Ya hay unos cuantos políticos infectados de coronavirus en el mundo, la apuesta es: ¿Cuál morirá antes? Siempre hace falta un mártir en toda causa. Y mejor un político, para eso están, para morir con honores. Además, en toda película siempre ha de morir un malo para dar más interés a la trama. No solo la han de palmar inocentes, sería aburrido.
No se les puede decapitar sin que se derrame la sangre por el suelo. O salpique la ropa y zapatos. Y ese hedor, cuando se acumulan más de tres cabezas, evoca el de un matadero de cerdos. No entiendo cómo pudieron soportar tanta mierda en la cacareada Revolución Francesa. La chusma siempre se ha sentido como cerdo en el barro cuando de espectáculos sangrientos se trata. Margaritas a los cerdos… Literal.
Aún no han salido todas las hojas de las ramas, es pronto.
Y los muertos de sus tumbas tampoco.
No estaría mal vivir algo realmente intenso como la resurrección de los pútridos muertos ¿eh?
Se les podría adiestrar para que comieran la misma mierda que se da de comer a las mascotas, en lugar de cerebros crudos.
Y luego usarlos como perros de guarda y pastoreo, o incluso para que aspire la casa. Con sus andares aleatorios y estúpidos, a lo largo del día llegaría a limpiar todos los rincones de la casa y no se quedaría atascado debajo de un mueble como un costoso aspirador robótico, que no acaba de limpiar bien nada.
Es lo que tiene tener tiempo y no salir de casa esperando a que el coronavirus se muera de asco y de hambre: piensas cosas amenas hasta que te aburres de estar en casa.
Nadie me aplaudió ni me cantó canciones por trabajar todos los putos días y cobrar una mierda.
Uno es lo que hacen de él. Yo nací buena persona, lo juro. Y uno de esos ángeles pudrió un trozo de mí. Cada cual cuenta la feria según le va, el saber popular a veces acierta. Lo que importa es tener una marcada personalidad, da igual lo que contenga (carita sonriente).
Como siempre ocurre, hay dos versiones del final del puto #yomequedoencasa.
Cuando acabe esta peste, los más felices, los que cantan canciones a gente que ni han visto; pero los entretiene; seguirán teniendo sus casas, su trabajo, su dinero.
Y los hay que cuando acabe la peste, serán sacados de sus casas por no tener dinero, por no tener trabajo. Estos no dan las gracias a nadie con cantos entonados con la cobardía del “te lo agradezco para que me cuides cuando me toque”. Simplemente piensan con la mirada hosca que será difícil encontrar dinero para comida.
Las medidas sanitarias solo están pensadas para los que tienen una buena seguridad económica. A ningún gobierno le importan los pobres, los pobres no votan, porque conocen la misera y a los miserables. Y porque si no tienes domicilio, no te llega la tarjeta del censo electoral. Hay que tener en cuenta, que los poderosos, para conservar su salud necesitan arruinar familias en grandes cantidades. Cuantos menos pobres, menos insalubridad y más dinero se quedan ellos.
Nunca jamás, a nadie se le ha ayudado cuando lo han arruinado y ha perdido casa y enseres. Eso no ocurre ni ocurrirá jamás. La función de un gobierno es sorber los fluidos vitales y monetarios del pueblo que pastorea. Cualquier otra consideración es pura religiosidad.
Los hipócritas y risueños cantarines pensarán con una sonrisa, recordándose como héroes, que con sus canciones y sus memes vencieron al coronavirus.
Y están los que se cagan en el puto dios por la puta suerte que tuvieron.
Porque ahora tendrán que vencer la pobreza, que es infinitamente peor que el coronavirus.
Es más digno y menos penoso, morir de coronavirus que de hambre. Y mucho más satisfactorio morir con violencia, robando por subsistir; que de las dos anteriores formas.
Bueno, es lo que pasa habitualmente, si te aprietan, aprietas.
Y si las leyes te joden, pues intentas joder las leyes, si ya estás muerto qué más da…
Estos son los dos finales predecibles e inamovibles de una peste (en caso de que no extinga a la especie humana, como sueñan los jehovistas) tanto biológica como simplemente psicológica, fabricada para reconducir a la chusma.
Y al final chusma son todos: los pobres y sin casa, y los esclavos sonrientes que la conservan y tan solo han disfrutado de unas vacaciones durante el #yomequedoenmiputacasa.
Los humanos lloran ateridos de miedo y emocionados con consuelos pueriles tras la seguridad de las ventanas. Pidiendo piedad a dioses de paja y barro y a seres humanos moldeados con estiércol.
Y mientras tanto las pequeñas flores mueren sin perder un ápice de su belleza.
Lucen hermosas a pesar del viento que las arranca, de la lluvia que las arrastra, del frío que las marchita.
Tienen la fortaleza precisa para ser dignas. Una dignidad que la humanidad desconoce.
Se está bien aquí con ellas, tosiendo, cojeando.
Doliendo la vida, sin más preocupación que ver morir cosas bellas.
¿Por qué nunca mueren las cosas horrendas?
Se está bien aquí con ellas, enfermando con un cigarrillo. Aquí, fuera de los muros con ventanas que guardan seres que la lluvia no puede arrastrar a pesar de no tener fortaleza.
¿Quién muere antes en idénticas circunstancias: un ser humano con el cerebro grande o con los sesos pequeñitos? La cuestión está clara: los cerebros pequeños viven más. Lo demuestran las estadísticas demográficas. O sea… Dar vueltas alrededor de una piedra, adorar a las ratas o a un muñeco es un síntoma de céfalo-enanismo, ergo mayor longevidad. Son miles de millones votando siempre a la misma basura. Estoy abandonado…