que antaño no llegaban siquiera a sospechar la existencia de quien hoy aman, son legión buscando el ansiado encuentro entre palabras fulgurantes y suspiros que empañan las pantallas. Son muchas melancolías que gestionar. Fuma y observa desde la ventana de su despacho en el ministerio del amor, en el octavo coro celestial, a los amantes sorteando como buenamente pueden sus horas de soledad. Y como en casa del herrero, cuchillo de palo; San Valentín está solo, solo y triste, solo y agotado. Solo y abandonado. Sentencia un amor por vía ejecutiva y respira aliviado, la número ochocientos mil quinientos seis en lo que va de jornada. No quiere mirar a su izquierda, donde hay pilas de expedientes que suben hasta el techo. No quiere pensar que muchos amantes, cuando dicte sentencia, ya estarán muertos. San Valentín desearía que las computadoras ardieran, es inhumano tanto trabajo. Es cruel. Tantos perfiles que acarician punteros inútiles, tantas necesidades y mensajes y promesas y sueños… Sabe muy bien que muchas de las peticiones de encuentro de amor que se han solicitado con tanta urgencia, acabarán en un desengaño. Y deberá anular la sentencia que ayer dictó. Muchos de ellos llegan a la decepción de que no son especiales cuando los besos no son lo que soñaban, lo que sus labios pedían; cuando el abrazo no llega al tuétano de los huesos. Y sentirán vergüenza de su infantilismo y del padecimiento de meses de angustia de espera que han empleado en nada. Solo un microscópico porcentaje durará el tiempo suficiente para llenar años juntos o hasta su muerte. Aquellos pobres románticos que añoran escribir al ritmo de su pensamiento, reflexionando sobre cada idea y emoción que traza la pluma en la carta que envían a su amor. Aunque tarde en llegar. Que los amantes tengan una prueba tangible de amor entre sus vacías y necesitadas manos, es el único consuelo a esas distancias y tiempos aterradores que tienen por delante. Esas palabras en un papel bastarán para alimentar la fuerza necesaria para afrontar las esperas. Y para llorar la muerte con cierto consuelo cuando se da el caso. Por poco que vivan, habrá valido la pena el agotamiento de San Valentín. El amor vale lo suficiente para merecer un papel escrito con amor, algo a lo que aferrarse cuando la soledad y la desesperanza los aplasta. Es un sacrificio hermoso, si lo fuera. Porque lo que amas no es sacrificio. El amor solo exige ilusión y determinación. Qué menos que tener la esencia de alguien en el papel que ha tocado, leer las palabras que salen directas de su sangre. Y llevar toda esa triste pasión al pecho cuando duele. Bálsamos de amor de tinta y papel aplicados al pecho, al corazón… ¡Qué belleza! Y eso se acabó… San Valentín piensa que incluso se ha banalizado el amor. San Valentín no tiene quien le escriba. Ni tiempo para amar. Está agotado y no sabe si podrá continuar por más tiempo dictando sentencias de amor. San Valentín piensa que se han vuelto todos locos. Y él es solo uno. Y está solo. Y un revólver descansa junto a su tabaco, para dictar su propia sentencia de paz.
Es tan obsceno en su decadencia… Hay mujeres y hombres que se muestran enérgicos, adrenalínicos practicando deportes de riesgo y de alto esfuerzo, pagando una pasta por ello. O luchadores contra la represión en las grandes y sucias urbes superpobladas; pero ninguno se quita el bozal ni para sangrar ni estar consigo mismo. Además, con todo ese valor y energía que alardean tener, se morirían descargando un camión de sacos de cemento en una obra. Lo sé porque lo he visto, no es una suposición o un rumor. Nací obrero y me salieron los dientes entre ladrillos y cemento, entre alturas y afilados cascotes. Infantilismo y cobardía están ya tan incrustadas en el código genético humano que crea monstruos como éstos: manifestantes violentos luchando por la libertad arrebatada por los fascismos surgidos con el coronavirus ¡combatiendo contra la policía con bozales o mascarillas! Para cubrirse la cara y no ser reconocido hay verdugos y pañuelos; pero combatir o manifestarse violentamente con el bozal que los amos han impuesto a sus perros callejeros es imbécil, por decir lo mínimo. Luciendo la principal imposición por decreto fascista o franquista y el máximo símbolo de la represión y por supuesto de la sumisión: el bozal; solo hacen el ridículo. Sus amos fascistas los toman por niños traviesos que al fin y al cabo, son obedientes como caniches de circo. Es tan evidente la decadencia de las sociedades fascistas europeas, que sin pretenderlo, busco los horarios de los circos donde dan de comer a los tigres con cristianos vivos.
Amo esa dualidad que hay en ti, la dicotomía entre la firmeza de tus actos y las inconsistencias que crean tu sensualidad desatada. Tus voraces y voluptuosos labios articulan firmes palabras, claras y precisas; y sin embargo… ¡Dios! Se hacen inconsistentes cuando me acerco a ellos para besarlos. Se rinden entreabiertos permitiendo que mi lengua te invada dejando escapar un hálito cálido; un hechizo que me extasía y me precipita a tu alma. La solidez de tu pensamiento, su lógica y precisos planteamientos se diluyen en una ternura cuando permites que te arrope, que te cobije en los brazos, acariciar tu rostro, jugar con tus manos. Reseguir tu piel de una calidez narcótica… ¿Cómo puedes vivir con semejante dualidad, cielo? ¿Cómo puedes alternar entre la determinación y esa sensual inconsistencia? ¿Eres una de esas trampas llamativas de la naturaleza que atraen a los mediocres como yo? A veces, cuando te tengo en brazos, no llego a reconocerte. Nunca podré llegar a conocerte, eres inmensa. Permites que la disciplina de tu cuerpo ceda cuando mis manos se posan en tus muslos. Y con esa sensualidad brutal, como una desinhibida inocencia; los separas y se hacen inconsistentes, permeables al paso de mis caricias, te derramas en mis dedos y siento que mi piel se despega de mi carne por ti. Es sobrenatural asistir a esa fragilidad de ternura y sensualidad conociendo tu férrea voluntad. ¿Estás jugando conmigo como una diosa con su creación? Tu mirada escrutadora, analítica y curiosa, en un momento dado se relaja al mirarme para pronunciar un cariño con un parpadeo. Y me muerdo los labios por una pasión que no puedo controlar. Toda palabra que pudiera pronunciar se me deshace en la boca antes de salir. Me avergüenzas con tu volubilidad, eres tanto y yo tan básico. ¿Cómo es posible que tu complejidad pueda amar a algo como yo? ¿Seguro que no eres una diosa con un juguete entre sus manos?
Las extinciones de especies sirven para hacer espacio. Los dinosaurios se hicieron muy grandes y gordos, así que los extinguieron y crearon primates; cosa que tampoco fue muy acertada. De hecho, muy mal porque los primates se centraron en la masturbación a pesar de lo fácil que era la reproducción y esos eslabones perdidos dieron paso al Homo Mezquinae y éste (no este mismo, sino uno de esos homos inteligentes que de forma accidental son paridos al azar geográfico) inventó el smartphone que hizo la masturbación más fácil y rápida para niños y niñas y adultos en general. Los creadores no acaban de pillar el truco a su trabajo. Es pura negligencia, coño, sino sabes no inventes. Veremos que plantan en La Tierra cuando extingan a la especie humana. ¿Chiles pepinos?
Tras unos minutos examinando la radiografía de los pulmones, el médico le aconseja al paciente: -Será mejor que piense en arreglar sus cosas. Cuando el hombre llega a su casa, su mujer le pregunta por el diagnóstico del médico. -No era un médico, me ha visitado un puto asesor fiscal.
Tengo las sucias y perfectas palabras para definir lo grande que es follarte, joderte el alma y morder desesperado tus feladores labios. Aspirar los de tu coño entre los míos voraces de ti. Me cansan y aburren las delicadas voces que no pueden alcanzar a describir la divina blasfemia de tu coño ansiado. Esa obscenidad tuya de masturbarte frente a mí, obligándome a esperar hasta que la leche se me escurre por el pijo como la baba de una bestia hambrienta. Y metértela cuando me das la venia, como un violador, con los cojones contritos; rogándote que los tomes entre tu mano, que los acaricies porque pesan y duelen de ese esperma que bulle. Tatuaría una cruz en la polla para alardear de que te he crucificado. Tengo las sucias palabras que gotearán en tus pezones y las arrastraré con los dientes, hasta que tus puños se cierren y tu pelvis se eleve para llevarme más profundamente a tu coño insondable. Lo único sutil es mi dedo cuando se mantiene inmóvil en la precisa verticalidad de tu clítoris asomando duro como un arrecife entre los pornográficos labios del coño que destila espesos filamentos de deseo. Apenas lo rozo para tu tortura, para que desesperes; ansiando el movimiento sísmico de tu cintura buscando la presión puta, la definitiva en esa perla que tantas veces he succionado carnívoramente. No puedo ser más sutil porque cometería blasfemia contra tu voluptuosidad. Tu coño goteando mi semen no tiene metáfora. No puede tenerla. No aquí, no ahora. No soy traidor a tu chocho hambriento. Ramera es la justa palabra para susurrarte al oído, porque con cada polvo, me robas la razón. Tus servicios son los más caros del mundo. Y cuando digo te amo, digo a muerte. Tengo las cuidadas, hermosas y sucias palabras para mostrarte mi fascinación. Mi puta amada, mi puta deseada, mi puta del alma, de mi corazón. De mi vida…
Seamos realistas, el abuso, acoso y la supresión de la más mínima y elemental libertad requieren un nivel de violencia basado en la lesión grave y muerte. Ante una prisión indiscriminada solo cabe una respuesta: una violencia iracunda y sangrienta. Nadie ha ganado jamás la libertad perdida obedeciendo y sonriendo a su amo. La libertad requiere siempre, y así ha sido en toda época, una violencia salvaje. Cuanto más tarde estalle la violencia, más cruel será; porque nada la evitará. Quemar basura o romper vidrios es como que te pique el coño o los cojones y te peines. Así de ineficaz e improductivo. Deberían silbar certeras balas a la cabeza cuando el fascismo del coronavirus pide y ordena prisión y toques de queda marciales para la ciudadanía. Los caudillos y sus caciques son los enemigos mortales, no un virus o una gripe de mierda. El coronavirus se cura con aspirinas y la libertad se restituye chorreando sangre. Antes los libros de historia explicaban estas cosas; antes de que el germen del nuevo y normal fascismo empezara a minar y corromper la historia, la cultura, el arte y la educación para crear generaciones de cobardes o cabestros a los que someter mientras aplauden complacidos a sus tiranos.
Se puede amar de las formas más inusuales. Y cuando en el amor algo es inusual, es dramático; cosa que lo hace aún más fascinante. Trasciende por encima y más allá de la mediocridad en la que ha surgido. Y yo carezco de la usual alegría de amarte; algo salió mal, cielo. Algo se jodió cuando no puedo tenerte en todas las horas. Amo tus muslos cuando suavemente se rinden y descubren impúdicamente el camino a mi boca. Te amo con las venas del pene y las sienes inusualmente henchidas, a punto del accidente vascular. Te amo con el pensamiento roto, como el rostro se refleja en los fragmentos de un espejo. Te amo en silencio, secreto y oculto. Amarte es el drama más doloroso, lo más bello que jamás pudo enloquecerme.